Cambio de época y Roverismo

gota a gota

La mayoría de Uds. tendrán conocimientos mínimos de cartografía. Recordarán que un mapa es la representación de un terreno en la que se utilizan signos y símbolos que nos permiten entre otras cosas establecer la distancia que media entre dos puntos, y a su vez en función de las características del terreno, establecer el punto de partida y cuál es el mejor camino para llegar a la meta. De la misma manera podríamos construir un mapa del contexto social – sumamente vasto y complejo – en el que ubicaríamos una serie de signos y símbolos que nos servirían de referencia para localizar las cuestiones esenciales que ocurren en dicho campo, y definir el punto en el que nos encontramos y hacia dónde nos vamos a dirigir; actividad por demás interesante para realizar en conjunto con los Rovers.

La actual propuesta de “Educación por protocolos”, instalada en Scouts de Argentina dentro del marco de sus compromisos con la OSI, parte de un supuesto filosófico que considera que una persona podría convertirse en el Ideal que se haría concreto a partir de haber definido una enorme cantidad de conductas (actitudes) que el Rover de Partida encarnaría. El problema es que el Ideal y lo concreto son dos órdenes distintos, el primero está del lado del “Todo”, “lo Universal”, “La perfección”; el segundo del lado de lo singular, lo posible y efectivo. El  Ideal sirve como orientación, lo concreto se dirige al Ideal pero desde  la producción de una significación personal, un rasgo propio, que nunca será universal. La cartografía del Programa Rover, nos muestra ni más ni menos que una versión excesiva, exaltada y maníaca de lo que debiera ser un Rover, quien no elije un rumbo sino que locamente se dirige hacia todas las direcciones perdiéndose entre una y la otra. Si hay algo que en estenuevo siglo es claro desde lo político y lo filosófico, es la imposibilidad del Todo.

La confusión del Ideal y de lo concreto es el “pecado original” del Macpro y si como dice un viejo aforismo “si partimos de premisas falsas, llegamos a conclusiones falsas”, podríamos afirmar que todo el enorme listado de objetivos actitudinales de la progresión no solo es un exceso, sino un error fatal del Programa. Por un lado se produce determinada fascinación en sus diseñadores y en algunos dirigentes dado que creen poder construir los Rovers Ideales. Por otro lado, se genera todo lo contrario a lo que se propone; de esta manera la “cartografía Rover” se presenta como un mapa en el que se señala que se debe ir en todas las direcciones, y las respuestas con la que nos encontramos podríamos caracterizarlas en las siguientes:

  1. La lógica de la “simulación”, del “como sí”, cuyo efecto es un roverismo practicado por jóvenes cuyo discurso es sobreadaptado y fantástico, pero con poco impacto concreto en la vida personal y en acciones personales o comunitarias concretas; al que llamaremos Roverismo de ficción y de salón.
  2. La lógica de la autoexclusión (dejar la rama), generada por la enorme carga que implica para un joven el ser “Todo” con el costo de negar lo propio, lo singular.
  3. La lógica de “Hagamos lo que podamos” ya que “el programa no sirve entonces vemos que rumbo queremos tomar”. A veces cuando los que dirigen a los Rovers tienen claridad filosófica e ideológica se produce un Roverismo interesante; cuando esto no es así nos encontramos con largas charlas y mateadas que duran toda la actividad, algún campamento y por qué no la participación en una colecta… los Rovers que quieren comprometerse se retiran del movimiento.

En búsqueda de un rumbo: la comunidad

La cartografía inicial que los Rovers debieran construir es la del contexto socioeducativo en el que se encuentran, el lugar particular en el que está inserto el grupo scout. Es fundamental entender que el espacio no es sólo del grupo, sino que es compartido por distintas organizaciones y movimientos sociales que forman lazo en función de distintos intereses (sociedad de fomento, centro vecinal, escuela, sala médica, comedor escolar, iglesias, distintos tipos de grupo formales e informales) siendo característico que cada uno de ellos responde de manera particular a las situaciones y problemas específicos del espacio común en el que se encuentran. Algunas instituciones  pertenecen a organizaciones locales, provinciales o nacionales; pero partido se juega en el espacio común, no en otro lado. Allí se establecen las alianzas de trabajo y colaboración necesarias para el cumplimiento de las distintas Misiones organizacionales. Construir la cartografía de nuestro contexto socioeducativo nos introduce directamente a pensar en un concepto tan querido por nosotros: la comunidad.

