¿Fueron útiles los cambios en el escultismo? 4ª Parte

cambios (1)Cambiar por cambiar es un absurdo.

Es obvio que todo evoluciona y que el escultismo también debe hacerlo, y de hecho siempre lo ha hecho.

Debe hacerlo para mejorar siempre y debe hacerlo para adaptarse a nuevas condiciones.

La pregunta del millón es ¿qué se debe cambiar y qué no?

Realmente ¿cuáles son esas nuevas condiciones?

Más población, más avances tecnológicos, mayor cobertura social, más sanidad, mejores comunicaciones, más control por parte de la administración de todo tipo de actividades, más seguridad, más poder adquisitivo, más individualismo, más egoísmo.

Y bien. ¿En qué afecta ello al juego?

En realidad, por las características propias del mismo (tal y como vimos en el artículo anterior), no en gran cosa, porque su base se ancla en algo con poca variación.

Es como si queremos jugar a los piratas. Evidentemente pondremos reglas de seguridad para que los chiquillos no se saquen un ojo con sus espadas de plástico, o utilizaremos mejores materiales para los disfraces y un equipo de monitores preparados para ayudar a ambientar…pero sigue siendo el mismo juego. No caben muchas variaciones.

hofferEntonces… ¿Realmente hemos cambiado tanto?

Pues la verdad es que en casi todo lo esencial NO.

¿Es más difícil lidiar con los jóvenes de ahora?

No. Simplemente disponen de más opciones y nuestra obligación es darles una posibilidad diferente mediante el escultismo.

Los dirigentes del Black Paper decían:

Si el escultismo es difícil ahora, si no atrae al chico de hoy, no es por culpa de él, sino de los que lo desarrollan”.

Y pienso que esa frase es aplicable a todas las épocas y probablemente sea el punto clave del por qué del declive en cifras.

Dotar a los scouters de habilidades y herramientas para que sean capaces de inspirar el juego del escultismo y desarrollarlo con todo su potencial se revela como fundamental. Antes y ahora.

A veces nos fijamos tanto en que la nueva generación de responsables tenga una preparación psico-pedagógica, que se ciña tanto a las regulaciones y a las programaciones, que olvidamos que lo verdaderamente importante es que dicho responsable sea capaz de atraer y motivar a un grupo de jóvenes y hacerlos participar. Y sí, lo puede hacer cualquiera, relacionado o no con el mundo del escultismo con anterioridad, si bien es cierto que aquel que conoce el juego desde dentro siempre tendrá ventaja a la hora de jugarlo.

Pero hoy día creo apreciar que tenemos muchos responsables que carecen de la imaginación  necesaria, para los cuales el romanticismo ha muerto y para quienes la aventura es algo menos importante que la eficiencia. Y cuando digo aventura me refiero a desarrollar el marco del modo adecuado. Debemos meternos de lleno en el mundo de fantasía de los exploradores, del acecho, del espionaje, de la deducción de señales, de las escaramuzas para detectar a la patrulla rival…01 cosas que hoy día pueden incluso llamar más la atención porque nadie más las ofrece.

Sin embargo para algunos se trata de la búsqueda de objetivos rígidos y serios, y no se dan cuenta de que la actitud con la que se afronta la labor es la clave del éxito.

En el escultismo el entusiasmo de los scouters y demás participantes debe ir intrínsecamente relacionado con la idea, con la forma y con las ceremonias.

Y de  ahí la gran pérdida que puede suponer la ruptura con la tradición.

Por ese mismo motivo me parece importante mantener una cierta uniformidad, simbología, nomenclatura …porque le aporta al juego ese aire de romanticismo.

A mi juicio, fue ese paulatino alejamiento de esa ambientación por falta de preparación de los scouters lo que hizo que el juego resultara menos atractivo.

