La seguridad y el miedo. Parte 2: “Su reflejo en los Scouts”

La semana pasada os hablaba de la importancia de no dejar que el miedo nos atenace y de aprender a afrontar los riesgos con preparación, valor y una mente fría. De lo contrario nos perderemos muchas cosas buenas de la vida.

Y hoy continuaré con algunas pinceladas sobre cómo ese miedo sin sentido nos afecta en nuestro Gran Juego.

Hace algún tiempo, caminando por una montaña cercana con mi primo, nos encontramos una antigua cabaña de madera completamente destrozada. Mi primo me comentó que aquella cabaña fue obra de los scouts de un amigo suyo, al que conozco, hacía ya mucho tiempo.

Le pregunté sobre este amigo y su vinculación con los scouts y me dijo que a pesar de haber estado ligado a ellos muchos años había decidido dejarlo por discrepancias con los padres.

El bueno de “Rufo” se hartó de tener que explicarles a los padres que en las actividades campestres los chicos a veces se caen, se erosionan o se rompen algo. Que ello es parte de la vida y que todos nosotros hemos pasado por ello sin trauma. Que es materialmente imposible estar detrás y delante de cada uno de los muchachos durante todo el día para vigilar que nada les ocurra.

Así que el día que una caída desafortunada supuso el brazo escayolado de un chico, la discusión paterna sobrepasó sus límites y entregó el relevo.
Se desvinculó totalmente del mundo scout. Y así continúa.

Creo, como ya comenté en la primera parte de estas reflexiones, que estamos llevando al extremo el tema de la seguridad. Entre otras cosas porque la seguridad absoluta ni es natural ni existe.

Que si pretendemos ahorrar todo mal a los muchachos los estaremos privando de unos recursos que son necesarios para la vida de verdad.

Ocurrirá como en la historia del Príncipe Siddharta (Buda), al que su padre lo encerró en palacio para evitar que viera el mal del mundo, y cuando por fin pudo ver el exterior no supo digerir tanto “mal”. El resto de la historia es el origen del budismo.

En la prensa británica también se hacen eco de este problema.
El diario The Telegraph publicó el día 21 de Diciembre de 2010 acerca de una sentencia en la que el Juzgado de Apelación ratificaba una indemnización para un scout herido durante una actividad en la oscuridad. Traduzco a continuación lo que refleja el diario:

“De este modo estableció que los Juegos Nocturnos son demasiado peligrosos.
La Asociación Scout británica había solicitado al Tribunal la anulación de la compensación, argumentando que sólo conseguiría hacer más difícil el alejar a los jóvenes de los ordenadores y la televisión. Pero la justicia lo denegó.

Al dictar que esos juegos nocturnos supusieron un riesgo inaceptable para los jóvenes, el Tribunal estableció 7.000 Libras de indemnización para el scout que se lesionó durante un juego llamado “objetos en la oscuridad”.

La sentencia estableció que Mark Barnes fue victima de negligencia y que llevar a cabo ese juego en la oscuridad había supuesto un riesgo inaceptable.
A pesar de expresar sus “simpatías innatas” hacia la Asociación Scout, el Juez Ward dijo que “el escultismo no perderá mucho de su valor si se llevan a cabo esos juegos con luz”.

Sin embargo en otra sentencia el Juez Jackson estableció que no era misión de la Ley el “eliminar todo átomo de riesgo o acabar con actividades socialmente deseables”.

El Sr. Barnes (el muchacho lesionado), que en el momento de la publicación de la noticia tenía 22 años, se había dañado el hombro al realizar un juego en el local con las luces apagadas y con tan sólo la luz de emergencia de la salida, en una variación del juego “Agarra” que normalmente se hace con la luz encendida y que en esta ocasión se hizo sin ella para darle más dificultad.

Barnes, que entonces tenía 13 años se cayó al resbalarse y caer sobre un banco de madera. A pesar de que pudo continuar jugando a rugby (era el capitán de su equipo) se le indemnizó con 7.322 Libras.

La Asociación Scout criticó el asunto como un ejemplo dañino de “Estado Paternalista”, y fue condenado a pagar las costas y se le denegó el permiso de apelar al Tribunal Supremo.”

También Bear Grylls, el jefe de los scouts británicos, se hace eco de dicho problema (tal y como dice The Telegraph en su edición del 7 de marzo de 2012), al afirmar que:

“Las políticas de protección amenazan la seguridad de los niños y que los niños son incapaces de sacar lo mejor de la vida como resultado de la excesiva regulación protectora de la sociedad moderna”.

