Mafeking: Ciudad Subterránea. Capítulo 4 Parte 3

LA TRAGEDIA DE LA PLAZA DEL MERCADO (Última  Parte)

(Un muerto y algunas decisiones difíciles para BP)

Escena 5
Tres días más tarde
Mafeking, Sudáfrica.  
Sábado 12 de mayo de 1900. 212º día del Sitio
Cinco días antes de la liberación de la ciudad.

El Teniente Keneth Murchison finalizaba su sexto mes de arresto en la cárcel de Mafeking. Ocasionalmente, algunas tardes  lo dejaban pasear por los alrededores. Los testimonios de las personas que pudieron  conversar con él decían que se mostraba muy arrepentido, que lamentaba haber sesgado la vida del reportero y que no recordaba nada del incidente.

A la angustia que le producía  el encierro, se le sumaba la imposibilidad de combatir junto a sus compañeros, el artillero escuchaba los tiroteos y bombardeos impotente, confinado en su celda.

Los defensores llevaban siete arduos meses resistiendo. El pintoresco poblado de casitas con techos de chapa ahora era un revoltijo  de escombros. Los combatientes y civiles se encontraban débiles por la falta de alimentos, como señalaba el subastador Edward Ross en su diario del Sitio

“… todo en el  lugar se ha comido excepto herraduras y alambre de púas”

Los mensajes que lograban traspasar el cerco de la ciudad decían que las fuerzas de británicas de liberación a cargo del Coronel Plumer estaban cerca y que el alivio era inminente.

Los Bóers lo sabían y decidieron jugar su carta más osada.

A las 4 am del 12 de mayo Mafeking comenzó a recibir un nutrido fuego de fusiles desde  tres posiciones diferentes; los atacantes asediaban desde el Noreste, el Sudeste y El Este. Media hora más tarde un grupo de unos 300, siguiendo la ladera del Rio Molopo, forzaba las líneas de defensa al oeste y  entraba a la aldea incendiando las chozas de los Baralong.

Por primera vez desde que había comenzado el cerco, los Holandeses del Cabo, los Bóers, estaban adentro de Mafeking.

Aprovechando la oscuridad, una fracción de la fuerza invasora copó el Fuerte Warren, haciendo prisioneros a tres oficiales y dieciséis hombres del Regimiento del Protectorado. El resto se internó aún más en la aldea. Mientras tanto un grupo de 500 enemigos trató de ingresar a la aldea, pero fue rechazado por los defensores.

Para cuando comenzó a divisarse la luz del día, el grupo de Bóers se  había divido en tres y continuaba avanzando.

Nunca el peligro de perder la ciudad fue tan real  y tan cercano.

Todo aquel que pudo sumarse a repeler el ataque, lo hizo.

Benjamin Weill –el astuto comerciante que proveyó a la ciudad durante todo el sitio-, vació sus anaqueles y repartió entre los ciudadanos todas las armas de fuego de las que disponía.

La  situación era sumamente delicada y demandaba que Baden-Powell emprendiera acciones extraordinarias si quería mantener la ciudad.

Kenneth Murchison dormía en la cárcel cuando fue despertado por los primeros disparos, poco después el resplandor de las chozas Baralong incendiándose se filtró por su ventana.

Uno de los guardias –siguiendo las órdenes del Comandante- abrió la puerta y le entregó un rifle y una bandolera con una ronda de munición.

El artillero corrió hacia la aldea y se encontró con un panorama alarmante, los Bóers se mezclaban con los hombres del Regimiento del Protectorado los Rifleros de Bechuanalandia y los nativos, algunos estaban subidos al techo del Fuerte Warren.

El Teniente ocupó una posición que le permitía una buena vista de la zona y afirmó la culata del arma contra su hombro. Haciendo honor a sus antecedentes, no desperdició ni un solo disparo.

La defensa combatió dura e intensamente, la refriega fue tan prolongada que – según B.P. escribió seis años más tarde “Durante la acción, una carreta de refresco con sopa de caballo y otras delicias semejantes dio la vuelta entre  los hombres que peleaban

Para las últimas horas de la tarde se había recuperado el dominio de la ciudad y  108 prisioneros marchaban hacia la Plaza del Mercado custodiados por los hombres de B.P.

Cerca de las 18hs., el Teniente Murchison saludó a sus viejos compañeros y les devolvió el rifle que aún estaba caliente.

Luego de catorce horas de combate, se dirigió hasta la cárcel, entró en su celda y extenuado, se acostó en su catre.

Cuatro días más tarde las fuerzas combinadas de los Coroneles Mahon y Plumer liberaban Mafeking.

