Mafeking: Ciudad Subterránea. Capítulo 10 Parte 3

ESPIONAJE EN MAFEKING: LA TIA SARAH

“En la guerra la verdad es tan importante que debe ir  acompañada de una buena escolta de mentiras”         
Winston Churchill. (1874-1965)

Cuando el 15 de noviembre de 1899 un tren blindado cargado con soldados británicos fue descarrilado camino a Estcourt,  650 Km al SE de Mafeking, los bóers obtuvieron un interesante botín en prisioneros de guerra, entre ellos un ciudadano inglés de 25 años de edad. El hombre, de profesión periodista, era  hijo de un alto funcionario Parlamentario y miembro de una acomodada y prestigiosa familia británica.

Cuando los Bóers  identificaron al corresponsal, lo trasladaron a una prisión en la ciudad de Pretoria, con la intención de negociar con las autoridades Imperiales empleando preso como baza de  cambio.

Un mes más tarde el  temerario y aventurero  joven escapó de la  prisión holandesa mediante una osada fuga de características cinematográficas.  Inmediatamente sus captores libraron una orden de búsqueda y pusieron precio a su cabeza: 25 Libras de recompensa a quien lo entregara vivo o muerto.

No era la primera vez que Winston Churchil se codeaba con el peligro, recientemente había cubierto para el periódico la guerra entre España y Cuba y las acciones británicas en Afganistán. De acuerdo al biógrafo David Statford, el  gusto por el espionaje  y las aventuras era un motor irrefrenable de la personalidad de quien en el futuro se convertiría en el  Primer Ministro Británico más famoso de la historia.

Su afición a la intrigas lo impulsaría -40 años más tarde- a crear el Servicio Secreto Británico y la Escuela de Espías de Inglaterra:  los únicos que lograrían engañar a la Abwehr, la temible organización de espionaje de Hitler.

Gracias a las astucias promovidas y dirigidas  por el Premier –un verdadero maestro de las artes del misterio-  los Aliados consiguieron confundir a los servicios de inteligencia alemanes  y desembarcar en Normandía el Día D, el 6 de junio de 1944.

Pocos sabían que esa pulsión ingobernable del espíritu, esa pasión por el espionaje –esa manía al decir de Statford- quizás se atribuyera a una cuestión genética, a un rasgo heredado.

Winston no sólo compartía vínculos sanguíneos con su tía Sarah, nueve años mayor, sino que una serie de curiosos paralelismos y sincronismos entre sus historias personales reafirma la idea del “gen de la aventura” incrustado en su ADN:

  • Ambos fueron corresponsales de guerra, Sarah –la primera mujer de la historia en asumir esa tarea- lo hizo para el Daily Mail y Winston para el periódico Morning Post
  • Tía y sobrino trabajaron en Sudáfrica al mismo tiempo
  • Los dos cubrieron con sus notas la Segunda Guerra Anglo-Bóer
  • Los dos admiraban y elogiaban a Baden-Powell.
  • Ambos fueron capturados por los Bóers con un par de semanas de diferencia.
  • Por diferentes motivos, las liberaciones de ambos fueron ampliamente difundidas por los medios gráficos: Winston fugándose de una prisión en Pretoria y Sarah obteniendo su libertad mediante un canje de prisioneros.
  • Winston ofició como agente de inteligencia británico obteniendo secretos de los bóers
  • Sarah posiblemente haya sido la mejor y más osada espía de BP.

Sarah

Mafeking. Sudáfrica
13 de octubre de 1899
La noche anterior al inicio del Sitio

Desde que llegó a Mafeking acompañando a su cónyuge a finales de septiembre, estaba tratando de encontrar alguna excusa convincente y verosímil para que la dejaran quedarse en la ciudad. Creía que BP no veía con buenos ojos su presencia en el pueblo pero, hasta el momento,  no le había pedido directamente que se fuera.  Así que intentó pasar desapercibida, albergando – como escribió en su diario-  “en secreto la esperanza de que se me permitiera  permanecer”. Cortésmente rechazó todos los ofrecimientos para abordar los trenes gratuitos del gobierno que estaban sacando gente del pueblo, mientras que públicamente, en un intento para despistar  a quienes se preocupaban por su suerte “hablaba todos los días de ir hacia el sur” .

