A pesar de las minas y los mollahs, el renacimiento de los Scouts de Afganistán

Con gorra azul y camisa verde, el uniforme de los scouts afganos, Aref Qasemi, 16 años, examina con sus camaradas chicas y chicos las múltiples formas de minas y artefactos explosivos cuyas imágenes son proyectadas en la pared.
Bajo la tenue luz de esta sala en el corazón de Kabul que acoge la reunión de los Scouts, Aref y sus amigos no aprenden a enceder un fuego de campamento o a remar una canoa sino a detectar e identificar estos ingenios de la muerte, herencia de más de tres décadas de conflictos, que contaminan el suelo afgano.
Scouts de Afganistán
Millones de minas y artefactos explosivos artesanales dispersados por todo el territorio continúan matando y mutilando a decenas de personas cada mes, gran parte de ellos niños curiosos que los recogen creyendo que es un juguete.

“He visto morir a dos amigos que recogieron una mina pensando que era una pieza de metal que podrían vender” dice Aref. “Aprender a identificar es esencial, esta formación puede salvarme la vida algún día, o la de mi familia.”

Un fuego de campamento, nada de rezos.

El Escultismo tiene una larga y orgullosa historia en Afganistán, donde nación en 1931, recuerda el responsable nacional del movimiento Gul Ahmad Mustafa. Después desapareción durante los años de ocupación soviética en los años ochenta, seguidos de la guerra civil y del régimen taliban que directamente lo prohibió.

Pero en 2010 la organización no gubernamental PARSA que actúa a favor de los mujeres y de los niños más desfavorecidos quiso relanzar el movimiento formando primero a niñas y niños de los orfanatos de Kabul y de Thor, una provincia aislada en el centro del país.

Hoy en día, más de 400 dirigentes han sido formados y 2000 Scouts son activos en 13 de las 14 provincias del país según cuenta Mohammad Tamim Hamkar, director de programa del escultismo afgano.

Como todos los jóvenes scouts del mundo, estos hacen juegos colectivos, aprenden primeros auxilios y participan en labores al aire libre. Pero a falta de fondos suficientes y de la inseguridad del país los campamentos y las excursiones son aún imposibles de realizar.

Y es que sólo hace falta un pequeño malentendido a veces para que aparezca el peligro en esta sociedad ultra conservadora. Hace algunos años, en la misma capital del país, Kabul, los mollahs (la máxima autoridad religiosa) pusieron fin de forma brusca a un fuego de campamento y a las canciones que lo acompañaban, acusando a los niños de rezarle al fuego, cuenta Tamil Hamkar.

“Tuvimos que mostrar a los mollahs nuestros manuales de formación y convencerlos que el fuego de campamento no tenía nada de religioso ni blasfemo.”

También suele ocurrir que los jóvenes scouts sean confundidos con policías, un similitud peligrosa en este país donde las fuerzas de seguridad, acusadas de numerosos abusos, son regularmente objeto de ataques de los insurgentes talibanes.

A finales de junio unas treintena de jóvenes cadetes de la políca fueron asesinados en un doble atentado suicida cometido contra su convoy.

Esta confusión nace en los años 80, cuando la palabra pastún para designar a los scouts, “Sarandoi”, fue adoptada para llamar a los policías: “Aún hay gente que cree que nuestros muchachos son polícias, porque piensan que dependemos del ministerio del interior.” relata Hamkar.

“Lo conseguiremos.”

Pero en una nación afectada por décadas de conflicto donde el uso de la droga no cesa de aumentar, el Escultismo ofrece a los jóvenes una alternativa fiable.

“He aprendido enormemente al convertirme en scout, la disciplina, la confianza en mi mismo y como ayudar a los demás.” reconoce Ehnasullah, 15 años, un joven de apariencia modesta. “Evitar la violencia y la droga es lo que cuenta aquí.”

El Escultismo ofrece también una vía a las chicas jóvenes que representan 40% de los beneficiarios a nivel nacional y se mezclan con los chicos para los temas más importantes, como la sensibilización hacía las minas.

La imagen de los scouts mejoran poco a poco, retoma Hamkar. “Ha habido emisiones de televisión mostrando su importancia, lo que ha modificado la percepción del movimiento scout.”

“Cuando oigo a gente rendir homenaje a los scouts por su contribución a la sociedad, me acuerdo de los viejos tiempos.” añade el responsable nacional, M. Mustapha.

Todos reconocen sin embargo que serán necesarios varios años más para que los scouts afganos obtengan de nuevo un reconocimiento internacional.

“Hemos empezado de cero y hemos conseguido progresos innegables. Pero es necesario perseverar para conseguir un nivel satisfactorio.” afirma M.Hamkar. “Estamos dispuestos, vamos a conseguirlo.”

Fuente: rtl.be y página facebook de los Afghan Scouts.

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