Vera Barclay ¿feminista?

Es curioso. Se menciona el nombre de Vera Barclay y enseguida la asociamos a 2 cosas, los Lobatos y sobretodo al empoderamiento de la mujer. Tenemos la idea de que fue una de las primeras ‘feministas’ y ejemplo a seguir por las demás mujeres dentro y fuera del Escultismo.

Y es cierto que, aunque NO la podemos considerar como ‘co-fundadora’ de dicha rama (la historia os la detallé en este artículo sobre la verdadera historia del nacimiento de los lobatos, basada en datos contrastables y no en ‘dimes y diretes’ escuchados por doquier), su papel en el desarrollo de las Manadas fue realmente relevante.

No sólo ayudó al fundador con una de las partes de su Manual de Lobatos, sino que publicó unos cuantos libros referentes al desarrollo del Gran Juego para los pequeños (entre los que destacan ‘El lobatismo y la formación del carácter’, ‘Lobatismo: Cómo dirigir una manada’ y ‘Sabiduría de la Selva’).

Sin embargo muchos desconocen que escribió también algunas obras dirigidas al buen funcionamiento de los Grupos Scout en general. Entre ellas una trilogía que merece la pena leer:

Good Scouting (Buen Escultismo)
– The Scout Way (El método Scout)
– Scout Discipline (Disciplina Scout, aunque este último no es sino la recopilación de las ideas expuestas en los anteriores referentes al aspecto concreto de la disciplina)

También se suele pasar por alto que Vera era una persona profundamente religiosa y además Católica (en un país en el que impera el Protestantismo). De hecho dichas obras se dirigieron especialmente al ámbito del desarrollo de los Grupos dentro de la Parroquias Católicas, aunque la gran mayoría de sus premisas se podían aplicar a cualquier grupo.

Y en cuanto al feminismo… pues ella era una mujer profundamente convencida de las profundas diferencias existentes entre hombres y mujeres y de la necesidad de que existiesen esos distintos roles para que la sociedad funcionase bien. No se trataba de ser mejores unos que otros, sino diferentes y complementarios. Una armonía salida de la diferencia y de la que Vera estaba completamente convencida.

¿De dónde te sacas eso?”

Pues de sus propias palabras, como me propongo mostraros.

Empezaré por una nota introductoria a la primera de estas 3 obras mencionadas (Good Scouting), en la que la propia Srta. Barclay nos expone algunas pinceladas que nos hablan claramente de su pensamiento y también sobre el papel de la mujer en el Movimiento:

“El motivo de esta nota es pedir disculpas por ser la autora de este libro. En realidad no tenía ninguna razón para escribirlo, puesto que hacer de Scouter es esencialmente una labor para hombres. El único puesto en el Movimiento Scout (recordemos que en aquel momento el Movimiento de las Guías funcionaba de forma completamente independiente) que las mujeres podemos ocupar de manera adecuada es el de Responsable de Manada, que es lo que yo soy.”

“¡Ostras, esto no nos lo esperábamos!”

Pues sí. A veces el deseo por buscar iconos llega a distorsionar la realidad de las cosas… pero seguiré con otros ejemplos que ilustran su pensamiento. Por ejemplo en los capítulos referentes al Lobatismo nos dice:

“El chico de 8 a 11 años (incluso 12 en algunos casos) es todavía un niño. A los 11 ó 12 años experimenta un gran cambio: se convierte en muchacho. Necesita la influencia de un hombre, desarrolla unos nuevos gustos, aptitudes y entusiasmos. Tiende más a adorar a sus héroes, es más capaz de entender los ideales, se muestra ansioso de hacer cosas de verdad en lugar de contentarse sólo con imaginarlas”.

Este convencimiento de que los muchachos necesitaban hombres que los guíen era algo comúnmente aceptado en aquella época.

Lo podemos ver con claridad en la introducción de la segunda de las obras de Vera que os he mencionado antes (‘El método Scout’). En ella, el Jefe de Campo de Gilwell en esa época, J.S.Wilson, también lo hace constar:

“Vera tiene la sensación de que debido a que ella- una mujer- escribe acerca de los scouts, muchos puedan tener la impresión de que las Scouters femeninas son habituales y debemos fomentarlas. Lejos de mi intención decir que son anormales. Tengo el privilegio de conocer a muchas que mantienen alta la bandera del escultismo”

“Pero el hecho es que son, y deberían ser, la excepción. Es más que difícil, casi imposible, para ellas ser unas Scouters adecuadas. La propia Vera me cuenta que ella misma no es una buena Scouter porque es una mujer”.

“Hay una gran diferencia entre la naturaleza del chico y de la chica, y es imposible para una mujer, sin importar lo inteligente, observadora o experimentada que sea, quien no ha sido un muchacho, entender y estar en sintonía con la mente de un chico.

Cuanto más mayor se hace el muchacho más necesita la guía de un hombre”.

Y para terminar de exponer el pensamiento de Vera y de la época os reproduciré parte del capítulo sobre la ‘Iniciativa’, referido a ambos sexos. La intención de Vera al escribirlos era la de exponer claramente que dichas diferencias deberían suponer diferentes abordajes.

Dice así:

Ambos, chicos y chicas, están ansiosos por hacer cosas. Los muchachos se preocupan más del resultado en sí mismo, y las muchachas por la valoración por parte de otras personas. De ahí que las tareas de los chicos necesitan ser muy concretas, con resultados claros y rápidos, y éxitos evidentes. De este modo se puede confiar en que continuarán sin ayuda y trabajando con toda su concentración.

