La seguridad y el miedo. Parte 1 “La seguridad ante todo”

Hace unos días alguien tuvo el detalle de compartir por facebook un vídeo histórico del Viejo Jefe. Se trataba de un regalo, la entrega de un gran barco, el “Discovery”, a los Scouts británicos en el mes de octubre de 1937.

Aquella nave de tres mástiles, fletada en 1901, había servido como buque de investigación del antártico en aquella época (sí, sí, también entonces se realizaban este tipo de empresas, je, je), pero se había quedado obsoleta (el motor era muy anticuado y la navegación a vela exigía una destreza cada vez más difícil de encontrar), y alguien pensó que sería interesante conservarla.

Finalmente se donó a los Scouts con el fin de que se usase como ‘barco escuela’ del movimiento… aunque no en navegación sino atracada en uno de los muelles de Londres (la nave siguió perteneciendo a los Scouts Británicos hasta mediados de los años 50 del pasado siglo).

Pero no es esto lo que os venía contar hoy.

Y es que, en aquella presentación, el fundador dirigió unas breves palabras a la audiencia, en la que reseñaba que:

“Existe en esto días el gran peligro para nuestra civilización de que el espíritu de aventura sea aniquilado debido al slogan de “la seguridad ante todo”

… y acaba deseando que el desarrollo del programa scout en aquel histórico navío inspirase y permitiese a la juventud lograr un mayor espíritu de aventura y valor.

Esa preocupación ante la creciente obsesión por la seguridad no era novedosa. Baden-Powell ya había hablado de ello en muchas de sus obras, como podemos comprobar:

“Ciertamente la formación de los jóvenes en cuidar su propio interés y seguridad puede exagerarse. Si es demasiado, el espíritu de aventura, la iniciativa y la solidaridad con los demás desaparece. Los hombres se alejarán de aquellas líneas de vida que no prometan seguridad inmediata, buena paga y ascensos. Dudarán de hacerse a la mar, temiendo dificultades. Evitarán correr riesgos de cualquier clase” (Tropiezos de la vida y cómo afrontarlos”- 1927)

El que sólo busca la seguridad primero, va sufrir el destino definido por la frase: Si no arriesgas, no ganas.” (Tropiezos de la vida y cómo afrontarlos”- 1927)

“Algunas veces tendrás que asumir riesgos si quieres tener éxito. Afróntalos, no los evites, pero hazlo con los ojos bien abiertos” (Roverismo hacia el éxito- 1922)

“Deploro la tendencia moderna de anteponer la seguridad a todo lo demás. En la vida se precisa asumir algunos riesgos, y para prolongarla es necesario tener algo de práctica a la hora de afrontarlos. Los scouts deben estar siempre listos para encontrarse con peligros y dificultades en la vida. Por ello no deseamos que su formación sea demasiado blanda. (Guía para el Jefe de Tropa- 1919)

El pensamiento de B-P acerca de la seguridad, tal y como se refleja en sus escritos, parece muy claro, y me atrevería a resumirlo así:

  • La idea fundamental del fundador, que le llevó a idear el esquema de los Scouts, era la formación del carácter de los muchachos, y ello englobaba la autoconfianza, el tesón y el valor. El arrojo para afrontar los problemas y los riesgos con buena actitud es fundamental para progresar en la vida.
  • La seguridad absoluta no existe, y la búsqueda de la misma puede llevarnos a vivir una vida que no merece la pena ser vivida.
  • Lo importante es estar preparados para ser capaces de afrontar los peligros cuando se presenten en nuestra vida. Actuar con decisión, confianza y conocimiento nos sacará de muchas situaciones complicadas.

El vídeo del “Discovery” me trajo a la memoria un par de comentarios que escribí en el foro y que ahora he querdio traeros a este blog, porque creo que merece la pena reflexionar sobre ellos.

LA SEGURIDAD y EL MIEDO. 

Hace unos años el padre de mi pareja se quedó en un banco de madera viendo a través de la cristalera como los chiquillos de una ludoteca jugaban entre ellos mientras atendía a su mujer en mi clínica.

Se trata de un hombre de 70 años campechano y al que le encantan los chiquillos. Disfruta viendo los juegos y maquinaciones de sus nietos y del resto de niños.

Cuando terminé la sesión estaba esperando en la sala. Se había marchado porque algunas madres habían empezado a “mirarlo mal”.

Ello me hizo reflexionar sobre el tipo de sociedad a la que vamos encaminados.
Una sociedad miedosa en extremo, con un pánico absoluto sobre aquello que no puede controlar, la muerte incluida, y que deja a sus miembros absolutamente indefensos desde el punto de vista mental cuando la desgracia llega, pues son incapaces de encajarla.

Una sociedad que se queda con las pequeñas muestras, que la televisión y los medios se encargan de ampliar hasta el máximo, y generaliza con ellas sin analizarlas con un poco de sentido común.

¿Por qué digo esto?

