¿El 100% de bueno?

el 100

Cualquier organización que se precie, para sobrevivir debe estar a la altura de los problemas de su  época y de los obstáculos que ellos presentan. Nuestro tiempo es muy particular y podríamos decir que hemos vivido un vertiginoso cambio de siglo –que comienza con la caída del Muro de Berlín- y nos encontramos ante una serie de problemáticas nuevas para nuestra cultura, pero no para la humanidad, ya que un poco de investigación histórica nos podría ayudar a ubicar similares períodos de cambio en otros momentos de la historia, pero ello no es objeto de este escrito.

Cambio de época:

A partir de la caída del muro de Berlín el capitalismo se vuelve universal, y esto nos lleva a un cambio sustancial en las relaciones humanas. Si antes un sujeto se relacionaba con los objetos del mercado a partir de determinados Ideales que actuaban como reguladores; con la caída de la creencia en el Otro Universal que actuaba como garante en sus distintos aspectos (Iglesia, Estado, Justicia, etc), aparece desregularizada la relación de los hombres con los objetos de consumo, caracterizándose nuestro tiempo por sujetos que buscan satisfacción sin ningún tipo de mediación, en objetos que impactan directamente en el cuerpo. A ellos se lanzan las personas en un desplazamiento interminable de lo novedoso, en búsqueda de satisfacción corporal en sus distintas especies: sensación corporal, acústica, visual. En esta especie de neobarroquismo posmoderno el cuerpo se encuentra fragmentado, pero no se trata imágenes surrealistas de fragmentación y distorsión; es el propio  cuerpo el que se convierte un lienzo surrealista, de objetos que impactan en él destinados a la excitación y satisfacción de los distintos órganos de nuestro “hombre sin atributos”. , que dedica su vida a saber que va a hacer con ella, o mejor dicho a no saber nada de ella.

En las culturas que nos precedieron las fiestas (y los excesos que en ellas encontraban expresión) eran rituales, luego se vincularon a determinadas fechas familiares, al calendario religioso y de las fiestas nacionales o regionales. En el siglo XX el día sábado se convirtió en ese momento especial de la semana en el que se podía ir de  fiesta y donde encontraban expresión algunos excesos. En la actualidad se hace realidad la fiesta contínua, todos los días, donde cobra forma de mandato hedonista[1] de gozar continuamente, salirse de los límites, haciéndose natural por ejemplo los “after” donde al terminar el día de playa se sigue en la playa “festejando”. Las personas ya no se quejan por no permitirse algunas transgresiones en función de un ideal o de una regulación social, las personas se quejan porque quieren gozar mas y mas, en una erótica mortífera que caracteriza nuestro tiempo que es de consumir, consumir, consumir… y consumirse en dicho acto.

El problema del capitalismo es que no genera lazo social entre personas sino cosifica las relaciones, y ello esta a vista de todos: Chicos caminando con su MP3 gozando autistamente de la música, niños y jóvenes que se unen en función de algún consumo particular (y si no hay qué consumir no se reúnen), o en función de algún tipo de música; “tribus urbanas” en donde prevalece la “lógica del más fuerte”. Y con los adultos mas o menos lo mismo, ya no es un ideal lo que une sino un “padecimiento”, que asume el lugar de su nombre propio: grupos de fóbicos, grupo de obesos, grupos de VIH, grupos de alcohólicos… y la pérdida de su subjetividad en ellos ya que pasan a ser una etiqueta para la receta de   fármacos para su malestar, mientras hablan en el grupo identificándose cada vez en forma más vigorosa a su síntoma… Lazos sociales por modos de gozar o padecer, no por ideales.

