Burnham, Seton… ¿realmente influyeron tanto en Baden-Powell?

Muchas especulaciones y muchos sinsentidos.

Eso es lo que se encuentra uno a menudo por los foros scouts cuando alguien bienintencionado pretende iluminar a los lectores al respecto de ciertos temas.

Y uno de ellos es recurrente: de dónde sacó Baden-Powell la idea y la información para diseñar su genuino método scout.

Por supuesto que la rumorología más extendida entre los defensores de la ‘conspiración’ es que el fundador poco menos que copió la obra de Seton, quien le enseñó lo que era el Woodcraft y sus posibilidades.

Pero también tenemos a los partidarios de adelantar la idea a otra influencia norteamericana: la de Fred Burnham, el reconocido como ‘Rey de los exploradores’.

Entre los argumentos peregrinos que ha tenido uno que escuchar y leer están que las mediciones de distancias y alturas, la importancia de la observación, los trucos de acampada y de fogatas, las señales y las pistas, la deducción de los signos, el conocimiento de las plantas, la importancia de la orientación, el acecho, el rastreo… que conforman las artes para sobrevivir en el medio natural (y se engloban en lo que se conoce como “arte de los bosques” o ‘woodcraft’) …las conoció el viejo Jefe por mediación de alguno los dos personajes referidos (según la fuente que hayan consultado).

Así que prácticamente acaban insinuando que el Escultismo no es un invento propio sino de alguien más…”a quien ‘el malvado B-P’ además contribuyó voluntariamente a dejar en el anonimato por temor a descubrir la verdad, y por eso jamás los reconoce en sus libros”.

Bueno, aparte de que confundir el Escultismo con el ‘Woodcraft’ muestra una falta de claridad de conceptos en cuanto a lo que es el método scout (muchísimo más amplio, aunque utiliza el primero como una herramienta indispensable para lograr su finalidad)…lo cierto es que además NO ES VERDAD. Y también demuestra un gran desconocimiento de lo que sabía el viejo Jefe por el simple hecho de ser un oficial del ejército (parece que a algunos se les olvida esto).

Así que hoy os traigo a este blog unos cuantos ejemplos que muestran que B-P no sólo conocía muchas de estas artes, sino que había escrito acerca de ellas mucho antes de conocer a ninguno de los dos personajes (lo cual no quiere decir que no pudiera aprender y tomar ideas de cosas puntuales y significativas tanto de Burnham como de Seton, pero desde luego no lo que la gente cree o insinúa).

La verdad es que resulta sorprendente la facilidad con la que tenemos a gente dispuesta a comprar el argumento de las fechas: como B-P escribió su ‘Escultismo para Muchachos’ en 1908, y sin embargo Seton ya había escrito su ‘Two little Savages’ (del que os hablé en este espacio) en 1903, y además le envió el ‘Birch Bark Roll’ (que analicé en detalle en esta otra serie) en 1906…pues deducen que necesariamente tomó de ahí la información en cuestión.

Y luego tenemos a los partidarios de Burnham, que algunos han decidido considerar el “mentor secreto de Baden-Powell”, aunque en realidad de secreto tiene poco, porque el viejo Jefe utilizó su figura y lo nombra en sus obras sin tapujos.

Como B-P conoció a Burnham antes que a Seton, en 1896 durante la 2ª Guerra Matabele, pues da pie a otros a argumentar que fue el norteamericano quien le enseñó todas las artes del ‘woodcraft’ e inspiró el escultismo.
La mayoría de partidarios de esta última ‘versión de los hechos’ suelen ser norteamericanos, a quienes el orgullo patrio les lleva a afirmar cosas como:

Aquí tenéis a una figura heroica y suficiente, modelo y ejemplo vivo, que inspiró y proporcionó a Baden Powell el plan para el programa y código de honor de Escultismo para Muchachos” (E.B. De Groot, Boy’s Life, julio de 1944).

Vale…pues ya tenemos  las fechas claras, así que para contra-argumentar os detallo algunas de las cosas sobre las que escribió Baden-Powell un poquito antes de todo esto y que muestran que el fundador del Escultismo tenía un conocimiento bastante completo sobre la materia.

Porque allá por 1884 publicó una pequeña obra llamada “Reconocimiento y Exploración” (sí, sí, antes del famoso ‘Aids to Scouting’ de 1899, que el fundador de las Brigadas de Muchachos, le recomendó reescribir para los chicos y que sería la idea germinal de ‘Escultismo para Muchachos’).

