Mafeking Ciudad Subterránea. Capítulo 2 Parte 1

UNA CIUDAD BAJO TIERRA  (Primera Parte)

 (Una mirada a los refugios que se construyeron en Mafeking)

El Principio

No son muchos los datos disponibles sobre la vida del Teniente Richard Henry Nesbitt antes de que se uniera a la Fuerza de la Frontera en Sudáfrica. De la imagen obtenida por el fotógrafo profesional de Mafeking David Taylor,  se colige que el oficial (primero a la izquierda, sentado, tomando en su mano uno de los vientos de la carpa) se incorporó  al Regimiento del Protectorado en los primeros momentos  de su creación.

Nesbitt y Baden-Powell

Nesbitt (primero a la izquierda) y Baden-Powell (último a la derecha)

 Taylor fotografió al Coronel Baden-Powell (último a la derecha) y a los oficiales del flamante cuerpo,  en agosto de 1899 en la estación  de tren de Ramahtlabama, 30 km al norte de Mafeking.

Desde el mes de julio el grupo estaba entrenando a los nuevos soldados que paulatinamente se enrolaban en  la unidad; los motivos para elegir ese paraje como base de operaciones, los  explica B.P. en Lecciones de la Universidad de la Vida (1933)

“… Ramahtlabama estaba en territorio Imperial, en el Protectorado de Bechauanalandia, mientras que Mafeking estaba en la Colonia del Cabo, y el Gobierno del Cabo, al estar en simpatía con los Boers, no nos permitiría reclutar tropas en ese territorio.”

Durante tres meses –y en el mayor secreto posible- se trabajó incesantemente para conseguir suministros, caballos, transportes y víveres, además de capacitar al personal en la instrucción militar básica que en tiempos normales abarca un período de un año.

Cuando finalmente se obtuvo el permiso para entrar en Mafeking; el regimiento estuvo  listo  para hacer su trabajo.

Dos meses más tarde.
Mafeking.  Jueves 12 de octubre de 1899
Estación de Trenes

Baden-Powell estrechó la mano del Teniente Nesbitt, se cuadró y ambos hombres se dedicaron un saludo haciendo la venia militar. Formados un paso atrás del Teniente,  otros 15 soldados repitieron el gesto; todos ellos eran voluntarios que se ofrecieron para secundar al oficial  en la misión  que el Coronel encomendó.

Sobre el andén el Jefe de Estación James Quinlan, controlaba que todos los pasajeros hubieran subido a los vagones. En una típica escena de despedida, los familiares y amigos agitaban pañuelos y sombreros, tal vez preguntándose si  volverían a reunirse algún día.

Los carboneros –también voluntarios, al igual que el maquinista- avivaron el fuego de la caldera y la locomotora empezó a rodar. La mitad de las mujeres de la ciudad abandonaban Mafeking llevándose a sus hijos,  huyendo de la guerra que se avecinaba.

Una semana antes, B.P. había publicado un anuncio:

“Es posible que puedan tratar de bombardear la ciudad, y aunque se hará todo lo posible para dar cobijo a las mujeres y los niños, sin embargo, habría que adoptar medidas con el ferrocarril para trasladar a  cualquiera de ellos a un lugar seguro si desean ir lejos de Mafeking;  se sugiere que algún lugar en la frontera de Transvaal, como Palapye, Siding o Francistown, podrían ser lugares más adecuados y menos costosos que las ciudades ya atestadas de la colonia. Los hombres, por supuesto, siguen siendo útiles para defender Mafeking, que, con su actual guarnición y las obras de defensa, será fácil de sostener. Aquellos deseosos de dejar Mafeking deben informar al Jefe de Estación, el número de adultos y niños, clase de alojamiento requerido, y destino. Coronel Baden-Powell, Coronel Comandante de las Fuerzas Fronterizas. Mafeking -7 de octubre de 1899″

La formación que llevaba  los civiles  fue escoltada por un tren blindado dotado con el escuadrón de Nesbitt y sus voluntarios.  Una vez  llegado a Kimberley, descargó a los pasajeros y emprendió el viaje de regreso.

Salieron  de Vryburg trasladando nuevo armamento para los defensores, pero estos nunca lo recibirían.

Los Bóers habían cortado las vías a la altura de Kraaipan, a uno 70km de Mafeking.  El convoy  fue atacado y descarrillado por una gran partida que se había parapetado  en los alrededores. Nesbitt y sus hombres intentaron reparar la vía y dirigir la locomotora en marcha reversa, pero mientras tanto  una cuadrilla de Bóers desenganchó los rieles en la retaguardia y dejó asilada la locomotora eliminando cualquier posibilidad de escape.