Y como digo fue poco a poco. Porque en mi época de scout (años 80) ya había todo tipo de actividades que competían con el escultismo. No era el pleistoceno. El vídeo, la televisión, los cines, los conciertos, los bares de copas, los salones recreativos, las consolas o los juegos de ordenador ya formaban parte de la vida de aquellos jóvenes de mediados-finales de los 80.  Y recuerdo claramente la diferencia de motivación cuando nuestro jefe de tropa era capaz de hacernos jugar del modo adecuado. Los juegos normales estaban bien pero lo que de verdad nos atraía eran aquellos juegos de exploración y actividades bien ambientadas, porque eran completamente diferentes a cualquier otra cosa que conocíamos.

Decía Baden-Powell:

El escultismo es un juego de niños, no una ciencia exacta

Sin embargo veo que esta revolución psico-pedagógica trata de cuantificar y establecer pautas para todo. Pretende que los monitores sean poco menos que especialistas en ello.

Todo para buscar la eficiencia, cuando lo único que debería importarnos es la propia progresión y la mejora de nuestros jóvenes.

(Decía en otro post nuestro amigo Búho Terco que algunos dirigentes sudamericanos dijeron con orgullo al presentar el MACPRO, que con aquel programa habían superado a BP, habría que preguntarles en qué).

Nos obsesionamos en desmenuzar nuestros objetivos como si así fuesen más fáciles de lograr. Es como pretender que analizando sintácticamente las frases que usamos fuésemos a escribir mejor. Nadie se pone a escribir pensando si estoy utilizando” una subordinada de tal o un complemento de cual”, simplemente me expreso y punto.

Con todo ello corremos el riesgo de tomar el juego demasiado en serio, como decía el fundador. Incluso creo firmemente que los propios responsables también se aburren y se cansan cuando se hace así.

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Por otra parte, con la excusa de la continua evolución, parece que estamos siempre  dispuestos a mostrar lo mucho que nos modernizamos y para ello estamos siempre dispuestos a abrazar los avances tecnológicos, pero así podemos desvirtuar el juego, pues la tecnología no ofrece la capacidad de autosuperación al enfrentarnos con el medio con nuestros propios recursos (recordemos que la idea de desenvolvernos en un medio hostil parte del reto que supone y el aprendizaje que se obtiene de dicha lucha). Incluir los avances técnicos para desarrollar otros aspectos puede resultar interesante y atractivo pero desde luego nunca como sustitutivo, tal y como ya os comenté en el artículo anterior.

Otro aspecto donde se suelen observar los cambios se refiere al método de progresión de los chavales. Se argumenta que los cambios en la progresión de los chicos son a mejor, eliminando todo rastro de competitividad y supuesto “clasismo” entre ellos.

Para ello se opta por cambiar la nomenclatura de la progresión, dándole nombres  como “Senda del compromiso”, en vez de optar por las típicas clases.

¿Por qué?

Porque se pretende que así no son competitivas.  Se huye de la competitividad como de la peste.

alfredo_vela_adaptarse_a_los_cambiosY lo considero un error porque forma parte de la naturaleza y tratar de evitarla es como ponerle puertas al mar, aparte de dejar posiblemente a los chicos en inferioridad de condiciones con aquellos que sí se haya formado en la misma. Los chicos se esfuerzan en aquello que desean y no aprecio nada malo en que adquieran ese hábito de trabajo.

Es necesario un poco de dicha competitividad, porque el mundo, la vida, es competitiva y negar eso es negar lo evidente, lo cual no quiere decir que no demos lo mejor de nosotros por poner dicha competitividad en un plano equilibrado. Pensar que las clases generan tensión y celos lo veo erróneo y si en algún caso concreto fuese así el problema estribaría más bien en un defecto a corregir. El de la envidia insana.

Por otro lado, todo chaval sabe qué es algo de 1ª clase o de 2ª clase. Su propio nombre nos indica cual es su progresión…pero  “senda del compromiso”  puede que al pedagogo de turno le resulte muy interesante, le proporcione mucha información y hable de una meta en la que se está trabajando, pero … ¿a qué le suena a un chico?

Yo te lo respondo: “a rollo comecocos” que me trago porque el tío este me dice que está bien.