Bear Grylls escaló el Everest a la edad de 23 años y en una ocasión dio la vuelta a Gran Bretaña en una moto acuática, pero el aventurero lucha por superar su último reto: la legislación sobre salud y seguridad.

“En la actualidad hay tanta normativa innecesaria que evitan que los chicos saquen lo mejor de la vida”, dice Grylls, quien se convirtió en el Jefe Scout más joven de la historia cuando fue nombrado en 2009, a la edad de 35 años.

“Lo que quiero hacer con los scouts es eliminar eso. El exceso de salud y seguridad debería ser desechado”

En una charla en la Royal Geographical Society, antes de la cena de celebración por la fabricación del primer millón de Land Rovers salidos del centro de producción de Solihull, Grylls le dijo a Mandrake:

“Si sobreproteges a los muchachos, los despojas de sus derechos. Y creo que se los proporcionas si les enseñas a los chicos responsabilidad y cómo manejar el riesgo. Quiero que se vean implicados en un montón de cosas peligrosas todo el tiempo, es lo que hice en mi vida y he aprendido cómo hacerlo con seguridad”

A los chicos les encanta cuando pueden decir que van a hacer algo super-peligroso. El temor es saludable y la vida moderna con sus reglas sobre salud y seguridad despoja a los niños de ello”.

Si a la sobreprotección le sumamos el temor de los adultos a trabajar con niños debido a las políticas de control Estatal y a los requisitos crecientes para poder hacerlo nos encontramos con que, a pesar de sus más de 500.000 miembros entre chicos, chicas y voluntarios, faltan muchas manos para poder atender a la gran cantidad de chicos dispuestos a inscribirse en los scouts.

Esta reseña del mismo artículo muestra la gran cantidad de chicos que tienen en lista de espera, casi la cantidad de todos los de ASDE en España:

Recientemente se anunció que la Duquesa de Cambridge (Catherine Middleton, la esposa del Príncipe Guillermo) se había ofrecido para ayudar con los grupos locales de scouts de Anglesey, en Gales del Norte.

Por ello Bear añadió que “es genial y lo que es encantador es que, en lugar de desear venir y permanecer quieta durante una ceremonia en una posición privilegiada, va a mancharse la manos e involucrase con los grupos locales de Anglesey y simplemente ayudar con los chicos”.

Grylls dice : “Tenemos 35.000 muchachos en lista de espera pero necesitamos más adultos voluntarios. Nos las apañaremos muy bien con ella, aunque mi sangre no sea tan azul”

Y es que, aunque parezca mentira, demasiada protección puede dejar a los chicos sin la oportunidad de recibir una educación complementaria en la “escuela de la vida” de los scouts. Y en España ocurre también.

¿Cuántos jóvenes y adultos optan por no complicarse la vida tras un tropezón como el de mi amigo “Rufo”?

¿Por qué los padres de ahora no aceptan que sus hijos hagan las mismas cosas divertidas que ellos hacían de pequeños aunque algunas veces volviesen con un refregón (que tu madre curaba rápido con “mercromina”), un corte, o un chichón?

¿Por qué ahora ante cualquier golpe exigen poco menos que una tomografía computerizada y una investigación judicial del cuidador?

¿No se dan cuenta que a este ritmo los privaremos de que puedan realizar ninguna actividad al aire libre?

O al menos ninguna que no sea supervisada directamente por ellos porque no habrá nadie dispuesto a “arriesgarse” a cuidar de sus hijos.
Sobre todo si es de modo altruista y voluntario porque los profesores también tragan lo suyo pero se ganan la vida con ello…(aunque al paso que vamos no sé).

¿Por qué lo primero que piensan es si alguien puede abusar de su hijo, en lugar de lo bien que lo puede pasar y la cantidad de cosas útiles para su vida que puede aprender?

Alguien debería explicarles que el 80% de los abusos se producen en el entorno más cercano de los niños: su propia familia.

¿Por qué educamos a los chicos en el miedo y en la desconfianza?

Una cosa es explicar a los muchachos los problemas que se pueden encontrar, con una conversación franca y relajada, y educarles sobre los pasos a seguir ante cualquier abuso por parte de compañeros o adultos, y otra distinta es la imagen de “todo el mundo supone una amenaza” y que tienen derecho a todo sin que nadie les contradiga no vaya a ser que se frustren y ello les afecte  psicológicamente.

Lo único que de verdad afecta a los niños es que cuando se caen (o tropiezan en la vida) corramos despavoridos hacia ellos como si fuese el fin del mundo y algo gravísimo, porque de ese modo conseguimos asustarlos seriamente.

Al niño hay que enseñarlo a levantarse sin aspavientos y a analizar lo que ha hecho para que no se vuelva a repetir. En otras palabras: a aprender.

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