Más con menos

Hace algunas semanas, ojeando por la web, me encontré con este artículo publicado en el blog Bryan on scouting que ya os he mencionado alguna otra vez. Me llamó la atención y me animé a compartirlo con vosotros:

Esta Tropa pasó del furgón y se convirtió en “mochilera”

El remolque para material que Jim Rosensweet heredó cuando llegó a Jefe de Tropa había vivido mejores días.

Era el año 1987, pero aquel furgón debía ser de los años 50 o los 60. Dentro de aquel viejo y desvencijado trasto, Rosensweet encontró también material muy usado que necesitaba reemplazarse.

Pero en lugar de gastar el dinero de la tropa en uno nuevo, Rosensweet condujo a la Tropa 55 por un camino diferente. Y desde ese día la tropa de Lake Havasu City, en Arizona, se convirtió en una tropa “mochilera”.

“Varios de los muchachos más grandes querían hacer senderismo por el Gran Cañón, y así es como empezamos a viajar con mochila”, cuenta Rosensweet.

“Y entonces me di cuenta. ¿Por qué acarrear toneladas de material por todas partes cuando todo lo que necesita una persona puede llevarse en una mochila?”

Así que nos deshicimos del remolque de la Tropa, de las tiendas de ocho plazas, las pesadas sillas y las mesas de campamento.

A partir de entonces, allá donde fuésemos (fines de semana a Parques Estatales, Campamentos de Distrito, Campamentos de verano y rutas tradicionales para mochileros) la tropa llevaba sólo el material que los scouts podían llevar sobre sus espaldas.

Vale, ocasionalmente hacíamos trampas y nos llevábamos un “Horno Holandés” (una especie de cacerola de gruesas paredes donde se puede cocinar de todo, especialmente comidas a fuego lento, como asados y estofados) cuando nos íbamos de campamento con los coches, pero el resto del tiempo cumplíamos las reglas.

Bueno, esto no vale para todas las Tropas, pero en la Tropa 55 es un éxito. Y tal y como lo cuenta Rosensweet , supone una experiencia aún mejor para los scouts y los adultos.

“Ser scout es equivalente a acampar, y demasiadas tropas se han alejado de esta parte básica de la experiencia scout”, cuenta. “Viajar con mochila es más sencillo para los líderes, y a los chicos les encanta”.

¿Y qué pasa con los costes?
La Tropa 55 compra gran parte de su material en tiendas de segunda mano. Y van mejorándolo conforme disponen de presupuesto: mejores tiendas un año, sacos de dormir más ligeros el siguiente…

El resultado, dice Rosensweet, son sonrisas por doquier.
“A los muchachos les encanta, y mi carga de trabajo disminuyó drásticamente”, dice.

“Y ¿por qué nos cuentas esto en el artículo de hoy?”

Pues porque me hizo reflexionar. Y es que, aunque la inmensa mayoría de grupos scouts fuera de los EEUU no pueden permitirse disponer de remolque de ningún tipo, sí que aprecio una tendencia a llevar un exceso de material con el fin de hacernos la vida mucho más sencilla tanto en campamentos como en excursiones…y eso, como ya lo he explicado muchas otras veces, es un ERROR DE CONCEPTO.

Los scouts no van al campo para seguir haciendo lo mismo que hacen en sus pueblos o ciudades y rodearse de todo tipo de artefactos modernos y cachivaches electrónicos. Se enorgullecen de ser capaces de hacer más con menos, de utilizar su cabeza, su ingenio y sus conocimientos para procurarse el confort necesario en sus salidas.

Llevan lo estrictamente necesario para ello, y saben lo que van a precisar porque han planificado su aventura con cuidado y con antelación. Los más veteranos enseñan a los más nuevos a no cargar con toneladas de elementos inútiles que sólo consiguen que se ganen un buen dolor de espalda (como el que ellos sufrieron cuando eran novatos). Les enseñan a elegir los materiales más adecuados y les aconsejan qué cosas adquirir y dónde, y cuáles pueden improvisarse en la naturaleza sin necesidad de cargarlas.

Saben cargar sus mochilas adecuadamente para que el reparto del peso no suponga un problema de equilibrio ni se les clave el contenido en la espalda. Saben repartirse los elementos comunes entre los de su patrulla o equipo, y lo hacen usando la lógica y teniendo en cuenta quienes son los más fuertes o los más capaces de entre ellos.

