Esos problemáticos Scouts

Pues ya me tenéis aquí una semana más, y esta vez voy a contaros algunas de esas batallitas que tanto me gustan acerca de los comienzos de nuestros Scouts.

Porque muchos piensan que, dada la increíble expansión del Movimiento en aquellos primeros años, es obvio que todos estarían encantados con un programa que iba a ayudar a hacer buenos ciudadanos de un montón de chicos revoltosos que vagaban sin oficio ni beneficio por las calles de las ciudades y los suburbios.

Si a eso le sumamos la fama e influencia de Baden-Powell entre la gente de la calle, y también con los altos estamentos, y el apoyo del mismísimo Rey… pues todo hubo de ser maravilloso. El genuino escultismo puesto en práctica bajo la supervisión de su propio fundador.

Parece claro ¿verdad?… pues os equivocáis de cabo a rabo.

Nuestra experiencia en la vida nos dice que todos los comienzos son difíciles, y con el Movimiento Scout no lo iba a ser menos. La verdadera época dorada llegaría a partir de los años 20, una vez finalizada la ‘Gran Guerra’ y una vez demostrada su valía y ganada su reputación. Antes de eso las quejas, problemas y enfrentamientos fueron bastante habituales.

Si sois asiduos de La Roca esto os sonará, porque dediqué una serie completa titulada “Cualquier tiempo pasado…”, en la que os mostraba como muchas de las quejas actuales se remontan a tiempos muy remotos. Y otra a cómo empezaron a organizarse y a formarse aquellos primero scouters.

La formación de los scouters. 1- Los primeros pasos

Y hoy, tras leer uno de esos libros raros que tanto me gustan y que ayudan a desvelar la verdad de los acontecimientos, os voy a esbozar un retrato de cómo eran en realidad aquellos primeros tiempos de nuestro querido Gran Juego.

El libro en cuestión se llama “Legalised Mischiefs” y está escrito por un famoso historiador británico: Steven Harris. En realidad se trata de un conjunto de 4 volúmenes en los que se repasa con lujo de detalles (y de fotografías) la historia de nuestro movimiento en su lugar de nacimiento: el Reino Unido.

Así que si alguno tiene interés, y domina el inglés, ya sabe dónde buscar.

En aquellos días las controversias y los problemas estaban a la orden del día. Las Tropas desfilando por los estrechos caminos suponían un incordio para los carros y los primeros vehículos a motor (produciéndose incluso atropellos de muchachos).

“Una patrulla de Boy Scouts regresaba de Guy’s Cliffe a Warwick la tarde del pasado sábado, cuando un vehiculo que se aproximaba por detrás golpeó a la parte trasera de la fila” (Hants and Sussex News, 25 de septiembre de 1912).

Un Scouter fue herido por un vehículo a motor. El coche se abalanzó sobre la Tropa nº19 de los Boy Scouts de Portsmouth cuando regresaban a pie a casa en la oscuridad del sábado por la noche, y muchos de ellos atropellados. El Sr. Leonard Hansell, su Scouter, resultó gravemente herido, sufriendo conmoción cerebral y varios chicos resultaron lesionados. (“Gaceta de la Dirección, Febrero de 1914)

Durante el primer año hubo cientos de quejas, sobre todos de granjeros y propietarios de terrenos en los que los Boy Scouts se colaban sin reparo, destrozando cultivos, vallas, dejando las puertas abiertas (por las que se escapaba luego el ganado), y encendiendo fogatas a diestro y siniestro. Y no sólo en zonas rurales, en los parques y praderas de alrededor de las ciudades se reunían aquellos jovenzuelos a centenares y daban rienda suelta a su energía, destrozando el terreno como el caballo del mismísimo Atila.

Vivo junto a Hampstead Heath (uno de los parques semi-naturales más grandes y conocidos de Londres) y tengo la oportunidad de comprobar los sábados lo que ocurre allí en el verano. Creo que es bien conocido que los combates simulados que tienen lugar entre los grupos de Boy Scouts han llevado a la destrucción de la vegetación de la zona occidental del parque. Me refiero a la zona situada al oeste del ‘Camino de los Españoles’. El barullo entre los helechos y las aulagas, y las luchas con bordones en medio de éstos han dado como el resultado la lógica destrucción de las plantas” (Carta de Frank Pick en el diario The Underground, 1921)

Pero de todas las quejas, quizá la mayor fuera la del ruido. Aquellos chiquillos tenían la costumbre de marchar al son de canciones y sobre todo de bandas y toques de corneta que ponían a prueba los nervios de los sufridores.

