El Campamento de los Águilas. Capítulo 9 ¡…Al campamento que vida da!

Los Libros Scouts de La Roca del Consejo

-¡De pie para recibir al señor Juez!

El Zorro también tenía su momento de la verdad. El Juicio Final. Cada Patrulla tendría la oportunidad de presentar las pruebas que hubiere podido reunir demostrando que tal o cual scout fue el Zorro del Nucal Lanín.

Esta vez se trataba de un Juicio especial. Después de que el Juez se ubicó en su sitio nos dijo que se iniciaba el Juicio, lo que haríamos entonando la canción “En nuestro Campamento”

Todos los participantes al Juicio cantamos a una sola voz la única canción scout donde el protagonista es el Zorro.

El Juez entonaba la letra como le gustaba hacerlo a Jorge cada vez que la canción contaba una historia: con gestos ampulosos, subiendo y bajando la voz, modulando distintos tonos de acuerdo a quién interviniera en la historia y qué hace en ese momento.

“En nuestro campamento
ciudad de la alegría, de la alegría.
Donde se canta y se trabaja
y se descansa junto al fogón, borobóm, bom, bom.

En medio de la noche
se oye un ruido raro, un ruido raro.
¿Será el Zorro?, tras de la carpa
que anda rondando como un ladón, borobóm, bom, bom.

Al igual que en el Juicio en donde fue desenmascarado el Zorrito, Jorge era el Juez, Cacho el Defensor y Coco y Héctor los Guardianes del orden. Los Fiscales serían los acusadores que presentaría cada una de las Patrullas.

Esta vez el sorteo (todos continuábamos sin querer ser los primeros) lo ganamos, o mejor dicho lo perdimos: los Águilas abríamos el Juicio.

