Crisis en los BSA

¡¡¡Crisis!!!

Qué palabra más terrible… ¿o no? Especialmente porque se suele asociar a declive.

Solemos darle una connotación negativa pero en realidad sólo se refiere a una coyuntura de cambios. Cambios que son la respuesta adaptativa a una nueva realidad y por lo tanto son absolutamente necesarios para sobrevivir, aunque siempre conlleven un cierto trauma y mucho debate.

BoyScouts Os hablé el pasado día del que se desarrolla en el seno de los BSA acerca de la homosexualidad en sus miembros adultos. Como consecuencia algunos han decidido abandonar el barco y tratar de hacer su camino por su cuenta en otras asociaciones.

De hecho, la revista Time se hacía eco a mediados de febrero del descenso del 6% en el número de scouts desde que se cambió la política del veto a todo miembro homosexual adulto.
Los más catastrofistas argumentan con ello “el principio del fin del escultismo norteamericano“.

Ahora bien, pensar que este descenso obedece únicamente a este factor creo que es erróneo.

Además, viene siendo habitual en los BSA desde primeros de los años 90 y sobre todo a partir del 2003. Los tiempos de esplendor pasaron a la historia y quizá para no regresar jamás.

Y para ilustrar este descenso nada mejor que echar un vistazo a un resumen de las cifras oficiales:

tabla final2

bshb8aNo deja de ser curioso que en los años 60, cuando los scouts británicos estaban con sus modificaciones estructurales del APR (que ya vimos en otro artículo), los norteamericanos iban como un tiro, utilizando el esquema tradicional bajo la influencia de los manuales de Bill Hillcourt.

Cuando las corrientes renovadoras intentaron copiar elementos del Reino Unido y dieron lugar en 1972 a su “programa mejorado” (con nuevo manual en el que se omitió por vez primera la palabra “boy”, pasando a “scout handbook”), dejando de lado materias tradicionales como mapas, rastreo, pistas, señalización, amarres, orientación sin brújula, o fuego sin cerillas, y pasaron a poner su atención en aspectos más de ciudadanía como el abuso de drogas, problemas comunitarios, medioambientales, cuidado de menores o finanzas…el resultado es evidente (esto ya lo comenté en un artículo del foro que recomiendo).

Hubieron de llamar de nuevo a “Green Bar” Bill (Hillcourt) para que confeccionase un nuevo manual basado en las premisas tradicionales. El nuevo Boy Scout Handbook se publicó en 1979  y durará hasta los años 90, suponiendo un pequeño respiro aunque nunca se recuperarían las cifras.  bshb9b

También resalta en la tabla el incremento que sufren las unidades menores a mediados de los 80, pero la explicación es bien sencilla. El programa Tiger, que equivale a los Castores, entró en acción y los más pequeños entraron en masa en el movimiento.

Lo mismo podemos decir del incremento del programa Explorer (chicos de 14 a 21 años que después pasarían a ser Venture, aunque no equivalen a Rover ni a Esculta, pues en los Boy Scouts los chicos de lo que aquí es “tropa” pueden permanecer hasta los 17. Se trata de un programa alternativo).

Además de incluir a los Scouts marinos, comenzarían a trabajar en la coeducación (sí, existen chicas en los BSA a partir de los 14 en estas unidades) y orientarían su actividad a una formación específica a las futuras carreras profesionales, especialmente en los años 80, con seminarios en los Institutos por parte de oradores apropiados.

Todo ello supuso un crecimiento exponencial de esta rama, que se diluiría en el tiempo con la aparición de programas académicos específicos y el nacimiento de otra sección patrocinada por los BSA pero no propiamente de funcionamiento escultista:  Learning for Life, que no computa en las cifras oficiales.

A partir de los 90 por tanto, se aprecia un gran declive en las cifras de esta sección. Tened en cuenta que en 1999 el número de chicos en esta rama rondaba una cifra escandalosa:  1.200.000.

En la actualidad vemos que el número aproximado de jóvenes en los scouts norteamericanos ronda los 2.500.000, a los que podemos añadir un millón de adultos.

ballooAsí pues, si tenemos en cuenta el crecimiento de la población (han pasado de 203 millones en 1970 a 316 en 2014), el declive proporcional en las cifras es más que evidente.

Las causas por supuesto son múltiples. Centrarlo sólo en el problema del veto a los homosexuales, a los agnósticos, o a las chicas en las unidades clásicas, es quedarse muy corto.

El propio desarrollo de la sociedad moderna, más consumista, egoísta y pudiente (los chavales disponen de mucho dinero comparados con los de los 70), donde los chicos tienen un programa de actividades extraescolares enorme, la sobre-protección paterna, una verdadera adicción a las nuevas tecnologías y unos chicos que son capaces de comunicarse y organizarse de manera rápida e independiente debido a dichas tecnologías, son quizá factores de capital importancia en dicho descenso.

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