Las muchachas trabajarán con más paciencia, disfrutando más el momento, mientras se las anime y felicite. Ello significará mayor supervisión y ayuda, y también más conversación y distracción, porque a ellas les gusta que sus compañeras contemplen y admiren, y a su vez mirar a las demás y admirar o sugerir.

De modo similar una pequeña tarea o labor a realizar para un muchacho significa algo definido que hacer, una muestra de capacidad o de poder a ejercer.
Una muchacha a menudo se contenta con el cargo en si mismo.

Mirad una disputa entre chicos, y luego entre chicas. La de los muchachos acabará con el lastimado maldiciendo. La de las chicas con el perdedor llorando.

En ambos casos ha sido en parte una cuestión de desahogo físico, pero hay algo más que eso. El muchacho busca someter a su enemigo mediante la violencia física.
Las chicas lo hacen de un modo psicológico, sus lágrimas tienen el significado de asustar a la otra o provocar su remordimiento.

El muchacho reivindica su honor ante la simpatía de los que están alrededor: “¡Vamos, chaval!” le animan los otros muchachos que observaron.

“No llores, cariño, es una gata rabiosa”, le dirán sus amigas, besando a la lastimada, y arropándola con sus brazos. Esto ilustra la diferencia entre la objetividad del hombre y la subjetividad de la mujer.

Las chicas poseen un sentido innato, no de la ley y el orden exactamente, sino de adaptación a las circunstancias. Puedes obtener una disciplina externa con bastante facilidad, y les gustan las formaciones y las coreografías y las realizan bien y con facilidad.

Los chicos no parecen tener dicho sentido. Con ellos sólo puedes obtener disciplina (de la verdadera) como medio hacia un fin, porque la tarea o el juego la precisen. Por lo tanto la finalidad debe merecer la pena y se deben potenciar su interés y su deseo. La disciplina de los muchachos es más interior. Su práctica conforma su carácter, porque proviene de su adentro.

Una chica que puede mostrar una perfecta disciplina externamente, y hacerlo con gusto, puede ser sin embargo tener un carácter, una personalidad, completamente indisciplinada. Esto significa que la disciplina externa no es tan útil en el caso de las muchachas: los juegos de equipo, y la verdadera responsabilidad serán los factores verdaderamente importantes. La disciplina exterior es menos que un fin en si misma y más bien una circunstancia.

De ello se puede inferir que muchas de las mismas tácticas pueden ser necesarias para chicos y chicas, pero se debe hacer un énfasis muy diferente y se deben observar diferentes reacciones, y aprovechar diferentes instintos.

De ahí la importancia de que el liderazgo de los muchachos recaiga en las manos de los hombres, tan pronto como los muchachos hayan dejado de ser niños.

Por ejemplo, un hombre tenderá de manera bastante más natural a interferir menos, y dejará al muchacho continuar con la tarea, lo que le proporcionará un mayor sentido de responsabilidad, satisfará su deseo de independencia por hacer las cosas por sí mismo, y le permitirá aprender de sus propios errores.

Mientras una chica habría preferido el consejo, la ayuda y el ánimo (incluso sólo por el mero hecho de hacerla sentir el centro de atención por un momento), eso mismo habría molestado a un muchacho, pues lo habría interpretado con una interferencia.

De nuevo, en el caso de una riña, un hombre tenderá a ignorarla y a dejarla tomar su propio camino. Una mujer intervendrá y tratará de detenerla, regañando al agresor y consolando al oprimido (¡probablemente sin tener en cuenta quien tenía razón!). Ello estaría bien con las chicas, incluso quizá sería lo mejor, porque las riñas entre chicas son siempre incruentas, y a menudo sólo pueden terminar mediante un arbitrio y no se quejarán por la intromisión.

Como norma principal en todos estos casos, y en muchos otros, sólo una mente masculina puede entender al embrión de mente masculina, y viceversa. E incluso sin entenderla actuará instintivamente del modo adecuado.”

¿Cómo os habéis quedado?

Pues ya veis cómo era el pensamiento de la época, del cual Vera Barclay no era una excepción. Lo que a la edad de un lobato no era ningún inconveniente, a otras edades podía suponer una dificultad, e incluso la posibilidad de obtener los resultados completamente opuestos a los esperados en cuanto a la formación y la autodisciplina.

Alguno quizá se sienta decepcionado por lo que acabo de contar, pero las cosas son así. El contexto histórico, como siempre os digo, lo es todo para poder entender cómo y por qué ocurrieron las cosas. En nuestro movimiento no iba a ser distinto.

El próximo día os hablaré un poco más sobre Vera. En esta ocasión para contaros su idea acerca de un concepto importante y a menudo desatendido: la disciplina.
Hasta entonces.

3 Respuestas a “Vera Barclay ¿feminista?”


  • Gustavo Alvarez

    Gato Legendario: Fascinante y esclarecedor trabajo. Muchas gracias por compartirlo. Siempre es un placer leer estas gemas que nos acercas para desenmarañar la historia.

  • Juan J Pérez-Gato legendario SPAIN

    Gracias a ti por perder un poco de tu tiempo en leerlo… y por tus palabras. Creo que la historia sólo tiene un ‘truco’: estudiarla con los ojos del pasado. Si la miramos con los ojos de hoy nos es imposible entenderla y acabamos juzgándola mal. Un abrazo.

  • Juan A. Andres SPAIN

    Interesante, buena reflexión, y ademas documentada.
    Mas personas como tu en el escultismo. Y mas lectura por parte de los nuevos scouters.

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