La leyenda del samurái. 47 Ronins …por B.P.

47 Ronin MovieEstas navidades ha llegado a las carteleras “La Leyenda del Samurái. 47 Ronins”, película basada en una famosa historia japonesa.

No es la primera vez que se utiliza la misma para inspirar un libro, obra de teatro o película, pues su argumento se presta a ello con facilidad (a pesar de que Keanu Reeves ha recibido malas críticas y se presume que pueda ser un gran fiasco de taquilla).ronin_9788499983325

Personalmente no había oído hablar de los Ronins hasta que leí “Boy Scouts beyond the seas” de B.P.

El fundador era muy aficionado a contar historias de las que poder extraer alguna enseñanza de valor y aprovechó su escala en Japón durante uno de sus viajes para contarnos esta preciosa historia de lealtad y valor, y aunque es un poco larga creo que merece la pena leerla. Por ello me he tomado la libertad de traerla a este blog.

El gran Jefe la cuenta así:

La historia de los cuarenta y siete Ronins

Visité las tumbas de los cuarenta y siete Ronins en Tokio. Todos los muchachos japoneses conocen la historia de los cuarenta y siete Ronins, así que os la contaré.

Un noble japonés llamado Takumi-no-Kami estaba siendo insultado continuamente por otro noble llamado Kotsuke-no-Suke.
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Takumi mantuvo sus nervios hasta un día en que se encontraron en el palacio del Emperador y Kotsuke de nuevo insultó a Takumi más que nunca.

Esta vez Takumi cedió al enfado, y desenvainando su espada retó a Kotsuke a luchar. Pero Kotsuke, como a la mayoría de los matones, no le gustaba esto, y corrió para salvar su vida, pidiendo auxilio a gritos, con Takumi tras él.

Otros hombres se interpusieron y detuvieron a Takumi y lo arrestaron, porque iba contra la ley armar ningún alboroto en el palacio del Emperador, siendo la muerte la pena por ello.

Para un noble era tal vergüenza ser ejecutado que se le permitía por ello quitarse la vida a sí mismo en su lugar. Esto se hacía siempre con gran ceremonia y de un determinado modo, esto es, el condenado  debía cumplir con un programa prefijado antes de reunirse con otros nobles, y finalmente abrirse el estómago y así matarse en su presencia. Esta auto-ejecución se denomina hara-kiri.

Así que Takumi tuvo que hacerse el hara-kiri, pero todo el mundo lo lamentó porque era un hombre valiente. Fue enterrado en un campo sagrado de Takanawa, cerca de Tokio. Pero sus propios criados particulares, cuarenta y siete de ellos, le tenían tanto apego y se enojaron tanto a su muerte que juraron vengarse matando a Kotsuke.

samurai_and_ronin_by_yuhimeEsto llegó a oídos de Kotsuke, y éste mantuvo vigilados cuidadosamente a los hombres mediante espías de modo que supiera enseguida cuando fueran a atacarle, y apostó a fuertes guardias por toda su casa para protegerle.

 La astucia de Kowanosoke

Con la muerte de su señor, los cuarenta y siete pasaron a ser Ronins, es decir trotamundos o aventureros, sin un verdadero líder (en realidad son los samuráis sin señor).  Sin embargo, ellos eligieron como jefe para esta trama a uno que sentía especial afecto hacia su antiguo señor, y se llamaba Oishi Kowanosoke.  
Era muy valiente y muy astuto.

Sabía que Kotsuke los estaba vigilando, así que hizo a cada uno de los Ronins llevar a cabo un negocio u ocupación diferente y no reunirse nunca, de modo que pareciera como si hubiesen abandonado la idea de venganza, y él mismo fingió convertirse en un borrachín e incluso echó a su mujer y sus hijos de casa, de modo que los vecinos comentaran que se había convertido en un bestia borracho.