-¿Quién será el Fiscal?- preguntó el Juez.
Levanté la mano y me puse de pie. Lo miré a Adrián como buscando respaldo y él me brindó todo lo que pudo: un movimiento de cabeza, hacia arriba y hacia abajo, como diciéndome: “sí, dale para adelante”
-¿Acusan a alguien?- preguntó el Juez.
-¡Sí señor Juez!
-¿A quién?
-¡A Marcos, de nuestra Patrulla!
A Marcos se le abrieron los ojos como dos huevos fritos. No lo podía creer. Miraba alrededor sin saber qué hacer. ¡Estaba nervioso! ¡Por algo se puso nervioso!
-Señor Marcos, acérquese por favor- ordenó el Juez. Marcos se acercó lentamente y se ubicó cerca del estrado.
-¿Cómo se declara? ¿Culpable o inocente de ser el Zorro?
-Inocente señor Juez- respondió Marcos como diciendo ¿y cómo me voy a declarar?
-¡Tómele juramento!
Uno de los Guardianes se acercó a Marcos, le pidió que ponga su mano sobre el Libro Sagrado y, luego de que le hiciera levantar la mano libre, le preguntó con voz formal y grave:
-¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?
-Sí juro- dijo Marcos en tono apenas audible.
-¡No se escucha!- el Juez, serio, increpaba al acusado. -¿Qué dijo?
-¡Sí, juro!
-Ah. Ahora sí. Puede sentarse- Después de aceptar el juramento de Marcos el Juez me ordenó iniciar mi acusación.
El caso era complicado. No teníamos ninguna prueba contundente, como por ejemplo la que consiguieron los Tigres cuando descubrieron a Miguel. Ni Adrián ni yo habíamos agarrado a Marcos “con las manos en la masa”. Sólo teníamos una serie de supuestos y deducciones.
-Marcos siempre estuvo rondando los Rincones de las otras Patrullas- comenté a mi auditorio. –Especialmente el de los Tigres, que es donde el Zorro sacó los cuchillos para clavar los mensajes en el mástil.
“En la primera aparición del Zorro, cuando nos puso la Z en la comida, sospechamos de Ernesto, pero a la noche, charlando con Adrián y José Luis, recordamos que antes de ir a buscar la comida Marcos fue corriendo al baño, diciéndonos que se hacía encima. Al ratito José Luis fue al baño, creyendo que iba a encontrar a Marcos, pero el baño estaba vacío. José Luis volvió al Rincón y Marcos todavía no había vuelto. ¿Dónde estaba Marcos? Cuando José Luis le preguntó dónde estuvo, Marcos no quiso decir nada…”
“Cuando jugamos al Acecho al Venado y aparecieron en el mástil un par de calzoncillos, ¿cómo los puso el Zorro en el mástil? Creo saberlo. Al único de nuestra Patrulla que no vimos durante el Juego fue a Marcos. Nos dijo que decidió rodear al Venado por atrás y por eso no lo vimos… Recuerden que Marcos ganó el juego… Yo creo que Marcos, cuando comenzamos a jugar, se dirigió a la carpa de los Panteras, sacó los calzoncillos de Víctor y de Oscar, los puso en el mástil y luego, con la complicidad de Cacho, que era el Venado, se acercó lo suficiente como para ganar el Juego y que nadie pueda sospechar de él”
“Y otra más. Cuando yo fui al Desafío del Zorro, mejor dicho cuando volví del Desafío y entré a la carpa, Marcos, que extrañamente estaba despierto, me preguntó cómo me fue. Intrigado porque no se hubiera dormido quise saber qué hacía despierto a esa hora. Me respondió que tuvo que ir al baño. Yo le pregunté si no había visto a nadie acercarse a nuestra carpa, recuerden que el Zorro me dejó una Z en la bolsa de dormir…”
