Mafeking: Ciudad Subterránea. Capítulo 2 Parte 2

UNA CIUDAD BAJO TIERRA  (Segunda Parte)

(Una mirada a los refugios que se construyeron en Mafeking)

Continuamos investigando la “vida subterránea” durante el Sitio…

Bóers: 1 –  Baden-Powell: 0
Mafeking, 15 de octubre de 1899

Con una bandera blanca en su mano, el Bóer comenzó a caminar hacia las líneas de defensa británicas. Aunque su aspecto no era el de un típico combatiente, los puestos de avanzada  se pusieron en alerta, era el primer domingo en el Sitio de Mafeking y temían alguna sorpresa por parte de los holandeses. Uno de los oficiales escoltó al extraño  visitante hasta el lugar donde estaba Baden-Powell.

Haciendo gala de la cortesía británica, el Comandante invitó a sentarse al forastero y le convidó un vaso de whisky. El emisario burgués era el Doctor  Pirow, miembro del equipo personal del General Piet Cronje, el comandante de los sitiadores.  El alto rango del mensajero sin duda confería  seriedad a la misiva que venía a comunicar. Pirow se disculpó por haber disparado contra las ambulancias el día anterior: un error  lamentable. Luego transmitió un ofrecimiento para que la guarnición se rinda, garantizando la seguridad de los habitantes.

Finalmente mientras terminaba su bebida, casi al pasar, como restando importancia a sus palabras, le comentó a los ingleses que no debían esperar el regreso del tren blindado: había sido destruido y el Teniente Nesbitt -gravemente herido- ahora era prisionero de su ejército.

Nesbitt Anuncio

La captura de Nesbitt, en un periódico de Australia

Los Bóers capitalizaron a su favor esta primera victoria –aunque en rigor a la verdad  era un hecho de armas menor- y le dieron amplia publicidad; la edición del Daily Telegraph Nº 4556 del 21/10/1899, publicó un mensaje del propio presidente del Transvaal:

La Captura del Teniente . Ciudad del Cabo, 20  de octubre de 1899 : En relación con la destrucción del tren en Kraaipan, que contiene municiones para las tropas británicas en Mafeking, el Presidente Kruger  informa  que el Teniente  y otras siete personas de su grupo, que fueron tomados prisioneros por los Bóers, resultaron heridos gravemente en la acción” 

Las informaciones son variadas y confusas, el número de prisioneros capturados por los Bóers fluctúa entre 7 y 34, dependiendo la nota periodística que se consulte. El informe oficial del General Cronje, al mando de las fuerzas Bóers en el Sitio  (15/10/1899) indica:

“…se encontraron  9 muertos y varios heridos y 26 prisioneros  “Además se capturó  toda la carga del tren, que consistía tres cañones,  alrededor de 30 Rifles Lee Metford, municiones, proyectiles de artillería, diferentes cajas de dinamita, alambre y otros materiales y herramientas para la reparación de las líneas de telégrafo y del ferrocarril

La versión del gobierno del Reino Unido, publicada en su órgano de difusión oficial London Gazzete -8 de Mayo de 1900,  edición   Nº 2915-  confirma la captura del Teniente y que el tren transportaba tres cañones para Mafeking, pero no agrega detalles sobre el número de bajas.

En los únicos dos datos que coinciden todas las especies  es en el ataque al tren por una fuerza de más de 800  hombres, y en la heroica actitud de Nesbitt que, pese a encontrarse  herido, resistió hasta entrada la mañana, cuando  un proyectil de artillería hizo blanco en la caldera haciéndola estallar.

Lo cierto es que la guerra recién comenzaba y  Baden-Powell ya había perdido a un grupo de audaces soldados, un maquinista, un tren blindado,  tres insustituibles cañones y un valiente oficial.

 

La Madriguera del Conejo.

Luego de algunos vanos intentos para entrar combatiendo a la ciudad durante la primera semana, los Bóers aparentemente  se auto convencieron –ayudados por las estratagemas de Baden-Powell- que Mafeking era infranqueable para abordarla mediante un ataque directo.  El General Cronje entonces, envió un nuevo mensaje bajo bandera de tregua reconociendo su impotencia y anunciando el inicio de lo que se convertiría en el pan de cada día de los próximos siete meses: cañoneo sobre el municipio.

