Efectos de torsión en los conceptos básicos del escultismo (II). Educación por protocolos

protocolo

¿Qué es un protocolo?

Generalmente se entiende por protocolo a una serie de formularios detallados que son usados para un ensayo clínico o científico. El Protocolo es una especie de Plan detallado en el que se especifican, por ejemplo, determinadas conductas a los fines de poder “objetivar” la presencia o ausencia de las mismas. Esto permite entre otras cosas la “cuantificación”, que sería una especie de “objetivación” de las conductas de una persona respecto a lo que el protocolo indica.

Podríamos decir – y no nos equivocamos en ello – que los objetivos educativos del MACPRO son un Protocolo, ya que en él figuran una serie de conductas establecidas arbitrariamente que son consideradas por quienes lo diseñaron como aquellas que son “esperables” para un grupo de edad determinado; por lo tanto la ausencia de una de esas “conductas esperables” implica que debe trabajarse para obtenerla. Si una persona alcanza las conductas “protocolizadas” se considera que la misma ha cumplido con los objetivos que el Movimiento Scout se propone lograr con los niños y jóvenes.

No es difícil darse cuenta de que no se trata de saberes como lo que se ha planteado históricamente, desde “escultismo para muchachos”. Se trata de actitudes y las mismas son conductas. Anterior al MACPRO y al actual Programa de Jóvenes, sucedía que teníamos un programa con contenidos pero no con conductas… esto es sumamente interesante ¿por qué?. Porque el Ideal que funcionaba como un imperativo era la Ley Scout (10 puntos) y la adhesión a su observancia; la forma que cada uno se relacionaba con ella y la “hacía carne” era singular, propia, libre, a partir de su historia y deseos, a partir de sus marcas. Con el actual Programa los imperativos se multiplicaron y pasaron a ser toda la serie de conductas dejando de funcionar la Ley como horizonte, y transformándose en una serie de conductas supuestamente objetivables que pasan a ser una carga pesadísima para niños y jóvenes: Aplausos para los diseñadores: han creado el cyborgscout del siglo XXI.

Este proceso de pasaje de los 10 puntos de la Ley a las 98 conductas (actitudes) esperables en un caminante – por ejemplo –, para los que tienen algún tipo de formación teológica, guarda mucha similitud con la historia Bíblica en la que de los 10 puntos de la Ley Mosaica se pasan a una interminable cantidad de preceptos (conductas) a cumplir por parte de los judíos de la época de Jesús; es muy interesante leer el capítulo 23 de Mateo en el que se hace clara referencia a lo que sucedía en esa época… no está demás decir que Jesús reduplica la apuesta simbólica y propone solo dos mandamientos, al Amor a Dios y el Amor al prójimo…

¿Por qué ha ocurrido esto? El MACPRO y el Proyecto Educativo son muy lindos, ideales, pero poco humanos. Formulados desde una perspectiva cognitivo – conductual han creado la serie de “conductas esperables” – imposibles – del “cyborgscout” del siglo XXI . Podemos notar cómo la cuestión de base son las conductas a obtener por parte de los niños y jóvenes que participan del movimiento, y el método scout está orientado a trabajar para lograrlas, no se puede jugar o acampar por el placer de jugar y acampar, lo que se haga tiene que ser para lograr las “conductas esperables”, y en lo posible a la mejor manera cognitivo – conductual, con una cuadernito o cartilla en la que se coloquen objetivos para lograr las conductas, actividades para lograr las conductas. Lo que Baden Powell denominó como el “Gran Juego” ha pasado a ser algo serio en los distintos sentidos del término; serio respecto de los procedimientos y acciones que de él se desprenden, y serio por lo gravoso de la Visión o Idea de Hombre que se oculta detrás de los procedimientos y acciones propuestas. Una visión computacional  – la negación del hombre – en perfecta sintonía con el nuevo paradigma de control social del Imperio, instalado paradójicamente en el centro del Programa de la Organización de Educación No Formal más grande del mundo. Por suerte, gran parte de la dirigencia no se toma demasiado en serio estas cuestiones, pero ha quedado desorientada respecto de las otras, las más comunes, las más tradicionales, de hecho uno de las cuestiones que han surgido en los últimos tiempos es el cómo se ha perdido conocimiento y manejo del “método scout”, todo un síntoma…

