Acampar ayuda a descansar mejor

¡¡¡Como nunca!!!

Así es como acabamos durmiendo cuando estamos de campamento. O por lo menos así ocurre una vez nos acostumbramos a la nueva situación, porque el primer o primeros días durmiendo en una tienda de campaña no suelen ser tan idílicos.

Y eso es de lo más normal: cambio de rutinas, la inseguridad que produce estar fuera de tu casa y lejos de tu familia, las nuevas compañías, la emoción del viaje, la ansiedad de las expectativas, la responsabilidad, la incomodidad del suelo, la luz, los sonidos nocturnos (en especial los puñeteros grillos, je, je)…

En realidad para muchos chicos (y para muchos scouters también) esa primera noche resulta bastante desagradable, sobre todo si no se tiene experiencia o si nadie les dice que todo eso es normal incluso en los acampadores más experimentados. Una vez le damos normalidad el nivel de ansiedad disminuye y se hace más llevadero.

Las noches siguientes el cansancio de las actividades y la falta de sueño anterior obran el milagro: se duerme profundamente y de un tirón.

Y no sólo ocurre por el puro agotamiento físico. Existe una razón adicional: acampar y pasar tiempo en la naturaleza ayuda a sintonizar nuestro ritmo biológico con lo natural. El ciclo de luz solar nos induce a cambiar nuestros hábitos y los lleva a un estado de desconexión con la caída del sol. Por eso nos entra sueño mucho antes y nos levantamos también más temprano sin necesidad de despertador.

Un estudio de la revista “Time”, en el que se midieron los niveles de melatonina (la hormona que induce el sueño) en personas sometidas a una estancia al aire libre, sugiere que en la sociedad moderna nuestro ‘reloj interno’ lleva normalmente dos horas de retraso. La luz eléctrica y las opciones de ocio audio-visual nos hacen retrasar la hora de irnos a la cama sin darnos cuenta en un afán de ‘aprovechar’ la jornada.

Sin embargo, según dicho estudio, esa ‘guerra’ contra la naturaleza tiene sus inconvenientes puesto que parece haber una relación entre la pérdida de ese ciclo normal del sueño y algunos problemas de salud como el insomnio, alteraciones de la presión sanguínea, el riesgo de padecer sobrepeso o cambios en los estados de humor.

Gracias a Dios un par de días en la naturaleza parecen ser suficientes para resetear nuestros relojes a la normalidad. La luz natural y la actividad diaria, unidos a la relajación que se experimenta en la oscuridad, la tranquilidad de la luz de la hoguera de campamento, y el silencio que nos rodea nos inducen a dormir profundamente a una hora más temprana.
Y si fuera de la tienda de campaña está lloviendo…todavía se duerme uno más rápido.

En conclusión: cuanto más se acampa, mejor se duerme, especialmente cuando estamos habituados a hacerlo con frecuencia y nos tomamos las cosas con más naturalidad.

En todo caso el mismo estudio expone una serie de recomendaciones que podemos seguir en el día a día de nuestros hogares para inducir un sueño más reparador:

  •  Exponerse a la luz solar durante el día
  •  Evitar la exposición a la luz artificial de móviles, tabletas y ordenadores por la noche (o utilizar opciones de luz que eliminen la luz azul en lo posible y proporcionen tonos más cálidos en su defecto).
  •  Bajar la intensidad de las luces todo lo posible al oscurecer.
  •  Tratar de irse siempre a la cama a la misma hora, estableciendo así una rutina de sueño saludable.

Así que ya sabéis. Salid al aire libre y…¡Felices sueños!

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