Planifican sus rutas con cuidado, utilizando los mapas y calculando el agua y los alimentos a llevar. Comprueban las previsiones del tiempo y adaptan su ropa a esa previsión y al terreno a recorrer. Y cuando llega el agua… no se asustan ni echan a correr.

Están preparados y saben lo que tienen que hacer y lo que no. Saben cuáles son los riesgos de una tormenta y las evitan, y cuando los sorprende (la naturaleza es absolutamente imprevisible incluso con alta tecnología) conocen las medidas a adoptar para afrontarlas con seguridad.

Llevan sus carpas impermeables y ligeras para procurarse un refugio temporal, a resguardo de la lluvia… o del sol. Y afrontan los elementos con confianza y apoyándose en sus compañeros. Es precisamente en esos momentos cuando más crece el espíritu del grupo, cuando más aprenden los chavales, cuando se estrecha el nexo de unión entre ellos y salen todos sus recursos a florecer.

Así es como se forja el carácter de los chavales, estimulamos su ingenio y su habilidad manual, y lo hacemos en una situación de aventura controlada.

NO caigamos en la mera excursión lúdica donde todo se les da hecho y donde simplemente juegan y conviven. Utilicemos nuestro marco simbólico para revestir la aventura de modo atractivo y sugirámosles ideas que estimulen su deseo de vivir esas aventuras.

NO los eduquemos entre algodones, llevándoles casi al lado del destino de forma cómoda. NO se trata de andar por andar, ni de reventarlos en caminatas estériles, sino de plantearles actividades durante la marcha. Con señales de pistas, con juegos de acecho, observación de la naturaleza, orientación, etc. Usemos las patrullas para estimular esos juegos y plantear competiciones interesantes.

Y por supuesto incidamos en el trabajo de los equipos, de las patrullas a la hora de planificar sus comidas. Que sean ellos los que elijan sus menús, los cocineros, compren sus alimentos y los cocinen en las salidas. Usando una fogata en aquellos sitios que lo permitan, o un ligero hornillo en su defecto. Busquemos esos lugares en los que poder hacerlo, aunque lleve tiempo o se limiten a ciertas épocas del año. Aunque sean en áreas de barbacoas públicas, pero que aprendan a hacerlo.

Enséñalos a no depender del aparatito electrónico que se queda sin batería en el momento más inoportuno. Eso les proporciona una sensación confianza en sus propios recursos fuera de lo común. Saben que lo que pueden hacer no está al alcance de la mayoría de sus amigos de clase y eso aumenta su autoestima.

No desprecies las nuevas tecnologías (porque pueden sacarte de un apuro un día y porque forman parte de su mundo), pero dales un lugar secundario, porque NO DESARROLLAN esos recursos de los que os hablo.

La experiencia de ese Jefe de Tropa norteamericano no es algo aislado. Los chicos disfrutan de esas pequeñas cosas porque lo llevan en su naturaleza. No lo dudéis.

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4 Respuestas a “Más con menos”


  • El equipo minimalista es una tendencia al alza. Como ventaja principal la reducción de peso que facilita el transporte y el caminar

    Eso sí, a menos material más conocimiento. Necesita mayor preparación y práctica antes de salir al aire libre.

    Una forma perfecta de llenar de contenido reuniones de tropa que de otra forma podrían ser tediosas

  • Me he sentido muy identificado con el articulo porque esa ha sido mi dinámica con Escultas y Rovers durante años: “Solo cargaremos el material que podamos cargar a nuestras espaldas.” Eso si, como dice Eaz1 justo arriba, eso no se hace de la noche a la mañana, nuestros chicos necesitaran ponerse en forma y nosotros, sus scouters, también.
    Ahora que he vuelto a hacerme cargo de una unidad de pioneros; una Caravana que llaman aquí, pienso volver a usar esta dinámica que tan buenos resultados me ha dado.

  • Juan J Pérez-Gato legendario

    Es verdad Ea1ihz, para poder disfrutar en el medio natural con poco material hacen falta más recursos y conocimiento…pero en realidad a los humanos nos encantan los retos, je, je.
    Darzee, te auguro un nuevo periplo estupendo. Lo mejor es que los chavales disfrutan a la misma vez que desarrollan sus recursos…y además aprenden cómo se trabaja el método. Quizá en un futuro lo transmitan a sus hermanos más jóvenes.

  • Ayer preparamos el material para la acampada de la Caravana del próximo fin de semana. ¡Madre mía! Han cogido material suficiente como para resistir 6 meses en Raccoon City. Me parece que tengo mucho trabajo por delante, jajajaja…

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