Mafeking: Ciudad Subterránea. Capítulo 11 Parte 3

ESPIONAJE BÓER EN MAFEKING: TRAIDORES Y DESERTORES

 “Afortunadamente el británico no es, por regla general, de carácter corruptible, y muchos espías extranjeros en Inglaterra han sido descubiertos a través de sus intentos por sobornar a oficiales u hombres para obtener secretos.”

Es una verdad de Perogrullo afirmar que este –cuando menos- polémico párrafo escrito por el Fundador en 1915, carece de todo fundamento. Lo mismo podría afirmase de un chino, un italiano o un búlgaro. A riesgo de sobreabundar puede afirmarse que un británico puede ser tan corrupto (o tan honesto) como cualquier otro ciudadano del mundo, y en ello poco incide su nacionalidad. La frase parece provenir de alguien sumamente ingenuo o con un marcado sentimiento de superioridad.

De todas maneras, algunos hechos protagonizados por sus propios hombres quince años antes, da por tierra con esta inverosímil afirmación de Baden-Powell.

Para disminuir el riesgo de “filtraciones de información” provenientes de  su propia tropa, y minimizar las oportunidades de potenciales actitudes desleales  B.P. y Hanbury-Tracy implementaron algunas sencillas y efectivas medidas preventivas:

  • Se prohibió que los combatientes “bajaran a la ciudad” desde los emplazamientos de la defensa en las afueras, y se eliminaron las visitas a las trincheras. Los hombres permanecían literalmente viviendo en sus puestos por largos períodos sin contacto con el resto de los ciudadanos. Ello explica la existencia de una importante cantidad de cartas remitidas a puntos relativamente cercanos entre sí. Actualmente los catálogos de las casas de subasta exhiben varios sobres enviados desde el centro de Mafeking al “Fuerte Musson”, al “Fuerte Ayr,” “Fuerte BSAP”, etc., lugares que se hallaban tan sólo 5 o 6 km del centro de Mafeking y que en circunstancias normales tal vez no hubieran justificado una carta, sino una visita personal.
  • Se instauró un sistema de censura a toda la correspondencia que se enviaba tanto fuera de la ciudad –vía corredores nativos-  como la remitida a destinatarios ubicados dentro de los límites de Mafeking.

En la imagen se  aprecia el sobre de una carta que el Soldado Bruce King, efectivo Nº 175 del cuerpo de Rifleros de Bechuanalandia envió al Sr. E. King, con domicilio en New Colony Road, Dartford, Kent, Inglaterra.

En la  esquina inferior izquierda (dentro del óvalo sobrescrito) consta la firma de B.R. Cowan, correspondiente al Capitán  Bryce Walter Cowan, Comandante de los Rifleros, que con su rúbrica dejaba constancia  del paso de la misiva por el control previo.

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En su didáctica  clasificación de los tipos de espías en servicio, Baden-Powell agregó una cuarta categoría, aunque sin numerarla:

Traidores. También hay espías que son traidores. Para ellos admito no tener ni una buena palabra. Son hombres que venden secretos de sus países por dinero. “.

En el libro B.P. omitió consignar que los motivos que llevan a la traición, no son exclusivamente económicos, sino que existe una amplia gama de sentimientos y razones que pueden empujar a una persona a ser desleal e incluso a “cambiar de lado””.

Los traidores y desertores de las fuerzas británicas constituían otra importante  preocupación de Baden-Powell cuando se trataba  de resguardar la información vital, el Coronel  informó a las autoridades imperiales que:

 “Cuatro de nuestros hombres desertaron al enemigo en diferentes momentos.”

El diario del soldado Fuller agrega algunos detalles:

29 de octubre; el Sargento WH Bolton desertó, se supone que se ha pasado a los Bóers. Se ofrece una recompensa  de 50 Libras al hombre que lo encuentre vivo o muerto. Desde entonces he oído que vagaba junto a  los holandeses en estado de ebriedad.

Sin dudas esta resulta una deserción inquietante, ocurrida sólo a 14 días de iniciada la guerra y protagonizada por un suboficial, que de acuerdo a la nómina del Regimiento del Protectorado, se llamaba Henry Williams Bolton y estaba registrado bajo el Nº 121. Alguien que podía proporcionar buena información secreta a los Bóers.

Continúa listando Fuller:

“ 25 de febrero de 1900: Dos hombres de la Guardia Civil  desertaron a las líneas Bóers. Rudolf Reck y John Evert. Ambos sospechados de espiar para el enemigo.  Se les permitió salir de la cárcel ayer.” 