Como Fiscal tenía el derecho de interrogar al acusado. Así es que fui indagando a Marcos sobre cada una de las cuestiones que expuse. Marcos respondía contando la misma historia: que había ido al baño la primera vez; que rodeó al Venado en el Juego y no hizo otra cosa; que la noche de mi Desafío lo despertó la necesidad de ir al baño, y que no vio a nadie rondando nuestro Rincón.
También le pregunté sobre las últimas apariciones del Zorro. Su interés de hacer un Desafío; los planes que ideó para “atraparlo”; todo muy sospechoso. Marcos insistía en que él quería ganar el Juego del Zorro y que por eso ideó un plan para atraparlo e incluso por eso lo desafió.
Me sentí bastante frustrado. Marcos no había dado muestras de encontrarse en aprieto alguno. Pero bueno, se supone que el Zorro actúa así, engañándonos y encubriéndose hasta último momento. Pero yo seguía afirmando que mis deducciones eran correctas.
-Señor Defensor- con amabilidad el Juez invitaba al Abogado. –Es su turno, puede pasar.
El Defensor se puso de pie. Inmediatamente comenzó a hablar diciendo que lamentaba que los Águilas no tengamos pruebas contundentes que pudieran acusar a nadie, menos a Marcos. Lo dijo con tono sarcástico y provocador. Luego comenzó a repreguntar al acusado sobre las distintas acusaciones que le hiciéramos momentos antes.
-Señor Marcos, por favor, cuéntele a esta tribuna qué hizo luego de ir al baño el día que apareció la Z en la comida de los Águilas.
-¿Tengo que decir la verdad?- preguntó Marcos un tanto nervioso y dubitativo.
Esa pregunta de Marcos abrió un batifondo infernal. Por un lado los Tigres y los Panteras que se destornillaban de risa, cargándolo con bromas que tenían que ver con que había sido descubierto. Nosotros, que comenzamos a vitorear “¡es el Zorro!”, mientras nos decíamos el consabido “¿Viste? Yo sabía…”
-¡Silencio, silencio!- el Juez gritaba pidiendo que nos calmemos. Golpeaba el mazo una y otra vez sin ningún resultado a la vista. -¡Policía! ¡Que se callen todos!
La policía preparó sus “armas” y comenzó a repartir garrotazos a diestra y siniestra. De a poco lograron que se produzca el silencio. Finalmente, cuando todos estuvimos callados, el Juez le habló a Marcos.
-¿Cómo va a preguntar si tiene que decir La verdad? ¡Por supuesto que tiene que decir la verdad!- Luego de dejarle claro al acusado cuál era su deber le ordenó al Defensor que vuelva a formular la pregunta.
La expectativa colmaba el “recinto”. Nuestras pruebas quizá no hayan sido muy contundentes. Pero allí estaba Marcos listo para “confesar su culpabilidad”
-Bueno…- comenzó indeciso, la vista clavada en el suelo. –Cuando volví del baño no tenía ganas de ir a mi Rincón- por un momento alzó la cabeza y nos dirigió un pequeño vistazo. –Así que me fui al Rincón de los Panteras y me quedé ahí hasta que llamaron a comer.
-¿Por qué no tenía ganas de regresar a su Rincón?
-Quería descansar un ratito.
-¿No fue a ningún otro lugar?
-No.
Marcos estaba avergonzado por haberse “rateado” de sus compañeros de Patrulla y de las obligaciones que tenía en aquel momento; pero era suficiente explicación para demostrar que no tenía nada que ver con la Z de la comida. De la misma manera, pero esta vez sin incurrir en ninguna falta, explicó lo del Juego del Venado, la noche de mi Desafío y todo lo demás.
El Defensor alegó que las suposiciones y deducciones presentadas por los Águilas contra Marcos no eran prueba alguna para demostrar que él era el Zorro; y que si por casualidad, por casualidad repitió, Marcos sí era el Zorro, había que demostrarlo con algo realmente concreto.

