Mafeking: Ciudad Subterránea. Capítulo 4 Parte 2

LA TRAGEDIA DE LA PLAZA DEL MERCADO (Segunda Parte)

(Un muerto y algunas decisiones difíciles para BP)

Continuamos investigando el asesinato del periodista…..

El Artillero fue detenido sin que ofreciera  resistencia.

El Mafeking Mail Special Siege Slip, el periódico local que el día anterior había elogiado su nombre, ahora lo escribió acompañado de palabras como fatalidad, horror, desgracia y asesinato.

Parslow Titulares Mafeking Mail

Extractos del Mafeking Mail Special Siege Slip, ediciones del 3 y 21 de noviembre de 1899

El incidente causó una profunda perturbación en la ciudad; casi todos aquellos que mantenían crónicas del Sitio mencionaron el hecho en sus diarios personales, incluidos Robert Urry, el Gerente del Standard Bank;  Stanuislaus Gallaher, la Hermana del Convento de San José;  y Lady Sarah Wilson, la esposa del Ayudante de Campo de B.P.

Los periódicos colonialesdesparramaron la noticia por todos los países de habla inglesa, desde Australia hasta India, los medios gráficos comentaron horrorizados el crimen.

El Mafeking Mail bautizó el hecho con el nombre que sintetizaba el sentimiento mayoritario: “La Tragedia de la Plaza del Mercado”

Un manto de pesadumbre y desasosiego invadió Mafeking.

En los meses previos a la guerra, los ciudadanos vivieron aterrorizados y angustiados por las amenazas de una invasión de los “Burgueses”. El gobierno colonial no había hecho previsiones para un conflicto y dejó desguarnecidas las fronteras, en una actitud de increíble desidia. Los rumores que llegaban desde Ciudad del Cabo, daban cuenta del inminente –y prácticamente inexorable- comienzo de un conflicto armado.

El miedo entonces,  se esparció por la ciudad como una infección.

Pero todo eso había cambiado con la llegada de B.P. y sus hombres.

El 8 de octubre, 6 días antes del primer combate, Baden-Powell escribió una carta a su madre, informándole las últimas novedades:

Cuando llegué aquí desde Matabeleland la semana pasada la población civil estaba en estado de pánico y clamaba por ayuda. Anuncié que estaba al mando y luego procedí a organizar toda la gente del pueblo en una Fuerza de Defensa, armar a los hombres y fortificar  el lugar. Ahora estamos todos tan felices como niños en la  arena..”

El Coronel –con su  aire de autoridad y eficiencia- se hizo cargo de los preparativos de la defensa. Reunió a los ciudadanos y les dijo que hacer y cómo hacerlo. Su aplomo y confianza parecían no tener límites, los habitantes se contagiaron de su optimismo. El corresponsal del  diario   The Times registró en su crónica del 9 de octubre ese cambio de ánimo:

Máfeking ha entrado en los preparativos bélicos con un celo encomiable

El crimen cometido por el soldado, dio por tierra con la confianza y el sentimiento de seguridad que habían ganado los citadinos. Quién debía protegerlos de los Bóers, les disparaba.   Inesperadamente, un defensor se había convertido en verdugo.

——●——

No resulta difícil imaginar que al ya de por sí atareado Coronel Baden-Powell,  se le sumó un problema impensado. Un dilema que mostraba ribetes morales y a la vez prácticos.

El delito era grave y notorio. Los testigos abundaban y Parslow era una persona conocida. Cualquier intento por ocultar la situación –además de infructuoso- hubiera debilitado la autoridad y la imagen del Comandante ante la población.

Debía ofrecer algún tipo de respuesta a la crisis.

También era cierto que existían varios atenuantes para la conducta del agresor: los testigos decían que en la cena se había bebido mucho vino, que el periodista provocó y hostigó al militar, y que este último trató de evitar la confrontación cuando se retiró del restaurant. Sin embargo, el cronista estaba desarmado.