Cuando caen los ideales:

Cuando caen los ideales la vida es vaciada de significación, por ello surge una nueva adolescencia en la que los libros viejos de psicología tienen poco para decir, y algunos nuevos como aquellos basados en la perspectiva cognitivo-conductual dicen menos, por su enorme limitación ya que sólo se trata de clasificar conductas y etiquetar personas, perdiéndose la posibilidad de pensar la singularidad de cada uno. La persona “es” la etiqueta, y como dicen algunos colegas “si lo que hoy dice la psiquiatría lo hubiera dicho hace 20 años, cada uno de mis compañeros de escuela y nosotros mismos, habríamos  padecido de algún tipo de trastorno por lo que debiéramos hacer sido tratados o medicados”.

La adolescencia ha perdido parte de  su idealismo, y no es a la fuerza el cómo puede llegar a recuperarlos, armarse de ellos, cuya función es operar  como reguladores de las personas. Nuestros adolescentes no se sienten culpables porque para que exista culpa tiene que existir un Otro interiorizado; de hecho muchos delitos se cometen por aburrimiento, implicando de por sí la negación de la existencia del otro, el semejante aparece como un utilitario, cosificado, utilizándose distintos términos como “gil”[2] para el que trabaja.

Nuevas formas de fracaso escolar aparecen ya que el saber ha perdido utilidad dejando de ser una perspectiva segura para el crecimiento. No se disfruta el aprender lo que importa es pasarla bien, satisfacerse o huir de la dolorosa realidad. ¿Para qué saber si no hay posibilidad de reconocimiento y de reconocerse en lo que se sabe? Esto se da la mano con la economía capitalista, la falta de oportunidades, y con  los “nuevos métodos” educativos escolanovistas (que es imposible entenderlos si no nos ubicamos en el contexto de principios del siglo XX en el cuál fueron creados) que  desplazan el aprender hacia el aprender-a-aprender, con la consecuente relativización del esfuerzo y de los contenidos del aprendizaje reproduciendo en las escuelas destinadas a las clases populares y/o marginadas la eternización de la exclusión.

A cien años del Método Scout

A principios del siglo XX se produce una revolución pedagógica como respuesta a los cambios sociales, a la rigidez del sistema educativo y a una mayor demanda de personas que accedan a la  educación (efecto de la revolución industrial  que comienza a necesitar cierta cualificación en los trabajadores; y del avance y consolidación de los sistemas de gobierno democráticos). La educación que en las grandes ciudades antes era destinada a las clases altas, comienza a extenderse paulatinamente hacia todos los sectores. Época de grandes  movimientos cuyo horizonte era la educación para la democracia unida estrechamente a la idea de libertad del individuo, como la escuela de Dewey (con quien Baden Powell mantuvo correspondencia), que podríamos considerar uno de los pilares de lo que se llamó educación activa ya que no pensaba al niño como una “tabula rasa” en donde se inscribían los conocimientos, sino que tomaba en cuenta su papel activo en la producción de saberes y el rol del docente como orientador en la producción de conocimiento en los que se incluían sus necesidades e intereses, relacionando el conocimiento con la experiencia. Cabe destacar que en la lectura que tradicionalmente se hace de Dewey suele destacarse su crítica hacia los programas de estudios que no se relacionan con los intereses y necesidades del niño, pero muy pocas veces se ha destacado su crítica a los programas de educación “centrados en el niño” que de la misma manera descuidan la relación que debe existir entre los intereses y necesidades del niño con los contenidos de los programas (Robert Westrbrook).  Época también del método de María Montessori que a partir de niños con perturbaciones mentales construye una forma de trabajo basada en el amor, y la relación del niño con el ambiente.

Podría pensarse que BP utiliza el nuevo impulso que brindan las discusiones sobre educación de su época para validar la creación de su método particular: El método Scout. Este punto es importante porque no es lo mismo pensar que el escultismo es un derivado de lo que posteriormente se conocería como escolanovismo o la pedagogía progresista de Dewey, que pensar que el escultismo tiene influencias de los discursos pedagógicos de la época, pero que en sí es un método propio que va más allá de ellos, postura que desde mi punto de vista pareciera tener más posibilidades de ser correcta.