Ultimo Acto
Londres, Inglaterra.
17 de agosto de 1900.
Tres meses después del Sitio
Periódico Warwick Argus, de Queensland

“Asesino de Parslow en prisión”

“El ex Mayor Kenneth Murchison ha sido traído a Inglaterra desde Mafeking y fue  alojado en la prisión de Parkhurst (informa el Daily Mail del 13 de agosto). Está condenado a trabajos forzados de por vida, y el delito por el que está sufriendo la pena  fue el asesinato de Ernest Parslow, periodista de Ciudad del Cabo, a quien disparó en  en Mafeking el 1 de noviembre pasado” “Cuando Eloff –el Comandante Bóer- capturó la fortaleza del Coronel Hore unos días antes de la liberación, Murchison fue uno de los primeros en la cárcel en tomar un fusil, y ocupar una posición en la que, casi inevitablemente,  hubiera sido muerto  si los Boers seguían avanzando desde el oeste” . “Al caer la noche, cuando el enemigo fue detenido, regresó a su celda”. Es posible que Su Majestad emita una proclama que perdona a los delincuentes que tomaron las armas para ella en Sudáfrica, en cuyo caso se debe hacer de Murchison  un hombre libre. En ausencia de la proclamación, los que están familiarizados con todos los detalles del caso creen que Murchison debe recibir la mitigación de la pena, o un perdón”.

Fueron muchos los pedidos a favor de la amnistía para Murchison; sin embargo esta nunca llegó.

Baden–Powell fue atinado cuando observó que el artillero mostraba un comportamiento “excéntrico”: dos años más tarde las autoridades de la cárcel coincidieron con su opinión y lo declararon demente, derivándolo al Hospital Psiquiátrico.

Epílogo en dos actos
Acto Primero
Mafeking Sudáfrica.
Jueves 2 de noviembre de 1899

Una vez caída la noche, los cuatro hombres desplegaron el paño tomándolo de sus vértices y prolijamente lo estiraron sobre la tapa de madera. La Union Jack, la bandera del Reino Unido, cubrió el ataúd casi por competo. Luego cada uno de ellos tomó una manija  del féretro y a paso firme comenzaron a transitar el camino hacia el cementerio, los acompañó un pequeño cortejo fúnebre formado por algunos militares y civiles. Hamilton, Neilly,  Baillie y Hellawell estaban preparados para afrontar situaciones difíciles, después de todo habían aceptado trabajar como corresponsales de guerra; sin embargo ninguno de ellos imaginaba que en esta remota tierra de Sudáfrica les tocaría en suerte despedir a un compañero ultimado –no por los enemigos- sino por el fuego de un soldado compatriota.

Ernest Parslow, 33 años, periodista, fue enterrado con honores militares en el cementerio de Mafeking, en presencia de sus colegas que le rindieron un último homenaje.

En 1903 el Instituto de Periodistas de Londres incluyó su nombre en el memorial que honra a los Corresponsales caídos en la Guerra de Sudáfrica.

 

Acto Segundo
Londres, Inglaterra.
Domingo 18 de noviembre de 1917
17 años después del Sitio

El vehículo de transporte se detuvo frente al portón. Dos hábiles empleados bajaron la carga dando un tirón a las manijas del cajón barato. De manera mecánica y desapasionada llevaron el féretro hasta la fosa recién cavada, donde otros dos hombres esperaban con largas sogas en las manos. Bajar el cajón hasta el pozo y taparlo con veloces paladas de tierra, fue cuestión de unos pocos minutos. Rápidamente los cuatro hombres se retiraron.

Kenneth Murchison, había perdido el derecho a ser enterrado con homenajes militares,  ni siquiera pudo conservar  su rango original de Mayor.

No hubo familiares, amigos o camaradas de armas  para despedirlo.

Quien alguna vez fue un polista destacado, un soldado sobresaliente, un  “héroe de la ciudad” y el mejor artillero de Sudáfrica, dieciocho  años más tarde yacía ignoto en una tumba común en un cementerio público de Londres.

La próxima semana comenzaremos un nuevo capítulo sobre la vida en Mafeking Sitiada


Este artículo forma parte de la serie El Sitio de Mafeking: viejos temas, nuevos materiales que pueden leer cada viernes en el Blog de La Roca del Consejo. El primer capítulo lo pueden encontrar aquí.
Los impacientes y los curiosos pueden adelantarse a la lectura descargando mis libros de  investigación documental sobre el Sitio de Mafeking, disponibles en el Wiki de La Roca:

Mafeking Ciudad Subterránea (Parte 1)

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