La misma Dirección General hubo de publicar normativas para evitar aquellos inconvenientes generados por el entusiasmo de muchos, y poco virtuosos, aficionados a la música (aunque por otro lado muchos de aquellos chicos acabaron perfeccionando su afición y algunas bandas que se formaron llegaron a ser lo suficientemente buenas como para ganarse unas monedas en actuaciones locales).

“He sido un admirador de los objetivos y propósitos del Movimiento de los Boy Scouts desde sus comienzos. Pero hubo un tiempo en que pasear por los Parques de Wimbledon y su entorno durante las tardes de verano, y se disfrutaba de la apacible tranquilidad que caracterizaba a este bello lugar, pero ahora los Boy Scouts parecen albergar la idea de que tienen los derechos sobre la naturaleza y el placer que produce a los demás.

Todas las tardes el aire se llena del ruido espantoso, que destroza los oídos y los nervios, producido por las cornetas y los tambores, sopladas y golpeados por estos jóvenes (y algunos otros lo suficientemente mayores como para darse cuenta) destroza-placeres. Y cuando no están ocupados en las molestias mencionadas se encuentran silbando o gritando la última y absurda “tonadilla popular”, y de hecho parecen disfrutar haciendo el máximo ruido posible mientras marchan.

¿Es este escándalo infernal algo que va necesariamente ligado al Movimiento Scout? No lo creo…” (Wandsworth Borough News, 7 de Junio de 1911)

Otra de las quejas habituales era la de la suciedad. Algunos de aquellos scouts tenían la costumbre de dejar los rastros y pistas a seguir por suelos, muros y paredes, marcándolas con tiza… y acababan pintarrajeándolo todo como si del molesto ‘graffiti’ se tratase.

Lo mismo ocurría con los rastros de confeti, con el que sembraban parques y jardines con papeles de color. Un ejemplo de ello os lo conté en este mismo espacio cuando os hablaba del origen de los scouts:

“En la primera reunión decidimos que saldríamos a ‘rastrear’, así que al Domingo siguiente nos fuimos Parque de Holyrood Palace armados con nuestros palos, mochilas y varias libras de confeti.

Di la salida a ‘los criminales’ con el confeti, instruyéndoles para que dejaran un rastro sutil. Más tarde los seguimos, y para mi horror vi que sobre el césped inmaculado había una ancha banda de confeti. Comenzamos a seguir el ‘rastro’ pero pronto nos topamos con uno de los guardas del Parque, quien quiso saber qué es lo que hacíamos. Con la mejor de mis sonrisas le dije que éramos Boy Scouts. No se impresionó en absoluto y me preguntó si había leído las normativas y me advirtió que me llevaría ante la autoridad si hacía aquello otra vez.

De ese modo terminó nuestro primer intento en el escultismo.”

¿Por qué y cómo nacieron los scouts?-2. Un viaje en el tiempo

La competencia entre los chavales también contribuyó a veces a enfangarlo todo aún más.

El famoso juego de la “Captura de la Bandera” acabó con el tiempo degenerando en una especie de batalla por capturar toda bandera de cualquier Tropa acampada cerca, siendo habitual que se tratara de sorprender a los ‘contrincantes’ de madrugada… con las algarabías y molestias que ello generaba a los vecinos de las casas de campo circundantes.

“El Sr. Rowe y el Sr.Jeffrey recuerdan haber acampado (cuando eran muchachos) en la zona de New Forest. Fue allí donde hicieron incursiones en otro campamento Scout ubicado en Testwood después de pedalear en sus bicicletas hasta allí, y sacar a tirones a los muchachos que dormían y luego tirar abajo sus tiendas. Se les incitó a hacerlo porque aparentemente ellos habían colgado cacerolas en el mástil de su bandera, estropeándola”.

