“B-P quería militares para su Imperio”…¿De verdad?

Pues sí. Todavía hay mucha gente que se empeña en creer que en el origen de los Scouts había una intención oculta: el educar a buenos soldados para el Imperio británico.

Ya he desmentido esa falacia por activa y por pasiva. Lo desarrollé en éste artículo de “La Roca”

El malvado Baden-Powell 3. ¿Militarista?

Y he insistido un montón de veces en que ya existían Cuerpos de Cadetes o Brigadas de Muchachos en las que se prestaba mucha más atención a una instrucción militar, por lo que no tenía mucho sentido organizar otro grupo más.

También os he contado que si alguna vez predominaron los desfiles, la instrucción, las bandas de música y demás…. fue por el simple desconocimiento del método por parte de aquellos que lo intentaban aplicar sin la información adecuada y que trataban de utilizar métodos que les eran conocidos (muchos de ellos antiguos militares en la reserva, pero también sacerdotes o maestros… todos arrimaban el ascua a su sardina).

Hoy os traigo un artículo de 1914 (sacado de “La Perspectiva de B-P”), antes de la 1ªGuerra Mundial, en el que el fundador lo cuenta con detalle.

Así que os invito a echarle un vistazo. Se titula:

Donde falla la instrucción

Veo que últimamente, en uno de los periódicos, el inventor del escultismo se ha descubierto a sí mismo (el fundador se refiere a las reivindicaciones de algunos personajes de aquellos años que pretendían ser los ‘genuinos inventores del escultismo’). Es el cuarto que lo hace en los últimos cuatro años. Tenía la impresión de que el fundador original, Epícteto, había muerto hace muchos centenares de años.
Este en particular nos cuenta que hemos pervertido sus ideales y que no somos lo suficientemente militares.

La verdad es que estos caballeros aprecian cierta semejanza en nuestro cuerpo con algo que ellos mismos han pensado, pero no han estudiado su alma y por lo tanto no han captado su significado o sus posibilidades.

¿Cuál es nuestro objetivo? Ellos no parecen otorgarle a esto especial importancia en sus argumentos. Pero sucede que es la piedra clave sobre la que recae toda la cuestión.
Nuestra meta es captar la atención de los muchachos y abrir sus mentes, educar el carácter de cada uno de ellos (y no hay dos exactamente iguales), convertirlos en buenos hombres para Dios y para su país, animarlos a ser trabajadores entregados y a ser honorables, hombres viriles con un sentimiento de hermandad para con los demás.

Como nuestro Movimiento atrae a todas las clases (los más pobres tienen las mismas oportunidades y consideración que los más afortunados), mucho del deshecho humano actual, se convertirá en valiosa ciudadanía.

Es por el carácter de sus ciudadanos, no por la fuerza de sus armas, por lo que un país llega a ser superior a otros.
Si podemos conseguir que este carácter y sentido de hermandad se inculque en todos nuestros muchachos en Gran Bretaña y sus Dominios de ultramar, forjaremos un vínculo más fuerte que el que en la actualidad mantiene unido a todo el Imperio.
Y como el Movimiento capte, y lo está haciendo, en países extranjeros también, promocionará un lazo común de simpatía que contribuye a la paz entre las naciones.
Nuestras oportunidades y posibilidades en esta dirección son inmensas. Y estos son los objetivos con los que nuestros Scouters han estado planificando su labor.

Pero nuestros inventores originales aparentemente nunca pensaron en estos fines Es cierto que no podrían obtenerlos mediante la instrucción más de lo que podrían hacerlo enseñando a sus abuelas a caminar por la cuerda floja.

Personalmente, yo no me atrevería a hablar sino fuese porque hubiese tenido algún tipo de experiencia en este asunto en particular. He pasado una buena parte de mi vida entrenando individuos para que fuesen soldados, cadetes, o agentes territoriales, y he estado con ellos en el servicio activo en más de una campaña. Desde entonces he tenido de nuevo la oportunidad de ver a los cadetes en Sudáfrica y Canadá, y, por vez primera en Nueva Zelanda y Australia. Estas visitas me han reafirmado en la opinión que ya expresé entonces, es decir, que con el excelente material humano que uno encuentra entre nuestros muchachos de todo el Imperio es bastante posible formar un ejército de cadetes de una apariencia soberbia, todos capaces de hacer la instrucción con constancia, de manejarse bien, de vestir elegantemente, y mostrar un alto porcentaje de puntería en su rango. Pero mucha gente parece tener la idea de que los hombres bien entrenados son necesariamente buenos soldados. Yo los he probado estando de servicio y me eran de muy poca utilidad. Cuanto mejor entrenado está un soldado, menos se puede confiar que actúe como un individuo responsable.
Su así llamada ‘disciplina’ tiende también a provenir del temor al castigo o a la reprimenda en lugar del espíritu de equipo al jugar el juego. Y esto es esencial, si no quieres que sea una mera fachada de obediencia que no soportará la prueba del servicio.
En el ejército, a los bien intencionados muchachos que venían a nosotros como reclutas, se les había enseñado las tres ‘R’s (leer, escribir y hacer cuentas) en sus días de escuela, pero nunca habían tenido la responsabilidad sobre ellos, o enfrentado dificultades o peligros, o realizado algún cambio por sí mismos u osado enfrentarse a la muerte por sentido del deber.

