Una verdad incómoda (3) Leyendas de la infancia

J. M. Barrie playing Neverland with Michael Llewelyn Davies.jpg
J.M. Barrie como el capitán Garfio con Michael Llewelyn Davies como Peter Pan jugando en los Jardines de Kensington. Autor desconocido, posiblemente Sylvia Llewelyn Davieshttp://www.jmbarrie.co.uk, Dominio público, Enlace

“La ilusión de la educación a un proceso de estimulacion
de las capacidades , aspira imaginariamente a obtener una ganancia.
¿qué pretende obtener el adulto cuando se dirige a un niño?.
Trata, precisamente, de conseguir una ganancia imaginaria
no de cumplir un deber.
El adulto pretende recuperar aquella satisfacción narcisista que perdió
debido al hecho de no ser aquello
que supone que los otros esperaban de él”

L. Lajonquiere. Infancia e ilusion (psico) pedagógica

 

¿Qué entendemos como Leyenda de la infancia? Simple… se denomina de esa manera a las teorías y creencias que se presentan como aquellas que “entienden” a la infancia e influyen en las acciones que los adultos llevarán a cabo en el proceso educativo ¿Cómo sería?… sencillo, lo que consideremos infancia tendrá implicancias jurídicas, institucionales, administrativas, sociales y familiares. Existen diversos tipos de Leyendas algunas de ellas son míticas, religiosas, científicas, administrativas, comerciales; ellas se traducirán en políticas, prácticas educativas, publicidad, supuestas “propuestas innovadoras”, etc.

“Nunca Jamás” es el paradigma de las “subjetividades libres” que enamoran a algunos pedagogos y dirigentes. Pero ¿libres de qué?: del Otro y de los otros que pasan a ser actores secundarios en la aventura de cada Ego en tanto la existencia de los mismos, se justifica sólo para el propio placer con escasa regulación.

En “Nunca Jamás NO HAY AMIGOS”. Es un lugar intemporal donde todo sucede en un presente eterno; los “niños perdidos” que viven allí crecen sin reglas y responsabilidades divirtiéndose todo el tiempo solo con su imaginación. No hay épica en la tribu del “árbol del ahorcado”, sólo imaginería alimentada por un héroe trágico llamado Peter Pan. Como diría Mario Benedetti en el poema “la infancia es otra cosa”, se nos plantea una niñez inexistente depositando en ella todas las bondades, olvidándonos del frío, del hambre, del golpe en la cara, del sabor de la sangre en la boca, de todo aquello que elegimos olvidar y brindándole la posibilidad al pedagogo de construir una trampa en la que es difícil no caer.

Los niños perdidos de Nunca Jamás son huérfanos o abandonados por sus padres, dejados por el Otro, conforman una pequeña pandilla sin historia previa, en una experiencia de placer imaginario y consumo sin regulación, expresada de forma notable en la película Hook con escenas de exceso memorables, como el momento del almuerzo. No hay adultos que a partir de su cultura establezcan regulaciones y ceremonias que permitan instituir infancia que no es ni más ni menos que la sujeción de los niños a una Ley, tal como lo establecen las Investigaciones de Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) sobre las infancias, realizadas por un conjunto de especialistas de distintas universidades que se manifiestan en contraposición al modelo “comercial” que se pretende imponer. Han ¿crecido?… difícil sin adultos que ocupen su posición de educadores. Los “niños perdidos” personifican el mito de aquel que aprende sin el Otro a partir de “el crecimiento intelectual espontáneo y continuo” del modelo cognitivo que los lleva a … bueno… lean la novela y podrán darse cuenta.

Peter Pan representa el infanticidio simbólico de la niñez abandonada por quienes no ocuparon la función de educar, sostenida en la ilusión de la infancia que tolera su consumación. En la época de la “infancia mercantilizada” es donde hace su aparición el “escultismo comercial[1]” que presenta cierta indiferenciación entre el niño y el adulto, aquella que conviene al mercado, lo que impacta en las ofertas y programas que ofrece.

Scouts en la ficción, episodio 69: Hook

¿Qué diferencia un adulto de un niño? no es la superioridad en tanto a su dignidad, sino la Posición que ocupa uno con relación al otro, a decir de Mercedes Minnicelli “es el adulto el responsable de sostener las condiciones de posibilidad para las operatorias subjetivas de inscripción de la Ley en la cultura. Es el adulto el que da lugar a los nuevos en la fiesta de la vida, que siempre estará empezada cuando un niño nace, y siempre continuará cuando debamos abandonarla”. Podríamos preguntarnos ¿cuáles serían esas condiciones de posibilidad? Justamente aquellas que hoy son fuertemente cuestionadas desde el cognitivismo que no es inocente respecto de lo político, postulando o menospreciando los rituales y ceremonias para plantear un juego que nunca cesa, provocando un vagabundeo sin anclaje simbólico que permita instituir un sujeto responsable.

