Los scouts del ‘Regimiento de Dragones’

“¿De Dragones? ¿Esto de qué va?”

Pues que como estas últimas semanas os he hablado de los orígenes del movimiento scout he pensado que la historia estaría incompleta si no le dedicásemos algún artículo al primer cuerpo de scouts que organizó Baden-Powell: los del Regimiento del 5º de la Guardia de Dragones.

“¡Dragones! ¡Vaya nombre!”

Sí. En realidad los “dragones” eran regimientos de soldados que se crearon a mediados del siglo XVI. Combatían como caballería (generalmente al ataque) y también como infantería (a la defensiva normalmente). Su origen parece remontarse a un cuerpo de arcabuceros franceses que combatían a pie y se desplazaban a caballo, para servir en el ejército del Piamonte.

“Pero… ¿por qué ese nombre?”

La verdad es que no se sabe muy bien. Algunos piensan que puede aludir a los dragones de unos supuestos estandartes que portaban aquellos soldados, aunque otros creen que más bien se debe a que llevaban un mosquete corto al que llamaban de esa manera.

Sea como fuere en el ejército británico se llamó ‘dragones’ a los regimientos de caballería ligera de fines del siglo XVIII instruidos en misiones de reconocimiento, combate en escaramuzas y en otras labores que requiriesen rapidez. A principios del XIX se convirtieron en lanceros y húsares (de hecho BP estuvo anteriormente en el XIII de Húsares).

Hoy día los regimientos de caballería no tienen sentido en el ejército moderno así que aunque sigan manteniendo ese nombre… se dedican a algo muy diferente. Por ejemplo los “Dragones de Westminster” están especializados en guerra nuclear, bacteriológica y química (NBC).

Pero sigamos con nuestra historia y veamos cómo llegó BP a organizar a estos exploradores en su regimiento.

Antes de nada nos situaremos en el tiempo. Corría el mes de mayo del año 1897 y justo después de su participación en las campañas contra los Matabele (los famosos guerreros que le pusieron su apodo de “Impeesa”) se le ofreció el mando de un Regimiento de caballería: el mencionado “5º de la Guardia de Dragones”, que por entonces estaba en India.

Aquel ‘5º de Dragones’ destacaba por su buen hacer en los desfiles y la instrucción. Se suponía que los oficiales de Caballería debían estar siempre impecables y cumplir estrictamente toda orden. Los accesorios para enlucir los correajes, los ejercicios de instrucción anticuados e inútiles, la obediencia ciega a las órdenes, una rigidez forzada en los desfiles y similares prácticas (de larga tradición) eran las principales cualidades por las que se juzgaba entonces a un Regimiento.

Tanta rigidez y tanta pamplina tenía un efecto colateral pernicioso. El nivel de los hombres era bajo, su motivación mala y los abandonos y deserciones altos. Y sin embargo:

La culpa no es sólo suya, pues en el fondo son buenos tipos, sino más bien de los principales responsables, incapaces de facilitarles medios de distracción agradables, poner énfasis en su auto-estima y sacar lo mejor de ellos en general” (William Robertson).

Pero las ideas del nuevo Coronel eran muy diferentes. A él no le gustaban los oficiales impecables que miraban por encima del hombro a sus hombres… e incluso a los oficiales que no pertenecían a su exclusivo regimiento. Prefería hombres capaces de adaptarse a las condiciones de su entorno y sujetos al mínimo de burocracia y papeleo posibles.

A pesar de las reticencias de los oficiales más veteranos, comenzó a aplicar sus ideas con tacto pero de modo firme. Redujo ceremoniales e instrucción, y dejó de alentar aquella insufrible formalidad. Se mostraba accesible y cualquiera podía dirigirse a él (la costumbre era que los oficiales sólo podían responder y hablarle si el mando lo hacía primero). De hecho solía mantener charlas con ellos para ganarse su confianza y su respeto.

Aquel cambio tuvo mucho de lo que luego extrapolaría a sus ‘Boy Scouts’. Predicó con el ejemplo, siendo el primero en trabajar duro y demostrar su profesionalidad, y tuvo claro que debía potenciar la iniciativa de los hombres a su cargo. Su método se basaría en dos puntos:

  • Dar responsabilidad a todos los suboficiales.
  • Formar a sus hombres de forma motivadora y entretenida.

