La magia del fuego

campfire-ipad1Releyendo alguno de mis libros en inglés me tropecé con este extracto de la primera edición del “Manual del Boy Scout” ( Boy Scout Handbook First Edition 1911) de los norteamericanos, y no me pude resistir a traerla aquí. Dice así:

“No se puede concebir un campamento sin una buena fogata.
Nuestros hogares no tienen, por lo general, ni siquiera una chimenea.
La fogata es una de las mayores escuelas de la imaginación que jamás haya habido y que nunca habrá.
Eleva la moral, supone siempre un tremendo estímulo a la imaginación, y por ello es por lo que las historias y el fuego van siempre unidos.
No tendrás una buena fogata de campamento sin una buena historia. Y nunca contarás una buena historia a menos que lo hagas junto a un buen fuego.
En el fuego de campamento existe un placer impalpable, invisible, suave y creciente, que escapa al análisis. Enumera todos sus encantos y todavía te quedarás corto.
Cualquiera que haya sido testigo de un buen fuego de campamento y haya participado en su diversión, así como de su solemnidad, nunca lo olvidará. La enorme hoguera elevando su lengua llameante en la oscuridad de la noche, la perfecta lluvia de chispas, la compañía de los alegres compañeros, la inmensa oscuridad del entorno del bosque de coníferas, la mágica luz y sobre todo los cantos, los gritos, las historias, la diversión y finalmente las palabras serias para terminar, son una feliz experiencia que se recordará durante largo tiempo”.

fuegoLos fuegos entrañan sus riesgos, no es novedad. Ya entonces se dedicaba una página entera, elaborada nada menos que por el Secretario de Agricultura norteamericano, con el fin de advertir y concienciar a los muchachos. Y los aspectos que se remarcan son prácticamente los mismos que ahora.

Sin embargo considero imprescindible ser capaz de integrar el fuego en el desarrollo del programa escultista. Buscando los lugares oportunos, extremando las precauciones y cumpliendo la ley de modo escrupuloso…pero sin dejar de realizarlos.

Me parece imposible separar mi vida scout de aquellas fogatas nocturnas, y brindar a los muchachos experiencias similares creo que bien merece el esfuerzo de la búsqueda.

Dejar de enseñar el arte de realizar un buen fuego (junto con las precauciones y consejos en su manejo, la cocina rústica o el relato de historias a su alrededor), por motivos de dificultad o incomodidad, creo que nos priva de un elemento fantástico a la hora de crear un espíritu de grupo, un ambiente mágico, y olvida su gran capacidad a la hora de generar una buena dosis de autoestima y recursos en los chicos.

Pocas cosas hay comparables a la sensación de suficiencia que da el poder encender un fuego correctamente, y ésta se multiplica si se realiza por un medio “primitivo”, como el del arco de fricción.worlds-best-survivalism-howtos.w654

Muchos argumentarán que, existiendo en la vida actual multitud de elementos que permiten encenderlo de manera casi automática, se trata de algo desfasado o sin valor. En cambio yo no lo veo así. Al encenderlo de modo rústico estamos estimulando la imaginación de los chicos, mejorando su capacidad manual, haciéndoles comprender los elementos esenciales de la combustión, dotándolos de recursos que les permiten aumentar su confianza, y además su dificultad consigue que la ignición de cualquier fuego con medios más modernos resulte un verdadero juego de niños.

En todo caso es sólo un ejemplo de cómo envolver de magia algo relativamente sencillo.

Busquemos los lugares, molestémonos en pedir los permisos pertinentes y en informar adecuadamente, tomemos las precauciones oportunas, pero…no dejemos de jugar el juego.

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