El  cuestionamiento que se realiza al llamado “Escultismo Tradicional” o “trastocado” –según Vallory- se sostiene entre otras razones en la crítica al ritual y ceremonial propio del escultismo y a la posición del adulto a la que hemos hecho referencia en el párrafo anterior. Volviendo a Minnicelli decimos con ella que “en la suposición de la abolición de las ceremonias y rituales, en la abolición lógica del ritual y en supuestos tiempos de fluidez y desinstitucionalización, es el mercado el que ritualiza e impone sus propias liturgias, generando desconcierto y una ilusión de libertad que solo alimenta la omnipotencia y voracidad humana[2]. Por medio de cierta deconstrucción y crítica racional a dichos constructos bajo la “acusación” de ser ficciones, se desconoce -o mejor dicho se toma posición ideológica- su papel en cuanto a la transmisión cultural, la filiación de un sujeto a un cuerpo social y colectivo que lo sobrepasa, la función de hacer y hacerse sujeto dando marco simbólico a la experiencia, diferenciado lo indiferenciado, regulando los intercambios que niños y jóvenes establecen entre sí, responsabilizando al sujeto de sus actos.

La propuesta con fuerza de ley de un movimiento scout sin ley donde todo es a construir, encubre la entrega de los cuerpos como mercancía, el abandono de la posición del adulto como transmisor de cultura que no es más ni menos la posibilidad de instituir infancia allí donde el mercado busca ocupar el lugar Educador de consumidores adecuados a sus intereses: desidentificados, flexibles y resilientes.

Una verdad Incómoda (2): No hablemos de Educación, sino de aprendizaje.

De las ceremonias mínimas

Si en la educación llamada tradicional el niño se pregunta ¿qué quiere el Otro de mí? lo que le permite articularse dentro en el orden del deseo, en la perspectiva comercial su interrogante es ¿a quién le importa lo que hago? ¿Qué mas debo hacer para ser tenido en cuenta?

De la primer pregunta se sale concediendo y luego tomando lo que se quiere y dejando atrás lo que no se quiere, tiene que existir alienación para que se produzca la separación, se puede ir mas allá de los Ideales a condición de servirse de ellos.

De la segunda pregunta no hay salida en el Otro se ha desvanecido, de allí los distintos consumos se ofrecen como objetos que colman la falta existencial en un narcisismo cada vez más evidente en nuestras sociedades, con su contraparte ambivalencia entre las situaciones de relaciones agresivas e intolerantes y los enunciados de moda: “diversidad”, “tolerancia”, “respeto al otro”… en síntesis lo que no hay, en tanto que la igualdad se transforma en que el otro-sea-igual-a-mí

Este es un fenómeno más común de lo que se cree y que atraviesa a todos, incluso los colectivos sociales que defienden y promueven derechos algunos de ellos emparentándose en sus discursos a los canticos en la tribuna de futbol donde una hinchada somete a la otra, única posibilidad dentro del Narcisismo: sometedor – sometido. La figura del Otro malo se encarna en el des-semejante que no goza ni piensa de la misma manera, y lo único que puede ser aceptable es su producción cultural (exotismo). En el amor narcisista sólo se ama a quien uno es, a quien uno fue para el otro, al lo que parte de uno mismo (el propio ideal)… en cambio el amor como don implicaría la cobertura de aquello que el otro no es… que en el amor narcisista simplemente no tiene lugar.

La ceremonias mínimas son expresiones colectivas que dan marco simbólico a la experiencia otorgando sostén y legalidad (no en sentido jurídico) desde el lenguaje a las relaciones consigo mismo y con los otros, permitiendo realizar el tratamiento de lo sin-ley del mito de la leyenda infantil de “Nunca Jamás”. En ellas el sujeto encuentra un límite, un punto de corte que produce la subjetivación de la experiencia estableciendo la posición y responsabilidad del lugar que ocupa en relación a sí mismo, a los otros, a su deseo, a la historia. El encuentro con el límite lo pone en contacto con la falta que no se soluciona con un objeto de consumo sino con la dirección al Otro sea este Dios o los semejantes (o no tanto) con quienes se hace necesario enlazarse en una relación de intercambio (entendido como don mutuo) propiciatoria de la cultura no-comercial.

Si bien es cierto que las ceremonias y rituales pueden provocar inmovilidad, no es menos cierto que el juego característico del movimiento scout elimina ese problema. El rito y el juego son dos tendencias necesarias en toda sociedad… demasiado rito nos coloca en una sociedad conservadora, demasiado juego nos ubica en una sociedad sin anclajes simbólicos. Sin rito no hay subjetivación ni relanzamiento del sujeto, tampoco institución de infancia.

[1] Gerardo Martínez Hernández / Horacio Wild “Escultismo crítico popular, su identidad y justificación”. Instituto Escultista Crítico de Investigaciones Educativas Populares. 2016

[2] Mercedes Minnicelli. “Escrituras de la Ley en la trama social. Ensayo sobre la relación entre dispositivos, ceremonias mínimas y prácticas profesionales”. Rev. Pilquen 2008 – Psicopedagogía- Universidad Nacional del Comahue.

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