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¿Qué me pasa doctor?

Definitivamente tendré que ir al médico. Mi estado no es el mismo, no soy capaz de adaptarme a la nueva situación, no sé lo que me pasa pero no me encuentro en situación.

Vaya molestias más raras, escucho silbatos y echo de menos mi antiguo colchón, algo más duro, pero era el mío. Está claro que el malestar es genérico, mi madre dice que tengo síntomas físicos claros: ojeras, rasguños…y yo sigo pensando que todo es psicológico, seguramente sea una buena mezcla de ambos.

¿Cómo es posible que a mi edad aparezcan estos síntomas? Está clarísimo, mis compañeros me lo comentaron y creo que el diagnóstico está claro…doctor: ¿qué me pasa?
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Escultismo y la cultura del esfuerzo

Siempre he pensado que un Grupo Scout debería ser un Laboratorio de felicidad donde se crearan experiencias positivas sobre la vida y no unos talleres extraescolares donde de vez en cuando se sale a la naturaleza, se montan algunas tiendas y se califica a los Scouts con unos u otros progresos. Este Laboratorio necesitaría de unos técnicos expertos en la creación de ambientes y no la degeneración de los mismos.

marcha de pioneros

En este Laboratorio no deberíamos confundir esfuerzo con capricho, decirle a alguien que puede conseguir todo aquello que se proponga es un arma de doble filo si está bien encaminado pues basado en supuestos de la psicología positiva y en la propia Ley Scout podemos soñar, luchar por lo que somos e incluso pensar que la palabra imposible no existe, pero esto no hace que nuestro camino no esté ausente de trabajo y esfuerzo pues por el mero hecho de desear las cosas no se consiguen.

¡¡Desterremos de nuestros Grupos Scouts la moda del “yo lo valgo”!!

Como el escultismo no es ajeno a la sociedad que lo amamanta aunque intente cambiar la propia dirección de la misma se ve influido por unos preceptos nada favorables. Educar no es fácil y transmitir a nuestros Scouts la idea de que el esfuerzo es necesario para su formación es en realidad un metaobjetivo, no palpable y en ocasiones un poco utópico viendo nuestro ritmo de trabajo habitual: dos horas semanales.

Esquivar el esfuerzo es buscar el placer inmediato aunque este lleve aparejado valores contrarios a nuestro movimiento: egoísmo y pereza, y lo que es peor, a la larga fracaso.

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