“… más si te agarro Zorro
prepara tus espaldas y tus espaldas.
Voy a quitarte, esa costumbre
de hacernos chistes y molestar. Borobóm, bom, bom.

El Zorro no se asusta
de gritos ni amenazas, ni amenazas.
Tarde o temprano, con gran misterio
una gran ZETA lo indicará. Borobóm, bom, bom.

Le tocaba el turno a los Panteras. Víctor se presentó como el Fiscal. Tenía en la mano algunos de los mensajes que había dejado el Zorro y una libreta que dijo eran pruebas para su acusación. Dejó todo al lado del estrado y procedió a llamar a su acusado… ¡Rubén!
Esta vez el incrédulo fui yo. Los chicos de mi Patrulla me miraron con suspicacia, parecía que solo faltaba decir: “mirá vos, quién era el Zorro. Nos hizo creer que podía ser Marcos para desviar la atención. ¡Y era él!”
No me quedó más que sonreírme. Pasar al estrado y jurar decir la verdad.
Los Panteras tampoco tenían ninguna prueba concreta. Basaban su caso en creencias, suposiciones y deducciones. “Lo mismo que nosotros” pensé.
La primera “prueba” que presentó Víctor tenía que ver con los mensajes del Zorro. Según el Fiscal, si bien la letra estaba desfigurada a propósito, era muy parecida a la mía; para ello mostraba una nota que aseguraba había escrito yo y que Víctor guardaba en su libreta. La sacó, la extendió y se la dio al Juez para que la estudie.
Pero sobre esta supuesta nota mía había algo más: El texto mismo de la nota. Ella decía que el Zorro desafiaba a Saborido Chico a ir al puente y estaba firmada con la Z. Esta nota, nos hizo saber Víctor, nunca fue colocada en el mástil, fue encontrada fuera del Rincón de los Panteras. ¿Cuándo? Justamente el día que la Patrulla me invitó a merendar con ellos… Seguramente yo tenía el mensaje para colocarlo en el mástil y se me cayó cuando fui al Rincón…
Víctor también dijo que fue muy sospechoso que el primer Desafío el Zorro me lo hiciera a mí en lugar de hacerlo con un scouts más chico. Fue una jugada bastante arriesgada… Incluso, durante el Desafío yo había tenido la oportunidad de verlo y escucharlo, e incluso de atraparlo… eso fue demasiado arriesgado de parte del Zorro.
El Defensor actuó igual que lo hiciera al defender a Marcos. Lo primero que explicó es que las pruebas de los Panteras no eran concretas; que se trataba de meras suposiciones; que bla, bla, bla.
Durante su repregunta me hizo contar mi experiencia durante el Desafío. También tuve que escribir una nota, la que presentó diciendo que difería mucho con la escrita por el Zorro. Cerró su alegato con la que ya dijera con anterioridad, que las pruebas en mi contra eran sólo conjeturas; y que si finalmente yo era el Zorro con lo que se acababa de presentar no se podía probar nada.