Siguiendo  el itinerario de su esposo el Capitán Gordon Chesney Wilson Ayudante de Campo de Baden-Powell, estuvo desde principios de agosto en Bulawayo mientras se conformaba el Regimiento del Protectorado, allí para ocupar su tiempo ocioso tomó un curso de primeros auxilios, ahora dos meses más tarde, estaba convencida que podía ser de utilidad al iniciarse la guerra ayudando en el hospital local, pero tanto BP como su marido se opusieron.

A punto de cumplir 34 años, Lady Sarah Isabella Augusta Spencer-Churchill Wilson no encajaba en los cánones establecidos para las mujeres de su edad y posición social.  Como hija de un Duque y nieta de un Marqués, se esperaba de ella que se comportara acorde a la
s normas de las clases sociales altas, sin embargo Sarah era una mujer independiente e intrépida, con criterio propio y un especial gusto por las aventuras audaces.  Había comprado u
n caballo y pasaba sus tardes cabalgando por la sabana ante la mirada atónita de las mujeres europeas y nativas, que no comprendían como una noble dama se dedicaba a esas actividades.

El viernes 13 de octubre, muy tarde en la noche, un oficial se acercó hasta su casa para comunicarle las malas nuevas: debía abandonar Mafeking; en su libro de 1909 Memorias Sudafricanas, Sarah registró ese momento:

“…justo cuando iba a la cama, he recibido un mensaje del Coronel Baden-Powell, a través de uno de sus colaboradores, diciéndome que acababa de ser informado, por una  autoridad de confianza, que una fuerza compuesta por no menos de 8.000 burgueses posiblemente llegaran en la mañana siguiente, y que era probable que acometieran contra la ciudad, y que la guarnición se vería obligado a combatir. Concluyó rogándome que saliera tomando la carretera por el punto de seguridad más cercano. Naturalmente tuve que obedecer”

Sarah salió del poblado en la oscuridad, en una carreta con seis mulas, acompañada por de su criada alemana Metelka y un joven de color, con destino a Settagoli (hoy Setlagole) 74 km al Suroeste de Mafeking, sobre el camino principal a Kimberley. Al anochecer del día siguiente llegó a su nueva ubicación y –ya a salvo del peligro- tomó una habitación en el  hostal de la familia Fraser. A la mañana siguiente el inconfundible sonido de la artillería interrumpió su calma: en Kraaipan, a  solo 16 Km. los Bóers estaban atacando el tren blindado del Teniente Nesbitt.

Un efectivo de la Policía del Cabo se acercó hasta el hostal y la previno de la presencia de un gran contingente de Bóers en la zona.  Las mujeres volvieron a subirse a su carreta y se dirigieron a la aldea Mosita, un pequeño paraje a 44 km de su actual ubicación; allí obtuvieron refugio en la granja de una familia de agricultores leales de apellido  Keeley (o Keely según la fuente que se consulte).

El Sr. Keeley estaba dentro de Mafeking combatiendo en las defensas. Sarah se instaló junto a la esposa del granjero.

La pintoresca historia podría finalizar en este punto, una mujer huye en vísperas de la guerra y salva su vida gracias a la solidaridad de unos granjeros.

Esto es lo que publicaron los periódicos en lengua inglesa.

Un relato de una historia real, interesante, con un final lógico, corriente y previsible.

Sin embargo su protagonista no era una persona común y corriente,  y mucho menos alguien demasiado apegado a la tranquilidad y las seguridades de una vida apacible. Baden-Powell tampoco.

