Mafeking: Ciudad Subterránea. Capítulo 8 Parte 2

LA COMUNIDAD DE LOS FERROVIARIOS  (Segunda Parte)

Continuamos conociendo la labor de los ferroviarios No Combatientes, sin duda una de las claves para el éxito de la resistencia de Mafeking

El último día de abril la pequeña ciudad cumplió 200 días de resistencia al cerco bóer. Las condiciones anímicas, alimentarias y sanitarias estaban muy por debajo del nivel aceptable, el personal médico trabajaba a destajo, con recursos insuficientes y cada vez luchando contra más vicisitudes. En los sectores más alejados del poblado se establecieron zonas de aislamiento a las que nadie tenía permitido acceder, como medio para no extender el contagio de enfermedades irreversibles.  Las zonas de cuarentena se identificaron con banderas, los distintos testimonios dan cuenta que al menos existieron  tres de ellas: una para los enfermos de viruela, otra para los aquejados de difteria y un tercero para los afectados por el  paludismo y la disentería, que se cobraron casi tantas víctimas como las balas.

El hambre se convirtió en un enemigo omnipresente.

Con la excepción de las palomas mensajeras,  todos los animales de la ciudad pasaron a formar parte de la magra dieta: caballos, mulas,  asnos e  insectos se incluyeron en las raciones diarias.

Se intentó fabricar alimentos con cualquier clase de productos disponibles: almidón glicerina líquida en jarabe, forraje para ganado, inclusive Poudre de Riz, un maquillaje femenino.  Los nativos, tal vez menos sofisticados y con menos pruritos que los habitantes europeos, no dudaron en comerse los animales domésticos.  El Traductor de la Corte Solomon Plaatje  en la entrada de su diario para el  15 de marzo de 1900, anotó:

Los administradores de la Ley Marcial han autorizado a la municipalidad a  recaudar un Impuesto a los perros, ya que quieren deshacerse de la mayor cantidad posible de ellos. Se encontraron algunos perros sin licencia, muertos y enterrados por la policía de la ciudad, nuestros amigos Zambesi  los desenterraron y rápidamente los cocinaron para la cena

El Soldado Fuller  escribió el 27 de febrero  “Los perros que no tienen licencia son matados. Parece Sospechoso”.

En su nota del día 30 el periodista Hamiltón dejó un íntimo testimonio que explica el estado de los ciudadanos:

“ …los hombres están flacos y  un poco descuidados; las mujeres demacradas y agobiadas. ….. La guarnición está muerta de hambre. Nuestras energías se agotan porque nuestros procesos vitales se nutren insuficientemente. Todos estamos  apáticos;” “…en esos momentos en los que uno se encuentra  solo se da cuenta de lo artificial que es la alegría que profesamos, sintiendo por intuición, que las emociones propias se parecen a las  los del prójimo. Sin embargo, cada uno de nosotros persevera  para hacer un esfuerzo por mantener en público algún aspecto de interés en las condiciones diarias del asedio”

En ese contexto, y luego de casi seis meses de trabajo agobiante, en una situación estresante y agotadora, mal alimentado y débil  el Dr. William Hayes, el médico ferroviario,  enfermó y debió ser relevado de sus obligaciones.

Sólo 18 días antes de la liberación de la ciudad el Mafeking Mail comunicaba:

“30/04/1900 Debido a la enfermedad del Dr. William Hayes, el Mayor Anderson, Director General de Salud de las Fuerzas Armadas, se hará responsable de Hospital Victoria, con efectos a partir del día 27 del corriente.; Los deberes de los oficiales médicos bajo su mando se distribuyen de la siguiente manera: Cirujano Capitán Holmden: Puesto de la Policía Británica de Sudáfrica,  Clínica de reposo, etc. – Thomas. Hayes Cirujano del Distrito: Puesto de la Policía del Cabo, etc.  –  El Dr. Elmes: ayudante médico del Hospital de Victoria.”

