Los niños etiquetados – Capítulo 2: “Considerando que la humanidad debe al niño lo mejor que puede darle”.

Cuando yo era una niña de 10 años mis padres me apuntaron a un Grupo Scout y así fue como mis primeras actividades tuvieron lugar en una Tropa Scout con unas características muy particulares, si la comparamos con las que actualmente vemos.

farfadets jugando

En primer lugar, era una de las antiguamente denominadas Tropas largas. Al no funcionar aún en España las Unidades Escultas como Secciones propiamente dichas, en las Tropas se nos integraba a todas las chicas y chicos de 11 a 17 años, edad en la que se pasaba al Clan Rover. Imaginaos las diferencias psicoevolutivas entre los miembros de este grupo de niños y adolescentes y el modo en que su Jefe Scout debía componérselas para que todos tuviésemos la oportunidad de desarrollarnos y crecer dentro del marco escultista. Aparte de esto, las niñas estábamos en una Patrulla femenina, los niños en Patrullas masculinas, lo que también genera distinciones.

Además de esta desigualdad, llamémosla natural o fisiológica, existía otra desigualdad en mi Tropa: una desigualdad social.

El Grupo Scout había nacido en el seno de una Residencia para Menores que provenían de familias desfavorecidas. En la Residencia había un poco de todo: huérfanos, abandonados, residentes temporales por motivos de trabajo de las familias y, en ocasiones, por encarcelamiento de sus padres… La creación del Grupo, de hecho, se vió como una alternativa saludable a su ocio y una buena forma de educar en un marco más recomendable que el entorno que hasta entonces habían conocido.

Estos muchachos y otros que disfrutábamos de un ambiente familiar más standarizado y que teníamos el lujo de volver a nuestras “respetables” casas tras cada actividad scout, tuvimos el privilegio de compartir un espacio y un tiempo que nos enriqueció a todos y que todos guardamos en nuestros corazones, unos como el refugio feliz de su triste infancia, otros como un lugar de diversión y diversidad donde aprender: nuestra Tropa Scout.

Quiero compartir con vosotros una anécdota de ésta que fue mi Tropa. Durante un campamento de San Jorge en el que participábamos varias Tropas Scouts de la provincia, sucedió que desaparecieron algunas herramientas de una Patrulla. Automáticamente y como algo que los Jefes debieron considerar “normal”, se señaló a nuestra Tropa como culpable, la ladrona y se nos exigió que vaciásemos nuestras mochilas en la plaza de campamento, justo ante del acto comunitario de arriada de banderas y delante de todos los participantes.

Ante la acusación injusta, nuestro Jefe, que sólo contaba con 17 años de edad y que era uno de los más jóvenes del evento, dió un paso al frente y salió en nuestra defensa: “Si mi Tropa tiene que exponer en público el contenido de sus mochilas, sugiero que lo hagamos todos, Scouts y Jefes. La dignidad de confianza es igual para todos y algo que debe presuponerse a todos. Si no es así, todos deberíamos mostrar nuestras pertenencias”.

Nosotros ya estábamos etiquetados

…y clasificados antes de llegar a esta actividad. En ningún momento se nos benefició con una presunción de inocencia. Tuvo que ser nuestro Jefe Scout, casi tan niño como nosotros, quien levantara su voz y nos defendiera, y lo hizo con una sencillez abrumadora, con la sola fuerza del sentido común y esgrimiendo su mejor espada: la Ley Scout.

En ocasiones, romper una etiqueta y terminar con una clasificación puede resultar así de simple, y está en las manos de todos nosotros, los adultos, desde todos los ámbitos en que nos movemos. Pero ser Scouters nos sitúa en una posición realmente envidiable `para luchar contra el etiquetado. Si somos capaces de hacer ver a nuestros chicos y chicas que todos merecemos respeto, un espacio propio de desarrollo y la oportunidad de ser nosotros mismos, es muy posible que comience el proceso inverso, el de desetiquetado.

He iniciado mi aportación con una frase: “Considerando que la humanidad debe al niño lo mejor que puede darle”.

Esta frase constituye el último de los cinco “considerandos” con que comienza la Declaración de los Derechos del Niño aprobada por los 78 Estados miembros de la ONU el 20 de noviembre de 1959. Es una de las ideas principales que informan dicha Declaración y que ya fue la noción central de la primera declaración de Derechos del Niño redactada en 1.924 por la Sociedad de Naciones.

