¿El mundo real o un mundo “Disney”?

En mi último artículo que os traje a este espacio os hablaba del pensamiento de Ernest Seton referente al mundo animal, y a la dureza de la vida en el medio natural:

Para el animal salvaje no existe el dulce y pacífico declive de la senectud. Su vida se desarrolla en el frente, en primera línea de batalla, y tan pronto como sus fuerzas comienzan a declinar lo más mínimo, y sus enemigos se vuelven demasiado poderosos para ellos, perecen.
Sólo hay una manera de hacer que la historia de un animal no sea trágica, y es detenerla antes del último capítulo”

Ello me hizo pensar hasta qué punto somos conscientes de la realidad de las cosas. Porque en muchas ocasiones tengo la impresión de que nos gusta deformar la realidad para adaptarla a los patrones de los humanos. Es como si así nos sintiésemos mejor, más cómodos.

Por eso mismo humanizamos a los animales, empezando por nuestras mascotas a las que otorgamos nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Y las tratamos como si de niños pequeños se tratase… para acabar llana y literalmente haciéndoles un flaco favor.

Si alguna vez habéis visto un capítulo de “El adiestrador de perros” habréis podido comprobar esto último. El bueno de Cesar Millán se pasa capítulo tras capítulo tratando de explicar a la gente eso mismo: que los animales son animales, y se rigen por unas pautas muy definidas. Y si lo tratas como a un humano le quitas la posibilidad de realizarse y llevar una vida saludable y feliz. Acaban no sabiendo lo que son, ni el papel que tiene dentro del núcleo de la familia, o incluso haciendo la vida imposible a los que le rodean.

Ese pensamiento “Disney”, donde impera el “buenismo” y se atribuye a los animales pensamientos y comportamientos humanos me resulta muy divertido… y un tanto peligroso.

Peligroso porque no sólo podemos volver locas a nuestras mascotas sino que puede hacer creer a los más inocentes que el instinto animal se puede controlar completamente… y eso puede conducir a un final trágico.

A veces para los animales salvajes, que se acostumbran a la presencia humana y les pierden el miedo lo que puede suponer un problema después. O se habitúan a recibir comida fácil y acaban comiendo cosas perjudiciales para sus organismos o perdiendo sus habilidades de caza… lo que también les puede conllevar una indefensión futura. Hace un tiempo me encontraba en una zona de montaña en la que se había erigido un pequeño homenaje a un montañero despeñado. La lugareña me contaba que tardaron más de una semana en localizarlo. Yo me extrañé, porque en la zona hay muchas aves carroñeras, y una gran colonia de buitres…

“¿Cómo es posible que esas aves no mostraran enseguida la presencia de un cadáver?”, le pregunté.

“Porque llevan años alimentándose de lo que les echamos en un comedero que tienen en la cumbre”. Fue su respuesta. Y la constatación de que los hombres habíamos alterado su verdadera naturaleza.

Otras veces el peligro es para los seres humanos, que acaban ignorando los riesgos que supone nuestra intromisión en su mundo.

Recuerdo haber visto hace poco un documental sobre la domesticación del lobo. Y mostraba el caso de una ciudadana norteamericana convencida de que si trataba bien a los lobos que criaba en su granja del norte de los EEUU no podría pasarle nada malo. Y de hecho todo iba bien, los animales parecían respetarla, los alimentaba con su propia mano y se filmaba con ellos para gozo de sus amigos y conocidos… hasta que un día dejaron de verla. Algún gesto, algún reto que pasó desapercibido a su mente humana… y probablemente uno de los animales siguió con el protocolo animal del desafío. Protocolo muy diferente a lo que la pobre mujer esperaba.

Y es que la naturaleza no es Disney, y en mi opinión debemos hacer entender eso a nuestros chavales. Como buenos scouts debemos explicarles el fascinante y complejo funcionamiento del mundo animal. Enseñarles las maravillas naturales para que las disfruten, admiren y despierte su curiosidad por ese entorno. Pero siendo claros a la hora de que vean el verdadero funcionamiento del equilibrio natural. Un equilibrio admirable y perfecto, aunque muchas veces no encaje bien con nuestros esquemas humanos.

Hacerles ver que los animales no son buenos y malos según nuestros criterios. Simplemente se comportan de acuerdo con las Leyes del mundo Natural. O como os decía en este artículo…

“Pequeño Árbol”, o el uso de historias para motivar a los scouts

…. de acuerdo con “el Camino”.
Y en ese camino hay millones de años de ensayo y error, de sabiduría natural en busca de un perfecto EQUILIBRIO.
Equilibrio que el viejo indio reconocía a la perfección:

El abuelo rió entre dientes. “Ese es ‘Tal-con’, el halcón”.

Las codornices alzaron el vuelo muy deprisa para refugiarse en los árboles, pero una fue más lenta. El halcón la alcanzó. Las plumas volaron por el aire y luego cazador y presa llegaron al suelo, y la cabeza del halcón subió y bajó al asestar los golpes certeros. Al cabo de un momento se alzó con la codorniz muerta entre las garras, remontando el vuelo por la ladera de la montaña hasta desaparecer más allá de la cresta.

No me eché a llorar, pero sé que me entristecí, porque el abuelo dijo:

“No lo sientas, hijo mío. Es el Camino. ‘Tal-con’ ha cazado a la más lenta, y esa codorniz no tendrá hijos que sean también lentos. ‘Tal-con’ se come un millar de ratas que roban los huevos de las codornices, tanto los huevos de las veloces como de las lentas, y de esa manera ‘Tal-con’ vive de acuerdo con lo que enseña el Camino. Ayuda a las codornices”.

