El taller en la rama intermedia (1)

Hace unos cuantos años atrás al leer un libro titulado “La causa de los adolescentes” escrito por la psicoanalista Françoise Doltó, me sorprendió encontrar la historia de un adolescente que había comenzado a armar un avión en el sótano de la casa – tarea que le había llevado meses – ; y cuando termina su obra se da cuenta que no podía sacarla del lugar porque no había forma de que el avión pasara por la puerta sin romperlo… Para Doltó el avión había cumplido su función aunque nunca hubiera podido volar, y todo ese tiempo de trabajo realizado con entusiasmo había servido como modo de acompañar la resolución de distintas dificultades que el muchacho atravesaba durante el pequeño caos de la caída de identificaciones que implica la adolescencia, tiempo en el se ingresa en una zona donde la dificultad para la palabra puede llevar al ingreso al mundo de los consumos, conductas de alto riesgo.

taller caminante

Los caminantes/ Raiders/ pioneros atraviesan por un momento de dificultad para la expresión de los afectos, por ello existen dificultades para comunicarse y encontrar un punto de amarre identificatorio en ese pequeño caos del “¿Quién soy?”.

Es de esperar que los chicos apelen al uso de otros medios para intentar construir puentes entre lo interior-exterior que les permitan ubicarse consigo mismos y con los demás… eso muchas veces ocurre y es favorecido por la creación de espacios físicos como lo es el taller caminante.

Un lugar donde alojarse

El taller en primer lugar es un espacio físico. Quizás sería bueno que los lectores recuerden los espacios seguros de su adolescencia en los momentos de crisis… la habitación, la casa de un amigo, el grupo. No importaba tanto qué cosas habían dentro de él sino la posibilidad de sentirse alojados y poder cerrar la puerta marcando un adentro y un afuera.

Antes de llenar el taller de cosas debemos pensarlo como espacio vacío, lugar donde se comienza a delinear un adentro y un afuera que permite albergar en ese “adentro” algo del orden de lo grupal y de lo singular… en ese espacio se aloja lo que se repite en el día a día y lo novedoso. No es casual que en el movimiento scout se propicien lugares acordes para cada uno de los grupos de edad y que se afirme que si los chicos no tienen espacios de encuentro difícilmente pueda trabajarse.

El taller como espacio de los muchachos es lugar privilegiado para reunirse, conversar, trabajar… y también para concurrir cuando es necesario descomprimir alguna situación personal complicada. NO ES PRUDENTE Y ES NEGLIGENTE, que el espacio del taller sea reemplazado por la “cocina” de la casa de alguno de los dirigentes ya que éste no es un lugar “neutro” para los chicos.

En los cursos para Educadores Scouts se hace demasiado hincapié en la figura del dirigente caminante como “ídolo”, lo que se podría denominar como el desarrollo de un “afecto positivo” que permite el diálogo y el trabajo; el problema es que en los cursos siempre se cuenta la mitad de la historia, la que más puede gustarle al cursante y no suele hablarse del desarrollo de otro tipo de afectos como los negativos… que son del orden de la agresividad y del erotismo, expresados de distinta manera como tensión interna, bronca, etc; odio en oposición al amor. Estos “afectos negativos” son parte del tiempo de la adolescencia, no tenerlos en cuenta puede llevar a que el grupo deje de alojar a quien lo precisa. No hay que menospreciar la psoibilidad de que en la figura del dirigente se establezcan vínculos amorosos (tan bien representados en la película “Belleza Americana” donde una adolescente se enamora del padre de una amiga) que suelen ser complicados y exigen mucha prudencia..Estos motivos son más que valederos para que los grupos scouts no permitan el desarrollo de reuniones en casa de los dirigentes, siendo una prioridad la construcción de los espacios de los muchachos, o el uso de lugares alternativos a condición de que sean impersonales (escuela, iglesia, sociedad de fomento)

El taller como espacio social

En todas las épocas, los talleres han sido lugares donde se hacen cosas pero fundamentalmente han sido espacios donde se favorece la cohesión social, la inclusión dentro de un grupo. En el taller se establecen distintos rituales… la ronda de mate al momento de conversar o trabajar, la transmisión de la técnica de “alguien que sabe a alguien que no sabe” (uno de los modos de transferencia de contenidos de progresión que considera el “sistema de patrullas”), el compartir la información que cada uno tiene, etc.

