La responsabilidad en el mundo de hoy

Una de las frases del fundador que siempre me ha gustado más es la de “rema tu propia canoa”. En ella se hace referencia a la propia responsabilidad a la hora de dirigir nuestras vidas.

paddleLa responsabilidad viene definida como la capacidad de reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. Todas nuestras acciones tienen consecuencias, y está en la madurez de las personas el sopesar cada uno de estos actos a fin de que dichas consecuencias nos conlleven bienestar y felicidad, a nosotros y a nuestro entorno, en el presente y en el futuro.

Tengo la impresión de que en el mundo actual cada vez nos dejamos llevar por el grupo, nos escudamos más en los demás y nos responsabilizamos menos de lo que nos ocurre. Y es aplicable en todos los ámbitos, tanto en el gobierno como en los banqueros, en los empresarios o en los trabajadores.

Si nos tropezamos con el borde de una acera la culpa es del Ayuntamiento por haberlos puestos tan altos. El que nosotros caminemos sin prestar atención por dónde vamos es lo de menos. Y nos lo llegamos a creer tanto que las demandas caen por doquier.

Si ocurre cualquier evento catastrófico exigimos que sean los demás los que nos saquen del entuerto. No se nos ocurre que ellos tienen quizá la obligación moral de hacerlo, pero que si hubiésemos sido previsores y hubiésemos contratado una póliza de seguros, quizá no nos veríamos en la tesitura de pedir.

Exigimos ayudas y subvenciones, en lugar de calentarnos la cabeza y ponernos manos a la obra para conseguirlas por nuestros medios.

Y pedimos préstamos con alegría, basándonos en previsiones optimistas o poco realistas (pocas veces solicitamos ayudas de expertos para ello, porque…cuestan), buscando subterfugios legales para evitar devolver si luego nos va mal (lo que origina luego una cadena de traslación de la deuda, normalmente hacia los más débiles). Y si luego nos piden lo prestado nos revolvemos airados y los tratamos de usureros y desalmados. Les exigimos una adecuada toma de decisiones y una buena gestión de los recursos, cuando nosotros mismos no hemos  sido capaces de hacerlo.

En la educación también es claro el ejemplo. Los padres trabajan todo el día y pasan poco tiempo con los hijos, se sienten culpables por ello y para lavar su conciencia les consienten todo y les dan más (“lo que yo no pude tener”), como si todo lo mereciesen, enseñándoles de ese modo que no hay relación alguna entre esfuerzo y éxito.

Luego los chicos tienen problemas en el mundo académico y siguen dándoles cobertura: “mi hijo es estupendo, pero el cafre de su profesor le tiene manía”, no sabe educar. Es culpa suya, y del sistema educativo que no tiene suficiente dinero (todavía me pregunto cómo es posible que yo pudiese estudiar en clases de 40 alumnos, sin climatizar, sin un cuarto de estudio para mí solo, sin Internet, sin enormes bibliotecas públicas como las de ahora, y llegar a obtener un título…a lo mejor es que la clave real está en “querer” y ser responsable, y no tanto en el dinero).

La culpa siempre es de los padres, de los educadores, de la sociedad, del gobierno…como si todo lo que nos ocurre en la vida fuese por puro azar. Y lo peor es que con tanta queja los pequeños acaban captando ese mismo mensaje y lo hacen suyo. Los ingleses dicen que “nos instalamos en el ‘complaining’, en la queja eterna”, como si estuviésemos paralizados y a merced de los elementos. El peligro es que nos lo creemos de verdad.

Esperamos que “papá Estado” nos lo de todo hecho y delegamos en su capacidad regulativa y ejecutiva para escaquearnos de nuestras responsabilidades.

Hace unos años me llamó la atención las quejas de los vecinos ante un temporal de nieve por la falta de previsión de las autoridades. ¿Y la de ellos?

Ese mismo temporal en los Estados Unidos da la mitad de problemas porque los vecinos ya se han encargado de conseguir sus sacos de sal, sus palas y un todo terreno al que le acoplan una pala para ayudar a retirar la nieve. No pueden arreglarlo todo pero al menos despejan las puertas de sus casas y los caminos principales. “Están Preparados”, como los scouts.

Y a esto se refería BP cuando hablaba de remar nuestra canoa, entre otras cosas. A prepararnos ante la vida, a trabajar con ahínco en el presente para afrontar el futuro en las mejores condiciones posibles. Es a nosotros a quien compete el labrarnos dicho futuro y, aunque existen multitud de factores externos, somos nosotros y de nuestras acciones de quienes dependerá dicho futuro.

sistema de patrullaLa vida es una aventura que nos somete a pruebas constantes, algunas de ellas realmente duras, y la única manera de afrontarla con posibilidades de éxito está en prepararse de antemano. Y ese siempre ha sido uno de los objetivos del escultismo, conseguir que los chicos se interesasen por multitud de cosas y se afanasen por dominar algunas de ellas.

Por ello surgieron las especialidades, para conseguir que los muchachos dejasen de pasar las horas haraganeando, despertar su interés en aquello que les resultaba atractivo, y al mismo tiempo conseguir unas habilidades concretas que pudieran serles útiles el día de mañana.

En definitiva, que en el mundo de hoy se me antoja especialmente importante acostumbrar a nuestros chavales a aceptar responsabilidades, y las consecuencias de sus actos.

Nosotros lo hemos trabajado siempre mediante el Sistema de Patrullas, el reparto de las tareas en el seno de la patrulla. Desde el guía al cocinero, pasando por el histrión o el tesorero, todos tienen sus funciones y al tratar de desempeñarlas adquieren la práctica que les será útil el día de mañana. El scouter interviene lo menos posible.

Por supuesto que se cometerán errores, pero lo importante es levantarse y aprender de ellos. “Aquel que nunca se ha equivocado es que nunca ha hecho nada”, gustaba de recordar Baden-Powell.

Y desde luego darles responsabilidades, de modo paulatino y controlado, pero dárselas y aprender a confiar. Como decía BP, “nueve de cada diez veces responderán a lo que se espera de ellos”.

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