Adolescentes en banda II

piazzola

En el artículo anterior planteábamos algunas cuestiones generales con relación a la adolescencia en nuestra época. Señalamos la función del ritual de pasaje —la ausencia de éste en nuestro tiempo— y las patologías de época que se relacionan en su mayoría al consumo.

Se hace necesario plantearse —en relación a los agrupamientos juveniles— si existe diferencias entre lo que hoy se denominan tribus urbanas y las gangs bands; cuáles son las diferencias, y las perspectivas de trabajo con cada una de ellas.

Un primer punto a tener en cuenta es que las tribus urbanas son herederas directas de los modos de agrupamiento adolescente que existen desde hace mucho tiempo, y tal como sucede en décadas pasadas provocan temor a los adultos porque generalmente los adolescentes provocan esa sensación en los adultos.

Pertenecer a una tribu urbana es ser parte de un lazo social a partir de un rasgo común por lo que podríamos decir que el agrupamiento en tribus o grupos más chicos es un signo de cierta normalidad en los adolescentes. Ser parte de una tribu implica el uso de determinados códigos, signos estéticos de pertenencia como la ropa, pelo, imagen corporal, consumos, etc. La Tribu se convierte en un lugar de semejantes, en este sentido tendremos sujetos que ubican en algún semejante la figura de modelo a seguir, objeto de amor, rival (en lo interno de la tribu o en otra tribu) y finalmente ayudante. Todas estas identificaciones son pasibles de ir a los extremos del amor—odio ya que se ubican en lo que se denomina eje Imaginario, y que si bien por un lado el otro—semejante puede producir calma, por el otro puede producir una experiencia contraria, siniestra, angustiante, en tanto quien actuaba como un igual se convierte en alguien distinto produciéndose el desconocimiento y la inquietud que esto puede despertar.

La ausencia de lazos sociales en la adolescencia generalmente es más preocupante que su presencia. Algunos adolescentes buscan en las tribus urbanas solucionar algo de aquello que no funciona en su casa y que se hace necesario en su constitución como personas, de allí la enorme importancia que adquieren estos grupos. Aquellos chicos y chicas que pasan por momentos de perturbación personal son aquellos que pueden cometer los actos que generalmente los medios televisivos se ocupan de poner en cartel, pero no es lo común en dichas tribus… Estos adolescentes con problemas a veces obtienen un ser a partir de la participación en una Tribu, pero éste no alcanza para velar cuestiones personales que les suceden y que debieran ser atendidas. La realidad de la TV no es la realidad de estos grupos, que terminan presentando a los adolescentes en general como aquellos de los que hay que cuidarse.

Es común que en las tribus urbanas, dentro de los distintos roles que se asumen estén presentes el del amigo íntimo pero también el marginal en cualquiera de sus formas (drogón, enfermo, etc.) que aporta a la tribu algo de lo oscuro que convoca, con lo que se juega, pero de lo que no quiere saberse demasiado. Generalmente el marginal está pasando por un momento muy pesado de su vida con una perturbación afectiva y psíquica importante… y si los chicos se realizan pequeños cortes como signos de identificación éste se los hará profundos dando a ver el grado de perturbación real en el que se encuentra. El marginal se toma demasiado en serio las insignias de la tribu…

Las Gangs no son tribus urbanas, aunque compartan algunas cuestiones como puede ser insignias, ropajes, códigos, las identificaciones imaginarias… Si las tribus urbanas surgen en la adolescencia como un modo de tratar de hacer algo con las identificaciones, con la cuestión del sexo, con las relaciones familiares; en las gangs no existe la gratuidad del don y la posición de los líderes de las mismas es la de la figura del canalla, aquellos que participan en el grupo dándole consistencia siempre y cuanto exista posibilidad de ventaja personal. Nombrados por el marxismo como lumpen—proletariado o —para ser más actuales— neo—lumpen—proletariado; son desclasados con una enorme dificultad para establecer algún tipo de vínculo comunitario dentro de la lógica del don (comunidad); desarrollan sus actividades al margen de la ley y de cualquier tipo de legalidad: delincuencia, corrupción, prostitución, proxenetas, dealers, etc. El neo—lumpen—proletariado va más allá de una cuestión de clase social; como diría Roberto Espósito no sienten que le deban nada a la sociedad ni hacen nada para que esta cambie (lógica del don), consideran hostil el entorno social y sin valor alguno a quienes están en él; las cuestiones ciudadanas que los ligan a alguna legalidad son ignoradas por completo. Las gangs también dan pertenencia, y los códigos para los miembros son muy estrictos. Es muy común que si no existe una dura dirección del grupo por parte del líder, éste caiga porque otro ocupa su lugar.

