Relatos distópicos. Sacha, el scout-ball, el abuelo y el libro de papel (2)

Sacha aguarda el sábado con gran ansiedad, es el Gran Día en que comienza el torneo distrital de Scout Ball y los Huemules se tienen mucha fe. Han practicado muchísimo para este duro primer encuentro en el que debutarán jugando contra los Castores del barrio Eco-parque, situado en el sector jerarquizado de la comunidad.

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Según lo conversado previamente Maximilian y Piero jugarán de torres defensivas en los bordes del arco, mientras Kemal lo hará por el medio, Ruben y Sacha estarán arriba uno por izquierda el otro por derecha. Como estrategia de juego las Torres no pasarían la mitad de cancha mientras Kemal, haciendo uso de sus habilidades, trataría de acercarles el balón a sus compañeros o mandarse entre las torres de los Castores.

El partido está por comenzar. Los equipos forman una fila india al costado de la línea central. Sacha observa preocupado el estado físico de los adversarios… se los ve altos, fuertes y con una contextura física envidiable. Al lanzar la pelota la toman los Castores con un gran salto del número 9 y comienza el juego. Son muy habilidosos por lo que Kemal decide replegar el equipo detrás de la línea media para hacer uso de la rapidez para el contragolpe. Reciben aliento del público pero la velocidad de los pases de los Castores le ocasiona un serio problema.

No pasó mucho tiempo para que el número 7 del equipo contrario saltara por encima de las torres para apoyar la pelota en la línea obteniendo su primer punto. El partido es francamente desparejo aunque es enorme la garra de los Huemules que con una jugada descollante de Kemal logran distraer y eludir la defensa para que Maximilian reciba la pelota en una posición inmejorable, donde convierte el punto del empate logrando el aplauso entusiasta de los miembros del grupo que decidieron estar en la tribuna.

Luego de los dos tiempos de 20 minutos el resultado es imposible de remontar… finalmente el 14 a 2 a favor de los Castores es un trago amargo para la patrulla que opta solo por saludarse y decir “en la próxima ganamos”. Sacha se desconecta de la interfaz neural y se dirige al living, allí lo espera su abuelo José quien lo había alentado a hacerse scout.

– ¿Cómo les fue?

– Mal abuelo… perdimos 14 a 2, los Castores nos destrozaron, es imposible jugar contra ellos

– ¿Por qué?

– Son del Eco Barrio y todos tienen afiliación Premiun, la mayoría de nosotros tiene la básica menos Kemal que el padre es Ingeniero en Energía y puede pagarle además  de la Premiun y algún bono.

– ¿Qué es eso de la Premium y los bonus? –pregunta el abuelo-

– Abuelo… vos siempre me dijiste que el escultismo busca eliminar la discriminación… bueno, vos te afilias y con la Premium elegís las características físicas de tu cuerpo, lo que permite que todos los niños y jóvenes puedan realizar las actividades que propone el movimiento.

– ¿y los bonos?

– Los bonus se compran aparte con la Tarjeta Scout. Kemal tiene Bonus de habilidad pero los Castores como todos tienen dinero pudieron comprarse bonus de Habilidad, Velocidad, Rapidez y Salto… de ahí que se hace difícil ganarles

– O sea que les ganaron porque tienen más dinero – dice el abuelo-

– ¿?

– Habría que ver qué sucedería si cada uno jugara con el cuerpo propio ¿no Sacha?

– ¿Pero qué decís abuelo? Eso no es igualitario, imaginate que pasa con los niños y jóvenes que tienen problemas motores y con los gordos! Si te escucha el dirigente te acusaría al instituto de discriminación

– No sé Sacha… a mi me parece que jugar con un cuerpo imaginario solo hace que el juego sea imaginario y en vez de que cada uno pueda hacer las mejores cosas con el cuerpo que tiene, al que debe cuidar, lo que le llaman “igualitario” depende del dinero de cada uno ¿o acaso vos no decías que a los Castores era imposible ganarle porque todos eran Premium o podían comprar Bonus? ¿acaso todos tienen problemas motores?

Se hizo un profundo silencio, Sacha no sabía qué decir… lo que pensaba el abuelo José parecía tener cierta lógica.

– Aguardame un momento – dice el abuelo-

José se dirige al fondo de la casa, abre un Baúl y luego de revolver un rato obtiene lo que buscaba… un libro. Se acerca a Sacha y se lo entrega

– Abuelo ¡¿Qué haces con un libro en formato papel?! ¡¿No sabés que están prohibidos?!

– Si Sacha pero no encuentro otra forma de explicarte cómo eran mis épocas de scout, donde existía imaginación pero había que usar el cuerpo, por eso me interesaría que leas el Libro con el que comenzó todo, “Escultismo para Muchachos” de Baden Powell… allí vas a encontrar fantasía y aventura, pero de la real, no la de la maquinita con la que se hacen actividades…

– Pero abuelo, si se entera mi dirigente y te denuncia la policía puede venir a registra la casa y vas a meter en problemas a papá y mamá, y a vos te van a castigar reduciéndote los créditos de salud y alimentación!

– Nadie tiene por qué enterarse…

Sacha se dirigió a su habitación, guardó el libro dentro de su armario… el enigma se hizo insoportable y al acostarse decidió ver de qué se trataba… cuando todos dormían comenzó a leer:

“Yo me imagino que todo muchacho desea ayudar a su país de una u otra manera. Un medio fácil de conseguirlo es hacerse Scout. Como sabéis, se llama Scout a todo soldado escogido por su inteligencia y su valor y al que se le encarga, en tiempo de guerra, de preceder al ejército para descubrir al enemigo y proporcionar al mando las informaciones de cuanto ha sabido ver. Pero además de Scouts de guerra, hay también Scouts de paz, hombres que en tiempo de paz hacen una labor que exige las mismas condiciones de habilidad. Los tramperos de América del Norte, los colonos de América del Sur, los Cazadores de África Central, los descubridores, los colonos, los exploradores de las tierras vírgenes, los misioneros de Asia y de todas las partes del mundo, los hombres de los bosques australianos, los alguaciles del noroeste de Canadá y del Africa del sur y tantos otros, son exploradores pacíficos, hombres en toda la extensión de la palabra, curtidos en las artes del explorador, sabiendo vivir en el monte, capaces de encontrar siempre su camino y sabiendo descubrir e interpretar los rastros y las huellas. Saben cuidar de su salud sin tener que recurrir al médico, son fuertes y osados, prontos a hacer frente al peligro y siempre dispuestos a prestarse auxilio mutuamente. Están habituados a tener la vida en sus manos y a darla generosamente si el bien de su país hiciere preciso este sacrificio…”

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