“…de día y de noche,
tené mucho cuidado, mucho cuidado.
Pues cuando uno, menos lo piensa
cae en la trampa como un ratón. Borobóm, bom, bom”

La hora de la verdad la tenían los Tigres. Ya habían atrapado al Zorrito, y creían tener buen sustento para su nueva acusación: Rikki.
Pero esta vez no tenían pruebas concretas de ningún tipo. Especulaban con que los Panteras, extrañamente, habían sufrido más apariciones del Zorro que las otras Patrullas: ropa en el mástil; marcas por la noche mientras estaban durmiendo; el mensaje del Zorro que apareció en el Rincón y que según ellos “perdí” yo; actitudes llamativas de Rikki…
Creo que los Tigres estaban en lo cierto. Pensando lo que Félix iba diciendo me convencía cada vez más de que Rikki era la persona indicada para ser el Zorro.
¿Será posible? ¿Los Tigres desenmascaran al Zorro como lo hicieron con el Zorrito?
El Defensor utilizó la misma estrategia que en las ocasiones anteriores. El resultado al que él llegaba, entonces, era el mismo: no había pruebas concretas para acusar a Rikki.
El Juicio estaba llegando a su fin. Cada uno ocupaba su lugar en silencio. El Juez estaba listo para dar su veredicto. Era él, en definitiva, quien decidía si las pruebas, deducciones y suposiciones eran suficientes para descubrir al Zorro.
-Caballeros- comenzó el Juez. –Felicito a los participantes del Juego porque lo jugaron de acuerdo a las reglas y al espíritu del mismo. Sin lugar a dudas se esforzaron en descubrir y atrapar al Zorro; de la misma manera que el Zorro se esforzó en hacerle honor a su nombre para no ser descubierto.
El silencio era total. El veredicto del Juez decidiría varias cosas, no sólo si el Zorro había sido desenmascarado.
-Para beneficio del Zorro, y contrariando el ánimo de las Patrullas, debo decir que mi veredicto es que las pruebas presentadas no son suficientes para descubrir al Zorro. Por lo tanto, declaro al Zorro ¡ganador del Juego!
El Defensor inició un aplauso que pronto se propagó entre todos los asistentes al Juicio. Aplaudíamos mirándonos unos a otros, intentando averiguar por alguna sonrisa socarrona quién era el Zorro.
-¡Ahora vamos a saber quién es el Zorro!- el anuncio del Juez nos hizo callar al instante. Se estaba por develar el secreto del Zorro del Nucal Lanín.
-Señor Marcos- ordenaba el Juez. ¡Póngase de pie!
Marcos obedeció al punto. Los Águilas, en especial Adrián y yo, guardábamos alguna esperanza de que, aunque más no sea, nuestra corazonada hubiera sido la correcta.
-¿Usted es el Zorro?
-No señor Juez- fue toda la respuesta de Marcos. ¿Para qué más?
Si Marcos no era el Zorro, ¿entonces quién? Miré a Adrián que mediante señas me preguntaba: “¿Sos vos?”. Giré la cabeza diciendo que no y pensaba, ¿Es Rikki?
-Siéntese- el Juez le hablaba a Marcos. Cuando éste se sentó esperé mi turno. –Señor Rubén, póngase de pie. ¿Usted es el Zorro?
-No- respondí rápido. –Yo no soy el Zorro señor Juez.
-Señor Rikki, póngase de pie. ¿Usted es el Zorro?
-¡No señor Juez!
-¿Quién es el Zorro?- Todos nos hicimos la misma pregunta a la vez. Nos mirábamos desconcertados. Nadie tenía idea. Ahora había 15 nuevas posibilidades; Spoletto, Adrián, Pablito, Ernesto… ¡Ernesto! ¡Claro Ernesto! De él desconfiamos la primera vez y después no lo tuvimos en cuenta… ¡Ernesto!
-Señor Ernesto, póngase de pie.
¡Qué tontos que fuimos! ¡Él estaba en la cocina cuando nos dieron la comida con la Z! ¡Lo tendríamos que haber seguido al sospechar de él! ¡Qué tontos!
-¿Es usted el Zorro?
-¡No señor Juez!
¡Tampoco! ¿Entonces quién?
-Señor Oscar, póngase de pie. ¿Es usted el Zorro?
Oscar estaba parado quieto y erguido. Antes de contestar nos miró a todos con picardía, volvió la vista al Juez y con auténtica satisfacción nos regaló su respuesta:
-¡Sí señor Juez! ¡Yo soy el Zorro!
¡Oscar! ¿Oscar? ¡No puede ser…! ¿Oscar?
Los aplausos de admiración para Oscar fueron espontáneos y absolutamente merecidos. El Zorro había actuado de maravilla. Era verdad que los Tigres tuvieron una pista que los conducía hacia los Panteras… pero nada más.
-¡Con razón se portó tan bien durante todo el campamento!- decía Rikki sorprendido.
Lo más divertido fue escuchar de labios de Oscar sobre cada una de las bromas y travesuras que nos hizo durante el juego. Los Desafíos, los mensajes en el mástil, la ayuda del Zorrito Miguel, las despertadas por la noche para marcar a los chicos, la “perdida” del mensaje en su propio Rincón, el susto de Saborido Chico cuando le sacó la gorra…
-¡Matemático va!- pidió Rikki en honor de Oscar.
Y lo hicimos con ganas, con muchas ganas y entusiasmo.
-Muchachos- Jorge dejaba de ser el Juez para volver a su rol de Jefe de Unidad. –Tenemos que traer más leña para el asado, así que a dedicarnos a ese asunto. Si lo hacemos rápido tenemos más tiempo para ir ordenando y acomodando tranquilos todo el material de Patrulla. Esta noche cenamos todos juntos acá. Pueden ir desarmando la mesa y los bancos.