——–●———

BP tenía una elevada opinión sobre las aptitudes del personal femenino  en el servicio de espionaje, y con Sarah tendría una excelente posibilidad de comprobar la certeza de su valoración. En el detallado manual que escribió en India,  había instruido a sus  suboficiales y soldados advirtiéndoles sobre las posibilidades –y los peligros- de la acción de un tipo de agentes de inteligencia muy particular:

Las mujeres tienen muchas buenas cualidades para el espionaje, e indudablemente serán empleadas nuevamente en tiempos de guerra como lo han sido en tiempos de paz. Pero ellas tienen un punto débil,  y es que rara vez pueden ocultar su inteligencia, mientras que el hombre aparentemente estúpido es el que descubre las cosas. Todos los soldados deben evitar ser engañados por las mujeres para que den cualquier tipo de información militar que sea.”

No resulta extraño entonces, que el Comandante de Mafeking haya acudido a los servicios de un agente femenino.

No hay información que indique  si Sarah comenzó a recolectar y transmitir información por propia iniciativa, si fue a  petición de Baden-Powell o si la reclutó  su marido el Capitán Wilson,  pero lo cierto es que ni bien se ubicó en Mosita comenzó a aportar datos al eficiente servicio de inteligencia británico.

Si reunir información era una tarea riesgosa y complicada, hacerla llegar puertas adentro de la ciudad constituía una operación que ciertamente acarreaba la  posibilidad  de perder la vida para quien la emprendiera; no obstante ello pese a que Mafeking estaba sitiada, algunas personas se las arreglaron para entrar y salir del lugar por medio de un complejo y peligroso procedimiento que incluía pasar entre los centinelas Bóers.

Luego de algunas semanas en Mosita, Sarah anotó en su diario:

  “Por fin, una noche, cuando estábamos sentados en el porche después de la cena, se divisa un jinete que se acerca en un caballo muy cansado. Corriendo a la puerta, nos trajeron cartas de Mafeking.”

La mujer recibió una nota de su marido en la que la ponía al tanto de las novedades de la ciudad. El contacto estaba iniciado.

Unos días más tarde, se presentó a su puerta un hombre de color con un mensaje de Mafeking, el nativo llamado Boaz estaba actuando como  correo para uno de los corresponsales de prensa y llevaba sus mensajes “doblados microscópicamente dentro del cartucho de una bala” Sarah comenzó a utilizar sus servicios para enviar a la guarnición sus informes, en sus memorias escribió:

Este anciano resultó ser un mensajero confiable y exitoso. En muchas ocasiones penetró el cerco a la ciudad sitiada, y durante los dos primeros meses era prácticamente el único medio que ellos tenían para recibir noticias. Su tarea era, por supuesto, arriesgada, y debimos  pagar 3 Libras  por cada envío, pero nunca nos falló”.

La inquieta y temeraria Sarah se aburrió de permanecer estática en la aldea y decidió salir a ver por sí misma como estaban las cosas en las localidades vecinas. Volvió a tomar su carreta y con rumbo Sur recorrió los 108 kilómetros que separaban Mosita de Vryburg, que ahora estaba bajo el dominio bóer.

Acompañada de un hombre apellidado Coleman (pariente del Sr Keeley) se hizo pasar por la hermana de un granjero ingresó a la ciudad, su coartada: iba para ser tratada de un intenso dolor de muelas. Disfrazada con un gabán viejo y con la cara semicubierta por un velo, la mujer se mezcló entre los Burgueses de la ciudad, mientras su acompañante anunciaba que la dama no podía hablar debido a la hinchazón de su mandíbula.

Así, arriesgándose a ser detenida y  fusilada,  logró hacerse de  varias informaciones valiosas:

  • Hizo contacto con el gerente del Gran Hotel, un inglés que la puso al tanto de las últimas novedades y le tradujo algunos partes de batallas que distribuyeron los Bóers. No cabe dudas que el empleado también oficiaba como espía para los británicos.
  • Visitó el hospital donde se recuperaban tres de los hombres de Mafeking heridos en el tren de Nesbitt y obtuvo su versión de los hechos, así como la información de los movimientos del hospital.
  • Desde la ventana de su cuarto en el hotel observó los movimientos y escuchó las conversaciones de los comando Bóers durante varias horas, reuniendo datos útiles
  • Obtuvo boletines publicados por el gobierno bóer
  • Escuchó a los bóers hablar sobre las operaciones en la frontera Natal, y así consiguió  las primeras noticias de las victorias británicas en  Dundee, Elandslaagte, y Glencoe

El día siguiente la espía envió los frutos de su recolección

“A mi regreso a Mosita me despaché otra vez al viejo Boaz a Mafeking, dándoles la inteligencia de las victorias en Natal. Esto resultó ser la primera noticia que les llega desde el teatro más importante de la guerra”

La mujer volvió a instalarse en Settagoli y continuó remitiendo la información que obtenía a los defensores.

