Mafeking: Ciudad Subterránea. Capítulo 9

INTRODUCCION AL ESPIONAJE EN MAFEKING

Mafeking. Sudáfrica
En algún momento entre la última semana de septiembre
y los  primeros días de octubre de 1899
Baden-Powell

Había resuelto robarle un par de horas a su abarrotada agenda de trabajo para dedicarlas a un asunto enteramente personal.
Posiblemente esto no fuera bien visto en la conducta de un Coronel, pero ese rato dedicado a sí mismo no iba a influir en el resultado final de la guerra que se avecinaba. Por otra parte disponía de un buen plantel de experimentados y capaces oficiales que bien podían continuar con las labores sin necesidad de que el mismo los supervisara.

Además desde el sábado 8 de julio – cuando abordó en Londres el barco que lo trajo a Sudáfrica- prácticamente no había tenido un momento de descanso. Tan solo hacía unos pocos días había escrito una nota  a su madre narrándole parte de su agotadora rutina de los últimos dos meses.  La carta es reproducida por la secretaria de B.P.  Eileen Kirkpatrick Wade  en su libro The Piper of Pax de 1924 y constituye una buena muestra de las sobrecargadas jornadas del Coronel en esos días

 22/09/1899: En el tren de nuevo, corriendo una vez más a Bulawayo después de un tiempo muy ocupado en Mafeking, con la compra de carros y mulas y la organización de la defensa de la vía del tren, que se extiende por la mayor parte de su longitud tan cerca de la frontera que los Boers solamente tienen  que saltar la línea y luego correr para estar de nuevo en su propio terreno. Ahora estoy en un viaje corto a Bulawayo para asegurarme que todo está bien y listo antes de que comience la guerra. Después de eso voy a volver a Mafeking y hacer allí mi cuartel general, ya que está más cerca de la primera escena de acción, y es por el momento el punto más importante de mi mando”

Aunque por supuesto él mismo no lo sabía, el atareado Coronel se encontraba  exactamente en la mitad de su vida, habían transcurrido 42 de los casi 84 años que viviría y mas del cincuenta por ciento de ese primer  lapso estuvo dedicado a las actividades militares para las que se había preparado a conciencia y laboriosamente. Había ascendido en la jerarquía castrense a fuerza de buenos desempeños y –sobre todo en los primeros años- capacitación permanente. Se impuso a sí mismo la carga de participar de cuanta experiencia educativa estuviera disponible Armas Ligeras, Ametralladoras, Exploración y Reconocimiento, Señalización Topografía, Leyes y Administración Militar, Veterinaria, e incluso varios idiomas.

No obstante su sólida formación en el ejército, ningún plan de estudios podía abarcar completamente la variedad de materias y habilidades necesarias para resolver los desafíos que la defensa de Mafeking le impondría al nuevo Comandante de la Ciudad,

Ni bien comenzaron los preparativos bélicos,  B.P. pronto se vio a si mismo negociando con los comerciantes, trabajadores y granjeros de la ciudad, “nada es gratis” parecía ser la regla del lugar. Debió discutir el jornal con los cavadores de trincheras, el precio del forraje con los almacenes locales, el alquiler de mulas con sus propietarios, y hasta el precio de las verduras con los productores agrícolas que se negaban a vender sus mercancías a un valor menor que el que corrientemente se pagaba por ellos en la feria de la Plaza del Mercado.

Atendió a los representantes de la Cámara de Comercio de Mafeking, los señores Benjamin Weil y H. Martin, quienes se hallaban comprensiblemente preocupados por el futuro de sus negocios ante la proximidad de la guerra.

El Alcalde Frank Whiteley también lo hizo depositario de sus dudas sobre el destino de la ciudad y le solicitó algunas garantías.

Se reunió con el Gerente de la sucursal local del Standard Bank, que insistía en  regatear la tasa de interés que pagaría sobre el dinero del gobierno que B.P. depositó en la entidad.

El Magistrado Residente Charles George Harland Bell, que oficiaba como juez para asuntos locales, deseaba discutir el alcance de algunos puntos de la Ley Marcial próxima a implementarse.

El Dr. William Hayes le reclamaba insumos para el escasamente aprovisionado Hospital Victoria.

Su Jefe de Artillería, el Mayor Francis Panzera, le traía un decepcionante informe con el relevamiento de armas y municiones disponibles en la ciudad.

Sus hombres le informaron que Wessel Montshiwa, el Jefe de la tribu Baralong, se resistía a que su gente se involucre con los británicos, temeroso de “ser usado” en su exclusivo beneficio.

Los periodistas –que ante la cierta posibilidad de una guerra se vieron atraídos hacia el pueblo-  acechaban buscando  noticias y  un reportaje exclusivo con el Comandante, los hombres de la prensa  asediaban a B.P. solicitándole un entrevista,  y en cada caso el Coronel se negaba cortésmente.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, telégrafo mediante, Baden-Powell lidiaba con la desidia de los burócratas de la Oficina Colonial a los que le reclamaba incesantemente el envío de partidas de dinero, provisiones y armamento. Había requerido a Ciudad del Cabo el envío de dos poderosos cañones rápidos QF de 4.7 pulgadas,   capaces de enviar proyectiles de 120 mm a una distancia de unos 9000 a 10000 metros; y en base a su poder de fuego trazó los planes de defensa. El día que llegó el tren trayendo la carga, B.P. fue a recibirla a la estación, según contó en Sketches in Mafeking & East Africa :

“… encontramos  que eran sólo viejos cañones de 7 libras, que difícilmente llevaran  sus proyectiles mucho más lejos de lo que podría hacerlo  un rifle.  Entonces  tuvimos que  alterar rápidamente nuestros pretenciosos planes de defensa,  adaptándolos a un  sistema más pequeño. El hecho era que en el telegrama informando del envío de estas armas se había utilizado accidentalmente un código de palabra equivocada”

Según escribió  William Hillcourt, la confusión de debió a la mala interpretación de los nombres en clave de las armas: Fogbell  (Campana de Niebla) era el código de los cañones requeridos y Folkright (Derecho Popular) el de los finalmente enviados.

