Dejar caer

Este no es un escrito teórico. Es la reflexión de un padre de un adolescente al que su grupo scout dejó caer. Dicho padre dialogó constructivamente con el jefe de rama, ayudantes y el jefe de grupo durante todo el proceso, respetando la responsabilidad de los dirigentes, señalando lo que consideraba la repetición de los malos haceres que no tenían en cuenta a su hijo, sin tener pretensión de verdad… solo queria que su hijo pueda bien – estar en el escultismo. La respuesta final fue “no es para los scouts, deja de insistir”. Hoy, tres años después, en otro grupo scout al que eligió ir porque se lo respetaba en su forma de ser, está por hacer su pase a Rover… no hubo ni hay presión de la familia para que vaya a los scouts, es un lugar donde el se siente bien, contenido y con amigos…  un acto como respuesta a la falta de pregunta de quienes eran responsables de que este chico (y otros) puedan vivir el escultismo.

Hay que tener valentía para preguntarse por qué se van los chicos de los grupos scouts en la adolescencia… y actuar en consecuencia a las respuestas que encontramos

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Dejar caer a un niño/adolescente no es lo mismo que el niño/adolescente  decida caerse… simplemente porque no es lo mismo soltar que soltarse.

            Dejar caer a un niño/adolescente es un acto, no  un discurso.

Cuando se deja caer a un niño/adolescente importan poco las palabras del dirigente/educador; es un acto donde el decir verdadero está en huelga constituyéndose un espacio de blablabla carente de sentido y significación.

El acto de dejar caer tiene consecuencias para quien cayó, y dice mucho de quien soltó la mano, poco de quien cayó.

En escultismo, dejar caer a los niños y jóvenes que concurren a los grupos es un acto que revela la contradicción existente en quienes dicen a los padres que “el sentido del grupo son los chicos”, ubicándose como poseedores de una ética que al poco tiempo  es contradecida por actos lejanos a ella.

Para el que cae, el acto nunca es sin consecuencias, el que suelta la mano y no tiene la capacidad de cuestionarse sigue adelante, para él nada ha cambiado, por eso seguirá soltando de la mano una y otra vez, dada su incapacidad de aprender y corregir el error.

Si quien deja caer se da cuenta de su acto y aún así no hace nada para remediar el error, no se trata de un problema del mal-hacer sino de una ética del mal-ser… el mal hacer – cuando no implica un daño irreparable o la muerte-, siempre da la chance de que al entender el error, se pueda responder (dar respuesta) haciendo todo lo posible para enmendarlo. Esa es la conducta ética esperable de un buen- ser, que va de la mano de una Buena Práctica en el escultismo. El mal – hacer tiene consecuencias, una de ellas es que los niños/adolescentes se suelten, dejen el grupo y busquen otras cosas donde poder alojarse y alojar aquello que es propio de cada uno. El mal – hacer no implica un mal – ser del dirigente/educador.

El mal – hacer está del lado del error, del desconocimiento, de la dificultad y denuncia la falta de acompañamiento para la tarea por parte del Concejo de Grupo y del Jefe de Grupo. Detectado el mal – hacer es responsabilidad del Jefe de Grupo ver de qué manera soluciona el problema que se plantea, sea por la vía del Distrito, la formación o el acompañamiento. El mal-hacer eleva el índice de rotación en las ramas porque los chicos ingresan y se van porque no encuentran atractivos en el quedarse, entonces se entra en un ciclo de deserciones y de ingresos que a veces se disimula con el número de chicos (sin aclarar que los de comienzo del año son distintos a los de fin de año, esto debido a los abandonos y los ingresos). No es condenable en sí que los grupos tengan ciclos en donde a veces el hacer sea muy bueno y a veces no, el tiempo voluntario que cada dirigente/educador ofrece no solo debe ser respetado sino también reconocido, sin que ello sea excusa o justificación para continuar mal-haciendo.

Si los chicos se sueltan por un mal – hacer, si bien existe una responsabilidad de los grupos scouts no es de la misma gravedad que si se los deja caer. No es cuestionable que los niños/adolescentes hagan uso de su libertad de elegir, no hay daño para ellos en su decisión de irse porque la propuesta no le es atractiva… el grupo scout evaluara su mal hacer y trabajará para mejorar su propuesta .

En cambio si a los niños/adolescentes se les suelta la mano, se los deja caer, nos encontramos lisa y llanamente con un maltrato institucional hacia los participantes del juego, y esto es una cuestión ética que no es menor, ya que implica que quienes ocupan el lugar de educadores no están a la altura de su función. Un mal – hacer se soluciona con capacitación y ganas, en cambio no hay un curso ni justificación que solucione un mal – ser y sus efectos no son abandono por aburrimiento, sino abandono por exclusión o discriminación

Me entristece ver cuando se deja caer a un niño/adolescente ¿a ustedes no?

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