Desde adentro del tren se dispusieron a repeler  a los agresores  que hacían llover sus balas sobre los vagones. El Teniente logró sostener su posición durante toda la noche; al amanecer fue herido y capturado junto los hombres que sobrevivieron al ataque.

Sin que el Coronel  lo supiera, la guerra de Mafeking había comenzado fuera de los límites de la ciudad y los Bóers se anotaban el primer triunfo.

 

Mafeking: un pueblo bajo la tierra

Ajeno al destino del tren y sus hombres, B.P. se embarcó  en los preparativos bélicos, en una carrera contra el reloj.  Las trabas impuestas desde el Gobierno del Cabo y  la falta de colaboración de las autoridades Inglesas, habían demorado su entrada a Mafeking y las tareas para del  plan de defensa  estaban retrasadas. El Cronista Baillie aporta un panorama del precario estado de los trabajos el día que partió el tren: “

“Sólo muy recientemente habían permitido hacer nada en esa dirección, debido a la política represiva del Ministerio de Bonos. Por lo tanto, las defensas en este momento consistían simplemente en unos parapetos, carros que cruzan los extremos de los caminos que conducen a la Plaza del Mercado, y algunos hilos de alambre de púas atados estos puntos.”

El servicio de  espías ya había informado que las fuerzas Bóers que se acercaban a la ciudad superaban los 7000 efectivos, si querían proteger el lugar necesitarían algo más que algunos hebras de alambre.

Se contrató a un grupo de nativos locales –a los que más tarde se agregarían algunos nativos  Shangan refugiados de las minas de Johanesburgo-  para que construyeran una serie de trincheras alrededor de toda la ciudad y un intrincado sistema de profundas zanjas que las conectaba, para permitir el tránsito por  el terreno sin quedar expuesto a las balas.   Los empleados de las minas eran cavadores expertos, por lo que las fortificaciones comenzaron a progresar significativamente.

Para dar solidez a las construcciones, se acudió al  stock de materiales acumulados en los talleres ferroviarios: rieles del ferrocarril,  postes y traviesas, Según los datos oficiales se usaron 200 toneladas de vías férreas para  protección de la ciudad. Una importante cantidad de  chapas de hojalata  corrugada (la materia prima de todos los techos de la ciudad)  y alambre se obtuvo de los  almacenes del  comerciante Benjamin Weill –de la firma Julius Weill, importador directo y el mayor comerciante de la zona-  que tenía gran una disponibilidad de insumos. En los meses previos a la guerra B.P. y su Jefe de Oficiales habían realizado contactos  con Weill y organizaron el aprovisionamiento comprándole sus existencias.

Las características y detalles de las obras, fueron explicadas por el Comandante en su informe final del Sitio, de fecha 18/05/1900

Especificaciones: generalmente un terraplén semicircular; sin embargo no hubo dos que  fueran iguales;  variaron de acuerdo a la posición, al terreno, etc. Al principio se excavaron pozos  y se mantuvieron  muy bajos, posteriormente, debido a las dificultades de drenaje, la altura de la hierba, la inexactitud de fuego de artillería del enemigo, etc.,  se hicieron más altas. Se encontró que era esencial cubrir las cabezas. Cuando estaban cerca de las trincheras, se tuvieron que usar rollos de chapas de acero, ya que la bolsa de arena ordinaria y las coberturas de madera, eran demasiado buenos como blancos para el enemigo.  Cobertizos: Una buena forma de refugio con chapas de hierro  y madera se utilizó para viviendas de la guarnición en las diferentes fortificaciones.”

 

Baden-Powell conocía muy bien  las tácticas bóers y el tipo de guerra que plantearían, por lo tanto además de las trincheras de combate en los puestos de defensa, la ciudad fue preparada con una serie de  refugios a prueba de bombas, en previsión del fuego de artillería que con toda seguridad recibirían.

Consistían en pozos rectangulares de medidas variables,   techados con rieles de acero,  maderas, y hojas de chapa. El techo era apuntalado con algunos postes desde adentro del pozo y finalmente todo se cubría con bolsas de arena y una capa de unos 90 cm de tierra, dejando únicamente un hueco descubierto que hacía  las veces de puerta de ingreso y ventilación. En algunos casos  las paredes  interiores se revistieron con  tablado de  madera.