Para ello dividió a sus hombres en pequeñas unidades permanentes, y organizó competiciones entre ellas, tanto en campo abierto como en actividades en los barracones. Con ello consiguió aumentar su interés y elevar el nivel de eficiencia al mismo tiempo.
Pero veamos como lo describe el propio Baden-Powell en su libro “Lecciones de la Universidad de la Vida” (1933):

Entre nosotros empezamos varias líneas nuevas de adiestramiento para el desarrollo de la eficiencia. Fueron éstos experimentos interesantes y productivos, con resultados útiles.

El dominio del caballo era naturalmente desarrollado como el primer y gran objetivo de cada Regimiento de caballería; pero además de esto promovíamos ‘el don de mando’, que era ocasionalmente un tema que se perdía de vista, porque después de todo el caballo es sólo un instrumento para llevar al hombre a la acción. Es el hombre, su preparación, su eficiencia y su espíritu, lo que es importante.

Un hombre sólo puede ser un buen amo para el caballo si le tiene aprecio. Sólo puede ser un buen soldado si le tiene afecto a la milicia. Del mismo modo, un oficial sólo puede tener un buen ‘don de mando’ si le tiene cariño a sus hombres. Por ‘don de mando’ no quiero decir un conductor de esclavos, sino alguien que, como el amo de un caballo, tiene a sus hombres en la mejor condición para la lucha. Esto requiere mantenerlos en forma y alimentados, pero no hartos, y debe darles el espíritu que los mantenga alegres, motivados y leales. Cualquier tonto puede dar órdenes, pero para ser un líder de éxito, un hombre debe tener don de mando.

Conociendo el valor en mi propio caso, de tener una responsabilidad como joven oficial para con mi Coronel, llevé ese principio al máximo con los jóvenes oficiales del Regimiento, y al organizar a los hombres en pequeños escuadrones, la responsabilidad se repartía entre los suboficiales novatos, ya que eran la columna vertebral de la disciplina y la eficiencia.

Cuando estuve al mando del Escuadrón convertí en práctica corriente, aunque iba estrictamente en contra de los procedimientos, el ver a cada hombre de mi Escuadrón en privado y sólo en mi cuarto. Lo hacía sentir más cómodo al darle algo para fumar o permitiéndole tomar el té conmigo y, en conversación ordinaria, lo inducía a decirme qué lo había llevado al Servicio, cuál había sido su vida pasada, cuáles eran sus ambiciones, quiénes eran su gente, y así continuábamos. De esta manera uno entraba en un trato cercano y amigable con cada individuo y al incitar a las confidencias uno se aseguraba su confianza. Llegué a saber hasta qué sorprendente grado ellos tenían en cuenta las opiniones y sentimientos de sus padres.

Estoy absolutamente convencido de que es el toque personal entre oficiales e individuos lo que lleva a una más fuerte disciplina, la disciplina que brota desde adentro, más que cualquier disciplina impuesta desde fuera por reglamentos y el miedo al castigo.”

Pero sobre todo fue mediante la preparación de su ‘Cuerpo de exploradores’ como encontró el medio de formar a sus hombres en auto-confianza. Durante sus campañas anteriores había tenido la oportunidad de realizar todo tipo de tareas de exploración y reconocimiento, especialmente con Frederick Burnham (el explorador norteamericano que había aprendido las técnicas de los indios y del que BP hizo el dibujo a caballo de la izquierda) en las Guerras Matabele.

A raíz de aquello se hizo aún más consciente de la importancia que tenía aquella labor y de sus posibilidades a la hora de formar a los hombres en recursos e iniciativa. El 2 de agosto de 1897 ya le contaba a su madre en su diario que había creado un grupo de hombres para formarlos como scouts.

En aquel esquema para el ‘Cuerpo de Exploradores del Regimiento’ también utilizó muchos elementos que después integraría en su “Escultismo para muchachos”: lectura de mapas, potenciación de la observación y de la memoria, orientación con brújula y sin ella, la importancia de prestar atención a las referencias a la hora de ubicarse, rastreo, estimación de alturas y distancias, importancia de mantenerse físicamente y mentalmente preparado, el peligro del alcohol y otros vicios…además de juegos y competiciones para motivar y preparar a los hombres sin que estos acabasen aburriéndose.