Pues bien, en ese pequeño libro sobre exploración ya habla de todo lo siguiente:

Que el explorador tiene que tener una buena forma física, y debe ser entrenado especialmente para ello. Que debe tener confianza en sí mismo y recursos para enfrentarse a todas las dificultades que puedan surgir, además de poseer buena vista y buen oído.

De la capacidad de leer mapas, conocer todos los signos convencionales y las escalas de los mismos, manejar la brújula a la perfección, y de orientarse y encontrar el camino, además de realizar bocetos del terreno lo más exactos y claros posibles, incluso coloreándolos después (¡pues claro…era militar, y además destacó en topografía!). A la hora de hacerlos debían observar todas las referencias y detalles (claro para buscar pasos, caminos y buenas posiciones defensivas o de ataque, en caso de escaramuzas, por eso debían tener un sentido desarrollado de la observación).

Debe saber orientarse sin brújula, bien por el sol, por elementos artificiales del terreno (orientación de las iglesias este-oeste, por ejemplo), o por las estrellas (estrella polar).

Que para hacer bocetos es imprescindible saber calcular distancias, las anchuras  y la velocidad de la corriente de los ríos, las alturas con un bordón (claro está que todo eso lo detalló también después en su ‘EpM’), dar los gradientes para calcular las pendientes o desniveles, las curvas de nivel…todo lo cual explica en detalle en su librito (me da la risa cuando leo que fue Seton quien describía en su obra cómo medir las alturas de los árboles y que B-P pudo copiar eso, en fin…)

Detalla que una vez has aprendido a observar y a recoger y transmitir correctamente dicha información “debéis mantener el conocimiento con la práctica continua, observando las características del cualquier terreno por el que os mováis, y dibujando a cada momento pequeños bocetos de ello

Además cuenta:

nada debería escapar al ojo de un scout (explorador). Debería tener ojos en el cogote, y obtener placer al percatarse de todas las nimiedades o de los objetos distantes que no han llamado la atención de sus compañeros. Percibir siempre todas las características peculiares y los puntos de referencia mientras se marcha por territorio desconocido, sobre todo mirando atrás con frecuencia, de modo que podáis ser capaces de encontrar el camino de vuelta por ellos. Un scout que pierde su camino es completamente inútil. Cuando exploréis manteneos lo más ocultos posible, incluso de las personas, pues a menudo advertirán al enemigo de que estáis por los alrededores.”

Enseña que cuando se observa desde lo alto se debe evitar permanecer en la cumbre, pues se destaca mucho, sino de manera que se pueda ver pero sin ser vistos.

Que hay que estar atentos a las señales dejadas por las ruedas de los carros, a los reflejos de las armas en la distancia, al polvo levantado por la gente al marchar…
A recordar pasos de difícil acceso para poder tomarlos a la vuelta si se tiene que regresar con premura o perseguido, y a hacer uso de árboles y lugares elevados para obtener una visión del terreno.

Que se debe desarrollar la memoria, de manera que todos los detalles queden en la mente para poder ser plasmados después en un informe o boceto. Y la manera de hacerlo es practicando continuamente la retención de los mismos.

También enseña cómo se deben hacer los reconocimientos nocturnos, guiándose con las estrellas, y cómo se debe mirar un poco por encima de los objetos a fin de verlos mejor con poca luz.

Nos habla también de los rastros. De observarlos y examinarlos con detalle, en especial en terreno blando, para deducir por ejemplo la dirección de los caballos o vehículos que pasaron por un lugar. Y de cómo utilizarlo también para dejar falsas pistas que confundan a posibles perseguidores.

Y por supuesto que como militares en campaña deben saber localizar el lugar apropiado para acampar, con el terreno correcto, acceso al agua, etc.
Que un scout debe conocer los principales árboles y plantas, saber la utilidad de su madera, si tienen facilidad para caer o si son aprovechables o comestibles.

¿Qué os parece?

Todo esto lo escribió ¡¡en 1884!!
Y evidentemente supone un resumen de las habilidades de los exploradores y también de ‘woodcraft’, pues habitualmente los scouts necesitaban dicho conocimiento para poder hacer frente a situaciones adversas.

Pero es que en otro librito titulado “Instrucción para la Caballería”, que escribió el fundador un año después, allá por 1885, también describe otros aspectos que luego implementaría en su juego de los exploradores.

Habla de que el explorador debe llevar un libro de notas para escribir en él todo tipo de detalles sobre lo que está reconociendo y dibujar bocetos de todo (a modo de la ‘libreta de caza scout’).