La historia del escultismo como movimiento educativo es muy extraña, mientras otros movimientos de educación formal y no formal han puesto sus ojos en él para utilizar elementos del método y “desescolarizarse”; parece que el escultismo ha puesto los ojos en la educación formal para escolarizarse  lo que implica una renuncia a reactualizar los conocimientos básicos de su práctica, a los efectos de “renovar” directamente el método scout, lo que se constituye en un problema serio que vamos a tratar de abordar al menos en líneas generales.

Los pibes de los barrios…

Las comunidades nunca son grandes, siempre son pequeñas, y podríamos decir que entendemos por “communitas” el espacio que se constituye a partir de un don que implica el desposeerse de lo propio, la subjetividad, para constituir lo común, “lo nuestro”. Las comunidades se fundan a partir de las relaciones de amistad, hospitalidad, cautela, alojamiento de la diferencia del otro; en síntesis se puede hacer comunidad en tanto puedo encontrarme en el otro. También la comunidad puede virar del pasaje de lo familiar a lo extraño convirtiéndose ese otro en enemigo, y de allí al peligro más horroroso.

Cuando las relaciones entre las personas se  institucionalizan decimos que se produce un proceso de “immunitas”, inmunización de la comunidad donde a partir del pacto social y las normas se vacía la comunidad, se sacrifica la relación entre los hombres. Al no existir el hombre natural, este proceso de communitas e immunitas es considerado dialéctico, es uno y el otro, de diferentes modos: cuando la dirección de la institucionalización es hacia la comunidad es más acorde a los sujetos y más creativa; cuando la dirección es hacia una mayor institucionalización más se mata a la comunidad y por ende la subjetividad de quienes forman parte de ella.

El sistema de patrullas se basa en las características de la pequeña “communitas”, el grupo de amigos, los pibes de los barrios, aquellos que desarrollan relaciones de amistad entre sí. Como se aprende en cualquier curso de dirigentes ese grupo “natural” es convertido en una patrulla; lo que implica la continuidad de un líder, el reparto de responsabilidades, la adhesión a una Ley. En los tiempos fundacionales del escultismo ya se encontraban distintas “tendencias”, algunas más militaristas y de hecho promovidas por militares en distintas partes del mundo – lo que le ha costado el mote de “paramilitar” al Movimiento Scout – (aún en la actualidad sucede en algunos países), las líneas confesionales que veían en el Método Scout y en el Escultismo una posibilidad importante para sus fines religiosos, una línea que podríamos ubicar en la figura de Roland Phillips de tendencia más democrática surgida del descubrimiento de la potencialidad del método en sí. Si bien la búsqueda de legitimación en las teorías de la educación se encuentra desde los inicios del movimiento, a partir de la década del 60 podríamos agregar que se suma una línea “Pedagógica” que busca alinear al movimiento con los modelos de la educación formal, lo que implica una mayor carga de inmunización y la introducción de un desvío en los fundamentos[3].

Si la diferencia entre lo instituido y el modo en que se agrupan los niños y jóvenes es muy grande se corre el riesgo de hacer Pedagogía “a secas” y no Pedagogía Scout. Si nos ponemos a reflexionar las cuestiones en las que se asientan los problemas actuales del movimiento en nuestro país (y en países de América Latina) se relacionan a los cambios que se introducen en el método desde la “pedagogía a secas”; en Argentina se agrega de forma singular la interna de la Iglesia Católica con la fragmentación que se produce entre la COPASCA y las ADISCAS, estas últimas con un carácter religioso mas conservador que la primera.

El jefe manda ….

Si los pibes de los barrios fundan una pequeña comunidad y a partir de allí se institucionalizan las relaciones interpersonales, aparece la figura de un “jefe”. Esto implica que la “pandilla” no es un grupo natural, sino un grupo que se conforma de manera no-forzada, en función de los intereses, necesidades, y la psicología evolutiva de la edad que se trate.

