Woodcraft y Raiderismo

En Raiderismo afirmamos que una parte importante de nuestro trabajo con  chicas y muchachos se relaciona estrechamente con el Woodcraft más conocido como “el arte de los bosques”. Setton se inspiró en la serie de habilidades que desarrolló en los bosques canadienses y en los “pieles rojas” para escribir cuestiones relativas a la técnica. En el Raiderismo no nos quedamos con esa sola experiencia ya que con Baden Powell aprendimos que las artes scouts se encuentran esparcidas por todos los continentes y en “Escultismo para muchachos” da muestras de ello.

raiders caminata

¿Acaso los nombres de las patrullas que hacen referencia a los distintos pueblos originarios de nuestros países son una cuestión decorativa? Indudablemente no. A las técnicas que Setton desarrolla, los Raiders Scouts le agregamos las que se desprenden de la relación con nuestros pueblos originarios y su medio ambiente que también es el nuestro, por eso cada Patrulla Raider debiera imbuirse en la forma de ver el mundo de su grupo de referencia y en el desarrollo de las técnicas que cada grupo ha desarrollado en los lugares del país donde se asentaban.

El dirigente Raider alienta la apropiación de conocimientos de las artes  de los grupos de los cuales toman nombre las patrullas y no solo el conocimiento teórico sobre ellos. A modo de ejemplo con los Diaguitas puede establecerse un campo de aprendizaje propio en el que las técnicas de siembra, el manejo del agua propio de la montaña, las técnicas básicas de construcción con piedras, el hilado de lana, el tejido, el manejo de la arcilla y la construcción de artefactos y los juegos, constituyen un plus para el grupo de chicas y chicos que no debemos dejar de considerar en todas sus potencialidades. Es el Woodcraft que añade nuestra experiencia de Raiderismo en el país, lo que ha generado entre otras cosas, campamentos donde las competencias basadas en los juegos de los pueblos originarios han sido una de las motivaciones para las chicas y muchachos, empresas donde la producción de tejidos, máscaras de carnaval y cacharros de alfarería han causado al trabajo a nuestros adolescentes con el fin de aprender algo de lo propio y a la vez circularlo por la sociedad para obtener dinero para su siguiente aventura o servicio.

Estar – siendo y Raiderismo

El aprender – haciendo del raiderismo se complementa con ese modo de transitar el mundo que el antropólogo argentino Rodolfo Kush denominó “estar siendo” tan adecuado al grupo de edad  donde se trata de Ser o no Ser. Él plantea que el pensamiento Europeo está centrado en el “Ser” lo que implica entender el mundo como una exterioridad que debe ser conocida para luego convertirse en ciencia, y de esa manera manipular la realidad externa, la solución de los problemas se halla en el afuera y la interioridad está adormecida. En cambio los pueblos originarios de América se centran en el “Estar” donde la subjetividad es la de la circunstancia, la interioridad se encuentra potenciada provocando el asombro de la pequeñez humana ante el universo, se habita en el aquí y ahora” sin necesidad de apropiarse o manipular el mundo, dejándose sorprender por él. El “estar siendo” es una fórmula que traduce una dinámica vital muy particular entre lo determinado y lo indeterminado, la exterioridad y la interioridad. Se trata del descubrimiento de lo humano a partir de cómo va aconteciendo.

Nosotros vemos que nuestros Raider por cuestiones de edad suelen simplemente “estar” y si esto les perturba empujándolos al “vacío de ser” rápidamente buscan un “Ser” en los objetos que les ofrece el mercado capitalista como por ejemplo juegos del celular, redes sociales, chats, selfies que los muestran felices ante el mundo pero que son un modo de escape frente al silencio de la existencia …  un silencio que por momentos grita.  El Raiderismo le propone el “estar siendo” como Gran Juego de la vida, orientando lo circunstancial del encuentro a la sorpresa de encontrarse en un momento dado en la cima de una montaña atravesado por una circunstancia que lo potencia y no en un vacío de la existencia que le provoque escribir palabras vacías una tras otras en un whatsup interminable para hacer de la vida un “como sí”… como si estuviera viviendo, como si tuviera amigos, como si fuera feliz, como si fuera aventurero.