Y es que al aproximarnos a los jóvenes resulta imprescindible hacerlo de un modo solapado. Porque nadie quiere ir a los scouts para “desarrollar su carácter” o “adquirir valores”.insignias_scouts1

El escultismo es una pastilla edulcorada

decía BP.

Los chicos vienen por diversión y aventura. Por emoción, no para que les enseñemos a ser buenos ciudadanos. Eso es académico, la antítesis del escultismo.

En cuanto al las exigencias mínimas que debían cumplir los chicos en relación  a las especialidades (como también os expuse otro día), ya comentaba el fundador que:

No hay standards en el escultismo salvo el del esfuerzo

Históricamente cualquier chico, torpe o no, podía conseguir sus propias metas siempre que en opinión de su scouter estuviera dando lo mejor de sí. La idea es y siempre ha sido aumentar la autoconfianza y el ánimo.

Cuando un chico aprendía algo y se le daba su insignia, con conocimientos de cosas simples pero prácticas (menos aula y muchísimo más tiempo en simulaciones, era lo que se solicitaba desde la Dirección), podía ir a casa orgulloso y enseñar su insignia a su madre. Nunca fue necesario tener los conocimientos de un especialista de la Cruz Roja.

Otros argumentan que  las insignias son prescindibles, que los chicos no las necesitan.

Qué tontería. Todos los hombres son vanidosos y les gustan los símbolos de sus logros: las copas, las medallas…todo eso son ejemplos de que funcionan.
Las insignias no han sido históricamente sino “zanahorias”, simples herramientas para que los scouters pudiesen mantener el interés de los chicos.

Al final mi conclusión es que nuestra historia ha demostrado que los cambios por sí mismos no conllevan nada especial, y también que son factibles  distintas perspectivas sobre cómo desarrollar el juego, clásicas o más modernas, siempre y cuando se basen en los cuatro pilares que el propio BP estableció y que os conté en el último artículo.

En realidad, y en definitiva, los scouters han tenido que seguir luchando semana a semana para conseguir una asistencia mínima de los chicos, las mismas excusas, la falta de tiempo, la falta de líderes, la disminución de las unidades mayores…

Hay cosas evidentes, como por ejemplo que las secciones más mayores siempre serán las más difíciles de retener. No sólo por las diversiones (y porque su autonomía es mayor) sino que la presión de los estudios y responsabilidades, los escarceos con el otro sexo y los problemas familiares aumentan exponencialmente y la cantidad de tiempo libre disminuye. Eso siempre ha sido y siempre será así.siunhuevo

También resulta evidente que aspectos como la coeducación, las normas de seguridad, o el mayor énfasis medioambiental han sido aciertos de las políticas de modernización del movimiento.

Los modernos métodos educativos pueden y deben dar pie a pequeños cambios en el programa, en la progresión e incluso en la nomenclatura. Todo ello me parece estupendo.

Eso sí, lo que  me parece desacertado es obligar a cambiar a todos porque sí. Sobre todo sin tener pruebas de que ello vaya a producir una mejora sustancial en los resultados. Dejemos implantar los nuevos métodos a aquellos que deseen probar y el mismo devenir del tiempo nos irá dictando lo más conveniente.

Porque de hecho, si lo que buscamos es aumentar las cifras…éstas parecen haber mejorado mucho, pero…

… si tenemos en cuenta que han entrado gran cantidad de chicos en las nuevas ramas de castores, que los adultos también computan en las cifras censales oficiales, el ingreso de las chicas, el gran incremento de la población mundial…pues no nos queda otra que aceptar la realidad:

No hemos ganado gran cosa en cuanto a números se refiere, aunque a simple vista parezca lo contrario.

Si contabilizamos a los veintipico millones de scouts indonesios, los más de 3 millones de indios, los casi 2 millones de filipinos y a los 3 millones de norteamericanos…el resto del mundo, salvo algunos países concretos, se queda más bien pobre de cifras.

Ahora ya que cada uno saque sus propias conclusiones.

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