En dichos grupos se generan alianzas y lealtades,  pero al vivir en un mundo que los bombardean con el consumo en el que los Grandes Ideales y quienes los representan son cuestionados;  no encuentran referencias válidas, ya que los pocos ideales sociales que quedan para el común de la gente (como el trabajo y el estudio) son vistos como “giladas” que no llevan muy lejos, ya que posponen la satisfacción.

No son muchas las opciones, se hace imperativo el placer momentáneo y toman forma ideales erráticos, fragmentarios y mortíferos relacionados con el consumo, el robo, los distintos tipos de violencia. En el grupo el jefe encarna el ideal pero no es la Ley que regula sino la Ley “del más fuerte” en donde quien es “El Jefe” actúa como un verdadero Amo cuyos mandatos pasan a ser imperativos para los miembros del grupo. A cambio del la “protección” generada por el sistema de alianzas y  ante el riesgo del vacío de “no ser ser nadie en el mundo”, se pierde la propia subjetividad en función de ser “parte de”…

En los grupos, lo que se consume (música, deporte, alcohol, marihuana, pasta base, éxtasis, LSD, hongos, etc.) está determinado de un lado por el poder adquisitivo y del otro por  la subcultura en la que se participa. Las distintas subculturas varían de acuerdo a los países, pero podemos ubicar a los skaters, góticos, darks, hip-hop, etc;  en las que niños y jóvenes participan con distinto nivel de compromiso subjetivo.

Para algunos será una transición en el momento de conformación de su personalidad por lo que podríamos considerarlo como un tipo de participación en una estética subcultural que les brinda una cierta identidad; para otros, los más comprometidos subjetivamente, será  la posibilidad de construirse en un destino que inexorablemente los llevará a la muerte por sobredosis , en un enfrentamiento, la cárcel, la internación por consumo, el deterioro de la inteligencia, la violencia irracional, la vida marginal.

No está mal recordar que Baden Powell se vale de los jefes de las pequeñas comunidades (llamadas pandillas) para generar otra cosa, no dice que se elija al más buenito sino que se trabaje con el líder natural a los fines de que pueda ser un buen líder, de la misma manera lo hace con sus compañeros de patrulla ¿Es posible hacer esto diluyendo la figura del Guía de Patrulla a la de un mero coordinador o facilitador?. Aquí es donde se introduce la “pedagogía a secas” quebrando un puntal del “Sistema de Patrullas”. Posiblemente la clase media o afortunada puede tener un poco más de suerte y logremos una buena actividad de “pedagogía a secas”, pero en los contextos turbulentos la cosa funciona “a la antigua”, no nos olvidemos que cuando Roland Phillips escribe “El sistema de Patrullas” lo hace basándose en su experiencia en las clases pobres de Liverpool.

Es muy importante darnos cuenta que el liderazgo no está diluido en el esquema de BP: el Guía de Patrulla es un Jefe, no se corrompe su figura, porque eso sería romper el modo de organización de los muchachos. Le agrega un condimento inmunitario adecuado y muy especial… cada uno tiene la posibilidad de ser líder de acuerdo a distintas situaciones, y esto no se da de bruces con la existencia de un Jefe o Guía de Patrulla… de esto se trata en los cargos de patrulla, cuando hablamos de dar responsabilidades a la mayor cantidad de muchachos hablamos de que cada uno sea líder bajo las distintas máscaras, en una suerte de liderazgo situacional, que lejos de complicar al grupo lo potencia. Diluir la función del Guía de Patrulla o Jefe de Equipo a ser “uno entre otros”, No utilizar los ordenamientos grupales en los distintos contextos socioeducativos diluyendo los liderazgos, es caer en una postura romántica e idealista descentrada de la realidad de niños y jóvenes.

