“De tal palo… tal astilla”. ¿Un scout ideal?

Sí. Tal y como os contaba la semana anterior… eso es lo que todos esperaban del hijo del fundador, que fuese un chico y un scout ‘perfecto’… pero las cosas no siempre salen como uno piensa.

Ya vimos que Peter Baden-Powell había sido un niño con muchos problemas, tanto el plano físico como en el intelectual. Y que las expectativas que su padre había depositado en el chico parecían superar ampliamente sus capacidades.

El viejo Jefe hubiese querido que fuese como él: extrovertido, con talento artístico, amante del deporte… y sobre todo que obtuviese buenas calificaciones en primaria y pudiese entrar en su querido instituto de Charterhouse.

Sin embargo, en la escuela primaria, sus profesores sólo podían reconocer que el niño “lo intentaba”, y que parecía necesitar una gran dosis de autoestima para recuperar el retraso de la infancia. Una y otra vez advirtieron a su padre que no esperase demasiado de él, especialmente en cuanto a los deportes. Aquello seguro que fue un golpe para B-P, quien siempre consideró que la fortaleza física y la resistencia eran componentes muy importantes.

“¿Y qué hizo? Porque cuesta creer que el fundador simplemente se resignara…”

Claro que no.

B-P trató de ‘mejorar’ al chico cuanto pudo y sacar lo mejor de él. Le compró una tienda de campaña y lo llevaba de pesca. Paseaba con él y le daba charlas, le ponía ejemplos de deducción y ejercicios para agudizar su capacidad de observación. Le proponía todo tipo de ejemplos y esquemas para ayudarlo a superarse y controlar sus avances. Lo acompañaba a museos, monumentos o al teatrillo infantil, o se lo llevaba de acampada junto con toda la familia (Peter dormía solo en su tienda, como cada una de sus hermanas… e incluso el perro).

Sin embargo, a pesar de todo ello, siguió siendo un niño muy introvertido. Tanto que a sus 11 años su padre no lo veía preparado para dar el salto a la Tropa Scout a la edad habitual. Para aquel chico tuvo que ser muy duro saber que le estaba fallando a su padre en todo lo que intentaba, y seguro que le preocuparía mucho no poder ser aquel ‘scout ejemplar’, o seguir los pasos del fundador.

Cuando Peter tenía 12 años el viejo Jefe ya era consciente de que las esperanzas de que superase su propia carrera, o de conseguir la relación padre-hijo de sus sueños, jamás se cumplirían (porque lo cierto es que entre ellos no había demasiada conexión, quizá condicionado por los focos puestos en ambos). Como tampoco sería posible demostrar la capacidad del escultismo a la hora de formar el carácter con el ejemplo de su propio hijo.

Pero el tiempo pasó. Terminó la escuela primaria y llegó el turno de dar el salto a la secundaria… y por supuesto que la elegida no podía ser otra que aquella institución en la que estudió B-P y en la que aprendió tanto en todos los aspectos, incluyendo las triquiñuelas y sus cacerías de conejos en el bosquecillo anexo: Charterhouse.

Charterhouse

Aquello, como reconocería su madre años después, no fue muy buena idea. El nivel de exigencia de aquel instituto era muy alto y eso no era lo que le convenía a la auto-estima del chico.
A pesar de que Peter hizo un examen de ingreso muy malo fue admitido finalmente (ummmm….¡¡¡todos podemos imaginar el porqué!!!).

Y lejos de disfrutar de la experiencia, como lo hizo su padre, pasaría con más pena que gloria. Tras el primer año sus profesores se planteaban dejarlo un curso por debajo de su edad, pero B-P pensó que si durante el verano lo enviaba a un centro especializado quizá pudiese recuperar el camino perdido.

Por desgracia aquello no funcionó y a mitad del siguiente curso sus padres se dieron de nuevo de bruces con la realidad: Peter no tenía las condiciones necesarias para triunfar en los estudios….ni tampoco en los deportes en general. Y digo en general porque sí lo hizo en algo concreto, pues el chico destacó en tiro, especialidad deportiva en la que llegó incluso a representar a su escuela y ganar algún trofeo.

Peter a los 19 años

El caso es que aquel invierno decidieron tirar la toalla ante la incapacidad del muchacho, para quien los exámenes suponían una auténtica agonía, de obtener el Certificado Escolar. Su paso por la escuela de su padre duró dos años y medio.

“Pero… ¿Qué esperaban realmente de él? ¿Que fuese militar como el fundador?”

Pues NO (de hecho también la carrera militar de BP fue algo inesperado, porque él quería entrar en Oxford). Sus padres hubiesen querido lo que todos los padres de hoy: que hubiese sido un buen estudiante y aprobado los exámenes para ir a la Universidad y allí labrarse un futuro prometedor, quizá en un buen puesto de la Administración.

Sin embargo, a aquellas alturas, ya sabían que aquello sería imposible. Bueno, aquello o cualquier otra cosa en la que fuese necesaria una buena dosis de cerebro y esfuerzo, porque en palabras de su madre era un “vago sin remedio” que se dejaba llevar por la corriente en cuanto tenía la oportunidad.

