La Mascota de Manada como elemento transicional

Empieza la nueva ronda y las primeras acampadas para muchos niños. Hace unos días os hablaba de la importancia de la primera reunión y hoy voy a ahondar sobre otro importante paso para nuestros castorcitos y lobeznos: la primera acampada.

Tranquilos, papás. No todo son malas noticias ;-)

Tranquilos, papás. No todo son malas noticias 😉

Como Viejo Lobo que soy os hablaré de los lobeznos pero esto es igualmente aplicable a los Castores y Cachorros.

Aunque nuestros chicos sonrían felices la primera noche fuera de casa puede ser muy dura. Los Viejos Lobos lo saben y están muy atentos para que el “chico nuevo” no esté sólo pero claro, tampoco vas a coger una silla y esperarte a su lado toooooooda la noche, verdad?

El elemento transicional es algo que ha acompañado a la humanidad desde que el mundo es mundo. Ya en las edad de piedra los chicos neandertales se abrazaban a sus mamutes de peluche para no dormir solos y aunque los profesionales de la educación no se ponen de acuerdo sobre sus beneficios o desventajas lo cierto es que todos (salvo aquellos que no lo quieran reconocer), todos hemos tenido un peluche que nos ha acompañado a lo largo de nuestra infancia.

Sin darnos cuenta, ese peluche sustituyó la mano de mamá o de papá cuando nos pasaron a nuestro cuarto. Nos despertábamos en mitad de la noche e instintivamente nos abrazábamos a nuestro “elemento transicional” (Léase: nuestro peluche o nuestra mantita) y volvíamos a entrar en un profundo sueño, envueltos en la tranquilidad de no encontrarnos solos.

Bueno, ya has suspirado por tu teddy? Sigo con el tema pues 🙂

La mascota de nuestra Manada puede ser un elemento integrador fantástico para con ese lobezno que está en su primera acampada. Es la primera vez que duerme fuera de casa, con un montón de gente que apenas conoce y encima en un saco de dormir y en el suelo. Muchos elementos nuevos, es posible que se despierte en mitad de la noche simplemente porque otro lobato se mueva, porque uno sueñe en voz alta o porque uno se levante a hacer sus necesidades. Todo ello ruidos y situaciones completamente desconocidas para nuestro pequeño.

Oye, pero ¿y si podemos cambiar esto?

Instauremos una nueva tradición en la Manada. Si, no te cortes, llámalo tradición que siempre les gustará más a tus lobatos si suena a solemne. Y esta tradición establece que el chico nuevo de la Manada será el que cuide de la Mascota durante la primera acampada y dormirá con ella.

Es una tradición, el chico nuevo no va a sentirse mal por llevar la Mascota e incluso es posible que se sienta muy honrado de la responsabilidad que ello conlleva. Durante el día se familiarizará con ella y llegada la noche será la mano amiga, el elemento de transición que necesita para no preocuparse y dormir tranquilo.

¿Y si son varios Lobatos? Bueno, no me digais que de los Viejos Lobos, ninguno lleváis un peluche en vuestras mochilas porque no me lo creo. En mis censurado años de Viejo Lobo no he conocido a casi ningún viejo lobo que no llevara en la mochila un peluche. El regalo de cumpleaños que le hicieron sus lobatos, uno que ganó en un concurso de navidad del grupo scout, el regalo de su novia/o o incluso su peluche de infancia.

En mi caso empecé con un peluche de la infancia, mi perrito Sultan (sin tilde, por Sultans of Swing) y después un lindo mapache que vino de Kandersteg (muy freakscout, lo sé) y que me han acompañado todos estos años. Ya no hacía falta que se lo diera a ningún lobato, ellos mismos me lo pedían como le pedían a los demás Viejos Lobos sus peluches.

Vale, ¿y porqué no le decimos al nuevo que se traiga su propio peluche? Bueno, tampoco hace falta recalcarle que va a echar de menos a sus papás, verdad? En mi Manada sólo los Lobatos “más duros” se atrevían a reconocer que dormían con peluches en sus casas y sólo unos pocos eran lo suficientemente valientes como para traerlos a las acampadas. Eso sí, todos pugnaban por dormir con mi mapache alguna noche e incluso llevarlo durante el día. Lo normal es que yo me tirara el campamento sin tocar mi mapache y éste sin tocar el suelo en ningún momento.

La fotografía que ilustra esta entrada es del Album de La Roca, pertenece al Campamento de Acebedo del G.S. Aguilas de Madrid. Eran mensajes enviados por los lobatos a sus padres durante el Campamento de Verano.

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