Hizo tan bien su papel que un día un hombre de Satsuma, viéndole tirado borracho en la calle, se enfadó tanto con él que le escupió encima para mostrarle su desprecio.
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Los japoneses, siendo una nación valiente y formal, consideran adecuadamente que un hombre que se emborracha no sirve para nada, sea para trabajar o como soldado, y no se puede confiar en que se comporte como un hombre.

Así que cuando Kotsuke oyó, no sólo por sus espías sino también por otras personas, que Oishi se había dado a la bebida, no tuvo más miedo de él, y por lo tanto redujo su guardia progresivamente. Pero mantenía su castillo fuertemente cerrado con barrotes durante la noche y con una guardia de hombres armados en la puerta, y tres luchadores especiales como guardia personal durmiendo en la habitación contigua a su dormitorio.

Al final, cuando todas las sospechas se desvanecieron, Oishi reunió en secreto a los Ronins una noche a mitad del invierno.

Los cuarenta y siete hombres se juntaron para la cena, en la cual hicieron la solemne promesa de vengarse de su señor aquella noche o morir en el intento, y después de que hubiesen terminado se prepararían para cometer el hara-kiri.

Su plan era irrumpir en la casa en dos grupos, uno por la puerta frontal y otro por la trasera.

47-ronin-posterUnos pocos hombres armados con arcos y flechas se apostarían para disparar a cualquiera de los guardias que intentaran correr para pedir ayuda. Los Ronins no iban a matar a nadie innecesariamente, y todas las mujeres, niños y ancianos serían amablemente tratados.

Cualquiera que encontrara a Kotsuke debía hacer sonar un silbato como señal a todos de que viniesen a capturarle. Ya veis, que como los scouts, hicieron sus planes de antemano con mucho cuidado.

Luego hicieron su camino silenciosamente por la nieve hasta la casa de Kotsuke. 

Una lucha encarnizada

Encontraron a los centinelas envueltos por el frío y los redujeron, así como a todos los hombres de la guardia, quienes estaban durmiendo en la garita de guardia. A estos los ataron y amordazaron.HokusaiChushingura

Luego, conforme avanzaron, encontraron puertas cerradas y atrancadas que tuvieron que ser derribadas, y de este modo el resto de la guardia se despertó y dio la alarma.

Los defensores resistieron desesperadamente, luchando con bravura en las puertas de acceso y pasajes con el fin de defender a su señor, y muchos de los Ronins fueron malheridos antes de que pudiesen acceder de una habitación a otra.

Pero el crujido de las puertas traseras indicó que el segundo grupo de Ronins estaba en el lugar, y muy pronto los defensores fueron obligados a recular y los derrotaron.

Cuando alcanzaron las habitaciones privadas de Kotsuke se encontraron la resistencia más dura de todas, ya que su guardia personal de tres hombres luchaba con encarnizado valor, y durante un momento no sólo mantuvieron a raya a los atacantes, sino que realmente les hicieron replegarse por un instante.

Pero en ese momento llegó Oishi, y con sus palabras de aliento los Ronins hicieron una carga final y superaron a sus bravos oponentes.

Después vino la búsqueda de Kotsuke. No estaba en su habitación y empezaron a temer que se hubiese escapado. Pero al final, tras buscar en las habitaciones de las mujeres, se le encontró escondido en un armario.

La muerte de Kotsuke

El silbato sonó y los Ronins se reunieron y lo rodearon. Debían comprobar primero que era el hombre que realmente buscaban.

Luego Oishi le explicó la razón de su ataque, y del modo educado en que lo hacen los japoneses le rogaron su perdón por su rudeza al molestarlo, pero ellos venían de este modo sólo por amor a su señor, y porque no podían vivir y ver al hombre que había causado su muerte viviendo felizmente como si nada hubiese ocurrido. Por lo tanto habían venido a invitarle a hacerse el hara-kiri, y estaban allí para verlo, no en otro momento sino entonces.