La familia en 1931

Y es que en casa tampoco demostraba ser mucho más diligente. Sus descuidos y acciones inconscientes le habían causado más de un quebradero de cabeza a sus padres, como cuando se le escaparon los caballos o cuando arruinó el parto de las ovejas de un vecino al colarse en sus terrenos (lo que costó una buena suma de dinero a su padre), entre otras anécdotas desafortunadas.

Evidentemente el paso por el instituto no fue fructífero, y ni siquiera pudo obtener su Certificado en Lengua ni en Matemáticas (entonces se hablaba de la importancia de las 3 “R’s”-por el sonido predominante al pronunciarlas en inglés-, refiriéndose a ‘Reading’, ‘wRiting’ y ‘aRitmethics’, es decir, leer, escribir y ‘hacer cuentas’).  Con ese expediente académico acceder a un puesto en la Administración sería imposible, así que sus padres empezaron a buscar alternativas. Y fue entonces cuando pensaron que lo más apropiado sería que tratase de entrar en el ejército y labrarse allí un futuro, tal y como había hecho B-P.

Pero había un problema: necesitaba aprobar aquellas asignaturas pendientes para poder presentarse a los exámenes de ingreso a Sandhurst, la reconocida Academia Militar. Para ello tenía que prepararse a conciencia así en la primavera de 1931 B-P lo envió a un prestigioso colegio de Suiza, famoso por su rigor: Chillon College (que costaba una fortuna para la economía de aquella familia).

La familia en 1933

Pero Peter, que entonces tenía 17 años, demostró tener la cabeza en otros menesteres y al poco de llegar ya le habían llamado dos veces la atención por flirtear y besarse con las chicas del servicio (ya veis que las cosas han cambiado bastante poco en cuanto a los jóvenes se refiere, je, je).
Al final sus padres no se fiaron de su poca auto-disciplina, ni de sus cambios hormonales, y aquel mismo verano decidieron sacarlo de allí ante el temor de que pudiese dejar embarazada a alguna muchacha. En su lugar optaron por ponerle un tutor en su casa.

A finales de aquel año se presentó a los exámenes de Lengua y Matemáticas, pero suspendió. Su estancia forzosa en Suiza no había servido para nada.

“Entonces…¿no pudo entrar al ejército?”

El viejo Jefe no veía muchas más opciones para él, así que trató de mover sus contactos para que le permitiesen presentarse al examen de acceso a la Academia Militar… aunque no hubiese aprobado la enseñanza secundaria, pero no tuvo éxito.

Así que al año siguiente de nuevo lo envió a otro centro para preparar el examen de aquel maldito certificado, pero volvió a suspender… ¡oootra vez!, y no le quedó más remedio que insistir con los principales dirigentes del ejército para que le dejasen acceder a Sandhurst sin ese requisito. Esta vez sus súplicas fueron escuchadas y, aunque Peter tampoco cumplía las condiciones físicas mínimas (no daba la altura ni el diámetro torácico), fue admitido en Julio de 1932 (eso sí, después de que le obligasen a presentarse de nuevo a los exámentes…y esta vez aprobó). En el mes de septiembre de aquel año por fin comenzó su preparación como Cadete.

Aquello fue otra negación de la realidad, pues los aspectos teóricos de la formación militar eran demasiado para las capacidades de Peter quien, para complicar más las cosas, se había enamorado de una muchacha Guía seis años mayor que él (que en aquel momento tenía sólo 19 añitos) y su cabeza no estaba demasiado centrada. Incluso llegó a comprometerse con ella en secreto.

Aquella relación sólo le trajo más problemas con sus padres, especialmente cuando pillaron a Peter intentando ir a su dormitorio durante una visita de la chica a la casa de los Baden-Powell, a la que fue invitada.

¿Y qué imagináis que ocurrió?

Pues lo más sencillo: culparon a la muchacha de los problemas académicos de su hijo. Después de todos los esfuerzos para que lo admitiesen en Sandhurst…ella no podía dejar que tirara su futuro por la borda. Los padres de Peter hicieron todo lo posible para poner fin a aquella relación,  y al final lo lograron.

Aun así Peter fracasaría en la Academia. No podría graduarse ni acceder al Regimiento de Húsares que tanto amaba su padre.

¿Cómo podía ayudarlo a progresar en el ejército?

Una respuesta vino a su cabeza: llevarlo a África.

¿Os acordáis del renombrado Cuerpo de Alguaciles de Sudáfrica? Sí, sí, aquel de donde B-P tomó la inspiración de gran parte del uniforme scout…

“Sí, ya sabemos del que hablas…”

Pues bien, para aquella fecha había desaparecido como tal, pues se había transformado en un Cuerpo de carácter civil, pasando a ser las Fuerzas Policiales Coloniales. Quizá una experiencia de este tipo consiguiese hacer un hombre de él…así que para allá se marchó (de 1934 a 1937).