“Honorable señor, ya que me parece que no hay otra manera de apoderarse de Mafeking sino por medio de bombardeos, tendré que adoptar este medio, muy a mi pesar….”

Caballerosamente  el Jefe Holandés  ofreció un plazo de 48 horas para que los no combatientes  abandonaran el lugar; el ultimátum precisaba exactamente su fecha de vencimiento: lunes 23 de octubre a las 6 a.m.

De acuerdo a los registros oficiales, el lunes a la 1.30 p.m. cayó sobre la ciudad el primer disparo del cañón de asedio de los Bóers;  la eficacia de los refugios que laboriosamente se habían montado, comenzaba a  ponerse a prueba; sin embargo pronto se descubriría que no sólo había que protegerse de los impactos directos.

Una consecuencia derivada de las explosiones comenzó a producir bajas entre la población y los soldados: las esquirlas que en todos lados rebotaban sin control e incluso ingresaban por las bocas de acceso de los refugios.

El nuevo hecho fue lo suficientemente grave y significativo  como para que la mayoría de  los sitiados que llevaban algún testimonio escrito de sus vivencias tomaran nota de su preocupación.

El soldado del Regimiento del Protectorado William Robertson Fuller era sólo un muchacho de 19 años de edad cuando se encontró a si mismo  varado en Mafeking junto a sus compañeros; en su diario personal escribió:

23 de octubre. Una endiablada  explosión se escuchó en las trincheras exteriores,  de lo que parece ser del arma de 95 libras que los Bóers instalaron en el sudeste. Todo el mundo está en refugios.  Short  [Soldado Bernard Short, Registro Nº 215] fue golpeado con un fragmento del proyectil y se rompió la pierna.”

Annie Rayne aun estaba en edad escolar cuando escribió en su cuaderno:

Un día, una pequeño amiga y yo llevábamos la comida al instituto cuando el arma grande llamada Big Ben disparó y nos dieron órdenes de tirar todo lo que teníamos en nuestras manos y tendernos en el piso. La bomba grande estalló junto a un cerco donde estábamos acostadas  y los pedazos  volaron por todo el lugar. Una pieza golpeó a la niña que estaba conmigo en el corazón y la mató en el acto; el mismo pedazo rebotó y me golpeó en la frente e hizo un corte profundo pero yo fui capaz de levantarme.” 

El corresponsal Angus J. Hamilton en su entrada del 25 de octubre también dejó constancia del efecto de las partículas de los proyectiles:

Con un impacto terrible la bomba golpeó algunas estructuras cerca de la vía férrea, y los fragmentos voladores propagaron acero sobre la ciudad, enterrándose en edificios, golpeando la sabana a dos millas de distancia, Creó  una gran nube de  polvo, una confusión horrible, y -en un instante-  el terror de  toda la ciudad.”

El martes 31 de octubre el gerente Urry anotó:

“… otro fragmento vino a través de la habitación de los niños, haciendo un gran agujero en la pared.Las paredes exteriores están plagadas de balas y partículas de artillería.”

El experimentado Mayor Frederick David Baillie asentó en su diario:

5 de diciembre. Una granada estalló en el almacén de Well, matando a un negro, cerca de mí. Los fragmentos volaron por todas partes y yo no tenía tiempo para analizar desde donde  estaban cayendo…

El teniente Mc Kenna de los Rifleros de Bechuanalandia narraba a su familia en una carta:

“Un proyectil Maxim de 1 libra entró en mi habitación cuando yo entraba a mi baño.  Uno de los fragmentos de la explosión qe rompió, me cortó ligeramente a través de la parte posterior del cuello”

Para resolver esta nueva dificultad, se acudió a una solución tan sencilla como eficaz: se apilaron algunos fardos de heno rodeando   las entradas de los refugios, y con eso se logró una cobertura aceptable para balas perdidas y esquirlas voladoras. En la fotografía de abajo, cuyo original obra en los archivos del Australian War Memorial, se observa el pozo de zorro del Comandante  Baden-Powell, con las barreras de paja guareciendo el sector de ingreso.

