Relatos distópicos. Manuel, el pescador (7)

Para huir de los vigilantes los huemules deciden alejarse de los prolijos campos  hacia la zona donde se veían muchos árboles de fondo. Al llegar al lugar se encuentran con un paisaje asombroso… una enorme cantidad de agua en movimiento, pájaros volando y nuevamente esa mezcla de olores que no podían clasificar.
rio caudaloso
–         Kemal. ¡marchemos río arriba… si es que esto es un río!

A medida que avanzaban compartían no solo sus temores sino aquello que le provocaba sorpresa.

–         Maximiliam ¿viste cómo se siente la textura del tronco? ¡nada que ver con la interfaz neural!

–         Ruben. Cierto, nada que ver… de hecho me arde mucho la mano porque creo que las hojas que estuve investigando son las llamadas ortigas

–         Sacha ¡Nooooooooo!

–         Todos. Ja ja  ja ja

–         Sacha. Se acerca la tarde… tenemos que ver cómo vamos a pasar la noche porque luego tenemos que volver a Ciudad Centro y contactar a Joao a ver si nos puede solucionar el problema con la Policía Corporativa que hace negocios con el papa.

De pronto, unos cien metros más adelante observan que alguien se acercaba al río. Se ocultan. Un anciano con mucha tranquilidad toma una vara, le coloca unos artefactos que tenía y lanza algo hacia el río, para luego sentarse con la vara en la mano. Luego de deliberar entre ellos deciden acercarse.

–         Sacha. ¡Hola!

–         Anciano. Hola ¿Quiénes son ustedes? ¿están perdidos?

–         Sacha. Salimos de Ciudad Centro a ver cómo era fuera.

–         Anciano. ¡Ah! ¿buscando problemas con la Policía Corporativa? Jaja ¿cómo hicieron para salir?

–         Sacha. Por los túneles.

–         Anciano. Me llamo Manuel, y vine a pescar algo para la cena… cuando el río está calmo, al atardecer, suelen salir buenas presas.

–         Maximiliam ¿eso que hace es pescar?

–         Manuel. Si… ¿nunca lo habían hecho?… si no están apurados les presto una caña, pueden probar una comida que no sea sintética y quizás les guste

–         Piero ¡Buenísimo!

Los huemules se sientan cerca de Manuel y siguiendo sus indicaciones quedan hipnotizados esperando que la boya de la caña se mueva, con tal suerte que a los diez minutos se hunde anunciando que un pez había mordido. El corazón de Piero latía muy rápido y poco a poco fue recogiendo la línea de pesca hacia la orilla.

–         Ruben. ¡Yo lo agarro!

–         Manuel. Con cuidado, que no se corte la línea.

–         Kemal ¡lo tengo! ¡uy! ¡parece jabón!

Fueron necesarios tres huemules para inmovilizar al pez, el problema era quien lo mataba.

–         Manuel. Lo van a comer, mátenlo… así sufre porque no puede respirar. Háganlo rápido y agradezcan a Dios que hoy tienen alimento, porque sólo se pesca para alimentarse y se devuelve al río aquello que no se va a comer. Si no tienen donde pasar la noche pueden venir a mi casa, vivo con mi nieto Pepe y seguramente va a ponerse contento porque tendría con quien charlar y compartir la comida.

–         Huemules ¡Gracias!

En el camino a la casa Manuel les contó que cuando era joven había participado en la construcción de Ciudad Centro como Ingeniero en Sistemas de Computación. Al producirse el desplazamiento del sistema democrático hacia la actual Corporocracia, por sus ideas políticas fue expulsado de la ciudad y se radicó en el río.