Al fundador siempre le había fascinado la capacidad para observar y deducir a partir de pequeños signos. Las historias de Sherlock Holmes, la obra de Conan Doyle, estaban de moda y aquellas habilidades resultaban muy relevantes en la labor de los exploradores. De hecho, ya en 1885, en su libro “Instrucción para Caballería” señalaba la importancia de analizar las pequeñas evidencias y asociarlas para poder leer las conclusiones.

Fue el mismo BP quien diseñó e impartió su programa de formación y de prácticas, y consiguió el permiso para que los hombres que lo superasen pudiesen portar la insignia de explorador (la flor de lis) en sus uniformes. El efecto de este simple recurso fue sorprendente. Los hombres estaban entusiasmados por conseguir el privilegio de llevar aquella insignia, y su mera consecución era suficiente recompensa.

El apartado práctico consistían en una serie de operaciones nocturnas y diurnas, enviando a los hombres de manera individual o en parejas a hacer observaciones y traer informes, o mediante maniobras a gran escala con scouts y espías jugando su correspondiente papel. Insistía en la necesidad de estar preparado en todo momento, y tras un corto aviso podía ordenarse a un escuadrón que se equipase con lo necesario para un ejercicio inesperado.

Pero leamos de nuevo al propio protagonista:

LOS EXPLORADORES DEL REGIMIENTO.

Comencé un sistema de organización y de adiestramiento de exploradores en el Regimiento, el cual, con el tiempo, fue adoptado por todo el Ejército.

Obtuve la licencia del Estado Mayor del Ejército para que aquellos hombres que se habían tomado el trabajo recibir el adiestramiento, usaran en su brazo una insignia que los distinguía como Exploradores. Para esto elegí la Flor de Lis, que señala el norte en la brújula, ya que un Explorador es el hombre que puede enseñar el camino como la aguja de una brújula.

Lord Haldane me informó más tarde que este esquema de Exploradores había sido adoptado de modo general por el ejército, y que para motivar a los hombres que pasaban su examen como Exploradores recibirían un salario extra de dos peniques al día. Yo le aseguré que dos peniques al año, en forma de una insignia que llevar, sería un truco menos caro. Los hombres hacen mucho por una insignia, somos criaturas vanidosas.

Nuestro trabajo de exploración era mucho más nocturno que diurno.

Para que los hombres tuvieran práctica, obtuve el permiso para que tomaran parte en las maniobras del Ejército en Attoch. Ellos debían ir sin montura, ya que estas maniobras se realizan enteramente entre montañas. Los Regimientos de las compañías de Pathan de la India fueron enviados para hacer de enemigos con sus propios métodos de lucha, lo que en ocasiones llegaba a ser muy realista y muy cercano a la realidad.

El primer día mis Exploradores se quedaron bastante asombrados al darse cuenta de que las operaciones finalizaban al caer la noche, y el General al mando estuvo igualmente sorprendido cuando ellos le dijeron que la noche era precisamente el momento para llevar a cabo su labor. Hasta entonces él había pensado que la noche era el tiempo para que descansaran sus hombres, pero por sugerencia de ellos pensó que era bueno darles algunas operaciones nocturnas y después expresó su asombro y lo complacido que estaba por el trabajo de reconocimiento hecho por los Exploradores, y por la buena información que ellos habían podido obtener.

También estuvo impresionado por su independencia, al transportar todo lo que necesitaban en su mochila, y al cocinar sus propios alimentos, cuando y como ellos lo requerían.“ (Baden-Powell ‘Lecciones de la Universidad de la Vida’, 1933)

Precisamente durante este periodo fue cuando escribió su “Ayudas a la exploración”, en el que incorporó las charlas que él mismo daba a sus hombres, sugerencias prácticas y otras anécdotas personales (ya os hablé en este artículo de las materias que trataba dicho libro).