Es muy importante ubicar que en las gangs no son todos canallas, generalmente participan otros miembros que repiten historia de violencia familiar, abandono, necesidad de seguridad en la figura de un líder, etc.; los cuales podrían acceder a otra cosa… La historia lo muestra así… en varias oportunidades ha habido crisis sociales y esto no convierte a todos los que quedan desclasados en delincuentes (decir esto sería una burrada). No creamos que lo que sucede en nuestra época es la primera vez que ha pasado… Horacio Ferrer en su libro El tango: su historia y evolución nos cuenta con un poema de Carlos de la Púa la historia de los inmigrantes y lo que sucede en la gran crisis:

“Vinieron de Italia, tenían veinte años
Con un bagayito por toda fortuna
Y, sin aliviadas, entre desengaños
Llegaron a viejos sin ventaja alguna
Más nunca a sus labios los abrió el reproche.
Siempre consecuentes, siempre laburando
Pasaban los días, pasaban las noches:
El viejo en la fragua, la vieja lavando
Vinieron los hijos ¡todos malandrinos!
Vinieron las hijas ¡todas engrupidas!
Ellos son borrachos, chorros, asesinos
Y ellas son mujeres que están en la vida”

El testimonio de Astor Piazolla, quien creció en un ambiente complicado como los que describimos, reafirma el camino que el escultismo debiera fortalecer y con el cual insistimos especialmente en ¡Apuntad Alto!

Yo vivía en Brooklyn, en Little Ytaly —barrio de Nueva York poblado, como su nombre lo indica, mayoritariamente por Italianos inmigrantes— Era la época de la ley seca —la famosa ley que prohibía la fabricación y venta de alcohol— y los gánsteres pululaban como moscas en chiquero. Más de una vez en la peluquería de mi viejo zumbaban los balazos a granel. Yo era un pibito muy atorrante, y tenía una barrita de amigos también muy atorrantes con quienes nos dedicábamos a toda clase de tropelías: tocar timbres, romper vidrios y, lo más peligroso, robar en las tiendas. Por supuesto, un día nos agarro la policía —yo tendría 7 u 8 años— y mi papa —a quien adoraba— casi me mata. Si hubiera seguido por este camino es casi seguro que hubiera terminado mal, muy mal. Gracias a Dios, a mi viejo se le ocurrió comprarme ese bandoneón que encontró de casualidad en una vidriera de alguna parte, y me salvo la vida. A pesar de que yo no quería saber nada de estudiar música, en cuanto le puse las manos encima a este bendito fuelle me enamoré perdidamente de él y de la música, y abandone a la barrita brava

Que falten padres que acerquen bandoneones a sus hijos es un enorme problema social… pero que los dirigentes scouts en su función vicariante crean que la actividad scout pasa por hacer juegos en el patio de grupo cumpliendo más de 100 objetivos por rama, sin trabajar por ubicar eso singular que puede hacer que un chico encuentre un buen lugar en la vida (que vale mucho más que cualquier malla de objetivos) convierte la cuestión al menos para los chicos que se acercan a los grupos scouts, en más que preocupante.

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1 Respuestas a “Adolescentes en banda II”


  • Joan Ninguna SPAIN

    Muy interesante la vivencia de Astor Piazolla y superdelicioso el poema de Carlos de la Púa, imagen vívida, experiencia…
    En cuanto al fondo del artículo: ¿qué decir?, si estamos en ello desde muchas décadas atrás. Es lo que hay: con eso se tiene que trabajar y, además, se puede…

    En Buenos Aires DF.(2003) conocí experiencias muy interesantes y seré muy breve: chicos y chicas de clase media baja, muy próximos al Neo-LP., adentrándose en la “Tribu” (dispuesta sotovocce, ad hoc) con dos referentes simbólicos muy claros: uno tan de la edad (14-17) como participar en la AVENTURA (exploraciones en territorios aún inexplorados de la RF. Argentina en una segunda fase, después de inicarse) vía capacitación personal como “guías”.

    El otro: La Pampa y sus habitantes elevados a MITO (Martín Fierro). La pampa gauchesca e, importante, el Código de Honor entre Gauchos (que pueden matear y también matarse apenas extinguida la fogata compartida durante la noche).

    De la mano de Fierro, estos jóvenes transitan -sin apenas darse cuenta- desde una realidad próxima a la descrita en el artículo, hasta el lugar y tiempo en el que pueden afirmarse en propiedad con “#P#: sentido del yo (mismidad), los otros (alteridad), PERTENENCIA, identidad, rol…

    Lo siempre azaroso (incognito) en LA AVENTURA asegura, confirma, consolida, el trabajo urbano previo.

    Aprecié en todo ello una mixtura metodológica muy eficiente y eficaz en suma, a cargo mi amigo Pedro que, curioso, muchos años antes dedicaba su tiempo como “Lobatero” en un GS. de Mendoza. CAMIARE-Escuela de Guías. (Sin ánimo de lucro). Buena Caza

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