Por otra parte Murchison era un soldado altamente calificado, valioso para la defensa y  muy difícil de remplazar.

Cada hombre en la ciudad era indispensable y no resultaría sería sencillo prescindir de un combatiente de ese  calibre.

 Tal vez Baden-Powell discutió el asunto con su estado mayor y buscó el consejo de sus oficiales.

Tal vez resolvió el tema en soledad.

No hay manera de saberlo.

Lo concreto es que B.P. no eludió el problema, y dispuso que actuara la Corte Marcial, pero hizo reserva de elevar el veredicto  para que sus superiores lo ratifiquen; un derecho que le confería la ley militar.  Inmediatamente, ordenó que la Corte de Jurisdicción Sumaria de Mafeking, integrada por civiles y su segundo al mando Lord Edward Cecil, comenzara las actuaciones preliminares de la acusación.

En la mañana del 2 de noviembre, se le tomó declaración al imputado y a los testigos: el soldado John Waterson, William Forsyth, personal del staff de Baden-Powell y el Sargento P. Stuart, de la Policía del Cabo. El Primero de ellos dijo que retiró el arma homicida de las manos del acusado. El segundo deponente declaró que el acusado le dijo “”Es un accidente, el revólver  se disparó accidentalmente”, por último Stuart narró para el actuario que

En el momento de la detención., el acusado estaba sentado en la sala del el hotel. Estaba tranquilo pero parecía aturdido. Cuando le puse las esposas  Preguntó: “¿Qué he hecho, ¿qué es esto? Y le respondí que  fue acusado de  disparar a un hombre.  El  Acusado dijo: “Así es, amigo” y no volvió a hablar”. Varios testigos ratificaron la insistencia y provocación del hombre de prensa, y los intentos del militar por evadirlo.

La autopsia fue practicada por el Médico en Jefe del Staff de B.P. Dr. W. Hayes, quien informó en su reporte:

Hallé un agujero 2 pulgadas de diámetro exactamente en la protuberancia  occipital. El cráneo fue muy dañado. El lóbulo  izquierdo y el cerebelo  estaban muy desgarrados  La parte posterior de la esfera ósea sobre el  cerebro fue también muy dañada. Encontré  una bala alojada  en la base del cráneo, contra el hueso. Esta la causa de la muerte

Para la defensa del teniente Murchison se designó al Procurador de Mafeking,  el recién nombrado Capitán de la Guardia Civil William De Kock,  uno de los dos únicos  abogados que había en la ciudad

Al día siguiente B.P. publicó un aviso en el Mafeking Mail,

“3 de noviembre de 1899: El Coronel Baden-Powell desea expresar públicamente su pesar por la muerte del Señor Parslow, corresponsal del periódico “Daily Chonicle” El señor Vere Stent fue nombrado Albacea en la sucesión del testamento del Sr. Parslow”.

Ese mismo día el albacea dio por iniciado el proceso sucesorio y convocó públicamente a los posibles acreedores y deudores del difunto.

Finalizada la ronda de testimonios, el caso pasó a la jurisdicción militar.

El 9 de noviembre de 1899 el  Consejo de Guerra se expidió y fue inflexible con su veredicto: el Teniente Murchison fue hallado culpable de homicidio intencional  y condenado a la pena de muerte.

El prisionero fue confinado en la cárcel de Mafeking, en espera de la ratificación de la sentencia y –eventualmente- su fusilamiento por un pelotón de tiradores.

Baden-Powell elevó los antecedentes del caso a Lord Roberts –Mariscal de Campo en Sudáfrica- con una recomendación de clemencia, y una observación muy particular: en su opinión el prisionero era “excéntrico”.

En menos de tres días, el mejor artillero de la guarnición, pasó a ser el reo más notorio de la cárcel local.

Mientras tanto, la ciudad estaba completando el primer mes del Sitio.

