La responsabilidad “in vigilando” en los Scouts

desde lo alto del BaobabDice el código civil español que no solo es responsable de un daño aquel que lo causa, sino que además puede haber también una responsabilidad por parte de aquella persona que debiera haber sido diligente “como un buen padre de familia” para evitar el daño.  Básicamente consiste en ser responsable de los actos que realiza otra persona sobre la que se tiene un especial deber de vigilancia

A esto, en el ámbito del derecho se le suele llamar la “culpa in vigilando”, es decir, responsabilidad por no haber puesto los medios suficientes para evitar el daño. Por no haber vigilado lo suficientemente bien la situación.

El movimiento scout es un “cuerpo vivo” tan grande que es evidente, y más en el tipo de estructura que nos hemos dado en España, por ejemplo, que resulta enormemente complejo en la actualidad que esa “vigilancia” la ejerzan las cúpulas directivas que en realidad no tienen capacidad, ni física casi legal en muchos casos, para supervisar a todas las secciones de todos los grupos de todas las federaciones u asociaciones del país.

Imagino impensable en España algún caso como el que hemos conocido hace poco tiempo en los Boy Scouts of América, en el que salieron a la luz más de 20.000 documentos que identificaban más de un millar de casos de abusos sexuales dentro de la organización que, de una manera vergonzosa, se había encargado de ocultar durante casi un cuarto de siglo.

YouthProtectionQuizá eso sea impensable en nuestro país, pero hasta hace no mucho tiempo, había calado hondo la percepción de que en el supuesto de que un scouter (responsable o jefe dependiendo de la organización que se trate) fuese acusado o simplemente recayesen en él sospechas de comportamientos inapropiados (y no me refiero únicamente a abusos sexuales) debía ser “silenciado”. Debía darse al caso “carpetazo” y tratar de que no se montase mucho escándalo.

Seguramente muchos de nosotros conozcamos, quizá de oídas, casos en los que un comportamiento “poco ejemplar” de un scouter se ha dejado pasar simplemente expulsando a ese miembro del grupo (cuando no expulsando o penalizando también a los educandos afectados) y en la mayoría de las ocasiones sin notificar oficialmente a la organización este hecho. No digamos, por supuesto, ponerlo en conocimiento de la justicia.

¿Habremos sido responsables de algún caso de abuso por haber querido tapar una leve sospecha de la manera más sencilla y discreta para nosotros y nuestro grupo? Espero que no, pero es inevitable, si se reflexiona pausadamente sobre el tema, no pensar que existe esa posibilidad.

En un espacio tan endogámico, o quizá de tanta convivencia y cariño como es un grupo scout, en el que por norma general llegamos a ser monitores junto a nuestros compañeros y amigos de hace años, gente con la que compartimos afectos, ideales y convivencias, resulta muy complicado no tratar de excusar determinadas acusaciones hacia nuestros semejantes, precisamente por el propio rechazo que nos supone imaginar a un compañero nuestro llevando a cabo tales prácticas.

Hace ya muchos años en una organización de nuestro país se dio el caso de que un scouter ya crecidito mantuvo una relación, al parecer consentida con una tropera de 14 años. Los miembros de ese grupo, por silenciar el asunto, decidieron que la mejor salida para la desagradable situación era invitar a ese educador a marcharse y dejar que el asunto se enfriase. Lamentablemente ese individuo (todo supuestamente, dado que nunca medió denuncia de por medio) retomó sus prácticas en otro grupo Scout. También se le expulsó de ese grupo, esta vez si, informando a la asociación. No sabemos con certeza si tras esta nueva expulsión, el citado monitor decidió buscar fortuna en otro grupo scout, quizá de otra organización.

¿Tiene la organización culpa de aquello? Evidentemente la culpa recae sobre la persona que lleva a cabo esas acciones, pero… ¿No tenemos en parte todos los que hemos conocido este caso cierta responsabilidad in vigilando?

No es el único caso. Personalmente he llegado a conocer como mínimo 7 u 8 casos, con mayor o menor fiabilidad, directa o indirectamente, relativos a temas sexuales o simplemente de relaciones inapropiadas entre un educador y sus educandos, en los últimos 10 o 15 años.

Otra de las veces un coordinador de grupo, siendo yo Secretario General, acudió agobiado a la oficina de la federación a contarnos que uno de sus scouters había sido, años atrás, condenado por abusos sexuales a menores. En esa ocasión, afortunadamente, supimos poner las medidas adecuadas y apartarle del contacto con los educandos y de la propia organización. Pero siempre me ha quedado la duda de si es el único caso de una persona que, tras haber sido condenada (y quizá haber cumplido ya su condena, es decir, haber pagado su deuda con la sociedad) por este tipo de abusos, no ha buscado espacio en un grupo scout. ¿Ilegal? Seguramente no. ¿Tranquilizador? Para mí tampoco.

Durante estos años he podido constatar que no tenemos aun  los mecanismos adecuados para detectar estas situaciones y que, si bien afortunadamente ha cambiado la mentalidad y en general los grupos ya no abogan por echar tierra sobre el asunto, nuestro sistema de selección de educadores se basa casi completamente en la voluntariedad de quien quiere serlo. Sin mayores requisitos.

Hablamos mucho y muy a menudo de la calidad de nuestros programas, y es cierto, pero hablamos menos de la selección de quienes deben desarrollarlos. ¿Hay algún requisito más allá de haber sido educando en el grupo? En la mayoría de los casos no. ¿Es la formación en las escuelas Insignia de Madera un requisito suficiente? Necesario sin duda, pero me temo que no suficiente.