Días más tarde un corresponsal de la agencia Reuter –al que enigmáticamente Sarah nombra como “Sr. P”-  llegó  proponiéndole utilizar un método alternativo para trasmitir los datos a la ciudad.

Las palomas mensajeras eran uno de los medios de comunicación más importantes de los sitiados y las anotaciones en el diario del Mayor Baillie sugieren que en Mafeking había una buena cantidad de ellas:

Martes 13 de Marzo: Un proyectil estalló en un palomar y mató a dieciséis valiosas palomas mensajeras; el disparo  es un poco grande para el  tiro al pichón, pero aparentemente eficaz

El “Señor P”. llevó un cesto con palomas mensajeras y le mostró a Sarah como se utilizaban. Como demostración escribió un mensaje informando a BP  que la Sra. Wilson estaba en Settagoli, imprudentemente agregó que era ayudada por los Sres. Fraser y Keeley. La nota se ató a la pata de la paloma y el animal fue soltado.

Al día siguiente una partida de Bóers se presentó en el lugar, Sarah logró esconderse, pero el resto de las personas mencionadas en la nota fueron capturados.

El título del capítulo VIII del libro de Sarah libro anticipa y resume como se desencadenaron los hechos: “Traicionada por un pichón

“…Habían capturado nuestra paloma, con su nota de prueba. El confiado pájaro  había volado directamente al campamento Bóer, se había posado en la casa del General, en donde le habían disparado…”

Aparentemente  BP desconfiaba de esa versión ya que en 1907 escribió:

“ Los Bóers son buenos tiradores, pero golpear a una paloma mensajera con un rifle requiere de un tirador excepcional”

Sarah fue capturada a finales de noviembre y puesta bajo custodia.

En una audaz jugada, escribió una carta al General Snyman, que en ese momento estaba a cargo de las fuerzas bóers que sitiaban Mafeking y le pidió que la dejara reunirse con su esposo en la ciudad.

Al mismo tiempo la mujer anotó en su diario: “Tomé la precaución de despachar a un negro con una nota a Mafeking, informando al Coronel Baden-Powell de mi plan” lo que permite suponer que su deseo por retornar a la ciudad tal vez no se debiera sólo a razones sentimentales.

Sarah fue trasladada al cuartel general del comandante bóer en las afueras de Mafeking, donde permaneció prisionera durante varios días mientras sus captores decidían que hacer con ella, ya que había pedido que la canjearan por una mujer holandesa de apellido Delpoort que deseaba salir de la ciudad.  Durante ese lapso la espía tuvo oportunidad de hablar con los altos mandos de los sitiadores, escuchar sus conversaciones y observar cuanto podía del movimiento en el campamento enemigo, fue destinada a trabajar en el hospital de campaña y allí pudo obtener muchas informaciones importantes que le transmitieron los heridos.

El día 2 de diciembre -49º día de bloqueo-  repentinamente los bóers cambiaron las reglas del juego: aceptaban hacer un canje  pero sólo si se les entregaba un reo holandés detenido en la cárcel de Mafeking.

