Relatos distópicos. En el borde de la ciudad (4)

Llegó el día “D”… con la excusa de realizar una actividad presencial los Huemules se juntan en la estación para dirigirse hacia los bordes de ciudad Centro. Un poco de agua y comida sintética bastará para realizar la excursión, total ¿qué puede pasarles?. La zona no se encontraba prohibida y la Policía Corporativa sólo pedía circular con precaución sin establecer contacto con los desenlazados.

muro cuento (1)

Al bajar en la última estación del tren fueron sorprendidos por lo antiguo del lugar. Pantallas gigantes en edificios, flechas iluminadas que indicaban sentidos de circulación y algunos vehículos pequeños con ruedas que circulaban por las calles. Llegaron al límite de la ciudad y se encontraron con un muro de unos 30 metros de altura que se alzaba como divisoria de la ciudad y el campo percatándose del domo gigantesco que cubría la ciudad, algo que nunca habían visto. La única puerta que permitía atravesar el muro estaba custodiada por la Policía Corporativa… sobre ella un cartel luminoso anunciaba claramente “prohibido el paso a los habitantes de ciudad Centro”.

Con gran frustración Kemal invita a sus compañeros a ir a la plaza y comer allí, disfrutando del día.

Una vez relajados y mientras Sacha contaba las historia que había leído en el libro del abuelo, se acercó un muchacho de su edad y les dijo

–         Estuve escuchando lo que contaban ¿Ustedes también estuvieron en el exterior?

Los huemules se miraron unos a otro, se dieron vuelta para preguntar a solo voz

–         ¡¿estuviste en el exterior?!

La respuesta no se hizo esperar…

–         Sí… salgo siempre con mi papá para buscar fruta natural que vende en el mercado negro… la Policía Corporativa no nos dice nada porque esos productos van para los mandos intermedios del Gobierno Corporativo, que incluyen a los Sheriff de cada departamento…

–         ¿Y por dónde salen? Preguntó Kemal

–         Por los túneles del viejo tren que andaba por debajo de la tierra. Cuando construyeron la ciudad Centro dejaron uno de ellos como posibilidad de escape si la tecnología corporativa no funcionaba en el arranque de la ciudad… luego quedó olvidado.

Los Huemules un poco por asombro y otro por curiosidad lo invitaron a compartir la comida y Joao –asi se llamaba el muchacho- aceptó con gusto y comenzó a contarles cómo era el exterior.

–         Afuera del domo hace frío y hace calor, a veces llueve pero no es para mojar las plantas como sucede aquí, llueve muchísmo y el agua de los arroyos cercanos a la ciudad crece. El cielo es distinto, tiene otro color y el aire está lleno de olores. Si bien están los campos de la corporación, los desenlazados tienen pequeñas comunidades ocultas donde siembran y cosechan con semillas no autorizadas, lo mismo sucede con los animales que si bien son parecidos ¡no son todos iguales!

Piero, que siempre se mantiene atento a lo que pasa a su alrededor y muy pocas veces habla dijo

–         ¿Cómo hacemos para salir?

–         Maximiliam contesta ¡Pará Piero! ¡está prohibido!

–         ¿y quién se enteraría si salimos por los túneles? Nuestras familias piensan que el fin de semana estamos en la actividad presencial…

Dudaron todos pero se tentaron… nadie quería echarse atrás aunque el temor se apoderaba de ellos.

–         Si quieren los acompaño por los túneles… hay que conocerlos bien y ser cuidadosos… una vez en el exterior les  doy un viejo GPS que se carga con energía solar, porque si les descargo el plano en algún dispositivo de la Corporación suena la alarma y los pueden localizar ¿están de acuerdo?

–         Siiiiiii… (respondieron)

 

–         Entonces… en marcha!

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