Un viaje fascinante: Trail of 32

18487296A finales del pasado año mi buen amigo Darzee me alertó sobre la edición de un libro en los Estados Unidos llamado Trail of 32 y escrito por Paul Rega. La sinopsis hacía referencia a un increíble viaje en bicicleta emprendido por un grupo de scouts norteamericanos a primeros de los años 70.

Leí alguna de las críticas y me decidí a adquirirlo en formato kindle, pues muchos de los libros electrónicos en inglés salen a un precio irrisorio y además lo recibes en el acto.

Una vez cargado en la tablet fui aprovechando los ratillos sueltos durante los fines de semana para ir devorándolo capítulo a capítulo.

La historia la relata el propio Paul, uno de los muchachos que tomaron parte en aquella hazaña. Mientras busca sus aparejos de pesca para huir del estrés de la vida actual se encuentra con su mochila, uniforme y demás material de sus años de juventud. Entre ellos está el diploma que le acredita como partícipe de aquella gesta llevada a cabo por el grupo 65 de Wood Dale, una pequeña localidad muy cercana a la gran ciudad de Chicago. El hallazgo de este material, unido al de los recortes y fotografías del viaje, dará pie a esta narración.

Y me encontré con una historia fascinante enmarcada en otro tiempo.

Un tiempo en el que los muchachos todavía pasaban sus días jugando con sus amigos en la calle hasta la hora de cenar. En el que la disciplina paterna era estricta, los ingresos familiares bajos y la inventiva e imaginación de los chicos enorme.

Años en los que el pueblo, la comunidad, fue capaz de volcarse con los chavales en una aventura que surge de un inocente comentario realizado durante una pequeña excursión y que se antoja una auténtica locura: el viaje desde Wood Dale, en Illinois, hasta Jacksonville, Florida. Algo más de 2.000 kilómetros atravesando 8 Estados y la gran elevación de las Gran Smoky Mountains, todo ello llevado a cabo por un grupo de scouts compuesto por 27 chavales (desde los 11 años!!!) y 5 monitores: los 32 del título.great_smoky_mountains_national_park
Un ejemplo de superación y sobre todo de preparación. En una época en la que no existían los ordenadores, todo hubo de hacerse mediante mapas corrientes y una gran colaboración con las distintas autoridades, tanto de su propia comunidad como de aquellas por las que debía pasar el convoy.
Las bicicletas de montaña no existían entonces y mucho menos material diseñado para este tipo de travesías, y aunque lo hubiese habido los chicos no hubieran podido permitírselo. Ello obligó a diseñarse y confeccionarse sus propias tiendas ligeras de nailon o sus propias alforjas impermeables en las que transportar los enseres básicos. Los chicos fueron de riguroso uniforme, como embajadores de su localidad y de los scouts allá por donde pasaron.

Durante muchos meses los chicos hubieron de trabajar para costearse unas bicicletas de carrera de 10 marchas (unas clásicas Sears IM000279.JPGFree Spirit) que les permitiesen afrontar el reto con garantías. La mayoría de ellos tenían tan solo bicis viejas y muchas de ellas confeccionadas con restos de otras más antiguas aún. Entonces a nadie se le ocurría pedir a sus padres que les comprasen esto o aquello. Sabían de antemano que no había recursos y que sólo en ocasiones muy determinadas, como Navidad o un cumpleaños se podía uno saltar la norma.

Cortar el césped o reciclar eran dos de las fuentes más utilizadas para la autofinanciación.

Aún así los scouters y los padres colaboraban en la obtención de más recursos y la negociación con patrocinadores que pudiesen abaratar el costo tanto del material como de los gastos del viaje y del billete de regreso en avión desde Florida a su lugar de origen.

La empresa era enorme y todo había de preverse de antemano, desde la organización del grupo a los puestos que habría de  ocupar cada uno en la fila. Desde los equipos de mecánicos y primeros auxilios a los sistemas de seguridad o de protección ante ataques de perros (mediante sencillos sprays de agua con amoniaco), o a la hora de organizarse para atravesar cruces sin separar al grupo.

Nada se dejó al azar. Ni la preparación física ni la preparación en educación vial.city_map
Haciendo honor a su lema los chicos se esforzaron en estar bien preparados para cualquier eventualidad, y a pesar de todos los problemas, incluyendo una intoxicación alimentaria en un restaurante, fueron capaces de llevar a cabo su misión. Hubieron de superar días de lluvia, viento y tormenta, botas empapadas, ataques de perros, presencia de osos, pinchazos, roturas y sobre todo la fatiga y el desánimo que se instauró en algunos de aquellos chicos que comenzaron a dudar sobre la consecución de su objetivo. Aún así, lo lograron y todos ellos disfrutaron de una experiencia vital impagable y que marcaría el resto de sus vidas.

En el camino tuvieron oportunidad de contemplar multitud de enclaves naturales, monumentos, grandes presas, edificaciones e incluso el Centro Espacial de Cabo Kennedy (entonces se encontraba en pleno desarrollo el programa Apolo y sus viajes a la luna). Conocieron muchas personas que les abrieron las puertas de sus casas y de su corazón, y recibieron la atención de los medios de comunicación, pero sobre todo  una dosis de autoestima y confianza que jamás podrían haber logrado por ningún otro medio.

Un gran ejemplo de iniciativa, entusiasmo y superación, del que podemos aprender que, con determinación y preparación, se pueden emprender empresas y tareas que en principio nos podrían parecer utópicas. Cosas que no se aprenden en los libros pero que constituyen la clave a la hora de afrontar la vida.

El libro puede adquirirse en formato papel o kindle en Amazon.

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