            El Woodcraft Raider permite que esa soledad y ese vacío se moldee en un torno de cerámica donde el propio borde lo constituye cuando se elabora el cacharro. Es la trenza de ocho realizada con tiento tal como hicieran y hacen nuestros sogueros, donde se anuda y se convierte en un objeto borde entre lo interior y lo exterior, elaborando una manera particular de estar siendo sin necesidad de la huida que provoca el falso pero eficiente antagonismo entre el ser y la ausencia de ser que de otra manera lo impulsaría (a veces convirtiéndose en impulsividad) hacia una actividad externa sin pausa como intento de velar la sensación de vacío común en la adolescencia, que muchas veces provoca huidas mas escabrosas como el consumo de sustancias e incluso el intento de suicido como forma de solución definitiva a la existencia.

La potencia de la sorpresa

Hace muchos años atrás un dirigente Raider me decía que si el objeto de los Raiders es escalar el cerro “Tres Picos”, la mejor decisión que podía tomarse es contratar un micro que los lleve desde el campamento hasta la base del cerro y luego buscarlos para el regreso. Sueno lógico ¿no?. Con el tiempo uno se va dando cuenta que muchas actividades que se realizan en los Scouts obedecen esa lógica, que es la del “viaje de fin de curso” donde las actividades se suceden las unas a las otras sin posibilidad de hacer experiencia de ellas. ¿Acaso los Jamborees no suelen armarse de esta manera?. Hoy en día, revisitando el Woodcraft Raider pongo seriamente en duda de que eso se trate el raiderismo.

El proceso de tecnologización y la prisa de las actividades (en contraposición a la pausa que implica una actividad) ha provocado una “pobreza de la experiencia” inédita para el hombre. Si en el Raiderismo planteamos un estar siendo que permita la articulación interior – exterior difícilmente esto sea posible si estamos atravesados por la prisa, que termina teniendo la misma lógica que se desprende de los objetos tecnológicos donde continuamente se trata de acallar o no producir el silencio interior haciendo que todo sea imagen exterior al sujeto, un sujeto des-sujetado, des-amarrado, en una posición de errancia frente a lo que podría constituirse como lo más propio: la experiencia del mundo y de los otros.

El Woodcraft Raider permite la construcción de un mundo que no tome como modelo la pantalla ¿si no podemos hacer experiencia de las cosas podemos afirmar que existe diferencias ente disfrutar de estar en un lugar y verlo en las fotos que podemos googlear? De hecho si introducimos la pausa el lugar deja de ser “fotográfico” para poco a poco adquirir cualidades… texturas, olores, temperaturas… en la pausa activa que implica la caminata de 10 kms hasta la base del Cerro “Tres Picos” todo nuestro cuerpo es interpelado por la naturaleza. Las categorías de espacio y tiempo resuenan de otra forma cuando dejamos de estar confundidos con el paisaje como imagen para establecer un borde operativo que permita hacer experiencia de él. El sauce dejará de ser una “jpg” cuando nos acercamos a él, tomamos su leña, vemos los animales que aloja en su seno, convertimos su madera en mesa y sus ramas secas en leña que permite hacer el fuego para alimentarnos. Y qué decir si en ese tiempo de silencio y espera tomamos un lápiz y papel  y comenzamos a dibujar ese sauce que no será como otro, ya que al hacer experiencia de él nos damos cuenta que es tan singular como cualquiera de nosotros.

De la “foto universal” que para todos es la misma, en la experiencia que vive el Raider se produce el encuentro con lo singular que sorprende, generando bienestar interior e invitando al hacer queriendo conocer más de ese insecto extraño que se encuentra sobre la corteza del Sauce. El Woodcraft Raider es un arte que no está hecho para ser admirado, sino para motivar a que nuestros chicos y chicas se conviertan ellos en artistas – artesanos en la construcción y vivencia de la aventura que los lleve a la cima, como en la construcción de un mundo que merezca la pena ser vivido.

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