Y en África (en Rhodesia concretamente) pasó dos años casi sin ver a sus padres. Su relación con ellos era mínima, hasta el punto de que en uno de sus breves encuentros no se atrevió a decirles que ¡¡¡se había casado y que su mujer estaba embarazada!!!.

El embarazo de su hermana Betty fue la excusa para hacerlo, y la sorpresa y el dolor de sus padres ante aquel enlace secreto, y el próximo alumbramiento de su primer nieto, fueron enormes. Hubieron de fingir ante sus amistades que lo sabían pero que no querían revelar la sorpresa. Aquella fue la primera vez que Baden-Powell mintió por su hijo.

Lo peor de todo es que no se permitía a los oficiales casarse antes de los tres años de servicio…y hacerlo público suponía dejar el Cuerpo. El joven había hecho de nuevo gala de su poca cabeza…y uuuuna vez más B-P tuvo que mover sus influencias para que admitiesen a Peter en el Servicio Civil y le ofrecieran un puesto en el Departamento de Asuntos Nativos en Rhodesia.

Con Peter y su nieto Robert

Pero curiosamente aquella vida apartado del foco de sus padres le había hecho mucho bien. Peter finalmente se había liberado de aquella carga, dejado a un lado su complejo de inferioridad, y se había transformado en un hombre confiado, extrovertido y feliz. Vivir a la sombra de la fama de su padre no había sido sencillo.

En 1938 Baden-Powell era ya muy mayor y estaba preparando sus últimos años de vida en Kenya. Ese año conocería por fin a su nuera Carine y a su nieto Robert, de 18 meses.

El viejo Jefe admitió que su hijo había demostrado ser más sensato de lo que él pensaba al encontrar a Carine, pues sin duda era la mujer que Peter necesitaba. Estaba entusiasmado al comprobar que al fin y al cabo había sido capaz de encontrar su camino y que:

‘Peter se había convertido en todo un hombre, y que Robert era el mejor bebé del mundo’.

En aquella ocasión B-P estuvo con Peter durante 3 días y durante aquel tiempo hizo las paces con su hijo.

1940, la última reunión

Sólo lo vería una vez más, en febrero de 1940, (una reunión familiar a la que asistió también su hermana Betty con su esposo y sus dos hijos), y disfrutó enormemente de aquellos momentos jugando con su nieto de 3 años y medio. Baden-Powell moriría menos de un año después de aquel encuentro.

En 1949 Peter regresó a Inglaterra, donde fue Agente Especial en la Fuerza de Policía de la Ciudad de Londres. Allí mantuvo su vinculación con el Movimiento Scout siendo, hasta su muerte, decano de La Hermandad de Viejos Scouts.

Heredó el título de II Barón Baden-Powell de Gilwell, y participó activamente en todo tipo de eventos. Entre ellos destaca el Jubileo de 1957, llamado así por el 50 aniversario de Brownsea (al que muchos consideran la fecha de origen del escultismo), en el que representó el papel de su padre durante aquel campamento en una pequeña obra.

Su imagen sorprendió a los asistentes que habían conocido a su padre, pues se le parecía muchísimo.

Peter Baden-Powell moriría muy joven, a los 49 años, víctima de complicaciones asociadas con el Mieloma Múltiple, un raro tipo de cáncer de médula y que afecta gravemente al sistema inmunitario. Irónicamente la recaída que le condujo al final vino como consecuencia de un enfriamiento que sufrió en la vieja caravana de su padre (de la que os hablé en este artículo), durante una acampada en Gilwell Park.

Como hemos visto estos días…no existen fórmulas mágicas en la educación de los hijos. Todos los padres quieren lo mejor para ellos pero se equivocan a menudo.

El chico no era perfecto, pero… ¿Quién lo es? ¿Quién no ha hecho tonterías durante sus años de juventud? Los jóvenes tienen sus propias expectativas, desean vivir la vida a su manera y nunca aprenderán de experiencia ajena. Es así desde que el mundo es mundo.

Sus padres nunca creyeron que el chico lo hacía lo mejor que podía. El precio que pagaron fue el de ser engañados y rechazados. Sus esperanzas de que hubiese seguido los pasos de su progenitor y hubiese mejorado su trayectoria pesaron demasiado pero Peter no sería la proyección de su padre sino él mismo, y a su modo era todo un scout: modesto, altruista, amable, sencillo y nada interesado en protocolos.

Sus llegadas al Parlamento Británico vestido de pantalón corto y con mochila producían consternación entre todos aquellos políticos estirados.

Robert, hijo de Peter y nieto de BP

Como su propia madre reflejó después en su autobiografía:

“Carta tras carta, homenaje tras homenaje, hablaban de su capacidad para la amistad, su amabilidad, su amor y preocupación por los demás”

“Me di cuenta demasiado tarde de que, en lo que de verdad importaba, Peter era el digno hijo de su padre” (‘Window on my Heart’, 1973).

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