La “descentralización” de las organizaciones scouts ha traído consigo multitud de ventajas, entre ellas eliminar la arbitrariedad de las cúpulas dirigentes. Pero también alguna desventaja, ligada seguramente a la acuciante necesidad de los grupos por tener suficientes responsables.

Debemos dar un paso adelante y ejercer nuestra responsabilidad in vigilando para evitar al máximo que este tipo de casos se den. Y repito, no únicamente el más llamativo –y sin duda grave- de los abusos sexuales o relaciones inapropiadas entre educando y educador, sino también en lo relativo a seguridad, capacitación, experiencia, valía o calidad que ofrecemos a las familias que apuestan por nuestro sistema educativo y por ofrecer a sus hijos e hijas la oportunidad de vivir el espíritu scout en nuestros grupos.

La “marca de calidad Scout” es lo que debe distinguirnos de aquellos otros muchos grupos de jóvenes que hacen labores similares a la nuestra, en algunos casos, de manera encomiable. No somos únicamente grupos de montaña o de parroquia. Somos “El Escultismo”. Un movimiento transnacional que tiene la responsabilidad de ofrecer calidad, seguridad, fiabilidad y responsabilidad a quienes se nos acercan.

Afortunadamente el alto espíritu de nuestra promesa, la ley scout o quizá la fortuna hacen que en nuestro movimiento, al menos en la parte que conocemos, este tipo de situaciones se den menos de lo que podrían darse o menos de lo que vemos en otros espacios. Pero no es suficiente. Tenemos que ser capaces de evitarlas, si no es posible, detectarlas y cuando tampoco se pueda, actuar con contundencia una vez tengamos sospechadas o conocimiento. Es una obligación dotarnos de las herramientas para hacerlo.

Puede ser que este artículo peque levemente de alarmismo. Puede ser. Pero como me dijo una vez un coordinador de mi grupo, el primer año que ejercí como scouter “los padres nos confían a sus hijos, no su coche o que les guardemos la casa. Dejan en nuestras manos lo que más quieren. La única manera de responder a esa confianza es la excelencia. Ser y hacer lo mejor que podamos. Todo lo demás no es suficiente”.

No esperemos a que haya algún lamentable caso del que tengamos que arrepentirnos para poner los medios suficientes. Seamos proactivos. Lideremos nuestro propio futuro, en lugar de permitir que nos pille desprevenidos.

Al menos así es como se ve desde lo alto del Baobab.

Hathi.

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7 Respuestas a “La responsabilidad “in vigilando” en los Scouts”


  • Excelente reflexión, y la culpa del dejar ser y no tomar medidas es tan grave como ejecutar acciones indebidas.

    Me gusto el articulo.

  • Gracias Nitrox. Espero que pueda servir para la reflexion y mejora

  • Junto con la culpa “in vigilando”, la jurisprudencia utiliza también el concepto de culpa “in eligendo”, es decir responsabilidad por elegir a alguien que no reúne los requisitos, sería la responsabilidad de los coordinadores de grupo que” nombran”a los scouters,de las Escuelas de Formación que dicen que una persona es apta para ser monitor o educador. Algo al respecto ya adelanta el artículo. Buena reflexión, un tema muy interesante que no siempre se trata con la profundidad que se debiera.

  • Gracias por tu aportación Fernando. Es cierto que hay también ahí un factor importante. Afortunadamente podemos decir que en general funcionamos bastante bien, pero efectivamente, tal como apuntas, sería buena una mayor reflexión al respecto.
    Un abrazo

  • Bueno, a ver, las Escuelas de Formación, que yo sepa no tienen autoridad en España para decidir si uno es o no apto para ser monitor.
    Uno accede al título de monitor si asiste a los cursos, el formador no tiene entre sus tareas dirimir la capacidad o no de la persona para ser monitor. Desgraciadamente, estar en posesión del título de monitor, al igual que ser poseedor de una, dos, tres o cuatro maderas, no tiene nada que ver con tu valía como educador sino con tu tiempo libre.

    ¿Tienes el tiempo y los medios para hacer cursos? Pues consigues cuantos diplomas quieres. Los únicos que pueden decidir si uno es Scouter o no son los miembros del Consejo de Grupo.

    Por otro lado creo que Hathi tiene, una vez más, mucha razón: Seamos proactivos. Lideremos nuestro propio futuro, en lugar de permitir que nos pille desprevenidos.

    Hay muchas pistas:
    Esos Scouters que “se pierden” por las noches en actividades asociativas, dejando a sus educandos solos.
    O que acuden a los cursos de formación y demuestran una actitud que nada tiene que ver con la que esperamos de un educador.
    Scouters que demuestran una total incapacidad para organizar una actividad pero que sabemos que salen de acampada con niños cada dos por tres…

    Las asociaciones deberian, en efecto, demostrar algo de más de vigilancia.

  • Hola Darzee.
    Estoy muy de acuerdo con la parte final de tu comentario. En muchas ocasiones tenemos “evidencias” mayores o menores, de casos que pueden darse en el futuro. La situación problemática puede venir cuando a veces no tenemos esas evidencias.

    En todo caso, creo que la información que tienes sobre las escuelas no es del todo correcta.

    si bien es cierto que no se suele, hasta donde yo conozco, suspender muy habitualmente a nadie, las escuelas si tienen capacidad para hacerlo. Son ellas las que deciden quién está capacitado y quién no.

  • Pero yo no me quedaría solo en la capacidad de los educadores, no hay más que echarle una ojeada a los comentarios que los Scouts hacemos tras algunas actividades para darse cuenta la cantidad de manirotos que tenemos en los Scouts. Como dicen las beatas, tenemos que tener los santos “de cara” porque vamos…

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