Al día siguiente sus captores le entregaron una carta de su marido que contenía malas noticias:

“Mafeking, 3 de diciembre de 1899.
Mi querida Sarah: Estoy muy contento de oír que estás siendo bien tratada, pero lamento  mucho tener que decir que al coronel Baden-Powell le resulta imposible entregar a cambio a Petrus Viljoen, que fue condenado por robo de caballos  antes de la guerra. No veo de qué manera se pueden beneficiar tus  captores manteniéndote prisionera; por suerte para ellos, no es la costumbre del inglés hacer a las mujeres prisioneras de guerra.  Gordon Wilson

Luego de varias negociaciones, finalmente BP aceptó el trato, para ello debió romper las leyes vigentes, ya que el preso estaba bajo jurisdicción de las autoridades civiles, fuera del alcance de la legislación militar. El Comandante le comunicó su resolución a la mujer mediante otro mensaje enviado bajo bandera de tregua:

“Mafeking, 5 de diciembre de 1899.
Querida Lay Sarah: Estoy muy angustiado por que Usted debe haber estado viviendo momentos terribles, y no puedo evitar sentirme culpable; pero yo tenía la esperanza de ahorrarle lo desagradable del asedio.
Sin embargo, confío ahora que sus problemas estén a punto de terminar por fin, y que el general  [bóer ] Snyman la envíe aquí.
Nosotros nos encontramos muy bien y realmente estamos disfrutando de todo. Yo escribí ayer  por la noche pidiendo que la canjeen por la señora Delpoort, pero no he tenido ninguna respuesta, por lo que he escrito hoy nuevamente y espero sinceramente que todo resulte bien.
Espero que esté bien, a pesar de sus problemas.
Suyo sinceramente, R.S.  Baden-Powell.”.
                                                                                                

Sarah Wilson en Mafeking, parada en la puerta de su refugio antibombas.

Finalmente, en la mañana del 7 de diciembre de 1899, la espía regresó a Mafeking.           El relato de los diferentes diaristas muestra que el hecho causó conmoción en la ciudad, ya que la mujer era considerada una heroína; los testimonios  además confirman sus actividades clandestinas.

Charles Weir, Contador del Standad Bank dejó anotado:

“El jueves también fue un día emocionante por otra razón: un intercambio de prisioneros tuvo lugar. Lady Sarah Wilson, la esposa del ayudante de Campo del Coronel  Baden-Powell que se había ido de Mafeking justo antes del inicio de las hostilidades, regresó a la ciudad. Ella  estaba en un lugar a cuarenta millas de distancia, y desde allí enviaba la información que había recibido…un preso común por una dama con título nobiliario, no es un mal cambio…”

El Mayor Baillie hizo lo propio en su entrada del 7 de diciembre:

“Lady Sarah Wilson llegó esta mañana, después de haber sido cambiada por Viljoen que había sido condenado a seis meses de prisión antes de que comenzara la guerra. Él, me imagino, se verá más gordo y en mejores condiciones que sus amigos de afuera. Esta mujer valiente, que de hecho ha pasado un mal momento, fue recibida con aplausos y gritos cuando entró en la ciudad, y para todo el mundo fue un gran alivio verla a salvo. Los bóers no perdieron el tiempo, ya que mientras se dirigía a su casa el despido comenzaron a bombardear la ciudad.  Intensos bombardeos continuaron por la noche: tres hombres muertos, ocho heridos.”

En su crónica del 12 de diciembre el periodista Angus Hamilton también tomó nota de los hechos:

“Un interesante tema secundario para el asedio de Mafeking, ha sido la cadena de acontecimientos relacionados con la salida de la ciudad de Lady Sarah Wilson en la noche anterior al inicio de la guerra, su estancia temporal en Setlagoli, desde donde suministró información a la  guarnición y actuó como el medio principal por el que Baden-Powell consiguió hacer llegar sus despachos hasta el Gobierno en Ciudad del Cabo. Lady Sarah fue tratada por los boers con la consideración que se debe a su sexo, a pesar de que podrían haber hecho su posición un tanto desagradable, ya que ella había tomado activa participación transmitiendo información…”.

El fotógrafo captó el momento en el que Sarah entra a su casa luego de ser liberada en las afueras de Mafeking

La tarde de su regreso, Sarah pasó varias horas reunida con su esposo, Baden-Powell, y el Teniente Hanbury-Tracy. Seguramente tenía muchas cosas para informar.