Refugio de Baden Powell

Alguien –posiblemente el mismo fotógrafo que tomó la imagen- agregó en tinta blanca la pintoresca leyenda:  Agujero del Conejo”.

Mafeking
Martes 28 de noviembre de 1899
Convento San José

Los hombres de la Policía del Cabo comenzaron a llevar los cajones de madera hasta el edificio del Convento. Las cajas húmedas se apilaron en el suelo y una por una fueron abiertas con una barreta de hierro. Las municiones –un bien tan preciado como la comida- se frotaron  con lienzo seco y se colocaron en fila en los dinteles de las ventanas, convirtiendo a la casa de oración en un polvorín lleno de balas mojadas, un improvisado secadero de proyectiles.

En los cuarenta y cinco  días que llevaba el cerco que los bóers ceñían  sobre la ciudad, las cinco Hermanas de la Misericordia se habían acostumbrado a estos violentos contrastes; sus ocupaciones ahora  se concentraron en asistir a los heridos, acompañar a los enfermos en los hospitales y consolar a los deudos; octubre había dejado un saldo de 89 muertos declarados  y noviembre no parecía estar terminando mucho mejor en lo que a cantidad de bajas se refiere.

Cómo si la guerra no fuera lo suficientemente penosa por sí misma, la temporada de lluvias  inauguró el lunes 27 con un debut memorable: gran parte de las trincheras quedaron sumergidas bajo el agua, varios ciudadanos perdieron sus posesiones y la Hermana María casi se ahoga cuando cayó en una zanja. Los defensores estaban empapados y sin posibilidades de cambiarse la ropa, ya que a toda prisa debieron comenzar  los trabajos de vaciado y drenaje que se extendieron hasta el día 29.

El sistema de  zanjas y trincheras   que había resultado útil para protegerse de la artillería, de nada sirvió a la hora de detener la lluvia.

Con los primeros chaparrones además se hizo evidente un problema de diseño en los refugios: la gruesa capa de tierra con la que se cubrían los techos aumentaba drásticamente su peso cuando se mojaba con el agua de las precipitaciones, volviendo insegura la estructura con el consiguiente riesgo de desmoronamiento.

Nuevamente se recurrió  una solución simple y de baja tecnología que subsanó la dificultad: todos los refugios fueron tapados con lonas impermeables.

El propio B.P. escribió en 1907 que

El techo de tierra estaba cubierta con una lona para evitar que se empapara y volviera extra pesado con las lluvias tropicales que caían”

En la siguiente imagen puede verse otra toma de la “madriguera”  del Coronel Baden-Powell con la cubierta de tela en primer plano.

Refugio anti bombas de BP

Para los principales refugios se preparó un dispositivo  extra: aprovechando el material de los depósitos, un alero de chapas corrugadas se plantó en  la bocas de acceso, Una especie de techo “a dos aguas” con forma de carpa que permitía escurrir la lluvia fuera del ingreso a los pozos.  La estructura del  triangulo truncado –casi de la altura de un hombre- se fabricó con tirantes de madera y luego se recubrió clavando las láminas metálicas. La imagen siguiente corresponde al bunker que ofició de depósito de las raciones de reserva,  administradas por el contratista Benjamin Weill (parado a la izquierda). La “pirámide de chapa” protege  el acceso al refugio.

Refugio

Con un gran esfuerzo la defensa se recompuso en un par de días. Las ropas y las balas se secaron y los pozos se vaciaron.

Sin embargo las lluvias de fin de mes sólo fueron el preámbulo de lo que la Madre Natura tenía reservado para los sitiados una semana más tarde.

En la próxima entrada conoceremos el final de esta historia


Este artículo forma parte de la serie El Sitio de Mafeking: viejos temas, nuevos materiales que pueden leer cada viernes en el Blog de La Roca del Consejo. El primer capítulo lo pueden encontrar aquí.
Los impacientes y los curiosos pueden adelantarse a la lectura descargando mis libros de  investigación documental sobre el Sitio de Mafeking, disponibles en el Wiki de La Roca:

Mafeking Ciudad Subterránea (Parte 1)

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