Hace algunos años atrás, el “Gran Juego” consistía en aprender algunos nudos, salir de aventura, participar en campeonatos de patrulla, hacer una Buena Acción todos los días creciendo en el Servicio, descubrir una orientación para el servicio desde lo personal. Cada uno, desde el cómo los valores del movimiento lo había tocado, desde su singularidad, desde lo propio, generó sus compromisos personales y sociales en los diferentes ámbitos políticos y comunitarios de los países en los que el escultismo se halla presente. Hoy en día, el “Gran Juego” corre el riesgo de ser sólo es un nombre, una excusa, ya que en la práctica pasa a ser relevado por las “conductas esperables” que deben lograse con los niños y jóvenes. Estas se convierten en el nuevo espejismo que engaña a los educadores que creen que en verdad por medios de las mismas colaborarán con la educación de los niños y jóvenes, siendo parte de la Omnipotencia de creer que los niños y jóvenes son “programables”. Sin saberlo, muchos dirigentes participan en el paradigma de la “máquina” de control social más importante que comienza a asomar su cabeza en la sociedad globalizada del siglo XXI, en la que la Libertad de las personas queda reducida a una utopía, a un error en la Matrix…

Educar para el protocolo o las bases de la Ideología cognitivo – conductual 

Beck (padre del cognitivismo) postula como base de su trabajo lo que se denomina la “tríada cognitiva”, que se compone por: el sí mismo, la experiencia y el futuro. ¿Cómo entender esto?. Quizás con un ejemplo: Un niño de una villa tendría una determinada visión de sí mismo, del mundo y del futuro; para el cognitivismo sería posible que a través de una serie de técnicas cognitivo – comportamentales se favorezca el proceso de “concientización” y se corrijan las conductas “disfuncionales” en función de un determinado “standard” previamente definido. No importa la historia, no importa el grupo cultural, no importa de quién se trata ni lo que desea… sólo importa el presente y la conducta a cambiar, mejorar, o lograr.

Las técnicas partirán de tres principios fundamentales: el empirismo colaborativo, el diálogo socrático y el descubrimiento guiado.

El empirismo colaborativo se relaciona con la conveniencia entre las expectativas de la persona respecto de los objetivos planteados, y la figura del Educador. El educador es un “instrumento” dentro del esquema educativo, siendo impensable para dicho esquema la posibilidad de que la persona (según el ejemplo el niño) no adhiera a trabajar en relación a dichos objetivos (¿por qué debiera hacerlo alguien que quiere jugar o vivir aventuras?); de la misma manera es impensable la posibilidad de una reacción negativa ante el uso de la técnica, lo que en el caso del movimiento scout implica directamente el abandono de la actividad. En el caso de la Educación Formal encontramos como respuesta ante estos “inconvenientes” la proliferación de los “trastornos” de distinto tipo; para los que una nueva receta cognitivo – comportamental más algún medicamento que se considere adecuado, se ofrecen como una “posible solución” para quienes no se adaptan al sistema.

El diálogo socrático, las intervenciones del Educador se producen teniendo en cuenta el diálogo entre éste y la persona, de esta forma se formulan preguntas o hipótesis de trabajo, al sólo efecto de que el educando trabaje en relación a los objetivos protocolizados. La asimetría de la relación tiene una carga de agresividad importante, ya que el “educando” por definición debe orientarse al cumplimiento de los objetivos estandarizados y sobre eso girará el diálogo. La participación “activa” del educando no es tal, ya que la “conducta esperable” no es determinada por él sino que viene “desde fuera”, lo que implica que la condición para ser “activo” en su educación es ser “pasivo” (arrasado subjetivamente) ante los objetivos previamente definidos. Si esto no ocurre nos encontramos con la no adhesión a dicho protocolo y el desarrollo de conductas desreguladas por fuera del mismo que se constituyen en un arco que va desde la agresividad, la angustia, hasta el salirse de la escena; lo que comúnmente es considerado un “trastorno” en la conducta.

El descubrimiento guiado se relaciona con la puesta a prueba de las hipótesis obtenidas durante el momento del diálogo, y a partir de allí se trata de reestructurar la vida del individuo a partir de una especie de método hipotético. – deductivo, que apunta a ubicar los obstáculos que no le permiten lograr la conducta esperada, y aplicar lo que podríamos llamar “medidas correctivas”.

Para la “educación protocolizada” la adaptación del individuo a los objetivos es el único valor, por eso el propio acto del protocolo niega al humano como sujeto deseante, como persona. Para la “educación protocolizada” se trata de entender al individuo como si fuera una computadora que realiza una serie de comportamientos disciplinados (los objetivos) a partir de la utilización de una serie de funciones cognitivas.

El sábado, en el grupo ¿están preparados para ingresar un nuevo software a los Cyborgscouts?. Para pensarlo… y en serio.

Comparte con otros... Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on Twitter0Print this pageEmail this to someone

0 Respuesta a “Efectos de torsión en los conceptos básicos del escultismo (II). Educación por protocolos”


  • Ningún Comentario

Añade un Comentario