Cuando terminó el Sitio la invalorable contribución de los hermanos Hayes, fue destacada por Baden-Powell en su informe final para los superiores del Ejercito Real:

“Equipo Médico: Dr. W. Hayes, Comandante Cirujano.  Dr. Holmden de la Policía Británica de Sudáfrica, y el Dr. Thomas. Hayes: todos trabajaron con visible diligencia y habilidad, bajo una presión de trabajo interminable, muy a menudo bajo fuego enemigo, incluso sobre su propio hospital.” Y añadió en otro párrafo “Tanto los médicos como las enfermeras hicieron un excelente trabajo, siempre en inferioridad numérica, y con frecuencia bajo el fuego. Todos los edificios del hospital fueron golpeados por proyectiles y balas;  el primer hospital de convalecencia fue destruido, y el segundo dañado por proyectiles de 94 libras.”

 El Dr. William Hayes fue el autor del diseño de las famosas estampillas de un penique  con el Cadete de Mafeking montado en bicicleta. Cuando finalizó la guerra fue nombrado Teniente Médico de los Rifleros de Bechuanalandia. Continuó trabajando como médico del ferrocarril hasta su fallecimiento en 1910, tenía 48 años.

Connolly y Coghlan    

La fabricación de municiones de manera artesanal fue otra de las valiosas contribuciones de los ferroviarios.

El  08 de enero de 1900, dos de los  empleados del tren , los –señores  Conolly  y  Coghlan

 “…son designados a la fábrica de municiones a partir del día de la fecha, con la tasa diaria de pago y las responsabilidades que se detallan junto a sus respectivos nombres:  J. Connolly, Capataz: £ 1 (1 Libra) –   L. Coghlan, Montador. 15s (15 Chelines)”

El 26 de febrero,  ambos trabajadores hicieron un aporte invalorable que sin duda marcó la diferencia a la hora de sostener la defensa: fabricaron un obús de seis pulgadas  El periódico de Nueva Zelanda Thames Star, en su edición Nº  9627 informaba a sus lectores destacando la iniciativa y la habilidad de los constructores:

Experimentos recientes en la fabricación local en los talleres de proyectiles de artillería y municiones han resultado exitosos (escribe el corresponsal del diario The Times). Los mecánicos de la División del Ferrocarril  han ideado ingeniosamente, sin ningún tipo de aparatos especiales, una fábrica de municiones logrando producir  50 rondas al día. Un horno se ha hecho usando  un tanque de agua en desuso forrado con ladrillos refractarios, mientras que la planta de los talleres del ferrocarril se ha utilizado como la medida de lo posible. Los fragmentos de proyectiles del enemigo Han sido recogidos o comprados en 2 peniques por  libra para la fundición, y también se utilizan todos los trozos de hierro fundido. Los nuevos proyectiles juegan un papel importante y en la resistencia exitosa de la ciudad.”

Una irónica coincidencia de la guerra surge de los antecedentes del Capataz  Connolly: antes del conflicto trabajó  como  gerente del Departamento de Bombas de la fábrica de municiones en Pretoria, donde fue responsable de la manufactura de las bombas más grandes.

En ese cargo supervisó la fabricación  de los proyectiles de 94 libras que ahora los Bóers estaban lanzando sobre  Mafeking.

Baden-Powell no tuvo más que palabras elogiosas para los hombres de los talleres ferroviarios:   El viernes 2 de marzo de 1900 anunció :

El nuevo obús, realizado en la Fundición de Artillería, bajo la dirección del Mayor Panzera, pasó satisfactoriamente los ensayos de ayer. El Coronel Comandante dispone  la emisión de una gratificación especial de 5 Libras  al capataz Connolly, y otra proporcional a los miembros de su capaz personal, como una señal de su aprecio a de su buen trabajo en la improvisación del horno para fundir las piezas de esta útil adición a nuestras defensas.” Y agregó en otro parte a la prensa “…el Coronel al mando desea expresar su aprecio por  la buena mano de obra y el celo del Ayudante de Capataz Coughlan, sin cuya hábil y efectiva asistencia al trabajo no podría haber sido llevado a cabo con éxito.”

