Adolescentes en banda I

Toronto City Campaign

El presente artículo es el comienzo de una serie que se ofrece como medio para plantear algunas de las características y dificultades de los adolescentes en nuestro tiempo. ¿Es importante adentrarnos en la época en que vivimos a la hora de abordar la problemática adolescente? Si partimos del papel de la cultura en tanto se propone como agente del discurso en el que nos hallamos insertos, las características de la adolescencia y de las enfermedades o síntomas actuales difícilmente puedan pensarse por fuera de la relación entre el lazo social propuesto desde la cultura oficial y los modos actuales en el que los chicos y chicas se inscriben en dicho lazo.

Cada época (y cultura) ha ofrecido determinadas pautas simbólicas que permitían que el pasaje de la niñez a la adultez no resultara con muchas complicaciones. Podemos tomar el ejemplo de los pueblos originarios como los Tehuelches, que por medio de un ritual determinado quien hoy era niño luego del rito era considerado hombre con pleno derecho.

Generalmente se nos hace más fácil ubicar los rituales de pasaje en otras culturas que en la propia. Si hacemos la prueba de conversar con los abuelos podremos ubicar el enorme valor de reconocimiento social que tuvo en su época el abandono del pantalón corto por el largo, el cumpleaños de 15 donde una niña se consideraba señorita, el cumpleaños de 18 donde un niño era considerado hombre, luego trasladado al cumplimiento del servicio militar o conscripción, donde el haber sorteado esa prueba provocaba una consideración social y personal distinta. Algo de esos rituales quedan, pero sin la eficacia social de otras épocas.

¿Por qué los rituales de pasaje eran eficaces? Porque evitaban el desvanecimiento de los límites entre las edades, permitiendo que las personas puedan identificarse con roles distintos en momentos distintos de su vida dentro de una estructura jerárquica, posibilitando la asunción de un cuerpo social que sobrepasa. Para la cultura de la que se tratase el niño era niño, jugaba como niño, actuaba como niño, sabía que se esperaba de él como niño; de igual manera el joven, la pareja joven, los adultos y los ancianos. Lo jerárquico se encuentra en relación a la orientación que brindaba el orden social cultural, como a las formas de control social que hacían que cada uno ocupara el lugar que le correspondía acorde a su edad.

En la actualidad en lo que queda de los viejos rituales de pasajes el valor social pasa más por la fiesta, que por su eficacia simbólica. Los rituales como el nacimiento, casamiento y la muerte tienen el valor de trámite burocrático a cumplir porque la Ley obliga, o para acceder a algún beneficio como una obra social. Esta desorientación generalizada producto de nuestro tiempo provoca el retorno de formas sociales más violentas reapareciendo en los grupos adolescentes rituales de pasaje con una violencia inusitada especialmente en las bandas (gangs), que conviene diferenciar de las Tribus Urbanas que funcionan dentro de otra lógica y discurso social.

A esta altura se hace importante ubicar algunas cuestiones con relación a las funciones del rito de pasaje. Con Joseph Campbell podemos decir que:

    a. En correspondencia a la función de instituir una relación con la trascendencia (lo religioso), en la actualidad podría decirse que justamente no se trata de una relación sino de una multiplicidad de propuestas fragmentarias con una imposibilidad de universalización.
    b. Respecto de la función cosmológica que implica la apropiación de una determinada cosmovisión (visión del mundo); la fragmentación actual y el malentendido producido a partir de la globalización generó una multiplicidad de cosmovisiones, ocupando los medios de comunicación social un rol homogeneizante con la pretensión de interpretar los fenómenos sociales desde la cosmovisión hegemónica. Al escuchar a un adolescente cobra vital importancia escuchar en lo que dice, desde donde habla, que Otro lo habita, en que Otro se constituyó y como se encuentra afectado por ello. El riesgo de la lectura desde la hegemonía y la homogeneización social o de clase es perder lo singular de ese adolescente que se encuentra con nosotros, en una época donde las particularidades han surgido erráticas pero con mucha fuerza, quizá como respuesta al aplastamiento de la globalización.
    c. Con relación a la función sociológica, el ritual de pasaje tenía a su cargo enseñar el fundamento del orden social: división del trabajo, castas, leyes, etc. En la actualidad más allá de las teorías que intentar dar cuenta del orden social, en lo concreto la situación de abandono en la que por muchos años ha sido sumergida gran parte de la población ha impactado fuertemente en la creencia necesaria de que una sociedad distinta es posible, la teología y la política son actos de fe, por eso se apoyan en la promesa buscando generar creencia. La reducción de los sujetos deseantes a sujetos de pura necesidad biológica por supervivencia, no fue sin consecuencias para las personas y la sociedad en su conjunto; también en esta época surgen los movimientos sociales que intentan al menos inventar algo distinto, más allá de lo biológico, como respuesta al aplastamiento de la subjetividad.
    d. La función pedagógica del ritual del pasaje es la que orienta en el cómo vivir la vida. Remontándonos a los puntos anteriores podemos reducir la situación a lo que podría llamarse caída de los Ideales que orientan al sujeto, por lo que en un punto si la educación en sí es algo imposible, en el presente estado de fragmentación posmoderna la complicación es aún mayor.

Podría decirse que los fenómenos de la adolescencia en estos últimos años se vinculan a la deflación de los grandes Ideales sociales que mundialmente se graficara con la caída del muro de Berlín y el anuncio por parte de Francis Fukuyama de la muerte de las ideologías. Esto último implicaba el triunfo del capitalismo elevándose los objetos de consumo al estatuto de supremo bien invirtiendo la fórmula en la que los Ideales determinan los objetos deseables, por una nueva en la que los objetos del mercado determinan los Ideales fragmentarios, sin mayor consistencia, ofreciéndose como falso lazo social entre las personas. No es casual que los nuevos síntomas de la época, las nuevas patologías se relacionen con la imagen y el consumo: anorexia, bulimia, hiperobesidad, toxicomanías, compulsiones; de igual manera el robo adolescente se relaciona con el consumo, con aquello que se ve por televisión y difícilmente se pueda obtener de otra manera, si los objetos determinan el ser se hace imperativo el tenerlos para poder ser.

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2 Respuestas a “Adolescentes en banda I”


  • Buenas! Me parece q imponer el concepto “Problemática adolescente” es estigmatizar una franja etaria. Tienen sus características, como los lobatos y los Scouts, y suelen ser mas relevantes sencillamente porque son màs grandes que los ya mencionados, pero no son un problema, son situaciones con las que conviven como el resto de la sociedad.

  • Nati.

    Creo que leyendo el texto completo queda claro que el uso del término “problemática” es con relación a las ciencias sociales y las ciencias de la subjetividad. De allí proviene mi formación y trabajo, y de esa manera utilizo los conceptos en los textos que escribo sea para un blog o para la presentación en ámbitos académicos o científicos.

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