Por fortuna, su alto rango militar le confería el privilegio de alejarse de todo aquello  por unos instantes y disfrutar de un tiempo en soledad.

Baden-Powell se ubicó cómodamente en una silla y se dispuso a repasar sus propios escritos, abstrayéndose del frenético ir y venir de soldados y obreros.

La encomienda que desde Londres le enviaba su hermano Frank, traía las primeras buenas noticias que recibió en el último bimestre: la empresa “Gale & Polden” que publicaba la popular revista “Miltary Series”  decidió editar Aids To Scouting (Ayudas Para La Exploración) el manual para suboficiales y soldados que escribió mientras estaba en la India.

Prolijamente abrió el paquete que contenía las pruebas de impresión y comenzó a releer sus textos. En la revisión pasó por el Capítulo XIII titulado  “Espionaje”, allí leyó sus propias palabras en letra de imprenta:

“El espía puede hacer su trabajo para entrar en un cierto grupo de personas, o emplearse con el  enemigo y vivir entre ellos abiertamente, mientras  recoge toda la información que pueda, sin que ellos lo sospechen. También  puede  ingresar temporalmente a países o campamentos enemigos, o tomar puestos de trabajo más o menos inocentes para reunir datos. En este trabajo temporal tendrá que asumir y con frecuencia cambiar disfraces para no llamar la atención o ser rastreado por los detectives, etc.  Para tener éxito como un espía debe por lo tanto ser a la vez un agente inteligente y un observador rápido de detalles. Debe ser un experto en el arte de la caracterización es decir, en la alteración por completo su personalidad, tanto en el aspecto personal, en el habla, en su carácter, y en el conocimiento aparente, etc.”

 

Cuando terminó de controlar las 143 páginas dio su visto bueno agregando la palabra “imprímase” y envió a su ordenanza a despachar el paquete en el correo local junto con una carta para su madre y su hermano.

Luego se reunió con sus oficiales que reclamaban su presencia para resolver un asunto relacionado con las trincheras.

En los días venideros tendría una inmejorable oportunidad para comprobar si sus enseñanzas teóricas sobre las técnicas de inteligencia militar y el espionaje eran correctas y si tenían alguna aplicación práctica.

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Dos pequeños comentarios…

  • El curioso e intrincado derrotero del libro “Aids To Scouting” abarca tres continentes y países: escrito en India –mientras B.P. dictaba un curso para suboficiales del 5º Regimiento de Dragones-, revisado en Sudáfrica –mientras se organizaba la defensa de Mafeking- y editado en Londres, en medio de la avidez del pueblo de habla inglesa por obtener noticias del Coronel Baden-Powell y su Defensa de Mafeking. El pequeño librito de tapas color rojo- prácticamente una edición de bolsillo de 11.5 x 9 cm- se publicó en Inglaterra cuando la Segunda Guerra Bóer (y el Sitio de Mafeking) ya había comenzado; los editores decidieron agregar una página que informaba “Las pruebas corregidas de este libro acompañaron a los últimos despachos que llegaron a través de las Líneas Boers.”  

Izquierda: portada original de Ayudas Para la Exploración – “Para Sub-Oficiales y Soldados” (1899). Derecha: la página agregada por los editores

  •  El manual unido a la creciente popularidad Baden-Powell, despertarían el gusto y el interés por la exploración (el scouting) en la población británica y sus colonias,  y sería el prefacio para el éxito en la difusión del futuro Movimiento Scout. La traducción del título comúnmente difundida es “Ayudas A La exploración”, sin embargo opté por emplear “Ayudas Para La Exploración” por considerar que la expresión es más apropiada para nuestro idioma.
  • Que los cañones que aguardaba B.P. eran de 4.7 pulgadas, surge de su propio testimonio escrito en 1907 para Sketches in Mafeking & East Africa, donde explicó Nuestra artillería no era mucha, aunque habíamos esperado tener una muy poderosa cuando escuchamos, antes de la guerra, que desde Ciudad del Cabo  nos iban a enviar dos cañones 4’7” El biógrafo William Hillcourt en Las Dos Vidas del Héroe aporta los datos de las claves, pero consigna que los cañones eran dos “Howitzers 5.7”. Para este trabajo he dado preferencia a la versión escrita por B.P.

 

La próxima semana comenzaremos a conocer por su nombre y apellido a los infomantes, los espías y los traidores de Mafeking: quienes eran y cómo trabajaban?


Este artículo forma parte de la serie El Sitio de Mafeking: viejos temas, nuevos materiales que pueden leer cada viernes en el Blog de La Roca del Consejo.
El primer capítulo lo pueden encontrar aquí.
Las fuentes documentales en las que se basan las investigaciones se pueden consultar en el listado aqui.
Los impacientes y los curiosos pueden adelantarse a la lectura descargando mis libros de  investigación documental sobre el Sitio de Mafeking, disponibles en el Wiki de La Roca:

Mafeking Ciudad Subterránea (Parte 1)

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