–         Manuel. En esa época se impuso el pensamiento de que los políticos no servían para gobernar porque había que entender a los países como empresas, por ende los empresarios debían gobernar. Las grandes empresas no tenían países, se llamaban “multinacionales” porque de acuerdo a sus intereses estaban en un país o en otro para maximizar sus beneficios. En función de tratados se eliminan los regímenes democráticos donde se elegían personas en función de cómo pensaban debían ser los países regulando a las grandes empresas y se dio lugar a constituciones nacionales donde los gobiernos se conformaban a partir de representantes de las corporaciones, a eso se lo denominó Congreso Corporocrático que comenzó a legislar a favor de quitar las regulaciones al trabajo y a ocuparse de cada aspecto de la vida de las personas. Reformularon la historia de la humanidad en función de sus intereses, eliminaron los libros de formato papel y decidieron qué se publicaba y que no en la grandes bibliotecas corporativas convirtiendo lo no aprobado por ellos en delito, Chicosoft creó un sistema educativo por condicionamiento que enseñaba a partir de los 5 años qué sentir y pensar, delineando el actual sistema social de castas de Ciudad Centro donde viven los CEOs, mandos intermedios,  jerárquicos y calificados; mientras que fuera de Ciudad Centro viven los obreros y los “desenlazados” que son desempleados, enfermos mentales y aquellos que se consideran peligrosos por sus ideas sociales que cuestionan la Corporocracia… Fuera de Ciudad Centro cada uno se la arregla como pude; anteriormente el sistema democrático con sus errores permitía que todos estén incluidos, tuvieran derechos que los Estados debían garantizar, pudieran estudiar lo que quisieran y al no haber castas las personas tenían las mismas oportunidades tanto de estar en la parte baja de lo social como en la parte alta. La salud incluso para los más enfermos eran atendida por el Estado Democrático… actualmente en Ciudad Centro el promedio de vida es 90 años y fuera de Ciudad Centro de 60 años por la imposibilidad de acceso a la salud.

–         Sacha. Pero si Usted estuvo en el diseño ¿por qué lo expulsaron?

–         Manuel. Porque el sistema lo habíamos diseñado para incluir a todas las personas y no para que solo un grupo se beneficie, y eso para las corporaciones implicaba desembolsos de dinero que consideraban injustos.

–         Sacha. A nosotros nos enseñan otra cosa…

–         Manuel. Claro… lo hacen las computadoras de Chicosoft porque al no necesitar maestros, los programas corporativos determinan qué se tiene que saber y qué no… bueno llegamos a casa… Pepe va a estar contento.

En casa de Manuel conocieron a Pepe, que era Hacker. Como Manuel había diseñado los sistemas de Ciudad Centro tenía acceso a puertas secretas de los programas. Usando sus habilidades Pepe quitó a los huemules de la lista de los “buscados” y los ubicó en actividad presencial de la Organización Scout dándoles una semana para recorrer las afueras de Ciudad Centro. En honor a los invitados Manuel decide cocinar fuera de la casa y después de la cena los junta alrededor de un fuego donde le cuenta historias de otros tiempos.

–         Manuel. Bueno muchachos… les voy a dar algo que les va a servir para estos días de recorrida

Saca de su Bolso un ejemplar de un libro en formato de papel, bastante maltrecho por su uso.

–         Sacha. ¡¡Es escultismo para muchachos!!  ¡¡Mi abuelo lo tiene escondido!! ¿¿Usted fue scout??

–         Manuel. Si Sacha… quizás por eso hoy me encuentro fuera de Ciudad Centro jajaja. No te lo había dicho pero fui Scout con tu abuelo; con él y los miembros de mi vieja patrulla nos comunicamos por las viejas radios de frecuencia en código morse, que se dejó de usar a fines del siglo XX; la corporación no prestas atención a esas comunicaciones. El me avisó que le parecía que se habían escapado y decidí vigilarlos. No les dije nada para que pudieran sentir por sí mismos algo de la aventura. Como escaparon sería bueno hacer un raid  aprovechando que para cada una de sus familias ustedes estarán todo el tiempo en la Organización Scout haciendo actividades y cursos presenciales.

Huemules ¿¿raid real?? ¡¡Buenísimo!!

Pepe se acercó con una guitarra y a la luz de la luna les enseñó viejas canciones que los scouts cantaban en sus fogatas…

Manuel trajo mantas para que pudieran pasar su primer noche bajo los estrellas.

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1 Respuestas a “Relatos distópicos. Manuel, el pescador (7)”


  • “Manuel trajo mantas para que pudieran pasar su primer noche bajo los estrellas”… El universo distópico roza el nuestro 😉

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