Es el quinto y último de los “considerandos” y, no obstante, el que podría justificar todo el contenido y el sentido de este documento. Estamos obligados moralmente a dar a la infancia lo mejor que podemos darle. ¿Qué podemos dar los Scouters a nuestra infancia? Ejemplo, actitud, herramientas para crecer como humanos libres y respetuosos.

“El niño es reconocido universalmente como un ser humano que debe ser capaz de desarrollarse física, mental, social, moral y espiritualmente con libertad y dignidad”.

Las etiquetas impiden este propósito, coartan el desarrollo deseable de un ser humano, y lo coartan muchas veces de por vida. Las etiquetas, positivas o negativas, suponen un tipo de discriminación porque realzan un sólo aspecto de la persona y ,en ocasiones, ni siquiera, sino que hacen depender la imagen de una persona de un acto que igual cometió de forma aislada, y así, el que va más despacio es un lento, o el que un día, por azar, acertó con una respuesta es el listo.

Imagino que todos habréis leído alguna vez esta famosa Declaración de Derechos del Niño. Para los que no, o por si queréis refrescar vuestros conocimientos acerca de este tema, aquí os dejo el enlace al documento oficial en el sitio web de la ONU.

http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/RES/1386%28XIV%29

De los diez Principios que se recogen en el documento, quiero destacar el décimo:

«El niño debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar las discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole. Debe ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes»

Desde luego que el Escultismo tiene mucho que decir y mucho que aportar para el cumplimiento de esta carta de derechos, pero personalmente, pienso que el último resume muy bien nuestra labor. Y en lo que concierne al asunto de las etiquetas, impone nuestra obligación de protección como educadores y respalda al cien por cien los objetivos del Escultismo como movimiento educativo infantil y juvenil, al servicio del hombre y para la consecución de unos ciudadanos comprometidos, respetuosos y libres.

Tomo aquí prestadas algunas palabras de Naomi Aldort, autora y consejera en temas de educación infantil y parental, que aunque están referidas a los padres, bien podemos aplicarlas como consejo a nuestra tarea de Scouters.

Estamos aquí para “acompañar a una nueva alma en la experiencia de existir como ser humano”. Es nuestro trabajo velar por el proceso del desarrollo de los niños. “Es como cuidar una planta. Cuando cuidamos una flor no interferimos en su desarrollo, no la forzamos a que abra sus pétalos ni la pintamos de colores. El tipo de flor que es nos es indiferente. La cuidamos para que florezca a su ritmo y a su manera, única y magnífica. No cuidamos de la flor solo cuando florece, la cuidamos para que florezca” (…)

Eduquemos a nuestros niños para que florezcan, tal cual son, tal cual deben ser. Eduquemos además a nuestros niños para que también dejen florecer en libertad y armonía al resto del jardín que les rodea. Es un bonito arte el nuestro, un oficio casi divino.

Nos hemos comprometido a dar a nuestra infancia lo mejor que podemos darle.

Paloma Pimentel García, Akela.

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4 Respuestas a “Los niños etiquetados – Capítulo 2: “Considerando que la humanidad debe al niño lo mejor que puede darle”.”


  • Esto es quizás lo más dificil, ayudarles a ser ellos y no a ser lo que nosotros queremos que sean. Buen artículo, gracias Akela.

  • Es casi titánico el esfuerzo por no crear a nuestra imagen y semejanza. Sí, muy difícil.

  • La etiqueta muchas veces es una forma de catalogar al que es distinto… es mucho mas facil pensar en una “patología” que tomar la parte que nos compete como ciudadanos en aquello que nos toca en tanto los contextos de inclusión y de exclusión en que vivimos, y los contextos en que viven los niños y jóvenes.

    Es distinto que yo… en inteligencia, en acceso a la cultura, en algunos valores, en conductas,en formas de expresión… por ende está enfermo, debe medicarse, no es para los scouts.

    La etiqueta muchas veces sirve para valernos de un impersonal que permite excluir a quienes necesitan estar incluidos, aquellos que necesitan que alojemos su ser para que a partir de allí algo novedoso e importante para sí pueda construirse.

  • Totalmente de acuerdo. La etiqueta es la excusa impersonal, pero cuánto de su uso se debe a una voluntad de excluir y cuánto a una exclusión propiciada por la perreza que puede dar (y me refiero aquí a un equipo educativo de scouters o a un consejo de grupo) tener que ocuparse y preocuparse de una integración adecuada a cada persona. Y aquí quiero subrayar el concepto de igualdad, porque ésta no consiste en dar a todos lo mismo, sino a cada uno lo que le corresponde según su necesidad. Las necesidades que presentan los niños no son las mismas, ni siquiera aunque pueda parecernos que los niños son iguales.

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