Las armas y los chicos. El debate.

niño armaEspanto. Es lo que nos causan las armas en manos de los chiquillos.

Y uno de los muchos ejemplos lo tuvimos hace poco bien presente en nuestros informativos. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y como siempre la red se hizo eco de ello, mostrándonos de paso y bien a las claras lo morboso que es el ser humano.

Me estoy refiriendo a la muerte del instructor de tiro al que una niña de 9 años le vuela la cabeza por accidente.

Me horroriza ponerme en la piel de la familia del fallecido pero sobre todo en la de la pobre chiquilla que va a quedar marcada de por vida.

¿En qué pensaban sus padres?   ¿Qué pretendían al enseñarle a disparar semejante artefacto?  ¿Era necesario este final para aprender la lección?

No.

Y yo nunca he sido un obseso de la seguridad. De hecho pienso que uno de los males de estos tiempos es la sobreprotección pero algunas cosas claman al cielo.

Reconozco que a todos los muchachos les atrae el arte de la cacería, que jugar a pistoleros con armas de juguete es divertido y  que los deportes de tiro son muy emocionantes (somos cazadores y lo llevamos en el ADN). Sólo pido un poco de sentido común.

Cuando era chavalín nos divertíamos fabricando tirachinas, cerbatanas o escopetas de gomas. Era una satisfacción conseguir que de tus manos saliesen instrumentos capaces de arrojar algo a distancia como por arte de magia.

tirachinas maderaLuego nos entreteníamos disparando a todos los blancos posibles, desde latas a botellas y sí, en aquella época a algún que otro gorrión, aunque con aquellas armas jamás pudiera darle a ninguno.

Mis mayores nunca me lo prohibieron. Era habitual entonces, así que tan sólo me advirtieron del peligro que tenía utilizarlo contra alguien y que no lo hiciese: “¡puedes sacarle un ojo!”. Ante tal imagen no hacía falta más.tirachinas

Luego, ya más crecidito, mi abuelo me llevaba a las barracas de tiro de la feria, donde por una moneda podías tirar con carabina de aire comprimido y tratar de conseguir tu premio. Con el tiempo tendría mi propia escopeta de perdigones en casa para utilizarla en ocasiones concretas, en el espacio y con las dianas adecuados.

Y es que los instrumentos en sí no son el peligro, sino el uso inadecuado que se haga de ellos. La educación y el civismo se revelan entonces como imprescindibles.

escopeta de gomasDe hecho no hace falta ninguna escopeta para hacer daño. Una pedrada, un simple palo o un puñetazo consiguen el mismo efecto sin herramienta compleja de por medio.

Son la educación y los valores que imprimimos a nuestros chavales los que marcan la diferencia.

Todo tiene su momento, marcado por la madurez, por la capacidad física y mental de aquel que debe aprender.

Por eso llevar a una niña de 9 años a disparar un arma de fuego automática y de ese calibre es absurdo, ilógico y temerario. Incluso en una sociedad claramente pro-armamentista como la norteamericana.

1306581362483_gregorio_20110527_205527El debate de la utilización de las armas siempre ha estado ahí.

Es obvio que la disponibilidad de ellas conlleva un gran riesgo. Exige una gran responsabilidad y un gran autocontrol, cosa para la que muchas personas no están preparadas.

Para nosotros (al menos en España) resulta inimaginable ese gusto. El acceso a cualquier tipo de arma de fuego aquí es muy limitado.

Nos parece obvio que la posesión de las mismas aumenta proporcionalmente el riesgo de accidentes y también de muertes.

Según los estudios tener un arma en casa triplica el riesgo de esos accidentes, debido principalmente a que los pequeños les pierden el miedo y lo ven como algo positivo, sin las que no se encontrarían seguros y que además serán la solución a sus problemas.

Aun así, resulta interesante ver las estadísticas (estas son de 2012) para darse cuenta de lo que comentaba antes: NO SON TANTO LAS ARMAS COMO QUIEN LAS MANEJA.

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Y la prueba es que los países nórdicos europeos tienen un porcentaje alto de la población que posee armas y sin embargo el número de homicidios por las mismas es bastante bajo. De hecho, y según podemos ver, Noruega triplica el número de armas de España y sin embargo tiene la mitad de muertos por las mismas.

Resulta interesante echarle un vistazo a la tabla (basta pulsar sobre la imagen) y sacar nuestras propias conclusiones.

Aún así los datos son demoledores: en los EEUU mueren cada día 13 chicos en accidentes con armas de fuego. El 50% en sus propios hogares, y otro 38% en casa de familiares o amigos. Y eso son cifras inaceptables que denotan que algo anda mal en dicha sociedad.

Y quería traer este tema al blog para dar pie a comentar uno de los programas que poseen los scouts norteamericanos: el programa de tiro.

Pero como  me he extendido un tanto…os lo contaré el próximo dí

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1 Respuestas a “Las armas y los chicos. El debate.”


  • Es cierto eso que escribiste “NO SON TANTO LAS ARMAS COMO QUIEN LAS MANEJA”

    Acá en Argentina (no sé de donde son) tenemos un dicho “las armas las carga el diablo (y las descarga un estúpido)”

    Yo me preguntaría si es necesario que un niño /adolescente en un entorno determinado aprenda a manejar un dispositivo en particular con seguridad… si es parte de la cultura del lugar o tiene una utilidad para la actividad del grupo no sería malo que lo haga (vamos, un hacha es muy peligrosa si no se toman en cuenta las medidas de seguridad correspondientes y si no se la usa para lo que fué creada)

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