 

Del 5% al 100 % de bueno:

Baden Powell plantea un escultismo sencillo, con cierto pragmatismo; si bien la Ley Scout aparece con posterioridad, pasa a ser nodal en el movimiento. Una Ley Scout opera como un anudamiento de una hermandad de ideales,  que permite alojar dentro de ella la inclusión de al menos un 5% del sujeto. Baden Powell decía “‘Hay un cinco por ciento de bueno incluso en el carácter peor. El juego consiste en descubrirlo y desarrollarlo hasta una proporción del ochenta o noventa por ciento. Esto es la educación y no la instrucción a secas’.” De lo que se trata es de encontrarlo, expandirlo, desarrollarlo, y que a partir de allí una vida pueda armarse en función de un Ideal.

La Ley Scout “a secas” tiene un carácter inmunitario cuyo objeto es producir un lazo entre las personas, NO es su función establecer la mayor cantidad posible de actos legítimos como se podrían pretender  desde un naturalismo positivista. Los efectos de multiplicación de la Ley Scout operan con una alta carga de inmunización, y actualmente pareciera que ello al menos en la Región Interamericana al intentar determinar la mayoría de las conductas esperables (actos legítimos) de un scout mediante los objetivos del Programa partiendo de una estructura cognitivo-comportamental de Educación por Protocolos [4]  donde se pretenden obtener una enorme cantidad de comportamientos por parte de los niños y jóvenes. Citando a Roberto Espósito podríamos decir que se opera “transformando determinadas expectativas cognitivas en expectativas normativas sustituyendo expectativas inciertas por expectativas problemáticas pero seguras”. En este esquema no se trataría de una educación activa sino de una educación pasiva, ya que el niño o el adolescente deben someterse a una serie de conductas esperables en un 100 %, y no construir un modo propio donde relacionarse con la Ley Scout y construir su vida.

De la educación activa a la educación pasiva:

Si el movimiento se enroló dentro de lo que se dio a llamar como “pedagogía activa” hoy de eso se conservaría la apariencia, dado el peso que adquiere el “protocolo” por sobre las necesidades e intereses del muchachos y lo que es peor ¡en nombre de las necesidades e intereses del muchacho! ¿Cómo entender esto si pareciera que los sábados se hace mas o menos lo mismo? Es muy sencillo y basta leer un poco entre líneas qué es lo que se dice desde los documentos del Programa Scout.

No sólo se utiliza un modelo cognitivo-comportamental en el armado del MACPRO sino que se propone entre líneas – o directamente-  el uso de dicha técnica en la educación con niños y jóvenes. Para el armado de la “progresión personal”, a falta de contenidos se propone una posición del dirigente que llamaremos “empirismo colaborativo”; donde el adulto y el niño se relacionan en función del protocolo estandarizado de conductas (objetivos de la progresión personal). El educador es un instrumento y en este método es impensable que la persona no adhiera a trabajar sobre estos objetivos porque son la norma, el para todos lo mismo, un universal.

Un segundo punto es el “dialogo socrático” entre el dirigente y el niño o joven, diálogo en el que se formulan preguntas e hipótesis a los fines de que el niño pueda trabajar en la dirección de los objetivos protocolizados. La relación es asimétrica y tiene una carga de agresividad importante, la participación activa no es tal ya que la condición de actividad es que el niño o e joven sea pasivo ante los objetivos del protocolo. Si no hay adherencia nos encontramos nuevamente  con el abandono de la actividad, o con el desarrollo de conductas desreguladas por fuera del protocolo.

Un tercer punto, es el “Descubrimiento guiado” que se relaciona con la puesta a prueba de las hipótesis de trabajo, y a partir de allí con un símil de método hipotético deductivo  se apunta a eliminar los obstáculos que se presentan para lograr la conducta esperada.

Empirismo colaborativo, dialogo socrático y descubrimiento guiado son los pilares del tratamiento cognitivo –  conductual propuesto por Beck para el que, la adaptación del sujeto a los objetivos es el único valor, no se parte de un 5% a expandir, se espera un 100% en todas las áreas; un proyecto educativo que para los que trabajamos en el ámbito terapéutico eriza la piel ya que se convierte en un sistema inmunitario  que mata la vida.

