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Escultismo tóxico. Activo 1

Activo 1: ¡No pierdas el tiempo!

Este es quizás uno de los activos más importantes del Movimiento: el tiempo. Por ello es muy importante no hacer que los voluntarios y personas que pertenecen al mismo sientan que se les va de las manos y que toda inversión temporal es en vano. Es decir, el Escultismo pasa de sano a tóxico en el momento en el que piensas: ‘¿pero qué hago yo aquí?’

En el ámbito Scout todos nos quejamos de lo mismo: todos tenemos cosas que hacer y poco tiempo para poder enfrentarnos decentemente a las tareas del movimiento, una situación complicada que nos llevará rápidamente al estrés, la angustia, la tensión física, mental y por qué no…a los conflictos. Si esto te está ocurriendo para: el tóxico Scout ya está dentro de ti. Teniendo en cuenta que sólo vamos a analizar uno de los activos, otro día veremos el que he llamado la “obesidad del Movimiento”, ese engorde pedagógico que no nos está llevando a ningún lado y que sólo hace activar otros problemas interrelacionados. Continuar leyendo ‘Escultismo tóxico. Activo 1’

Escultismo tóxico. A modo de introducción.

Escultismo es una palabra llena de buenas intenciones: felicidad, amistad, hermandad, autoestima, compromiso…pero también puede ser en ciertos ámbitos una palabra llena de elementos tóxicos. Puede resultar raro que un movimiento que pretende basar su visión del mundo en el positivismo, el esfuerzo y la autosuperación pueda convertirse en algo tóxico, pero sí, existen dimensiones tóxicas y por ello intentaré ser lo más analítico posible (sin obviar en ocasiones llegar al sarcasmo y utilizar el humor como arma indispensable para mejorar).

Partamos de una premisa, algo tóxico es: “algo venenoso o que puede causar trastornos o la muerte a consecuencia de las lesiones debidas a un efecto químico”. Aún sin ser veneno, el escultismo recorre las venas impregnando todo nuestro sistema nervioso con distintos tipos de impulso y al mismo tiempo generando desde la amígdala todo tipo de reacciones ante distintas situaciones, es decir, en ocasiones uno puede cabrearse porque se llega tarde a las actividades o simplemente porque fulanito o fulanita no vienen a la acampada de fin de curso y eso supone un mayor desembolso al grupo.

Quiero hacer un retrato de la cara B de este movimiento, pero no quiero nadie piense que es una visión puramente negativista. Simplemente es otra visión más. Es reflexionar sobre esas horas interminables sentados en un Kraal sin horizonte alguno, de choques generacionales entre responsables, de liderazgo explícito e implícito en las riendas de un grupo, o de la angustia de no saber qué hacer justo al aterrizar en el movimiento.

Si a esto le añadimos la velocidad de vida actual, los programas, la metodología, los proyectos (de grupo, asociativos, personales, de rama) y todo aquello que tiene que hacer un Scout para serlo, nos encontramos ante una situación de eustrés, el conocido estrés positivo. Este estrés nos estimula para enfrentarnos a los problemas, saca a flote nuestra creatividad y hace que tomemos iniciativa y respondamos eficientemente a situaciones que así lo requieren. Cuando el combustible de nuestro cuerpo es el estrés positivo nos llena de energía.

Pero igual que en el universo Star Wars existe un lado oscuro, el estrés, la generación de ansiedad, el querer y no poder.
En sucesivos artículos iré desgranando, como si del mejor Risto Mejide se tratase, una serie de acciones encaminadas a terminar con tu grupo. Ese que te acogió y te vio nacer como Scout o se convirtió en tu lugar de migración desde otras entidades u otros grupos.

¿Estás preparado?