En el taller las cuestiones de mando se discuten “cara a cara”, ya que en el espacio de trabajo la autoridad de coordinar –por ejemplo – la elaboración de remeras estampadas está legitimada en quien conoce la técnica para hacerlo, y por ello es quien está en condiciones de sistematizar el proceso de trabajo. Este punto es muy importante porque en el espacio del taller tanto el dirigente, como un caminante /raider / pionero que recién ingresa, pueden transmitir y coordinar un espacio de trabajo. Es preciso señalar que esto no implica arbitrariedad, ya que el lugar del coordinador del trabajo se acota en la transmisión de la técnica.

Para transmitir la técnica en el taller se utilizarán distintos medios, uno de ellos sumamente importante es el soporte visual. Desde la Enciclopedia de Diderot a la fecha se sabe que el dibujo detallando los distintos pasos para construir un objeto o para aprender una técnica artesanal, cumple un papel muy importante en la transmisión de la técnica. De igual manera ocurre con el “objeto modelo” que permite un acceso a conocer lo que se va a realizar usando todos los sentidos. Es por ello que el espacio de taller no sería adecuado si no cuenta con un panel de actualidaddonde, además de las cuestiones generales de la rama, encontremos el soporte visual de aquello en lo que se está trabajando. Aquellos “pedagogos” que forman parte de la “ignorancia docta” respecto a los medios educativos que utiliza el escultismo, difícilmente podrán entender lo importante que puede ser un cuadro de nudos comosoporte visual y material.

Herramientas del taller

 Richard Sennet en su libro “El artesano” editado por Anagrama; tipifica las herramientas en dos grupos: las herramientas tradicionales y lo que podríamos llamar máquinas herramientas que denomina “herramientas espejo”. Estas últimas se clasifica a su vez en replicantes y los robots. Las herramientasreplicantes (como el marcapasos) son aquellas que imitan una función del cuerpo permitiendo mejorando su funcionamiento. Los robots son una ampliación de nosotros mismos, de nuestro yo, generalmente no se cansan, trabajan mas rápido y son mas fuertes… un ejemplo común de robot es el MP3, que no es mas ni menos que una ampliación de nuestra memoria que permite “recordar” cientos de canciones

En un taller caminante / raider / pionero no pueden faltar las herramientas. Tenemos las tradicionales que son aquellas que nos permiten acampar y que solemos encontrar en los cajones de rama (hachas, martillos, tronzadores, etc), pero también tenemos robots que no se reducen a agujereadoras eléctricas sino a otro tipo de máquinas que hoy difícilmente podamos no tener en cuenta. Si hace años atrás en cada rama o en el grupo scout había una biblioteca con libros en formato papel a disposición de los chicos; hoy tenemos la posibilidad de hacernos de bibliotecas digitales muy baratas que nos amplían las posibilidades de trabajo, de la misma manera que los programas de computadora amplían las posibilidades en distintas tareas… en una PC podemos disponer de manuales de juegos, campismo, ecología y las distintas temáticas que pueden servir y de las que puedan servirse los chicos y las chicas. Por eso es IMPENSABLE pretender hacer funcionar una rama caminantes / raiders / pioneros en ausencia de un local de trabajo.

En el trabajo del taller, aquellos a los que se le dificulta el habla de sus cosas por cuestiones de la edad, pueden construir aviones donde encontrar puntos de amarre en el pequeño caos identificatorio en el que viven… como pensaba Platónlos artesanos están tan involucrados con cosas materiales como entre ellos mismos. En el trabajo del taller en cada objeto queda la marca personal de cada uno de los chicos, el “fecit” o “yo lo hice” que por definición es un punto de anclaje dando valor de existencia “yo lo hice, yo existo”

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