La historia y la cultura quedan por fuera del Protocolo universal. La medida de cada objetivo no es el muchacho sino el logro del objetivo, justamente donde se monta la escena de hacer como si se escuchara la singularidad,  pero para “adaptar” al individuo al protocolo” como en el clásico libro “Walden Dos”. Pensemos en la terminología que utiliza el macrpo para definir los objetivos: “objetivos de refuerzo del comportamiento”, “Objetivos desafío” (que el chico logre conductas NO esperables a su edad),”Objetivos diferenciados por la intensidad de la conducta pedida”, “objetivos que no expresan su causa”.

Anterior al dirigente y al muchacho que va a ingresar está el protocolo,  por eso el dirigente “le ofrece” los objetivos (que no es lo mismo que formular la promesa y adherir a una Ley) ya que el trabajo y la evaluación se realizará en función de ellos. El problema no son los objetivos de conocimiento y procedimientos sino cuando pretendemos tratar de igual manera a las actitudes, en el “saber comportarse” definido arbitrariamente en forma que podría considerarse hipermoralista y excesiva, logrando cierto efecto de fascinación en el dirigente ya que se convertiría en una especie de programador del chico que asume por sí sólo todas las cualidades esperables según el Ideal Scout de humanidad. Podría pensarse que esto es una exageración, pero debemos notar que, por ejemplo en la cartilla de los scouts de la OSI se dice que para cambiar de etapa hay que logra el reconocimiento de “determinado número de objetivos”; por para la etapa “Pistas” algunos, para la etapa “Senda” la mitad y para la Etapa Rumbo todos o casi todos… Si no estamos ante un protocolo de conducta ¿de qué se trataría entonces?

Reemplazar el 5% de bueno por un 100% es operar desde la lógica de la biopolítica donde lo que queda por fuera es el sujeto. Dicho esquema mereciera ser cuestionado seriamente por las Asociaciones Nacionales para poder repensar, a 100 años de escultismo, si seguimos haciendo escultismo o nos hemos desviado, pasando a ser en la actualidad “Caballeros del Imperio”… pero no del británico, sino del que Toni Negri nos escribe en su libro “Imperio”.

 

Bibliografía:

  • Jacques Lacan. “Kant con Sade”. Escritos. Ed siglo XXI
  • Luis Tundanca “De lo político a lo impolítico, una lectura del síntoma social”, Ed. Gramma 2006
  • Massimo Recalcatti: “Las tres estéticas de Lacan” . Ed del Cifrado 2006
  • Roberto Espósito: “Communitas. Origen y destino de la Comunidad”. Ed. Amorrortu 2005

“Immunitas. Protección y negación de la vida”. Ed Amorrortu 2005

  • Robert Westrbrook: “John Dewey” en “Perspectivas”, revista de educación comparada” Unesco, 1993

[1] Hedonista: Doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida.

[2] Gil: en Argentina el uso de la palabra gil podríamos considerarla sinónimo de  “tonto”, “tarado”, “estúpido”

[3] En “Apuntad Alto!” Conceptos básicos del Escultismo, columna Educación

[4] Generalmente se entiende por protocolo a una serie de formularios detallados que son usados para un ensayo clínico o científico. El Protocolo es una especie de Plan detallado en el que se especifican, por ejemplo, determinadas conductas a los fines de poder “objetivar” la presencia o ausencia de las mismas. Esto permite entre otras cosas la “cuantificación”, que sería una especie de “objetivación” de las conductas de una persona respecto a lo que el protocolo indica.  Podríamos decir – y no nos equivocamos en ello – que los objetivos educativos del MACPRO son un Protocolo, ya que en él figuran una serie de conductas establecidas arbitrariamente que son consideradas por quienes lo diseñaron como aquellas que son “esperables” para un grupo de edad determinado; por lo tanto la ausencia de una de esas “conductas esperables” implica que debe trabajarse para obtenerla. Si una persona alcanza las conductas “protocolizadas” se considera que la misma ha cumplido con los objetivos que el Movimiento Scout se propone lograr con los niños y jóvenes.

 

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