La comida que cerraba el Nucal Lanín era un asado de cordero. La cocina quiso ponerle el broche de oro a su labor de diez días, que fue excelente, y nada mejor que un típico asado de la carne más preciada de la Patagonia.
Por la leña no hubo problema; en el bosque había tanta leña seca como para cocinar a leña durante todo el campamento si así lo hubiéramos querido, en lugar de mecheros a gas como llevamos. Al ratito de comenzar la tarea ya habíamos juntado toda la necesaria.
Mientras Coco y Héctor cumplían su función de asadores la Unidad se dedicó al desarme del campamento. Mañana, después del desayuno y la formación de cierre, la combi nos vendría a buscar para emprender el regreso a Mar del Plata. Es por ello que en lo que restaba del día debíamos desarmar, guardar y acomodar el equipo de Patrulla y los elementos personales que ya no utilizábamos.
Desarmar el campamento no es lo más feliz de la acampada. Es el momento en que se desatan amarres y se tapan pozos; se trasladan los troncos al lugar que estaban originalmente y se esparcen las piedras que recrearon empalizadas o nos sirvieron para atajar el viento al lado del fuego. Es el momento en que se comienza a echar de menos lo que habías realizado y lo que lograste con esfuerzo. Se cae en la cuenta que se acaba el tiempo de algo que fue vivido intensamente; que llegó el momento de volver a casa, de entregarte a las paredes de tu pieza, de prepararte para reiniciar el colegio.
Parece que los Águilas estábamos mucho mejor que al inicio del campamento. Trabajamos sin disputas ni peleas. Cada cual encargado de algo en el Rincón para desarmar, o de algo que limpiar y guardar del material de Patrulla.
Viendo a la Patrulla trabajar así no estaba en mi ánimo que el campamento finalice. Pero esto, me digo, es preferible a tener que pensar y decir “¡Por fin se acaba, ya no aguantaba más!”
-¡Rubén!- Spoletto me sacó de mis pensamientos. -¿Guardo todo el equipo de cocina?
-¿Está limpio?
-Sí, ya lavé todo.
-Entonces guárdalo- ¡Spoletto laburando sin tener que estarle encima!, me dije con satisfacción.
El asado de cordero, bien Patagónico, fue un manjar. No cenamos solos. Invitamos a Daniel, el Guardaparque, a los Gendarmes y al señor Figueroa que vino con su hijo. Todos alabaron la tarea de los asadores, y la mejor prueba de ello fue que no quedó nada de nada. ¡Una delicia!
Después de la cena nos sentamos alrededor de las brasas y compartimos una espléndida velada gracias a la guitarreada que inició “Corrientes”, apodo de uno de los Gendarmes. Los cuatro Gendarmes eran del Noreste: dos misioneros, un chaqueño y “Corrientes”. Todos guitarreros y cantores. A don Figueroa le pedimos nos cuente alguna historia que haya vivido en sus largos años a orillas del Huechulafquen; nos contó lo que padeció un invierno que nevó tan fuerte y por tanto tiempo que él y su familia no pudieron salir de la casa por una semana.
Daniel resultó un buen cuentista de chistes, de los que en la Unidad también había varios. Chistes, canciones, historias. Hermosa velada que terminó con la promesa de que nos volveríamos a ver, tal vez aquí, tal vez en Corrientes, en Misiones o en Mar del Plata…
Cuando los visitantes se retiraron llegó el Fogón de Corazones Abiertos. El momento en que cada acampante pone en común, con el corazón en la mano, lo que vivió de bueno y de malo junto a sus hermanos.
Al principio costó un poquito. Pareciera que uno tiene miedo o timidez de decir algo que pueda ofender a otro… Pero el ambiente de intimidad y de confianza pudo más que la timidez o el supuesto temor. Bastó con que uno de los chicos cuente el primer problema que tuvo en su Patrulla para que todos se animen a hablar sin tapujos.
Así fueron saliendo a la luz cosas que solo se sabían dentro de la Patrulla: discusiones, males entendidos, cosas que habían quedado a medio resolver. El caso de Spoletto fue un buen ejemplo de las pequeñeces que a veces no tenemos en cuenta y que pueden ser más importantes de lo que creemos.
-Yo ya estoy cansado que me llamen por mi apellido. Quiero que me llamen por mi nombre…
-¿Cómo te llamás Spoletto?- preguntó Marcos, el despistado.
-Carlos- dijo Spoletto, despacito… ¿Con bronca? ¿Con esperanza?
-¡Muchachos! ¡Me es grato presentarle a Carlos Spoletto! O mejor dicho, ¡al Capitán Carlos Spoletto!
También, por supuesto, aparecieron los buenos momentos. Las alegrías, los logros, los triunfos. Todos aquellos instantes mágicos con los que habíamos soñado y que se fueron haciendo realidad gracias a nuestro tesón: la Cascada Escondida, los Juegos, el incendio, la caminata al Lanín, la gente del Parque, las pizzas… ¡Tantas cosas!
La oración de la noche adquirió una fuerza especial. De la misma manera cuando entonamos “Dulce Estrella”: ya faltaba poco para sentir nuevamente los “mimos” de mamita.
-Esta noche parece que se nos va a complicar encontrar “nuestra” estrella en el cielo- decía Jorge antes de entonar la canción. –Se está nublando y puede que mañana se nos moje la partida. ¿Vieron que hasta hoy tuvimos uno días bárbaros de sol? ¡Espero que por lo menos el tiempo siga así hasta que subamos a la combi!

