Acerca de la experiencia y el método scout

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Presentación del tema:

¿Por qué se hace necesario la presentación de un tema que pareciera tan llano como el de la “experiencia”? Sencillamente porque en la sutileza de cómo entendamos dicho concepto, pende el como articulamos los distintos elementos del método scout. Veamos.

Históricamente podríamos pensar en tres tiempos a la hora de reflexionar sobre el concepto. En un primer tiempo, hasta mediados del siglo XX (con excepción de algunos pensadores como Ruskin, Morris y Dewey, antecedentes del pensamiento de BP) fue entender a la experiencia como algo individual propio del sujeto, que no se puede transmitir y a lo que no se puede acceder; el argumento (utilizado en la actualidad en los modos conductistas de entender el Programa Scout) es similar ya que sólo el sujeto sabría en que consistió su experiencia y ésta no se podría “reducir” a palabras, de allí –entre otras cosas- la dificultad de evaluar la progresión. El segundo tiempo, caracterizado por lo que se ha denominado “giro lingüístico” de los 60’, plantea que nada significativo puede suceder fuera del lenguaje, que la experiencia está mediada por el- En un tercer tiempo, podríamos construir una paradoja con los tiempos anteriores, para afirmar que en la experiencia siempre hay algo del orden de lo transmisible, y un excedente que no es transmisible y que es lo propio del sujeto.

Martín Jay, especialista en la Escuela de Frankfurt y prof. De la Universidad de Berkeley en EU nos dice que “la palabra “experiencia” es a la vez un concepto lingüístico colectivo, un significante que refiere a una clase de significados que comparten algo en común, y un recordatorio de que tales conceptos siempre dejan un excedente que escapa a su dominio homogeneizador. Podríamos decir que la “experiencia” es el punto nodal de la intersección entre el lenguaje público y la subjetividad privada, entre lo compartido, culturalmente expresable, y lo inefable de la interioridad individual. A pesar de ser algo que debe ser atravesado o sufrido en lugar de adquirido de manera indirecta, no obstante puede volverse accesible para otros a través de un relato post facto, una suerte de elaboración secundaria en sentido freudiano, que la transforma en una narrativa llena de sentidos”

Para BP no fue necesario definir lo que entendía por experiencia, el concepto no estaba en discusión porque se partía de lo que podríamos llamar el “tercer tiempo” ya que en ningún momento se abandona la idea de transmisibilidad (de hecho el sistema de patrulla y la progresión se basa en ello) y esto debido a que los autores que influyeron sobre BP no impulsaban una división entre “lo intelectual”, “lo manual (el trabajo)” y la “creatividad”; de hecho la manera de entender el “aprender haciendo” vincula trabajo, repetición y creación, perspectiva cuestionada por los pedagogos scouts que utilizan un discurso desestimante de las prácticas “repetitivas” ya que las consideran como “recetas” que atentarían contra la creación, todo esto desde una postura idealizante, mítica, en la que la invención se produciría ex nihilo, de la nada, negando de forma preocupante el papel de la transmisión del capital cultural acumulado en el hombre.

En los “nuevos programas” uno se encuentra con muchas cosas que podrían considerarse mas que renovadoras lisa y llanamente “conservadoras”, como por ejemplo el modo de entender la “experiencia” como algo puramente individual al que el dirigente no puede acceder y que el chico no puede transmitir. En “Apuntes para el juego II” (Scouts de Argentina) en el cap. que trata sobre las actividades scouts, queda en evidencia la contradictoria forma de entender el concepto  (en el sentido del segundo o tercer tiempo); por un lado se la reduce lo interno que cada uno obtiene de una actividad desarrollada (queda por sobrentendido su intrasmisibilidad); el dirigente no puede intervenir en la experiencia, manipularla ni preverla con certeza; pero si se podría intervenir sobre las actividades para que estas permitan experiencias conducentes a la obtención de las conductas previstas en la malla de objetivos ¿? … pero… si la experiencia es interna, sobre ella no se puede intervenir, no puede haber manipulación ni previsión ¿para qué servirían las actividades programadas? ¿Los objetivos de la malla no son previsiones de conductas producto de las experiencias de los chicos? ¿No sería afirmar que sobre la experiencia se puede intervenir suponiendo que con las actividades se direcciona hacia las conductas previstas?…

Sutilezas se dirá, pero de acuerdo a cómo entendamos la experiencia tiene sentido (o no) los organismos de las ramas, la reunión de patrulla, la evaluación entre pares, el cómo entender la progresión… si entendiéramos la experiencia como personal e intrasmisible sin posibilidad que en lo interpersonal algo de ella se construya, no tendría mucho sentido el debate en los organismos… tampoco lo tendría el método scout.