Pues porque en España mueren unas 1200 personas por accidente de tráfico al año y sin embargo nadie deja de usar el coche. Lógico.

O el número de fallecidos por atragantamiento ronda los 1400 al año… y nadie dejaría de comer por eso.

En EEUU las estadísticas de principios de este siglo XXI mostraban una media de unos 50 muertos por impacto de rayo anuales… y nadie deja de salir a la calle.

¿Y a dónde quiero ir a parar?

Pues que el pánico que genera el bombardeo continuo de noticias acaba cegando el raciocinio, especialmente cuando se refiere a los pequeños.

Los niños acaban encerrados y sobreprotegidos hasta hacerles perder lo mejor que la vida puede ofrecerles. ¿O es que acaso alguno de nosotros cree que un pájaro vive mejor y feliz porque esté más seguro en una jaula con agua, comida y cariño?

Cuando yo tenía 8 años cruzaba Alicante entera en autobús urbano y a pie hasta llegar a mi colegio. Y sí, había gentuza como siempre ha habido y siempre habrá. Y coches. Muchos. Porque no estoy hablando del Pleistoceno.

Simplemente mi padre me acompañó un día y me dijo qué autobuses podía coger, dónde me dejaban y luego me enseñó el resto del camino hasta mi destino, enseñándome por dónde cruzar, como mirar bien antes de cruzar la calle, y que era mejor caminar por calles en las que hay mucha gente y luz.

Me explicó que si un día tenía algún problema debía acudir a un policía, que no debía hablar con extraños, ni aceptar nada de ellos, ni acompañarles a ningún sitio por ninguna excusa.

Y una vez se me olvidó el dinero del autobús de vuelta… y eso fue exactamente lo que hice: acudir a un policía municipal. Me dio el dinero y tan contento (bueno, en realidad me quedé con las ganas de que me llevase en su moto hasta mi casa, je, je).

Que las ciudades de ahora son más inseguras no lo creo. Con 7 años unos chiquillos que iban a mi colegio en Alicante me pusieron la navaja en el cuello en una discusión. Yo recuerdo ser atracado en Zaragoza tres veces en la misma tarde cuando tenía 12 años. Los pandilleros y chorizos de aquellos años (finales de los 70 y los 80) eran legión. Ahora no existen aquellas bandas de modo tan generalizado, así que no me creo lo de la mayor inseguridad.

Sin embargo nosotros salíamos mucho a la calle y siempre encontrábamos un parque o un descampado donde dar salida a nuestra energía y a nuestra imaginación y sed de aventuras.

Creo que se trata de no asustar a los chicos sino de enseñarles a usar su sentido común y los recursos para afrontar lo imprevisible, a estar preparados, como buenos scouts.

Lo que creo es que existe un miedo y una desconfianza infinitos. Hasta el punto de desconfiar de un anciano que sonríe al ver jugar a los niños (probablemente los mismos que acusan a BP de pederasta por ese mismo hecho), como mi suegro.

Y pasa en todas partes, porque en el Reino Unido también se hacen eco de ello.

En un artículo del 23 de abril de 2012 del diario The Telegraph, se ponía de manifiesto que la Política de Control Estatal, por medio de una Oficina de Control Criminal (que lleva unos 16 años operativa vigilando a todos aquellos profesionales que trabajan con niños y a cualquiera que desarrolle algún tipo de trabajo comunitario), está en expansión.

Tanto los voluntarios que llevan a las personas mayores a las tiendas, como los padres de los lobatos y los scouts, están en el punto de mira de dicha oficina (que en el Reino Unido se denomina CRB).

Tal y como dice el artículo,

“empiezan a surgir voces, como la del Club Manifiesto, diciendo que tanto control resulta dañino, pues creen que se coloca a los jóvenes en situaciones peligrosas al constatar que existe un sentimiento creciente en la sociedad de que todos los adultos suponen una amenaza potencial, a menos que puedan demostrar lo contrario”.

¿Por qué es esto peligroso?

Porque en realidad hace a los niños más vulnerables.

“Al extender esa atmósfera de desconfianza la gente comienza a pensar que ayudar a cualquier niño supone una actividad regulada por el Estado, en lugar de algo que hacemos con normalidad en el día a día”.

Uno de los coordinadores del Club Manifesto lo expresaba con claridad: “Por primera vez nos encontramos con casos de adultos que pasan junto a niños lesionados y que no se detienen por temor a que su actuación pueda ser malinterpretada”. “La verdad es que los niños están más seguros cuando la mayoría de adultos decentes cuidan de ellos. Se trata simplemente de que no hay nada que pueda reemplazar a la vigilancia”.

Todo ello sin contar que desde que se impulsó este control miles de personas han sido acusadas por error como criminales, arruinando sus reputaciones y sus carreras.

Control: Sí.
Normativa de seguridad: También.

Pero todo en su justa medida, con sentido común.

El tema de la seguridad en los scouts también es motivo de reflexión, pero esta la haré en un segundo artículo. Os espero la semana que viene.

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