Sí. El mundo natural es así.
Y en él existen comportamientos que a nosotros nos producen admiración… y otros que nos hacen estremecernos de espanto.

Porque en ese mundo no es infrecuente que un león, o un chimpancé, mate a los cachorros de una hembra para copular con ella y que así triunfe su descendencia.

En ese mundo los depredadores no aceptan una incursión en su territorio de una posible competencia. Si su vida o la de su prole se ve amenazada por tener que repartir los recursos… se impone una lucha clarificadora.

En ese mundo real un joven bonobo (un tipo de chimpancé) juega con un primate de otra especie. Parecen pasarlo bien…. pero llega papá bonobo, agarra al mono por una pata y le estampa la cabeza contra una roca. Lejos de asustarse ¡¡¡hijo y padre aprovechan para comérselo!!!!

En una playa remota un grupo de leones marinos jóvenes, derrotados por el macho líder, contemplan como éste se reproduce con las hembras de su grupo. Pacientemente esperan a que se retire para salir a copular con todas las hembras… y con sus crías también. Machos o hembras. No, definitivamente las leyes del mundo animal y las nuestras no se rigen por los mismos criterios, aunque nos guste fijarnos solamente en aquellos comportamientos en los que apreciamos un valor humano.

La naturaleza desde nuestro punto de vista es cruel en muchas ocasiones. Y sin embargo ese es ‘el Camino’, esas son las leyes del funcionamiento natural.

A nosotros nos gusta poner de ejemplos comportamientos que nos resultan correctos. Por ejemplo la fidelidad de pareja. La monogamia. Muchos se apresuran, al saber que el porcentaje de parejas de aves que permanecen juntas toda la vida ronde el 90%, a ponerlas como modelo… pero muchos desconocen que tras realizar los estudios genéticos correspondientes se revela que en realidad muchísimas de sus crías no llevan el material genético del padre. Es decir, los ‘papis’ crían a sus pequeños… frutos de la infidelidad de su consorte.

Ese es el mundo real, sin tapujos. En todo su esplendor, aunque no encaje a nuestra vara de medir. La naturaleza está llena de lucha, de trampas, de engaños para aprovecharse, para reproducirse y sobrevivir. Un perfecto juego entre vida y muerte. Muerte que a nosotros nos supera, nos espanta. Tratamos de negarla y apartarla de nuestra vista como si así fuese a desaparecer. La ocultamos de la vista de nuestros jóvenes, del mismo modo que el rey ocultaba la realidad al príncipe Siddartha, obviando que antes o después la verdad saldrá a la luz… y quizá entonces resulte más traumática.

Cualquiera que se moleste en adentrarse en la naturaleza… o simplemente ver un documental, se encuentra cara a cara con esa realidad. En ellos podemos ver persecuciones, caza, emboscadas… y finalmente el desenlace. El triunfo de unos y el fracaso de otros…. que permitirá que el ciclo continúe en perfecto equilibrio.

Sin embargo nosotros lo hemos roto por todas partes. Alterando ese juego perfecto todo se ve afectado. Hasta el punto de que una actividad que muchos detestan, la caza, se revela como imprescindible para mantener el orden. De esto ya hablaba el desaparecido Félix Rodríguez de la Fuente, al que muchos acusan de cruel. Y sin embargo él fue capaz de mantener una visión muy clara de todo: la actividad cinegética controlada ha contribuido en gran medida a la conservación natural.

Por una parte ha permitido la creación de multitud de cotos de caza. Espacios a salvo de la actividad agrícola-ganadera o de la construcción de asentamientos humanos, que de hecho han supuesto verdaderas reservas de flora y fauna que sin duda se habrían visto abocadas a su desaparición.

Y por otra parte permite el control de los herbívoros que sin la presión de los depredadores naturales (ya muy mermados, cuando no exterminados, por la mano del hombre) acabarían colapsando su entorno.

Quizá nuestro pensamiento Disney, nuestras escala de valores humana, nos hace tener una visión buenista de las cosas y no nos permite ser conscientes de esa simple realidad. Nuestro amigo Darzee lo ejemplificaba muy bien en este artículo:

Diferenciemos entre naturaleza y romanticismo: El caso del viral de los Lobos

Y la pregunta es: ¿debemos fomentar ese pensamiento idealista en nuestros chicos… o por el contrario hacerles partícipes de ese verdadero “camino” natural?

Mi punto de vista creo que ha quedado claro. Y vosotros… ¿Qué opináis?

 

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2 Respuestas a “¿El mundo real o un mundo “Disney”?”


  • Una de las consecuencias de este “mundo disney” del que nos hablas con mucho acierto es el auge del “animalismo” en nuestra sociedad. Yo me tiro de los pelos cuando oigo defender que los animales son “personas no humanas con nuestros mismos derechos” o cuando ves a PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales) proclamando que el feminismo debe oponerse a la utilización de le leche de vaca y defender las vacas…

  • Juan J Pérez-Gato legendario SPAIN

    Al final todo se reduce a un conocimiento profundo de las cosas. El que conoce el mundo natural tiene una idea más clara de por qué las cosas son como son… y tiene otra perspectiva sobre lo que en realidad podemos hacer nosotros para vivir en armonía con nuestro medio. Porque de ello depende no sólo el legado que dejemos a nuestros hijos, sino también la misma supervivencia del ser humano. Un abrazo Carlos.

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