Nos cuenta cómo Houdini enseñaba a su hijo a caminar por las calles y recordar de un sólo golpe de vista todos los objetos de un escaparate (¡vaya, como los juegos de Kim o de Morgan!), y que este desarrollo de la observación y la memoria era de gran utilidad para un explorador.

Insiste en que el scout debe tener ojos en la nuca y lo debe observar todo, las cosas más insignificantes, tanto en la cercanía como en la distancia lejana, y ser capaz de “juntar esto y aquello”, asociando la información para sacar conclusiones útiles.

Vuelve a hablar del rastreo de huellas y saber interpretar por lógica su significado, pero también se puede obtener información del mero comportamiento de la gente. Las huellas de los vehículos y los caballos nos hablan de la cantidad de personas que pasaron, de su composición, y la dirección que llevaban. Incluso del tiempo que hace que pasaron. Del mismo modo los lugares donde se ha acampado o vivaqueado nos cuentan si los ocupantes iban bien preparados, si llevaban prisa, etc.

Habla de cómo manejar el hacha para que los árboles caigan donde uno quiere al talarlos y de construcción de empalizadas.

Habla de tropas divididas en 2, 3, ó 4 patrullas o grupos de reconocimiento a cargo de un líder. Describe así:

Una patrulla es un grupo de pocos hombres, de 2 a 12, enviados a reconocer o dar apoyo a exploradores individuales”

, y habla a menudo de patrullas compuestas por un sargento-mayor y 5 hombres, y describe la formación en cruz, con el líder en el medio (exactamente como hace después en EpM). Y por supuesto también nos cuenta las señales que deben conocer y hacer para entenderse entre ellos.

Y también acerca de las marcas o señales que se dejan para guiar al resto: muescas en la vegetación, ramitas rotas, apilando piedras…así que nada de esto lo conoció por Seton o Burnham.

No deja de mencionar apartados sobre levantamiento de campamentos, construcción de refugios y de vivac. Cómo seleccionar el lugar de acampada, que debe ser fácil de defender, no estar expuesto al viento o la lluvia, tener un suelo seco…y también describe dónde no se debe acampar.

Detalla el reparto de actividades a la hora de instalar el campamento: cocina, letrinas, leña, agua, levantamiento de la tienda o refugio…
También detalla cómo fijar las piquetas en diferentes terrenos: arenoso, pedregoso… y cómo elaborar un drenaje por si llueve, cómo ventilar las tiendas por la mañana, cómo hacerse una cama confortable (evitando las hojas y la hierba) elaborando esterillas de paja (como describe también en EpM), así que esto tampoco lo copió de Seton, ni de Dan Beard.

Y por supuesto debían saber hacer su ‘trinchera’ para encender el fuego y cocinar…o haciendo un fuego elevado en terreno húmedo. También describe los armazones de madera para sujetar cazuelas y los hornos de campaña.

Todo esto se expone en estos libritos. Si a ello le añadimos sus experiencias viajando y acampando por Inglaterra con sus hermanos en su juventud, así como las obtenidas en sus diversas campañas militares (como por ejemplo en todo tipo de construcciones de pionerismo en territorio Ashanti, antes de conocer a Burnham en Matabeleland), o misiones de reconocimiento del terreno en Afganistán, India, o África…pues queda claro que tenía un amplio conocimiento del campismo, pionerismo y artes ‘woodcraft’.

¿Estás menospreciando la influencia de Burnham?

NO. Simplemente la sitúo en su justo lugar.

El americano era un explorador de primerísima categoría, claramente por encima de B-P (se dice y no pasa nada, el fundador no era ningún Dios…ni lo pretendía, aunque a veces le gustase ‘adornarse’ para inspirar a los jóvenes) y poseía una experiencia sin igual en el rastreo de señales que había adquirido principalmente durante sus aventuras en territorio Apache y de colonos y pioneros de los viejos tiempos…y en la misma África, pero la realidad es que el Jefe sólo tuvo oportunidad de compartir una escaramuza de un par de días con él.

¿Sólo eso?

Pues sí, así es.

Tal y como B-P detalla en su diario  (porque Burnham en su biografía ‘Scouting on two Continents’ no llega ni a reflejarlo) sólo realizó una misión con Burnham, saliendo a explorar los promontorios rocosos de las Colinas Matopo a fin de obtener información del enemigo. Eso fue durante los días 12 (salieron por la tarde) y 13 de Junio de 1896.