De acuerdo al anunció que B.P. publicó el 6 de marzo ofreciendo recompensa por los desertores, sus nombres  correctos eran:  Peter Evert y Rudolph Reek

Otra anotación agrega un nombre más:

 “21 de marzo de 1900: El Soldado Montado  “Tottie” Hay del Escuadrón A, desertó a las líneas Bóers.  Él estaba cumpliendo  7 días de prisión en este el momento. Hay una recompensa de 50 Libras para el hombre que lo encuentra vivo o muerto”

El soldado Edward James Hay, miembro Nº 416 del Regimiento del Protectorado, no sólo desertó de las fuerzas británicas, sino que aparentemente se convirtió en traidor colaborando con información para un ataque de los Bóers. Un indignado periodista escribió en el diario de Mafeking comentando la acción:

La guía [para el ataque] fue, sin duda, proporcionada por el traidor Hay, el desertor del Regimiento del Protectorado que, para satisfacer sus sentimientos personales y antagónicos contra un oficial, intentó traicionar a toda la compañía y sus propios compatriotas. Que este Judas pueda recibir sus treinta piezas de plata y un final como el de su sosías, es lo que sinceramente esperamos…”

Es fácil imaginar que cada vez  que un soldado cruzaba la línea, entre el Estado Mayor reinaba la zozobra, con todos los oficiales preguntándose ¿Qué sabía y qué les dijo a los bóers el desertor?

En las circunstancias en las que se hallaba la Guarnición de Mafeking  los datos que pudiera aportar el informante tal vez significaran la diferencia entre la victoria y la derrota. Cuando los evadidos llegaban hasta el enemigo, eran  extensamente interrogados por los oficiales de la  inteligencia militar bóer  que estaban ávidos de obtener detalles:

  • Número de efectivos
  • Tipo y cantidad de armas
  • Cantidad de municiones disponibles
  • Enfermedades reinantes
  • Precisiones sobre el emplazamiento de los puestos de defensa
  • Ubicación de los depósitos de almacenamiento de comida
  • Lugar de producción de alimentos
  • Sector en el que se ocultaba la caballada y el ganado,
  • Puntos débiles del anillo de defensa
  • Oficiales disconformes,
  • Funcionarios civiles susceptibles de ser abordados por los bóers,
  • Contraseñas de los centinelas
  • Rutinas de los vigías,
  • Posibles debilidades de los altos mandos (vicios, inestabilidad, etc.)
  • Lugares de paso de los correos
  • Ubicación del taller de municiones y el polvorín

Contar con cualquiera de estas precisiones tal vez proporcionara una ventaja definitoria.  Esos datos debidamente analizados y procesados servirían para tomar las decisiones  tácticas y estratégicas que bien podrían resolver la contienda a su favor.

Cuando ocurría una deserción se hacían cambios en la rutina de la defensa, se redoblaba la vigilancia, se modificaban las claves y contraseñas, se trasladaban algunos puestos, y se aguardaba angustiosamente, esperando que el reo no hubiera ventilado los secretos de la ciudad.

Un último dato dato curioso:

¿Regalando información?

Durante la primera semana de bombardeos, el General Cronje, jefe de las fuerzas Bóers instauró una curiosa rutina: cada tres o cuatro horas cesaba el fuego y enviaba un mensajero bajo bandera blanca, este era cortésmente recibido por Baden-Powell que escuchaba el mensaje que transmitía, generalmente solicitando la rendición de los británicos. Lo curioso es que estos emisarios eran introducidos a la ciudad –incluso se les servía un refrigerio- y así tenían oportunidad de observar la disposición de las defensas y obtener útiles datos para sus jefes. Inclusive uno de ellos fue llevado hasta el hotel Dixon donde tenía asiento el estado mayor de B.P.

Parece que lo  apropiado en este caso, hubiera sido que se conferenciara en un punto intermedio entre la línea de los atacantes y la de los defensores, y no otorgar una ventaja dando a conocer detalles de la ciudad por mínimos que fueran.

EN LA PRÓXIMA ENTRADA: HISTORIAS HUMANAS ESCONDIDAS ENTRE  DATOS MILITARES


Este artículo forma parte de la serie El Sitio de Mafeking: viejos temas, nuevos materiales que pueden leer cada viernes en el Blog de La Roca del Consejo.
El primer capítulo lo pueden encontrar aquí.
Las fuentes documentales en las que se basan las investigaciones se pueden consultar en el listado aqui.
Los impacientes y los curiosos pueden adelantarse a la lectura descargando mis libros de  investigación documental sobre el Sitio de Mafeking, disponibles en el Wiki de La Roca:

Mafeking Ciudad Subterránea (Parte 1)

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