Pero lo más importante de esta obra es la idea que subyace en su interior y que sería la base del nacimiento del escultismo: la convicción personal de Baden-Powell de que mediante este sistema de formación se estimulaba la auto-confianza y los recursos de los hombres, logrando que éstos hiciesen uso de su inteligencia y su sentido común a la hora de tomar decisiones sin tener que esperar la orden del oficial de turno en cada momento.

En aquel periodo no sólo experimentaría con esas ideas que germinarían en nuestro gran Movimiento. Por entonces ya estaba convencido del gran valor que tenía disfrutar de la vida al aire libre por puro placer. Estas palabras las escribió en aquellos días:

“Recorrer estas inmensas colinas, especialmente en soledad, y parecer que está uno atrapado en el fondo de los profundos valles, le hace a uno sentir como un parásito sobre los hombros del mundo. Hay tal grandiosidad en todo ello que le abre y refresca a uno la mente. Es como un baño de agua fría para el alma.”

Incluso se expresaba del mismo modo que haría después con los muchachos, resaltando la importancia y la necesidad de planificar las cosas para evitar los problemas:

“La hostilidad del medio natural sólo existe para el ignorante. El acampador experimentado sabe que llevar y también qué cosas son necesarias de verdad y cuales son lujos”.

Sí. El fundador tenía un don especial. La capacidad de combinar el equipo de campaña, la aventura y el sentimiento espiritual de una manera maravillosamente sencilla.
Y por encima de todo, a pesar de lo que algunos estudiosos modernos se empeñen en juzgarlo con los ojos del presente, era una persona de un magnetismo indudable. Tenía la habilidad de ganarse a aquellos con los que trabajaba.

Por si algunos dudan del carácter de BP, he aquí una anécdota reflejada por el primer biógrafo del fundador. Este andaba en busca de la verdadera opinión que tenían sobre él en su regimiento anterior, y preguntó a un grupo de sargentos si pensaban que a sus hombres les gustaba. Por un momento se hizo el silencio en la habitación y entonces uno de ellos dijo: “No, no diría que les gustaba”…..”porque lo ADORABAN”.

Y para terminar echaremos un vistazo a la versión de sus propios hombres, tal y como la refleja E.E. Reynolds en su biografía de Baden-Powell.

Un antiguo oficial del 5º de Dragones durante aquel periodo escribió lo siguiente:

“Era muy popular entre todos, hasta los más nuevos, y tenía tal talento que prácticamente no hubo delitos en el regimiento”
“Formó un Cuerpo de Exploradores del Regimiento a los que, tras pasar unas duras y largas pruebas, se les permitía llevar la insignia de la flor de lis”.

Otro antiguo oficial de su Regimiento comentaba:

“Creo que la confianza que depositó en todos aquellos con los que trató le hizo ser el más apreciado, y no puedo recordar un solo ejemplo en el que su instinto le fallase.

Recuerdo particularmente la manera en la que trató a uno de los jóvenes oficiales que tenía mala fama como soldado y ningún interés en la milicia. Nada más tomar el mando BP lo mandó llamar y lo puso en una posición de considerable responsabilidad. El oficial estaba tan sorprendido de que se le considerase adecuado para llevar a cabo la tarea que su carácter cambió, y nada podía superar su entusiasmo por realizar la labor que se le había encomendado. Aquel efecto perduró, ya que en la Guerra de Sudáfrica obtuvo un ascenso a Comandante por el buen trabajo que desarrolló con los exploradores del regimiento bajo circunstancias difíciles.

Nunca ví a BP perder su estado de ánimo o hacer algo apresuradamente de lo que tuviese que arrepentirse después. Aceptaba a sus hombres como eran, y tenía el maravilloso don de sacar lo mejor de ellos sin tener que recurrir a métodos disciplinarios. Sus hombres y sus Oficiales harían cualquier cosa por él. No conozco a nadie con una mayor influencia positiva que la que él tenía. Por su consideración de las necesidades de sus subordinados y por su sentido de la justicia se ganó su devoción y su gratitud.”

Y es que a nosotros nos gusta dividir en dos la vida del fundador, cuando la realidad es que toda su experiencia, todas aquellas vivencias personales forjaron en mayor o menor medida su personalidad y las ideas que darían origen a nuestro Gran Juego.

Entre ellas… la creación de aquel primer cuerpo de scouts del Regimiento de Dragones.

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