Y es que los chicos de antes eran tan rebeldes y revoltosos como los de ahora. No creáis que lo de la pérdida del respeto a la autoridad es cosa reciente:

“Multitud de quejas de Leagrave. Como resultado de la quejas ocasionados tras la reunión de ayer en Luton, se deniega a los Scouts el uso de las instalaciones escolares de Leagrave”

“La señorita Nears informó de que los Scouts se comportaron realmente mal, corriendo sobre las sillas, y que habían roto una lámpara de gas y un cristal” “Se quedaron más quietos cuando la vieron, pero en cuanto se marchó el ruido comenzó de nuevo” (Luton T.T. Mayo de 1921)

Pero todo esto no debería extrañarnos. Al fin y al cabo debemos tener en cuenta que todo surgió demasiado rápido, y las normativas y la supervisión eran bastante deficientes en esos días.

Acampadas clandestinas, talado de árboles sin sentido, trincheras y agujeros cavados en zonas sin permiso… y personajes sin escrúpulos haciéndose pasar por responsables de Tropas locales para recaudar fondos con dudoso fin.

Tampoco debemos creer que el Gran Juego tenía mucho éxito porque había poca competencia. De hecho también entonces existían actividades que enganchaban a los chicos… y podéis imaginaros perfectamente cuál era la principal: no era otra que el fútbol.
A muchos de los muchachos les encantaba ir a ver jugar a sus equipos locales y muchos de ellos también lo practicaban. La ‘Gaceta de Dirección’ refleja muchas discusiones al respecto de hasta qué punto era o no adecuado dejarse “invadir” por el espíritu del fútbol.

Otro de los puntos problemáticos fue el exceso de entusiasmo por parte de muchachos mal dirigidos y muy poco sensatos. Los Scouts inocentemente anteponían su deseo de “cumplir con el deber” sin importar nada más, al sentido común y a la preparación por la que siempre abogaba el viejo B-P, y se lanzaban a maniobras de rescate acuáticos sin apenas saber nadar. O a intentos de detener carruajes desbocados (entonces eran la principal forma de transporte) con resultados fatales. Imaginaos la imagen que aquello daba al Movimiento:

2 Boy Scouts ahogados. Arrastrados por la marea a la vista de sus compañeros tras un heroico intento de rescate” (Evening Standard, agosto 1921)

Buena acción fatal. Al detenerse a recoger un sombrero que se le había caído a alguien de un autobús, Fredercik George, de 14 años, perdió el equilibrio y se cayó de la bicicleta, siendo atropellado

Hasta el punto de que el propio B-P tuvo que intervenir en la “Gaceta de la Dirección” en octubre de 1911:

“Hace poco me recomendaron premiar a un Scouter por su rapidez en salvar a un scout que, mientras se bañaba, se vio arrastrado a una zona donde no hacía pie por la rápida corriente, y corría el peligro de ahogarse puesto que no sabía nadar.

Reconozco sin duda la buena acción llevada a cabo por el Scouter pero, al examinar el caso en profundidad, me parece que el propio Scouter fue, hasta cierto punto, culpable del accidente.

Primero por permitir bañarse en un sitio tan peligroso a chicos que no saben nadar, y segundo por no tener un grupo de buenos nadadores escogidos para servir como salvavidas durante el baño.

He abogado por esta precaución una y otra vez, puesto que he visto salvar muchas vidas por su adopción. Por lo tanto no puedo en conciencia recompensar a un hombre por su negligencia a la hora de adoptar las medidas de seguridad para sus muchachos. Más aún, si fuese recompensado, no sería justo para aquellos Scouters que de modo constante y cuidadoso se esfuerzan en evitar accidentes, y a quienes les debemos el reconocimiento de que de los cientos de miles de baños de los Scouts, se hayan producido tan pocos casos de ahogamiento. Por lo tanto declino en este caso dar ningún reconocimiento.”

En fin, ya veis que no todo era tan bonito como tendemos a imaginarlo. Los hombres siempre han sido hombres, y siempre han cometido errores. Y los chicos… pues siempre serán chicos.

El próximo día os seguiré ilustrando esto mismo con algunas referencias a la primera Convención, el Rally de Crystal Palace, y al mismísimo parque Gilwell.
Hasta entonces.

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