La improvisada fábrica de municiones de Mafeking a cargo del gremio ferroviario

Los Ferroviarios en acción

Las crónicas de la participación de los trabajadores del tren  en la vida de la ciudad se extienden desde el primero hasta el último día del Sitio, y abarca una variada cantidad de materias que no se limitan a  lo puramente militar.

ʘ El 21 de octubre el Mayor Frederick David Baillie escribió en su diario “El tren blindado ahora está vigilando esta línea; pintado de verde y camuflado con ramas de  arbustos, haciéndolo  indistinguible de la maleza que lo rodea. He dormido en el tren blindado en la cabeza del carril. En la madrugada el Capitán Williams comenzó a disparar contra los Boers a la cabeza de las obras hidráulicas, que estaban saliendo de  sus trinchera para hacer su café, Temo que obtuvieron su café bastante tarde, y que algunos incluso no lo obtuvieron  en absoluto”

ʘ El 7 de noviembre B.P. intentó poner en práctica una de sus tácticas preferidas: atacar rápida y sorpresivamente, retirándose antes de que los enemigos se reagrupen. A las 2.30 a.m.  del martes una tropa integrada por 60  hombres a pie, 30 hombres montados,  dos cañones de 7 libras y una ametralladora Hotchkiss se deslizó en silencio rodeando el campamento Oeste de los Bóers, en el que se estimaba la presencia de unos 300 enemigos.  A as 4.15 comenzó el fuego sincronizado sobre el puesto, los burgueses asombrados y confundidos trataban de ponerse a cubierto  mientras que las balas británicas les producían una gran cantidad de bajas. Muy pronto una columna de Bóers comenzó a descender desde su campamento principal al Suroeste,  en pocos minutos una fuerza de entre 800 a 1000 hombres llegó al lugar y comenzó a disparar sobre  soldados de B.P. que ya comenzaban a replegarse de acuerdo al plan acordado. En la apresurada retirada el carro que transportaba la pesada ametralladora volcó y se rompió.  La osada y valiente acción de dos voluntarios ferroviarios salvó a la guarnición de Mafeking de perder una de sus escasas armas “En el curso de la retirada nuestra Hotchkiss de 1 libra volcó y se rompió el carro de transporte; sus operadores – Artilleros  R. Cowan y H. Godson- rápidamente se levantaron y con una soga repararon los daños y consiguieron  poner a resguardo el arma, mientras se encontraban  bajo un intenso fuego que el enemigo enviaba  con sus  Maxime, cañones de 1 libra y fusiles. “ El  Mafeking Mail recogió la hazaña de los hombres y publicó: “  en medio de una lluvia de balas y proyectiles deflagrantes los artilleros Artilleros R. Cowan y F. H. Godson tomaron  una cuerda y, con la asistencia del soldado  Arthur Day , tiraron del arma sin dejarse intimidar  por la lluvia de plomo, estos hombres del  Ferrocarril arrastraron el arma fuera del alcance del fuego del enemigo

 

EN LA PROXIMA ENTRADA: LOS FERROVIARIOS SE BAJAN DEL TREN Y TOMAN SUS INSTRUMENTOS MUSICALES. ADEMÁS: BADEN-POWELL APORTA UNA PINTORESCA HISTORIA PARA EL FINAL DEL RELATO


Este artículo forma parte de la serie El Sitio de Mafeking: viejos temas, nuevos materiales que pueden leer cada viernes en el Blog de La Roca del Consejo.
El primer capítulo lo pueden encontrar aquí.
Las fuentes documentales en las que se basan las investigaciones se pueden consultar en el listado aqui.
Los impacientes y los curiosos pueden adelantarse a la lectura descargando mis libros de  investigación documental sobre el Sitio de Mafeking, disponibles en el Wiki de La Roca:

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