En este cambio de época que vivimos, algunas categorías clásicas están siendo revisadas, para poder repensar de manera efectiva el cómo responder a los desafíos de las nuevas formas y estilos de vida que se imponen desde la nueva sociedad global. Roberto Espósito – filósofo italiano- reflexiona sobre los conceptos de comunidad (Comunitas), inmunidad (inmunitas) y vida.

En este cambio de época que estamos transitando, nos encontramos en una especie de nueva “Babel” en la que las palabras prácticamente han perdido su eficacia a la hora de circunscribir una realidad tan plural y diversa. ¿Por qué no pensar que ellas deben ser re-creadas? La “Comunitas” se funda alrededor de un vacío que asume la forma de una deuda, que nos remite a la alteridad y que se constituye como una nueva forma de responsabilidad política y social en la que las palabras vuelven a obtener una significación respecto de la realidad. La comunidad es el lugar en el que se establece un lazo en el que se incluye la diferencia, lo diverso, la alteridad.

La “Inmunitas” o inmunidad es lo contrario, no existe registro de deuda ni obligación de don, es lo que constituye al in-dividuo por excelencia, sólo con su goce en el consumo. Únicamente  puede ser inmune quien no debe nada a nadie.

“Comunitas” e “Inmunitas” siempre están en tensión. Un pequeño agrupamiento de personas no implica una comunidad, ya que la inmunidad asume también el nombre de “lo igual”, como en el caso de los jóvenes que toman mate o cerveza todo el día en una esquina o una casa, desde la uniformidad de una identidad común (étnica,  musical o… Rover). La uniformidad de un grupo implica un no reconocimiento de lo diverso y la falta del estatuto de la deuda simbólica esencial, condición necesaria y suficiente para que se instaure el vacío constitutivo de una Comunidad.

En la comunidad las nociones más importantes son las de hospitalidad que abriga a la diferencia, la amistad, la cautela, “mi presencia en el otro”, el reconocimiento de la propia singularidad como don al otro. Este vacío fundante es motor de comunidad, pero tengamos claro que la comunidad como tal es un imposible, por ello surge la institucionalización y de allí en más la tensión entre la comunidad y lo institucionalizado. Las organizaciones instituyen reglas, pero jamás podrán reglamentar una comunidad, de allí el malestar común a todas las instituciones que se asientan sobre lo comunitario.

Ser miembro de una Institución determinada implica por un lado participar de un discurso compartido, generalmente tendiente a la uniformidad o universalización. De allí la posibilidad que la Institución actúe con un peso mortífero en relación a lo comunitario. La “Organización” construye un discurso de lo común con pretensión de Universalidad, es casi natural escuchar una especie de formulismo del “para todos… x”. Retomando el delirio de grandeza del Programa de Jóvenes, podemos notar que los objetivos del Macpro son claramente un “para todos… x” en el que “LA Institución” determina a partir del exceso, un conjunto de conductas (que se les da el nombre de actitudes) que se producen en una especie de fábrica cognitivo – conductual de “scouts universales” (no sujetos). El “producto terminado” es total, no hay un rasgo de lo propio, no depende ni del contexto, ni de las necesidades, deseos e intereses de las personas…como decíamos al comienzo, la concretización de aquello que debiera ser un Ideal rector es el “pecado mortal” del Programa.

Comunidad de Ideales e Institución. 

Una pequeña comunidad bordea el vacío de su espacio constituyente a partir de las Ideas, o a partir de Ideales que se resignifican y recrean para circunscribir la realidad a la que se pertenece. Habíamos dicho que la construcción de la cartografía del contexto es tarea obligada de la comunidad; agregamos que las Ideas rectoras (que no son lo mismo que los Ideales) deben ser los menos posibles para evitar el extravío y permitir que cada cual pueda inscribir su singularidad respecto del Ideal dentro de la particularidad del contexto.