——●——

Hotel Riesle. Unos días más tarde iba a ser parcialmente destruido durante un bombardeo

En este punto del relato, voy a permitirme  formular algunas conjeturas.

Baden-Powell era un militar que valoraba la camaradería y la lealtad con los de su misma condición, tal como dejo testimoniado en muchos de sus libros. Murchison era un subordinado leal y un compañero de armas eficiente que le había prestado excelente servicio, y no es descabellado pensar que la simpatía de B.P. se inclinara más  proteger  a su hombre, que  a  someterlo a la bíblica Ley del Talión por la pérdida de un periodista.

Como Comandante en Jefe, y rigiendo la Ley Marcial en el estado de sitio, podría haber ordenado que se cumpliera la sentencia ejecutando al Teniente sin más trámite; no obstante ello elevó las actuaciones para que interviniera su oficial superior, un procedimiento que no empleó para las restantes cinco condenas a muerte que el Tribunal de Jurisdicción Sumaria de Mafeking decretó durante el Sitio.

Desde mi punto de vista, B.P. –actuando de manera muy inteligente- dejó satisfechas a todas las partes: Aceptó el veredicto de “culpable” que dictó el Consejo de Guerra, y con eso desagravió los vecinos que reclamaban una sanción, y a la vez –ante la vista de sus camaradas y subordinados- obró con compañerismo y fidelidad elevando una petición de clemencia y sugiriendo que Murchison no era dueño de sus actos, por tener sus facultades mentales alteradas.

Todo ello sin contradecir a la ley, a la resolución de la Corte o al sentimiento de los ciudadanos que reclamaban un acto de justicia.

Políticamente, trasladó la carga de la decisión a un tercero.

Cualquiera fuera la orden de Lord Roberts, la posición del Coronel Baden-Powell como Comandante de la ciudad continuaría siendo sólida:

  • Ante los civiles podía alegar que estuvo de acuerdo con la resolución: sin duda Murchison era culpable de Homicidio;
  • Frente a sus hombres podía esgrimir que, pese al crimen, intentó salvar al Teniente pidiendo que se le perdone la vida y presentándo lo como un enfermo mental para que se morigere la pena.

——●——

Intervalo
Miércoles 9 de Mayo de 1900
Periódico Indianapolis Journal, del Condado de Marion, EE.UU.
Volumen 50 Nº 129, página 2.

“LONDRES, mayo 9. Lord Roberts ha conmutado a trabajos forzados de por vida a la sentencia  de muerte pronunciada por el consejo de guerra ante el que fue juzgado el Teniente Kenneth Murchison de la Artillería, quien el 2 de noviembre pasado, mató al señor Parslow, corresponsal del Dally Chronicle en Mafeking. El veredicto del consejo de guerra fue transmitido a Lord Roberts con una recomendación a la misericordia del Coronel Baden-Powell, el comandante británico en Mafeking. La muerte del señor Parslow primero fue atribuida a un accidente, pero posteriormente se comprobó  que él y el teniente Murchison había cenado juntos, y que mientras ellos paseaban por la plaza Murchison sacó su revólver y le disparó a su compañero.”

La estrategia de B.P. tuvo éxito: era poco probable que el Mariscal desoyera la recomendación de un Coronel con los excelentes antecedentes de Baden-Powell –que por sus propios méritos- para esa época ya había promocionado seis veces antes de la edad reglamentaria.

Murchison perdió la libertad, pero salvó su vida.

En la próxima entrada conoceremos el final de la historia del artillero

 


Este artículo forma parte de la serie El Sitio de Mafeking: viejos temas, nuevos materiales que pueden leer cada viernes en el Blog de La Roca del Consejo. El primer capítulo lo pueden encontrar aquí.
Los impacientes y los curiosos pueden adelantarse a la lectura descargando mis libros de  investigación documental sobre el Sitio de Mafeking, disponibles en el Wiki de La Roca:

Mafeking Ciudad Subterránea (Parte 1)

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