Eduardo Missoni: El Movimiento Scout es caminar juntos y superar todas las diferencias

En las últimas décadas hemos sido testigos de la aceleración del proceso de globalización, que se entiende como la creciente interconexión y la interdependencia de los pueblos más allá de cualquier barrera geográfica y político administrativa. Se trata de un proceso que por un lado ha creado muchas oportunidades nuevas, y por el otro está acompañado por la aparición de retos sin precedentes. No se puede escapar de la creciente desigualdad social y económica, la degradación ambiental causada por los modelos insostenibles de desarrollo, las persistentes desigualdades de género, la expansión desigual de enfermedades antiguas y nuevas que se pueden prevenir, la acentuación de la intolerancia cultural, étnica, religiosa, política y las manifestaciones de discriminación de todo tipo.

Expuestos diariamente a la información sobre la evolución de la situación económica, nos arriesgamos a no darnos cuenta de una crisis más profunda, una crisis estructural del sistema. Mientras los máximos responsables de las instituciones discuten las mejores maneras de asegurar la recuperación del “crecimiento”, en realidad muy pocos de ellos se cuestionan las consecuencias sociales de la aplicación de aquel dogma económico que mide el éxito basado en el volumen de transacciones económicas. En 1968, ya Bob Kennedy llamaba la atención de sus compatriotas sobre la insuficiencia del Producto Bruto Interno (PBI) como indicador de progreso: “El PBI mide todo excepto lo que hace que la vida sea verdaderamente digna de ser vivida.” En su obra “Consumo y luego existo” Zygmund Bauman nos recuerda como la producción de todos los bienes tiene como destino final el consumo. El incentivo para facilitar la adaptación entre los consumidores potenciales y potenciales objetos de consumo ha conducido a la mercantilización de la sociedad y de todas las relaciones humanas y una economía que tiene que confiar en el exceso y el desperdicio para reproducirse. Para crecer rápidamente, el PBI es claramente esencial para que el intercambio de bienes tenga éxito, acelerando la obsolescencia, de esta manera el nuevo consumo requiere una producción constante y una producción cada vez mayor. Una economía que requiere una fuente inagotable de recursos naturales y un espacio igualmente inagotable para el vertido de residuos que produce; un modelo de desarrollo incompatible con la característica finita del planeta y de sus recursos.

Siguiendo este modelo se hace indispensable la aceleración del comercio liberándolo para este efecto de cualquier posible control de precios y reglamentación. De ahí la reducción del papel del Estado, la privatización y la liberación de los mercados promovidos por la ideología neoliberal convertida en hegemónica a nivel mundial y acompañada de la concentración de la riqueza en un número cada vez y más limitado de personas. Un reciente informe de Oxfam calcula que para fines del año el 1 % de la población mundial va a controlar el 99% de la riqueza producida por el planeta; 85 personas súper ricas poseen hoy el equivalente de lo que posee la mitad de la población mundial. Esas mismas élites que tienen el poder o por consecuencia, la agenda política mundial, refuerza de esta manera el sistema y sus inequidades.

De esta manera se ha estado progresivamente mermando los principios y las políticas de la solidaridad social, y con ello el sentido de comunidad y de cohesión social en la que gran parte del progreso humano se había construido. La Constitución de la República italiana (artículo 2) “requiere el cumplimiento de los deberes obligatorios de solidaridad política, económica y social.” Tenemos que cuestionar la coherencia con la Constitución, y el respeto de los derechos que nos recuerda, sobre nuestras acciones como ciudadanos y las de las instituciones en el desempeño de las funciones políticas, económicas, jurídicas y administrativas.

Ya el fundador del Movimiento Scout, Robert Baden-Powell, conocido por nosotros como BP, veía a los scouts como ciudadanos del mundo, ahora más que nunca, la patria de todo Scout debe ser el mundo. En un mundo enfermo de competencia y abuso de poder, son indispensables la solidaridad y la cooperación que la Promesa y la Ley Scout nos recuerdan: siempre listos para servir a los demás. El pensamiento y la acción consciente deben ir de la mano a nivel local y global para afrontar nuevos retos.

Nuestro local ya es un hecho global. El escape de las condiciones de vida cada vez más difíciles, la opresión o la propagación de los conflictos en los países de origen traen todos los años a nuestro país decenas de miles de lenguas, culturas, religiones y experiencias diversas. Ya no necesitamos asistir a un Jamboree para una interacción intercultural positiva. Todos los días en nuestras comunidades locales podemos poner en práctica esa fraternidad que el Escultismo nos debe estimular para vivirlo nosotros mismos. El ser scout de nuestras organizaciones se realiza también abriendo nuestras comunidades y nuestros grupos a las y los jóvenes de todo origen, facilitando a través de la actividad scout el encuentro entre culturas, religiones, experiencias, promoviendo el intercambio. Ofreciendo a todos y todas, cada una y cada uno con su propia diversidad, igualdad de oportunidades en todas las etapas de la trayectoria desde el ingreso al grupo, hasta la salida y el compromiso de ser líderes comunitarios.

El escultismo fue fundado a partir del encuentro de la diversidad. En la isla de Brownsea, donde se quería poner a prueba sus intuiciones pedagógicas, BP reunió a jóvenes de diferentes clases sociales, y les propuso vivir, trabajar y jugar juntos; en ese entonces, un importante desafío. En sus escritos, BP, habla a menudo sobre la superación de todas las diferencias en el escultismo, todos hermanos y hermanas de la misma familia. Amigas y amigos de todas y de todos, para los Scouts las diferencias son un patrimonio, una oportunidad de encuentro y crecimiento individual y de grupo de vivir con alegría, el primer paso para la construcción de aquel “mundo un poco mejor de como lo hemos encontrado”, para la construcción de la Paz.

Como educadores, mediante el juego, la aventura y el servicio que debemos saber combinar de la mejor manera en cada sucursal en aquella extraordinaria experiencia que es el escultismo, debemos ayudar a cada chico y chica a descubrir y desarrollar sus propios talentos. La Promesa Scout esconde el gran secreto del método y el “hacer lo mejor de mí” del texto de la Promesa es fundamental para comprenderla. Solamente la misma niña o niño, y nadie más, podrán juzgar si realmente hicieron “todo lo posible” para convertirse en un Scout. Pero es que convertirse en Scout que llevará a cabo el cumplimiento del recorrido. Ser Scout es, de hecho, algo muy diferente de hacer escultismo o participar en una actividad scout o una organización que se autodenomina scout. El ser un Scout (con “S” mayúscula), el vivir plenamente como adultos, con responsabilidad, y en toda su extensión, los valores de la Promesa y la Ley, que nos permiten ser verdaderos ciudadanos y ciudadanos del mundo, agentes del cambio y la transformación social, por una sociedad inclusiva, fundada mejor en la cooperación y la solidaridad, la aceptación y el respeto mutuo en la convivencia, la utilización cuidadosa de los recursos. Un mundo de Paz y justicia social, en paz también con el planeta y las generaciones futuras.

Discuros original en italiano, traducido por Laura Hurtado, pronunciado durante el Seminario “La Educación Scout y el reto de la multiculturalidad”. AGESCI, Región de Sicilia, Canicattì 31/01/2015.

Comparte con otros... Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on Twitter0Print this pageEmail this to someone

0 Respuesta a “Eduardo Missoni: El Movimiento Scout es caminar juntos y superar todas las diferencias”


  • Ningún Comentario

Añade un Comentario