Un ejemplo de Ideas rectoras en relación al Roverismo podría ser el siguiente:

  1. El trabajo en favor de la justicia en contra de la explotación del hombre.
  2. El trabajo en favor de los Derechos y la Dignidad humana, en contra de la opresión política del hombre.
  3. El trabajo en favor de la solidaridad, en contra de la discriminación.
  4. El trabajo en favor de la ecología, en contra de la destrucción del medio ambiente.
  5. El trabajo en favor de la vida, en contra de la angustia, la desesperanza y el consumo.

Cinco direcciones basadas en la Ley, pero que se ofrecen para que cada uno desde la comunidad de pertenencia, ponga en juego  su particularidad y singularidad. Cinco direcciones, NO todas… al menos una, esa es la característica del rasgo de Identificación con los Ideales

Estas direcciones debieran ponerse en juego en tres niveles de trabajo en cada comunidad Rover, los cuales ejemplificaré para que sea más claro.

LA COMUNIDAD

Tomando como Idea rectora “El trabajo a favor de la ecología, en contra de la destrucción del medio ambiente” podemos nombrar al impecable Proyecto “Gota a gota el agua se agota”

EL EQUIPO:

Generalmente suele pensarse al “Proyecto Rover” a la manera de una empresa caminante, cuando en realidad debieran poder convivir en forma alternada o conjunta, el Proyecto de Comunidad con Proyectos de los distintos equipos. Esto permite que la formación de pequeños grupos a partir de intereses comunes, sirva para trazar rumbos exploratorios de los distintos ejes rectores. Como ejemplo de ello, participé en una comunidad en la que convivían distintos Proyectos:

  1. Un equipo realizó un estudio y posterior reforestación de un espacio público que estaba siendo destruido (Eje “El trabajo a favor de la ecología, en contra de la destrucción del medio ambiente”)
  2. Un Equipo se hallaba abocado a colaborar en las tareas de construcción de una “guardería comunitaria” (Ejes: “El trabajo a favor de los Derechos y la Dignidad humana, en contra de la opresión política del hombre” y “El trabajo a favor de la solidaridad, en contra de la discriminación”)
  3. Un equipo se hallaba abocado a realizar actividades de integración, recreación y campamentos conjuntos, con una ONG de chicos en edad Rover con discapacidad (Eje “El trabajo a favor de la solidaridad, en contra de la discriminación”)

EL ROVER:

La inclusión de la singularidad, de lo propio de cada uno de los miembros de la comunidad como don a la comunidad es de vital importancia, y en los scouts el nombre de ello es la “especialidad”, que a esta altura (en el roverismo) ayuda a determinar parte del Proyecto de vida del joven. Muchas veces se entiende  a la “especialidad” como una especie de orientación vocacional. La lógica de la especialidad es la lógica del don, NO la lógica de la escuela y la orientación profesional. Gran parte de los adultos que forman parte de la organización trabajan en lugares que poco tienen que ver con el “don” y compromiso social que han asumido, y muchos disfrutan de su trabajo, sean albañiles o físicos nucleares. Fuera del tiempo de trabajo, dedican horas y horas a trabajar por los niños y jóvenes, para dar cursos, o participar en distintas organizaciones. Queda más que claro que la lógica del don no va de la mano de la lógica de la profesión.

Un ejemplo de ello es el Rover que luego de participar en los campamentos con jóvenes discapacitados de su misma edad, elige como Proyecto y “servicio personal” dedicarse a trabajar con ellos en forma permanente, aunque su elección profesional fue estudiar arquitectura. El ejes rectores elegidos y que se convirtió en rasgo del Ideal permanente fue “El trabajo a favor de la solidaridad, en contra de la discriminación”

Seguramente habría mucho más que escribir, por lo pronto el destino del Roverismo en nuestro país, a mi parecer es una gran incógnita. No creo que por los caminos que transitamos podamos llegar muy lejos, a no ser que alguien tenga la certeza de que podemos producir al “superhombre”.

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