Por supuesto que B-P tuvo oportunidad de aprender un montón de trucos de rastreo de él, absorbiendo todo lo que pudo en tan corto espacio de tiempo, y además entablaron una verdadera amistad e intercambiaron correspondencia… y alguna visita en años posteriores. Eran dos personas que coincidían en su fascinación por la exploración y el rastreo, y también en su forma de ver las cosas y su filosofía de la vida. Por ello encajaron rápidamente.

A Burnham también le sorprendió la capacidad de deducción del fundador, pues éste gozaba como pocos del arte de sacar conclusiones de los pequeños detalles (no en vano era admirador de Arthur Conan Doyle y su ‘Sherlock Holmes’).


Lo que escribió B-P del americano ya os lo conté en otro artículo, pero os lo vuelvo a repetir aquí:

Burnham era una compañía de lo más encantadora para este tipo de aventura. Entretenido, interesante y de lo más instructivo. Habiendo servido en campañas contra los pieles rojas, suponía una nueva y muy relevante experiencia en el trabajo de exploración aquí. Y mientras habla no hay nada que escape a su rápida e inquisitiva mirada, sea en la lejanía o a sus pies.

Nos llevábamos estupendamente y quedó muy satisfecho de los resultados de mi pronta adquisición del arte del ‘razonamiento inductivo’. De hecho antes de que hubiésemos examinado y preocupado por el significado de muchas pequeñas señales en el camino de nuestra cabalgada ya me había puesto el apodo de ‘Sherlock Holmes’.

Sin un entrenamiento especial un hombre no puede tener una profunda confianza en él mismo como explorador, y sin esa confianza absoluta en sí mismo no tiene ningún sentido pensar que un hombre pueda salir a explorar.

El desarrollo del hábito en percibir detalles y el razonamiento inductivo constituyen los elementos de la formación requerida. Puede llevarse a cabo tanto en las zonas más civilizadas como en los territorios más salvajes, aunque para su perfeccionamiento completo son preferibles estos últimos.

Se trata en gran medida del desarrollo de la ciencia del arte de los bosques en un hombre (esto es, el arte de percatarse de los pequeños detalles, y de leer su significado, para conocer el modo y los hechos acaecidos), la educación de estar atento al terreno, y al hábito de sacar tus propias conclusiones.

Una vez se convierten, por la práctica continua, en una segunda naturaleza en el hombre, sólo le resta aprender los detalles más artificiales que se requieren para elaborar un informe, y el mejor método de hacerlo, para convertirse así en un explorador de pleno derecho.

Nosotros los ingleses poseemos de nacimiento y llevamos en la sangre el talento para el woodcraft y el espíritu de aventura e independencia…” (La Campaña Matabele, Baden-Powell, 1897)

Evidentemente de todo esto a afirmar que Burnham le enseñó todo lo referente al woodcraft o a la importancia del rastreo en un día y medio…va un abismo.

Sí, Baden-Powell aprendió cosas de Burnham y le admiraba, por supuesto. Pero también aprendió de todos con los que compartió sus aventuras de campo, como su amigo y excelente rastreador zulú Jan Grootboom. Y no en menor medida.

¿Y de Seton?

Pues también, pero cosas muy concretas como ya os describí en mi serie de artículos. No tuvo necesidad de más, pues ya “llevaba mucha experiencia en el portaequipajes” y por eso no prestaba demasiada atención a aquellos que insistían en que había copiado la idea de algún otro.

Cuadro comparativo de supuestas coincidencias entre materias del libro de Seton “Dos pequeños salvajes” y “Escultismo para Muchachos” de la página Scout History Association de Michael Foster.

En realidad tomó ideas de muy distintas personas y las combinó en una receta exclusiva y genial: el Escultismo. Y dio crédito de ello en sus obras: a Seton lo nombra hasta ¡¡10 veces!! en la 1ª Edición de Escultismo para muchachos, e incluso regaló un ejemplar de su libro ‘Dos pequeños salvajes’ a uno de los participantes del Campamento de Brownsea.

Sobre Fred Burnham tampoco tuvo reparos en escribir y nombrarlo. De hecho hasta le hizo un retrato de su propio trazo.

Esos son los hechos que podéis comprobar vosotros de primera mano, no sólamente por la opinión de algún otro o un libro de alguien más, sino tras comparar los textos de los propios implicados. Y si ahora alguien tiene una opinión distinta con fundamento, pues estaré encantado de escuchar su versión.

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