El día de nuestra partida era sábado. El cielo amaneció completamente cubierto. Sin dudas iba a llover. ¡Ojalá aguante hasta después de la formación!
Nos levantamos a la hora de siempre. Formamos. Hicimos la oración de la mañana pero no izamos la Bandera, los dirigentes ya habían desarmado el mástil.
-Después del desayuno hay que terminar con el desarme- explicaba Jorge. –Bajar las carpas, limpiarlas bien y guardarlas. Que las mochilas y bolsos queden bien cerrados, fíjense que no les quede cosas afuera. Una vez que tengan todo listo lo llevan a la cocina, así acomodamos lo que va en la camioneta y dejamos el resto para la combi. ¿Entendido chicos?
-¡Siempre Listo!- fue la respuesta unánime de los 19.
-Muy bien- continuó Jorge. –Cuando las tres Patullas terminen nos reunimos aquí para hacer la Ceremonia de Cierre. ¿Sí?
-¡Siempre Listo!
-¡Al trabajo!
-¡Siempre Listo!
La Ceremonia de Cierre también significaba saber qué Patrulla ganó el Concurso de Puntos del campamento, que era lo que nos faltaba como momento “importante”. Para llegar a ese momento no sólo había que desayunar; teníamos que terminar con el desarme y dejar el lugar donde armamos nuestro Nucal Lanín “mejor que cuando lo encontramos”, como dijera Baden Powell y siempre nos repetía Jorge.
Desayunamos. Desarmamos. Llevamos todo a la cocina y recorrimos el terreno del campamento para asegurarnos que todo haya quedado en perfectas condiciones.
Pero la ansiedad podía más.
-¡Ya terminamos Jorge! ¿Llamamos a las otras Patrullas?
-Yo las voy a llamar. Ustedes vayan al lugarcito de la Virgen y esperen ahí.
Hicimos un semi-círculo alrededor de la imagen de Nuestra Señora de los Scouts, que era lo único que quedaría señalando nuestro paso por el lugar: a pedido del señor Figueroa dejábamos armado aquel lugarcito con la imagen de la Virgen.
-Bueno muchachada- comenzó Jorge, –el campamento llega a su fin. Anoche nos dijimos todo lo que teníamos que decirnos. Por eso, ahora solamente dos cositas muy importantes para terminar. Cacho…
Cacho tenía en la mano una cajita de madera. Se acercó a donde estaba Jorge y abrió la caja. La tapa, con bisagras, quedó levantada hacia a formación sin que nosotros pudiéramos ver qué había adentro.
Jorge volvió a dirigirnos la palabra.
-Durante el año de actividades y también en el transcurso del campamento varios scouts buscaron especializarse en distintos temas. Ahora es el momento de reconocer a aquellos scouts que lograron su cometido- sacó del bolsillo su libretita de anotaciones, la abrió buscando la página correcta y una vez que la hubiera encontrado nos miró a todos y cada uno de quienes teníamos la esperanza o la certeza de lograr nuestra Especialidad.
-En primer término voy a llamar al scout que logró la Especialidad de Cocinero. ¡Adrián!
-¡Siempre Listo!- gritó Adrián a la vez que salía corriendo por detrás de la formación a recibir su Especialidad.
Jorge sacó la Insignia de la cajita que tenía Cacho, la colocó en la manga de la camisa scout de Adrián, lo saludó, lo felicitó y lo despidió.
-Hay varias Especialidades más…
Volvió a mirar la libretita. Sonrió, quizá pensando que esta Especialidad tenía un no sé qué especial para quien la reciba y continuó con voz fuerte y clara.
-Recibe la Especialidad de Remero el scout Spo… ¡Perdón! ¡Carlos!
Claudio y Saborido Grande recibieron la Especialidad de Ornitólogo. Ramiro la de Guardaparque. Félix la de Primeros Auxilios. José Luis la de Coleccionista. Víctor y Mario la de Bibliotecario. Rikki la de Atleta, y por último, otra vez Rikki y yo recibimos la Especialidad de Acampador.
Era mi segunda Especialidad. Ya tenía la de Escritor, pero la recibí con tanto entusiasmo y orgullo como a la primera. Eso se debería, casi con seguridad, a que cada Especialidad se lograba con el esfuerzo de uno mismo, de acuerdo a lo que a uno le gusta y a la dedicación que le brindamos para conseguirlo.
-Bueno muchachada. Llega el momento de lo que todos están esperando. ¿O me equivoco?
-¡No, Jorge! ¡No te equivocás!
-Muy bien. Primero Cacho les va a mostrar cuál es el Premio.
Cacho alzó un Banderín triangular de cuero en el que podía leerse el nombre de la Unidad, el año y el nombre del campamento. En el reverso la figura del Lanín dominaba el triángulo entero como símbolo de nuestro lugar de acampe.