Estas cosas y otros muchos atributos de los buenos soldados, que podrían resumirse en la palabra ‘carácter’, debíamos inculcárselas antes de poder considerarlos capacitados para la instrucción y habilidad militares. Estas son, en realidad, sólo la presentación final, y no, como muchos parecen pensar, el primer paso para formar un hombre para la lucha.

Los boers nunca recibieron instrucción, y aun así eran muy buenos combatientes, e hicieron frete a nuestras tropas instruidas durante una campaña de más de dos años.
¿Por qué? Porque todos contaban con las condiciones apropiadas de carácter para la tarea. Tenían confianza en sí mismos e ingenio, puestos al servicio de su valor, sentido común y astucia (las tres virtudes para formar buenos soldados). Aquellos hombres sólo necesitaban un pulido final de instrucción y un poco de fuerte disciplina para ser los mejores de los soldados.
Esa es la secuencia de preparación que se precisa. Si lo aplicas en el orden contrario, consigues sólo fachada. Primero debes, como algo esencial, tener un sólido carácter establecido como base de trabajo.

Y entonces ¿cuál es el objetivo de estos hombres a los que les gusta la instrucción para sus muchachos?
La instrucción nunca va a formar un ciudadano, eso es bastante evidente.
Su objeto debe por tanto ser o bien (a) hacer de ellos potenciales soldados o (b) captar a los chicos con el glamour de la instrucción y de esa manera someterlos a algún tipo de disciplina y ejercicios que sean buenos para ellos.

En el primero de estos casos resultaría esencial que los Scouters tuviesen instructores excepcionalmente buenos, de lo contrario la disciplina aprendida con las formaciones de una o dos veces por semana probablemente no tendrían ningún efecto duradero sobre el carácter de los chavales. Además la instrucción cansa a los chicos después de algún tiempo y le aleja de la posibilidad de convertirse en soldado más adelante. Si al final se alista al servicio se piensa que lo sabe todo, y su alma, acostumbrada a ello como una tortura temporal, se resiente de la disciplina cuando ésta se convierte en algo real y permanente.

Como oficial simpatizo bastante con aquel que dijo que preferiría reclutas que nunca hubiesen hecho instrucción que aquellos a quienes describió como “bollos a medio cocer a los que hay que volver a poner crudos, volver a amasar y cocer de nuevo antes de que puedan valer como soldados”.

En cualquier caso a los líderes de estos muchachos mejor se les debiera aconsejar que los convirtiesen en genuinos cadetes y no que los disfracen como Boy Scouts.

En el otro caso, el (b), la captación y formación de chicos rebeldes es ciertamente más recomendable, y es con mucho la manera más sencilla de tratar con ellos en lo que respecta al responsable.
Pero entonces, ¿por qué no unirse a las Boys’ Brigades o las Church Lads, cuya educación sigue esa dirección?

Cambiando nuestra vestimenta, pero no nuestros ideales, propagan una falsa noción en cuanto a nuestras intenciones. Los padres y sacerdotes naturalmente suponen que la finalidad y el objetivo de los scouts es crear soldados, y en consecuencia se sienten molestos. No se dan cuenta de que nosotros estamos trabajando en un plano bastante superior a ese, el de educar a ciudadanos buenos y de éxito.

Por supuesto existen muchos Scouters en nuestro Movimiento a los que les gustaría dar una nota nacional más definida en la formación de sus chicos. Creen que los mismos muchachos no se dan suficiente cuenta de que la formación del carácter que reciben como scouts será la mejor base para conseguir sus metas más adelante, sea como soldados o marinos, ciudadanos o habitantes de las colonias.
(Una pequeña prueba en esta dirección se puede encontrar en los Cuerpos de Cadetes de los Dominios de ultramar. Hice una indagación como si fuese a inspeccionar a los cadetes, y me encontré que cerca del 80 por ciento de los cadetes sub-oficiales habían sido Boy Scouts en sus orígenes).
Bien, estoy completamente de acuerdo con la impresión de esos Scouters, y creo que encontrarán un primer paso en el nuevo esquema de los Senior Scouts que está publicándose ahora, en el que una vez establecidas las bases y los chicos han llegado a una edad en la que pueden juzgar por sí mismos, pueden especializarse en cualquiera de las líneas que puedan interesarles.

Enero, 1914

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1 Respuestas a ““B-P quería militares para su Imperio”…¿De verdad?”


  • Baden Powell ya plantea aquí que los Scouters acudan a Escuelas de liderazgo y no a Escuelas de Tiempo Libre actuales donde el formalismo campa a sus anchas…y es una pena.

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