Pero Kotsuke, el matón, no había sido suficientemente hombre para defenderse por sí mismo. Así que cuando lloriqueó diciendo que no podía hacerlo, lo cogieron con sus propias manos y le cortaron la cabeza con una espada.
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Luego, llevando la cabeza en un cubo, partieron al amanecer hacia el Templo de Sengkuji, cerca de Yeddo, donde fue enterrado su señor.

Cansados, helados, hambrientos y muchos de ellos gravemente heridos, caminaron lentamente, decididos a completar su tarea de colocar la cabeza de su enemigo sobre la tumba de Takumi.

Cuando pasaban por la casa de un gran hombre el propietario se los encontró en la puerta, y elogiándolos por su lealtad a su señor fallecido, les rogó que descansaran en su casa y que comiera allí. Entraron con agrado para comer un poco, pero no podían esperar para limpiarse o descansar. Querían continuar y concluir con su deber.

Fountain-to-the-Forty-Seven-1Al final llegaron a la gran puerta del recinto del templo. En el interior del recinto, sobre la ladera de la colina en la que estaba la tumba de Takumi hay una fuente de agua en un pequeño jardín. Aquí lavaron la cabeza. Luego se la llevaron al sacerdote a cargo del templo y le pidieron con respeto que les permitiese situarla sobre la tumba de Takumi, lo que fue hecho en un solemne servicio religioso.

 El final de los Ronins

Entre los papeles preservados en el templo todavía puede verse el que escribió el sacerdote mencionando la recepción de la cabeza de Kotsuke.

Después de que terminara todo, los cuarenta y siete bajaron por la ladera de la colina satisfechos por haber cumplido con su deber y porque ahora podían morir felices.

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Fueron inmediatamente y se entregaron a las autoridades, y les pidieron que se les permitiese matarse ellos mismos en lugar de ser ejecutados y les fue concedido.

Así los cuarenta y siete en total, desde el mayor de setenta y siete años hasta el menor de dieciséis, se hicieron el hara-kiri.

La admiración por su hazaña fue tan grande que fueron honrados como héroes, y fueron enterrados todos alrededor de su señor, a quien tan fielmente habían servido.

Pero en lugar de cuarenta y siete tumbas hay cuarenta y ocho, ya que el hombre de Satsuma que había escupido sobre Oishi cuando fingía estar borracho estaba tan avergonzado de sí mismo cuando supo la verdad, que vino hasta la tumba de Oishi y se disculpó ante su espíritu, y luego se hizo el hara-kiri.

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Por ello se le dio una tumba en el mismo recinto de los cuarenta y siete Ronins.

Fui a visitar sus tumbas mientras estuve en Tokio. Estaba la pequeña fuente en el jardín junto al sendero donde habían lavado la cabeza de Kotsuke, y más alto en la ladera de la colina estaba el cementerio cercado de las cuarenta y ocho tumbas de granito situadas en cuadro alrededor de la tumba central de su señor.

La tumba de Oishi es especialmente honrada con un techado sobre ella.

Cada tumba consiste en una estrecha piedra vertical con el nombre del hombre fallecido en ella. En asano estatuafrente de cada una hay un pequeño bloque de piedra sobre el cual queman barras de incienso los admiradores, y al lado de ella hay un pequeño florero de bambú en el cual pueden depositar flores.

Cuando estuve allí había una multitud de japoneses poniendo incienso para quemar en cada una de las tumbas, y todos los jarrones tenían flores. Esto demuestra que las hazañas de los cuarenta y siete todavía son conocidas por sus compatriotas y que su lealtad y valor siguen siendo admiradas.

En un edificio perteneciente al templo se guardan retratos de los Ronins en forma de pequeñas estatuas que los muestran con su vestimenta favorita, algunos con armadura y todos en diferentes actitudes, y enseñan lo buenos, fuertes y valerosos que eran.

Y esta es la historia tal cual la cuenta el Jefe.  En las fotos podéis ver la fuente, las tumbas, el templo y la estatua de Asano Naganori  (cuyo título era Takumi-no-kami, el señor) en la actualidad.

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