Varios detalles muestran el excepcional trato preferencial que Baden-Powell mantuvo con la mujer, y ello permite suponer que el Coronel –por razones afectivas, por caballerosidad o porque realmente ella era su mejor espía- la tenía en especial consideración. El de Sarah el único  caso del que se tengan registros, en el que Baden-Powell intervino personalmente solicitándole a alguien que saliera de la ciudad. Varias mujeres –europeas y nativas- murieron dentro de Mafeking, todas ellas decidieron quedarse acompañando a sus maridos, y ninguna fue compelida a retirarse del lugar.

  • ¿Fue una genuina preocupación por la seguridad de la dama, o una puesta en escena para cubrir su salida de Mafeking para cumplir su misión de espionaje?

Otro hecho singular lo constituye el particular pedido de Sarah a los Bóers para que le permitieran volver a internarse en  Mafeking.

  • ¿Realmente quería volver junto a su esposo, a una ciudad que era bombardeada diariamente, o necesitaba ingresar para pasar su informe con los datos que BP le encargó conseguir?

El canje de prisioneros es otro hecho que se ofrece para especulaciones.

Aceptar las condiciones de los Bóers, era una muestra de debilidad que en la guerra se puede pagar muy caro.

  • ¿BP Actuó motivado por caballerosidad y humanismo, o necesitaba que su espía vuelva a Mafeking y le informara los detalles que obtuvo en el campamento bóer?

Aparentemente la fama de Sarah viajó al otro lado del mundo: en 1901 BP se entrevistó con los Reyes de Inglaterra, oportunidad en la que le  fue otorgada la condecoración de Compañero de la Orden del Baño, en 1933 escribió sobre esa reunión

“… El Rey y la Reina me preguntaron muchas cosas sobre Mafeking, sobre Lady Sarah Wilson, Ronnie Moncrieff, sobre el presente estado de la guerra, el valor de las Tropas Coloniales y del Cuerpo de Alguaciles de Sudáfrica…”

En todos los escritos en los que Baden-Powell menciona a la mujer, lo hace en relación a  su tarea como Enfermera Voluntaria en el Hospital de Mafeking, labor por la que posteriormente sería condecorada.

Nunca la señaló como espía.

Madrugada del 7/12/1899. El ladrón Petrus Viljoen es liberado de la cárcel de Mafeking. De pie junto a la carreta: Mayor Lord Edward Cecil, segundo al mando en Mafeking. En el fondo: Hotel de Dixon. Negativo coloreado de la fotografía tomada por David Taylor, fotógrafo profesional de Mafeking.

Un Comentario Extra: 

La espectacular fuga de Churchill en noviembre de 1899 lo convirtió en un héroe nacional: 6 días con sus noches recorriendo 500 km en territorio bóer. Cuando Mafeking fue liberada, el joven periodista viajó a Pretoria para entrevistar BP, en 1937 recordó ese encuentro:

Cabalgamos juntos durante una hora por lo menos, y cuando por fin se decidió a hablar, fue mágico. Me conmovía su relato, y el gozaba al referirlo. No puedo recordar los detalles, pero mi telegrama debió de haber llenado casi una columna. Antes de expedirlo se lo enseñé. El lo leyó con reconcentrada atención y con ciertas muestras de embarazo, pero, al terminar y devolvérmelo, me dijo sonriente “Hablar con usted es lo mismo que hablarle a un fonógrafo.” Y no puedo por menos de reconocer que yo también me sentí complacido.”

 

EN LA PROXIMA ENTRADA: ¿BADEN-POWELL FUE ENGAÑADO POR SUS PROPIOS ESPIAS?


Este artículo forma parte de la serie El Sitio de Mafeking: viejos temas, nuevos materiales que pueden leer cada viernes en el Blog de La Roca del Consejo.
El primer capítulo lo pueden encontrar aquí.
Las fuentes documentales en las que se basan las investigaciones se pueden consultar en el listado aqui.
Los impacientes y los curiosos pueden adelantarse a la lectura descargando mis libros de  investigación documental sobre el Sitio de Mafeking, disponibles en el Wiki de La Roca:

Mafeking Ciudad Subterránea (Parte 1)

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