La pobreza de la experiencia

Walter Benjamín sigue a T. Adorno en su conceptualización de desfallecimiento de la experiencia producida por el proceso de tecnificación a comienzos del s XX.; pero se referirá a ello como “pobreza de la experiencia”  especialmente a partir de la posguerra, con la pérdida de la referencia y de las coordenadas espacio – temporales que permitían la construcción de la subjetividad. Giorgio Agamben en “infancia e historia” profundizando a los anteriores se referirá directamente a la “destrucción de la experiencia”. Con posturas más optimistas o pesimistas se trataría pues, de recuperar la posibilidad de la experiencia, porque en ella nos constituimos como sujetos y en esto el escultismo tiene mucho que ofrecer.

Pensemos en dos adolescentes cualesquiera habitantes de una ciudad, dentro de un sistema escolar homogeneizante en el que poco importan, quizás ganándose unos pesos haciendo servicio de cadetería, jugando en su tiempo libre a la play donde “viven” grandes aventuras “on line”… chatean con 500 “amigos”, otros tanto tienen en el facebook y se “cuelgan” con los modos de vida de una clase social consumista que se les ofrece por los medios de comunicación como modelo a seguir. Conocen lugares por internet, hablan de ellos como si hubieran estado, consumen “algo” para matar el aburrimiento. Es el día a día de los niños y jóvenes, muchos de ellos no conocen que hay fuera de la ciudad… las montañas, el mar, el trabajar junto con otros dependiendo unos de otros. Hablan de muchas cosas , pero no tienen experiencia de las mismas, están inmersos en una serie de estímulos pero también en la pobreza experiencial. Giorgio Agamben dirá que “… sabemos que la destrucción de la experiencia no precisa de una catástrofe: la rutinaria vida cotidiana en la ciudad es suficiente. Porque el día típico de un hombre moderno no contiene virtualmente nada que pueda ser traducido en experiencia.”

Recuperar la posibilidad de experiencia forma parte de los desafíos de la época y de la propuesta histórica del escultismo… nada significativo sucede por fuera del lenguaje y la actividad por la actividad en sí que no permite la repetición  tampoco deja huella a no ser por una cuestión contingente. Debemos pensar que también hay un “consumismo” de actividades variables que forma parte del dinamismo “líquido” de una sociedad que no ofrece puntos en los que el sujeto pueda sujetarse… En el escultismo los niños y jóvenes pueden hacer experiencia entendiendo que en la misma se opera un proceso de posesión que se contrapone a la desposesión que plantea la sociedad de consumo. La experiencia es una forma de conocimiento que surge de la práctica cotidiana, por lo que todo saber surge dicha practica siendo reducido en el aprender haciendo tal como lo entendemos en esta revista… es en las coordenadas de espacio y tiempo donde se posibilita las condiciones de la experiencia; las relaciones sociales que surgen en este proceso (o están preestablecidas por el método) co-determinan la experiencia individual promoviendo la experiencia colectiva y su apropiación por parte del grupo y de cada uno de sus miembros. Para la apropiación de la experiencia, para que la misma permita a los sujetos poseerla y que cada uno pueda poseerse es fundamental la posibilidad de comunicarla de manera que la reflexión personal y colectiva permita que deje su huella.

Recuperar la posibilidad de experiencia ofreciendo a través del método scout la posibilidad de ser parte de una patrulla, responsabilizarse por una función dentro de la misma, aprender junto con otros, enseñar a otros, “aprender a aprender” (en los sentidos que hemos trabajado en la revista), entender la experiencia como posibilidad de poseer – y ser – para-el-otro en el contexto donde viven, posibilitar la repetición que produzca huella, la invención, el encuentro en las especialidades de aquello singular que es capaz de representarlos y con lo cual pueden representarse.

Recuperar la posibilidad de experiencia en el propio barrio, reconquistando el espacio – tiempo social y el territorio a través del trabajo junto con el resto de los actores del espacio comunitario para general la posibilidad de representarse individual y socialmente en un lugar común e interdiscursivo incluyente de las particularidades de los distintos grupos que son actores comunitarios y de las distintas personas que participan (o no) de los grupos.

Poder analizar la sutileza de lo que entendemos por experiencia puede posibilitarnos articular el método scout de una manera original. No estaría mal abandonar un poco las concepciones de la pedagogía escolarizante para recuperar la intuición genial de BP, es cuestión de colocar la vela de forma adecuada para que los vientos de los inicios empujen la nave hacia el destino esperado y soñado.

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