Resguardos comunitarios se ubicaron en la plaza del mercado a fin de que los ocasionales transeúntes pudieran ponerse  a salvo  en caso de sonar la alarma. En los terrenos del Sr. Rowland se instaló otro  albergue antibombas para cobijar a las mujeres y los niños.

También se  construyeron refugios independientes  para que funcionaran  el Standard Bank, la Casa de Moneda y el Correo.

Varios ciudadanos además emprendieron trabajos particulares para proteger a sus familias;   el Cadete Linden Bradfield Webster narró en 1970:

Huimos a la aldea nativa, ya que estaba en un valle. Sin embargo, después de ese primer día, mi madre se negó a volver a ella y mi padre decidió entonces hacer un refugio antibombas al lado de la tienda. Hasta que la guarida fue terminada, las bolsas de productos de nuestra tienda se utilizaron para la protección anti bombas.”

Robert Bradshaw Clarke Urry,  gerente del banco Standard Bank of South Africa,   escribió en una carta a su esposa:

Ocupo un refugio en el patio de unos cinco pies de profundidad (1.5 mts)  cubiertos con rieles de ferrocarril, madera y sacos de arena con unos tres pies de tierra en la parte superior (90 cm)…. Esta es la forma en que todos vivimos ahora.  Estamos bastante seguros,  siempre y cuando una bomba grande no golpee directamente la construcción”

Los privilegios que otorga el pertenecer a una clase social alta, también se manifestaron en la calidad y comodidades de los bunkers; Lady Sarah Spencer Churchill –esposa del Ayudante de Campo de B.P.-  describe al albergue que le construyeron para su uso personal:

“… para inaugurarlo di una cena subterránea con seis personas. … 5 metros  por 4, 5metros  y 2,40 metros de altura. Con  un tramo de doce escalones de madera, en la parte superior había una puerta que daba la intimidad de una habitación. … El peso del techo fue apoyado, como precaución adicional, sobre tres postes  de madera gruesas, … El revestimiento interior estaba pintado de blanco. Una pared estaba totalmente cubierta con una enorme bandera del Reino Unido, y la otra otro estaba decorada con armas nativas, coronada por un trofeo de esta misma guerra:  la única carabina Mauser que se había capturado a  los Boers. Para completar fue instalado un teléfono, …”

Muy cerca de su puesto de observación en la oficina del abogado Spencer Minchin, B.P. hizo construir el Cuartel General Subterráneo,  y un  “pozo de zorro” para su uso personal; en 1907 lo describía de esta manera:

Nuestro Cuartel General y base de la central de teléfonos estaba en un raro y oscuro agujero a prueba de bombas. Siempre había un oficial de servicio. La mayoría del personal pasó muchas horas agotadoras allí.  … Durante la semana izamos una pequeña bandera del Reino Unido para dar el menor signo posible de nuestra posición al fuego Bóer, pero alardeamos flameando una grande los domingos, cuando no había disparos. En los primeros días del asedio también tuvimos aquí la campana que sonaba como advertencia a la ciudad cuando nuestros vigías veían al enemigo cargando y apuntando su Gran Cañón”

La mayoría de las batallas que tuvieron lugar en la ciudad, se coordinaron desde el pozo del Cuartel General.  Baden- Powell –ubicado en su puesto en el techo de Minchin- daba las órdenes a la base subterránea por medio de un tubo acústico y desde allí mediante el teléfono se   transmitían las indicaciones a los diferentes puestos de defensa

En la primera semana del Sitio, la ciudad pasó a vivir escondida bajo tierra.

Oficina del HQ en ell Refugio antibombas

Ilustración de BP (1906) Cuartel General en el refugio subterráneo de Mafeking

 

BP y sus oficiales en el refugio

BP y algunos de sus oficiales en el exterior del refugio

  


En la próxima entrada recorreremos detalles del Refugio de BP y las dificultades de vivir bajo tierra.       

Este artículo forma parte de la serie El Sitio de Mafeking: viejos temas, nuevos materiales que pueden leer cada viernes en el Blog de La Roca del Consejo. El primer capítulo lo pueden encontrar aquí.
Los impacientes y los curiosos pueden adelantarse a la lectura descargando mis libros de  investigación documental sobre el Sitio de Mafeking, disponibles en el Wiki de La Roca:

Mafeking Ciudad Subterránea (Parte 1)

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