-La Patrulla ganadora del Concurso tiene derecho a utilizar el Banderín en su bordón durante todo el Año. Luego lo podrá poner en la pared del Rincón en nuestra Sede o en el Libro de Oro, donde la Patrulla elija.
Jorge creaba una expectativa y un dramatismo propio para la situación. Todos teníamos posibilidades de ganar el Concurso y sabíamos que había sido muy luchado hasta el final mismo del campamento.
-El Concurso fue parejo, muy parejo diría yo… de hecho, la diferencia de puntos entre el Primero y el Tercero fue de escasos 17 puntos…
Jorge nos miraba a ver si decíamos algo. Nadie comentaba nada. Aguardábamos y callábamos, quizá así Jorge se apure un poco. Nervios. Silencio. Expectativa.
-La Patrulla que conquistó el Primer Puesto… consiguió 365 puntos. La segunda 358 puntos y la tercera 348 puntos…
La expectativa crecía. En ese instante Jorge miró al cielo.
-Parece que se larga la lluvia… ¿Aguantará hasta que sepan quién es el Ganador?
-¡Dale Jorge! ¡Decilo de una vez! ¡Apúrese Jorge! ¡Dígalo de una vez por todas, nos vamos a mojar!
Los scouts no podíamos con la impaciencia y Jorge parecía deleitarse con nuestra agitación. Encima, con los resultados en números que nos dio nos dejó completamente desacomodados: nuestras cuentas habían dado otros números. ¿En dónde nos equivocamos?
-¡Está bien! ¡Está bien!- Jorge alzó las manos en señal de claudicación. -¡Ya se los digo! A ver…- miró su infalible libretita otra vez.
-La Patrulla ganadora no tiene una letra O en su nombre…
-¡Nosotros!- Las tres Patrullas iniciamos un mismo grito de alegría, hasta que nos dimos cuenta de lo que pasaba…
-¡Ninguna Patrulla tiene la O!- le gritamos todos juntos cuando cuenta de la nueva broma.
-¡Ah! ¡Claro! Disculpen… no me di cuenta…
-¡Dele Jorge! ¡Dígalo de una vez!
-Bueno, bueno. Ahora sí. En Primer Lugar, y Ganadora del Nucal Lanín de la unidad Perito Moreno… la Patrulla… ¡Águila!
Abrazos, gritos, sonrisas. Todo fue poco para festejar, todo. ¡Qué dicha!
Panteras y Tigres aceptaron nuestro triunfo más allá de los que le dolía no poder conseguirlo ellos. Pero nadie dudó de la legitimidad de lo que alcanzamos.
-¿Digo las otras posiciones? Segundo puesto para la patrulla Tigres y terceros, no puede ser de otra manera, Panteras.
La alegría de los Tigres fue menor, por cierto, pero no dejaron de festejar. A los Panteras esta vez les tocó ser terceros, o últimos, que lamentablemente era lo mismo, pero lucharon lealmente hasta el final y eso los dejó tranquilos.
Pasé a recibir el Banderín junto a toda mi Patrulla. Lo colocamos en el bordón, debajo del Banderín de Patrulla y lanzamos nuestro Grito con tanta fuerza como pocas veces lo habíamos hecho hasta ese momento.
Por supuesto recibimos un matemático de todo el campamento. Y la recomendación de Jorge, la que gustaba darles a todos los ganadores.
-¡Águilas, no se duerman en los laureles!
Nos despedimos de la Virgen María haciendo el Salve de agradecimiento y alegría. Ese saludo tan lindo que y que es tan hermoso que todo scout realice en ocasiones como esta para con su mamá del Cielo. Luego a subir a la combi para volver a casa.
Cacho nos alentó a despedirnos del Lanín cantando. Mostrando el espíritu que nos alienta a compartir la experiencia de acampar como scouts. Entonó un canto que todos, con voz emocionada, entonamos al unísono:

“Cantad muchachos, rataplán,
con brioso acento, rataplán.
Al Campamento que vida da, rataplán.
Cantad muchachos, con brioso acento.
Al Campamento, que vida da”

FIN

información y descarga en libro electrónico

portada de la novela de Pedro Navarro "el Campamento de los Águilas"Pincha aquí para descargar el capítulo en formato epub y poder leerlo sin conexión. Si no sabes como hacerlo, aquí te lo explicamos.
El Campamento de los Águilas, una novela, ya publicada en papel, del escritor argentino Pedro Navarro que aparece en formato digital por primera vez gracias a esta iniciativa (y la confianza que ha depositado el autor en La Roca, cosa que le agradecemos).
Cada capítulo será liberado en forma de artículo en el Blog y también en formato epub para poder disfrutarlo en cualquier momento y cualquier dispositivo.

Foto de portada y de capítulo noveno: Miguel Navarro.

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